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Lectura y Liturgia del 29 de Marzo de 2014

Lecturas del Sábado de la 3ª semana de Cuaresma

MISA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_25_3b27.mp3

Sábado 29 de Marzo del 2014
Primera lectura
Lectura de la profecía de Oseas (6,1-6):


Vamos a volver al Señor: él, que nos despedazó, nos sanará; él, que nos hirió, nos vendará. En dos días nos sanará; al tercero nos resucitará; y viviremos delante de él. Esforcémonos por conocer al Señor: su amanecer es como la aurora, y su sentencia surge como la luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra.
 «¿Qué haré de ti, Efraín? ¿Qué haré de ti, Judá? Vuestra piedad es como nube mañanera, como rocío de madrugada que se evapora. Por eso os herí por medio de los profetas, os condené con la palabra de mi boca.
 Quiero misericordia, y no sacrificios; conocimiento de Dios, más que holocaustos.»

Palabra de Dios

Salmo 50,3-4.18-19.20-21ab


R/. Quiero misericordia, y no sacrificios

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado,
tú no lo desprecias. R/.

Señor, por tu bondad, favorece a Sión,
reconstruye las murallas de Jerusalén:
entonces aceptarás los sacrificios rituales,
ofrendas y holocaustos. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,9-14):


En aquel tiempo, a algunos que, teniéndose por justos, se sentían seguros de sí mismos y despreciaban a los demás, dijo Jesús esta parábola: «Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, un publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:

"¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás: ladrones, injustos, adúlteros; ni como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo."

El publicano, en cambio, se quedó atrás y no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo; sólo se golpeaba el pecho, diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador."
Os digo que éste bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sábado de la 3ª semana de Cuaresma


Sábado 29 de Marzo del 2014
DIOS VE LO QUE HAY EN NOSOTROS
(0s 6,1-6; Lc 18,9-14)

Introducción
No podemos salvarnos sólo por ritos y prácticas exteriores. El pecado se perdona, y la felicidad se encuentra, en un encuentro personal de amor con Dios. Si reconocemos que somos pecadores, personas que a veces hemos fallado y que podríamos portarnos mejor, reconocemos que nuestro amor es todavía muy limitado y que, por tanto, hay espacio para el crecimiento. Dios venda nuestras heridas y nos aúpa a la vida. Él nos salva de nuestra incapacidad y de nuestro descalabro. Él mismo nos hace crecer en la vida cristiana y en el seguimiento de Jesús.



Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú, tú mismo nos recuerdas
a través de tus santos
que todas nuestras prácticas religiosas,
incluso este sacrificio eucarístico,
no tienen ningún valor
si los usamos para doblegarte a nuestro proyecto egoísta.

Oh Dios, que nos acerquemos a ti
con humildad y arrepentimiento,
listos y dispuestos a encontrarte con amor
y volver a tu camino,
dejando nuestros tortuosos senderos.

Acéptanos, como a hijos e hijas tuyos que somos,
junto con Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que reconozcamos humildemente ante el Señor que somos mujeres y hombres heridos espiritualmente, necesitados de curación interior, roguemos al Señor.
Para que no nos preocupemos en exceso de cumplir observancias externas, sino más bien de que nuestra vida y nuestras obras sean sinceras y transparentes a los ojos de Dios y a los de los hermanos, roguemos al Señor.
Para que no presumamos nunca ante el Señor de lo que hemos hecho por él, sino que reconozcamos agradecidos lo mucho que él ha hecho por nosotros, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
No nos hemos reunido juntos aquí
para justificarnos ante ti
o para jactarnos infantilmente de nuestros méritos.

Te pedimos con toda sencillez, Señor,
que nos aceptes como somos,
con nuestra buena voluntad,
nuestros torpes esfuerzos
y nuestras mediocres y poco entusiastas conversiones.

Acéptanos junto con el valioso sacrificio de tu Hijo,
que siempre está con nosotros
y vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Padre de nuestro Señor Jesucristo:
Hemos celebrado en esta eucaristía con tu Hijo
el memorial de su sacrificio.

Danos ahora fuerza y determinación
para convertir nuestra vida de cada día
en una prueba viva
de que somos uno con él
y de que le queremos seguir en el camino,
a través de la muerte hacia la vida plena.

Que él permanezca siempre con nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Dios nos curará y vendará nuestras heridas.
No nos jactemos de nosotros mismos,
sino regocijémonos por el amor paciente
y por la bondad sin límites del Señor hacia nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del Sábado 29 de Marzo del 2014

C.R.
Queridos amigos y amigas:

El profeta Oseas es un acompañante ideal para la gente de nuestra generación. Su invitación no puede ser más actual: Esforcémonos por conocer al Señor. La razón es muy simple: esto es lo que el Señor quiere: Porque quiero misericordia y no sacrificios, conocimiento de Dios más que holocaustos. ¿Qué significa “conocer” a Dios? ¿Atraparlo como se atrapa una mariposa para diseccionarla? ¿Poner a Dios al mismo nivel que un planeta, una fórmula matemática o una especie vegetal? Sólo se conoce a Dios amándolo. Sabemos muy bien que en el lenguaje de la Biblia, “conocer” significa “amar”. Cualquier otra perspectiva está llamada al fracaso. Sólo desde el amor se pueden entender las expresiones poéticas de Oseas:

Su amanecer es como la aurora y su sentencia surge como una luz. Bajará sobre nosotros como lluvia temprana, como lluvia tardía que empapa la tierra. ¿Con qué imágenes describiríamos nosotros al Dios conocido/amado? ¿Por qué no intentamos un pequeño ejercicio de oración enamorada?

La parábola del fariseo y del publicano, que sólo Lucas cuenta, es interpelante hasta decir basta. Con sólo 86 palabras (me refiero a la traducción litúrgica española) dibuja dos maneras de situarse ante Dios: la manera fanfarrona, autosuficiente (representada por el fariseo) y la manera humilde, escondida (representada por el publicano). Examinemos cómo es la oración de ambos. El fariseo ora así: ¡Oh, Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás. El publicano se limita a decir: ¡Oh, Dios!, ten compasión de mí (en latín se puede decir con sólo tres palabras: Miserere mei, Domine; y en griego, con dos: Kyrie, eleison). El fariseo se compara con los otros y, en virtud de esa comparación, se considera superior: Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. El publicano no mira a los demás sino a Dios y a sí mismo. He ahí la diferencia.

Descubro en mí una incurable tendencia farisaica cada vez que multiplico las palabras para hablar de “los otros”: esta cultura nuestra, los que creen y los que no creen, los pastores de la iglesia, los valientes, los alejados ... Sé que es imposible no referirnos a los demás, ¿pero no tendríamos, sobre todo, que colocarnos nosotros mismos ante la misericordia de Dios? Todo lo demás vendrá por añadidura. La enseñanza de Jesús es clara: Todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido. ¿Qué oración brota en estos momentos de nuestro corazón para decírsela al Señor? Si no se nos ocurre nada, siempre podemos repetir muchas veces, como el publicano, como “el peregrino ruso”, como nos sugiere la liturgia cuaresmal: “Señor, ten misericordia de mí”.
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