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Lecturas y Liturgia del Miércoles 3a. Semana Pascua Ciclo B

Lecturas del Miércoles de la 3ª semana de Pascua

Fuente: Ciudad Redonda
MISA: http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://radiopalabra.org/wp-content/uploads/2016/04/pascua08_miercoles3.mp3

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (8,1-8):

Resultado de imagen para AQUEL día, se desató una violenta persecución
AQUEL día, se desató una violenta persecución contra la Iglesia de Jerusalén; todos, menos los apóstoles, se dispersaron por Judea y Samaría.
Unos hombres piadosos enterraron a Esteban e hicieron gran duelo por él.
Saulo, por su parte, se ensañaba con la Iglesia, penetrando en las casas y arrastrando a la cárcel a hombres y mujeres.
Los que habían sido dispersados iban de un lugar a otro anunciando la Buena Nueva de la Palabra. Felipe bajó a la ciudad de Samaría y les predicaba a Cristo. El gentío unánimemente escuchaba con atención lo que decía Felipe, porque habían oído hablar de los signos que hacía, y los estaban viendo: de muchos poseídos salían los espíritus inmundos lanzando gritos, y muchos paralíticos y lisiados se curaban. La ciudad se llenó de alegría.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 65,1-3a.4-5.6-7a

R/. Aclamad al Señor, tierra entera

Aclamad al Señor, tierra entera;
tocad en honor de su nombre,
cantad himnos a su gloria.
Decid a Dios: «¡Qué temibles son tus obras!». R/.

«Que se postre ante ti la tierra entera,
que toquen en tu honor,
que toquen para tu nombre».
Venid a ver las obras de Dios,
sus temibles proezas en favor de los hombres. R/.

Transformó el mar en tierra firme,
a pie atravesaron el río.
Alegrémonos en él,
que con su poder gobierna enteramente. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (6,35-40):


Imagen relacionadaEN aquel tiempo, dijo Jesús al gentío:
«Yo soy el pan de vida. El que viene a mí no tendrá hambre, y el que cree en mí no tendrá sed jamás; pero, como os he dicho, me habéis visto y no creéis.
Todo lo que me da el Padre vendrá a mí, y al que venga a mí no lo echaré afuera, porque he bajado del cielo no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me ha enviado.
Esta es la voluntad del que me ha enviado: que no pierda nada de lo que me dio, sino que lo resucite en el último día.
Esta es la voluntad de mi Padre: que todo el que ve al Hijo y cree en él tenga vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día».

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 3ª semana de Pascua

PERSECUCIÓN, PAN DE VIDA
(Hch 8,1-8; Jn 6,35-40)
Introducción
Imagen relacionadaEl fervor de la joven Iglesia es tan contagioso que, incluso en la persecución, los cristianos aprovechan la ocasión de la misma persecución para predicar a Cristo Resucitado. Ciertamente, Dios no abandona a la Iglesia, aun en momentos de prueba y sufrimiento. La lectura de Hechos dice incluso que había gran alegría por los signos de la presencia de Jesús.

Hay también gran alegría en la lectura del evangelio donde oímos a Jesús decir que él es nuestro pan de vida: no solamente se dará más tarde a sí mismo como pan para ser comido, sino que su palabra y mensaje son para nosotros auténtico pan de vida, algo por lo que y para lo que vale la pena vivir.

Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú eres nuestro Dios siempre fiel,
aun en días de prueba para la Iglesia
y, personalmente, para cada uno de nosotros;
tú permaneces a nuestro lado,
aun cuando no nos demos cuenta de tu presencia.
Danos una confianza en ti sin límites
y haznos cada vez más conscientes
de que tu Hijo Jesús es el sentido de nuestras vidas
y de que él nos nutre con el pan de sí mismo,
hoy y cada día, y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que los cristianos, por la forma como viven su fe, muestren la belleza y la alegría del mensaje de Cristo a todos los que le buscan, roguemos al Señor.
Para que la Iglesia acepte a las personas tal como son, y no las rechace o aleje a causa de los errores que hayan podido cometer, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros seamos generosos, de manos y brazos abiertos, para muchos que sufren hoy de hambre; hambre de alimento y también de amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios nuestro, siempre fiel:
Tú eres nuestro Dios de la Alianza.
Danos la gracia de comprender más profundamente la Alianza
como tu eterna entrega a nosotros
por propia iniciativa tuya.
Por estos signos de pan y vino
que ofrecemos en el altar,
ayúdanos a expresar sinceramente
que también nosotros queremos ser fieles a ti,
no solo en momentos de felicidad y alegría
sino también cuando vamos andando a ciegas en la oscuridad.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios siempre fiel:
Nos regocijamos de que en tu Hijo Jesús
y en su mensaje de vida
nos has dado algo y a alguien
por quien vale la pena vivir.
Te damos muchísimas gracias
por decidir que él fuera nuestro pan de vida,
que nunca nos rechazará ni alejará,
sino que seguirá aceptándonos
y ayudándonos a crecer en su vida
hasta que florezca un día en la vida eterna.
Toda gratitud y alabanza a ti
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús nos dice: “Tuve hambre y ustedes me dieron de comer; tuve sed y me dieron de beber”. Que sigamos siempre reconociendo a Jesús en nuestros hermanos necesitados y afligidos.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del Miércoles de la 3ª semana de Pascua

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
CRECER EN LAS DIFICULTADES

Resultado de imagen para persecución a los primeros cristianos
Los Hechos nos relatan la primera persecución contra la Iglesia. No nos indican una causa especial para que la persigan, pero resulta significativo que los que salen huyendo son «todos menos los apóstoles».

Tendremos que interpretar que los perseguidos fueron sobre todo los compañeros de Esteban, los que tenían más inquietud misionera, los que habían hecho la adaptación de la Buena Nueva de Jesús a la cultura helenista.

Se nombra expresamente a uno de ellos, uno de los Siete Diáconos: Felipe.

El autor de Hechos intentó «disimular» el conflicto dentro de la Comunidad entre este sector helenista y el grupo de los apóstoles, «reduciéndolo» a un problema de atención a las viudas helenistas (Hech 6). Parece que fue bastante más que eso, porque seguidamente aparecen predicando y difundiendo la Palabra de Dios... si se tendrían que haber dedicado a dar de comer a las viudas. «Algo harían» para que fueran objeto de la primera persecución (algo además de ocuparse de la comida de las viudas). Esteban había sido la primera víctima.

Los discípulos, por su parte, debían estar convencidos de que podrían resolver los problemas planteados con la religión judía fuera y dentro de la comunidad. Se toman más tiempo, seguramente quieren ser «prudentes» y tomar las decisiones con más calma. Les cuesta asumir las «adaptaciones» y «libertades» que se ha tomado el sector helenista (y que han llevado a Esteban a sufrir el martirio), y por lo tanto romper definitivamente con las tradiciones judías que los helenistas creían que encorsetaban el Evangelio y excluían a muchos para que lo aceptaran. A Pedro y al resto de los apóstoles les costará bastante asumir estos cambios, pero terminarán por aceptarlo, porque no se puede ir en contra del Espíritu Santo, como justificará más adelante este mismo Saulo que ahora persigue a este sector «heterodoxo», y que tiene como centro geográfico de referencia las ciudades de Damasco y Antioquía.

Precisamente las dificultades en que se verá la primera Iglesia serán el origen de la expansión misionera y de la universalidad del Evangelio. Todo ello nos invita a mirar con esperanza las dificultades que, en cada tiempo y también hoy, afectan a la Iglesia. Pueden y deben ser ocasiones de purificación, de profundización en la teología, de ser creativos y decididos en la pastoral. Hoy, como entonces, hace falta escuchar las voces de los que piden cambios a fondo, de los que están más metidos en la realidad pastoral, en las periferias...

Seguramente, hoy como entonces, los que viven en «Jerusalem» vayan más despacio y les cueste decidir.

Pero el duelo causado por las dificultades y persecuciones, al final, eso esperamos, llenarán «la ciudad» de alegría. El grano de trigo que es la Iglesia tendrá que morir muchas veces para que sea posible que aparezca el trigo y el pan que los hombres necesitan como alimento. Estamos, pues, ante una llamada a la esperanza, al discernimiento y a la purificación.

En el Evangelio encontramos una queja de Jesús, que nos hace recordar el final del mismo, cuando Tomás necesita ver para creer. Aquí hay quienes han visto (y oído) y no creen, es decir, no acogen a Jesús como revelación del Padre. «Verle» y «creer», empezar a vivir como él, convertirse en discípulo significa tener vida eterna. Ya, ahora; y ser resucitado después, en «el último día», que para el Evangelio de Juan es el día de la Pascua, y el día final de nuestra historia.

Jesús no quiere «echar fuera» a nadie. Está aludiendo a la expulsión de Adán del paraíso, cuando dejó de estar a su alcance el «Árbol de la Vida» y Adán y Eva fueron echados fuera. La cruz será el nuevo Árbol de la Vida del que hay que comer/alimentarse para que «no se pierda nadie», ésta es la voluntad del Padre, una salvación universal.

Dicen los especialistas que la expresión «Yo soy el pan de vida» se refiere simultáneamente a la revelación de Jesús (el «Yo Soy» de la zarza ardiente: se conoce quién es Dios «mirando» a Jesucristo) y a la consiguiente respuesta de fe («creer en él»), y también al cuerpo eucarístico de Jesús que hay que comer.

Ojala que Jesús no tenga que quejarse de nosotros porque vemos y no creemos. La voluntad del Padre es que nadie se pierda, sí, pero no nos puede salvar si nos empeñamos en ser «ciegos» culpablemente, porque no queremos alimentarnos de él, creer en él, hacer nuestro su estilo de vida.

Enrique Martínez de la Lama-Noriega, cmf
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