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Lecturas y Liturgia del 16 de Marzo de 2014

Lecturas del Domingo 2º de Cuaresma - Ciclo A

http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_12_2008.mp3

Lectura del libro del Génesis (12,1-4a):

En aquellos días, el Señor dijo a Abrán: «Sal de tu tierra y de la casa de tu padre, hacia la tierra que te mostraré. Haré de ti un gran pueblo, te bendeciré, haré famoso tu nombre, y será una bendición. Bendeciré a los que te bendigan, maldeciré a los que te maldigan. Con tu nombre se bendecirán todas las familias del mundo.»
Abrán marchó, como le había dicho el Señor.

Salmo
Sal 32,4-5.18-19.20.22

R/. Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti

La palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Nosotros aguardamos al Señor:
él es nuestro auxilio y escudo.

Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a Timoteo (1,8b-10):

Toma parte en los duros trabajos del Evangelio, según la fuerza de Dios. Él nos salvó y nos llamó a una vida santa, no por nuestros méritos, sino porque, desde tiempo inmemorial, Dios dispuso darnos su gracia, por medio de Jesucristo; y ahora, esa gracia se ha manifestado al aparecer nuestro Salvador Jesucristo, que destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal, por medio del Evangelio.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):

En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.» Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor


Liturgia Viva del Domingo 2º de Cuaresma - Ciclo A


Domingo 16 de Marzo del 2014
SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA (Ciclo A)
La experiencia del Monte
Un Rostro Transformado
Saludo (Ver la Segunda Lectura)

Cuando apareció nuestro Salvador Jesucristo, abolió la muerte y proclamó la Buena Noticia de vida e inmortalidad.
Que su gracia y su luz esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)
La Experiencia del Monte Tabor
Hay momentos en la vida de cada uno en que vemos dificultades frente a nosotros, especialmente cuando afrontamos decisiones importantes. Jesús vio enfrente de sí una oposición creciente por parte de los líderes religiosos del pueblo: Ellos le matarían si él prosiguiera su misión. Sin embargo, llevaría a cabo esa tarea, y así subió a la montaña a orar al Padre para pedirle valor. En la visión de la Transfiguración Jesús vio cómo resucitaría de entre los muertos y así su misión acabaría en éxito. --- Nosotros rogamos, con el Señor Resucitado entre nosotros, que veamos también su luz, y con su fuerza tomemos las decisiones justas.

Un rostro transformado
La Cuaresma es para nosotros el tiempo privilegiado para el cambio, la transformación, la transfiguración. Nuestros rostros complacientes y culpables tienen que transformarse en rostros de alegría, amor y servicio. El rostro de nuestro mundo tiene que transformarse también de injusticia en integridad, de odio en bondad y amistad. Nosotros tenemos miedo al cambio, especialmente si es a costa de nosotros mismos. --- Hoy Jesús nos muestra el camino. Él vio cómo el sufrimiento y la muerte le esperaban, y por eso su rostro y su corazón estaban tristes. Pero entonces el Padre volvió el rostro de Jesús radiante, porque iba a encontrarse con la vida y la resurrección; su rostro se hizo resplandeciente de alegría y de gloria. Si seguimos a Jesús y le dejamos que nos transforme, nuestro propio rostro se volverá también resplandeciente.

Acto Penitencial (Dos Opciones)

1. La Experiencia del Monte Tabor
A veces nos ha faltado valor para llevar a cabo nuestra tarea como cristianos y ahora le pedimos al Señor que nos perdone.
(Pausa)

Señor Jesús, resplandeciente con la gloria del Padre,haz que tu luz brille sobre nosotros.
R/ Señor, ten piedad.
Cristo Jesús, Hijo querido del Padre,confírmanos también en el amor del Padre:
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, el favor del Padre reposa en ti; es maravilloso para nosotros estar contigo.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y perdona nuestras debilidades y pecados.
Haz que estemos más profundamente unidos contigo y llévanos a la vida eterna.

2. Un rostro Transformado
Como pecadores, pidamos al Señor que el rostro de su perdón brille sobre nosotros.
(Pausa)

Señor Jesús, que la luz de tu rostro brille sobre nuestros rostros tristes, sobre nuestros rostros sin amor, sobre nuestros rostros endurecidos e indiferentes.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, que la luz de tu rostro brille sobre nuestros rostros cansados sobre nuestros rostros llenos de miedo, sobre nuestros rostros desalentados.

R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, que la luz de tu rostro brille sobre los nuestros y así reflejaremos tu amor sobre los rostros que sufren, sobre los rostros solitarios y desesperados.

R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,y perdona nuestra vaciedad y nuestra cobardía.
Transfórmanos con tu gracia y llévanos a la vida eterna.


Oración Colecta
Oremos para que la luz de Cristo resplandezca sobre nosotros.
(Pausa)
Padre de nuestro Señor Jesucristo:
¡Qué maravilloso para nosotros estar aquí
en la presencia de tu Hijo Amado!

Que su rostro radiante nos comunique luz y paz.
No permitas que el pecado nos desfigure aún más,
ni que divida nuestras comunidades.

Que la luz de su rostro transfigurado
brille sobre todos nosotros, y nos dé valor,
para que nosotros, a nuestra vez,
seamos luz unos para otros,
hasta que un día podamos entrar en tu luz eterna.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Gen 13,1-4): ¡Abandonen su Seguridad!
Dios exige a Abrahán un cambio radical. Se le llama, cuando era todavía un pagano, a abandonar su seguridad en una peregrinación de fe y esperanza hacia una tierra prometida que se le dará, no a él sino al nuevo pueblo que nacerá de él.

Segunda Lectura (2 Tim 1,8b-10): Dios Nos Llama a la Vida del Evangelio
Dios nos llama a aceptar y a difundir el evangelio de Jesús y a sufrir por él. Si sufrimos con Jesús, viviremos con él.

Evangelio (Mt 17:1-9): Levántate, No Tengas Miedo
La breve visión fugaz de su futura gloria fortalece a Jesús en su camino a través del sufrimiento y de la muerte hacia la resurrección. Al mismo tiempo, Jesús fortalece la fe y esperanza de sus discípulos y las nuestras, en el camino de nuestra propia transformación en Cristo.

Oración de los Fieles
Pidamos a nuestro Señor Jesucristo que su luz resplandezca sobre todo el pueblo de Dios y sobre todo el mundo. Y digamos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.

Señor, ilumina a tu Iglesia con tu radiante presencia en su amor y en su aceptación de todos los pueblos y culturas, de los ricos y de los pobres, de los fuertes y de los débiles, y así te decimos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.

Señor, inspira con tu radiante luz a los líderes de las naciones, a los economistas y políticos, para que lleven justicia y paz a sus pueblos, y así te decimos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.

Señor, que tu luz radiante brille sobre todos los pecadores, sobre todos los que sufren, sobre los que no pueden amar, para darles valor y esperanza, y así te decimos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.

Señor, que tu rostro irradie alegría a los moribundos y a nuestros queridos difuntos; acógelos en la felicidad de tu casa en el cielo, y así te decimos:
R/ Señor, que tu luz brille sobre nosotros.

Señor, ilumina con tu presencia nuestros rostros aquí en esta nuestra comunidad, para que sigamos creciendo en tu vida y amor, y reflejemos tu luz a los que encontremos en nuestro camino, y así te decimos:
R/ Señor, que tu luz

Señor Jesús, ¡qué bueno que estás tú aquí con nosotros, glorioso y transfigurado! Permanece siempre con nosotros, ahora y por los siglos de los siglos.


Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios y Padre muestro:
Tus apóstoles descubrieron que Jesús,
así como ellos mismos también ,
era tu propio Hijo predilecto.

Danos la gracia de ver más allá de este pan
y reconocer a tu Hijo aquí presente en medio de nosotros.

Lo mismo que este pan y este vino se transforman
para convertirse en el cuerpo y sangre del Señor
-alimento nuestro y bebida de vida-,
transfórmanos también a nosotros
en pan de fortaleza y bebida de alegría
para los que conviven con nosotros,
y así les descubramos al menos un poco
del rostro de Cristo,
Señor nuestro por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Agradecidos al Padre, pidámosle también que la gracia de esta eucaristía resplandezca sobre nosotros en el futuro, y nos ayude a aceptar la transformación de la conversión.

Introducción al Padrenuestro
En nombre de Jesús el Señor le pedimos a nuestro Padre del cielo que nos dé a nosotros y a todos el alimento y el valor que necesitamos.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.

Abre nuestros ojos a nuestras faltas y defectos
y despiértanos de nuestra autocomplacencia,
para que, en nuestro caminar hacia ti
y hacia los necesitados,
sigamos a tu Hijo sin temor,
y que de este modo aceleremos la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo
R/ Tuyo es el reino, el poder …

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús,
el Hijo amado del Padre,
que tuvo que sufrir y morir
antes de que pudiera resucitar en gloria.
Dichosos nosotros,
invitados a escucharle
y a comer su pan de vida y de fortaleza.
R/ Señor, no soy digno…


Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú has iluminado nuestras vidas
con un vislumbre de la luz de Cristo,
pero no podemos aferrarnos a esta visión extraordinaria.
Que en nuestra oscuridad y en nuestras pruebas
nos dé él valor para escuchar su voz
y llevar a cabo tus planes.
Guárdanos firmes en la esperanza de que todo tiene sentido
y de que no sufrimos ningún dolor en vano
cuando vamos asemejándonos a Jesús,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: La Transfiguración de Jesús es para nosotros un modelo y un signo de esperanza.
El hombre-Jesús era realmente Jesús-el-Señor.
Su verdadera y más profunda identidad apareció brevemente por un momento.
Lo que nosotros estamos llamados a ser en lo más hondo de nosotros mismos llegará a hacerse visible si dejamos a Jesús que nos transforme y si llegamos a ser, con él y como él, hombres y mujeres que viven para los otros.
Que Dios nos dé esta gracia.

 Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del Domingo 16 de Marzo del 2014


José María Vegas, cmf
“Digno de crédito”

En mitad del camino a Jerusalén, es decir, camino de su Pasión, Jesús protagoniza un episodio realmente inaudito: sube a la montaña con tres de sus discípulos, Pedro, Santiago y Juan, y se transfigura ante ellos. Un momento luminoso, en el que todo se ve claro, y en el que uno (como lo expresan las palabras de Pedro) quisiera permanecer para siempre. Posiblemente todos hemos tenido en nuestra vida estos momentos de luz: en nuestras relaciones, en nuestro trabajo, también en nuestra fe. También nosotros hubiéramos querido hacer una tienda para permanecer para siempre en esa situación de claridad y de luz. Pero estos instantes de luz deben servir para resistir en los momentos de dificultad, que siempre se dan también en la vida, en todos esos ámbitos: en nuestras relaciones, en el trabajo, en la fe. También en la experiencia de Jesús y de sus discípulos encontramos esta dinámica, tan humana y, por eso, tan propia de la vida cristiana, de la fe en el Dios humano, en el Dios encarnado. La montaña es lugar de manifestación de Dios. Como lo fue el Sinaí, y hoy lo es el monte Tabor, mañana será el “monte de la calavera”, el Gólgota. No todas las manifestaciones de Dios son igualmente fáciles de aceptar. Pero los momentos de luz se nos dan, precisamente, para permanecer fieles cuando las cosas se ponen feas.

Hoy se nos ofrece este episodio enmarcado en otros dos textos aparentemente desconectados de él: la llamada de Dios a Abraham y la exhortación de Pablo a su discípulo Timoteo.
La palabra dirigida a Abraham, “sal de tu tierra”, es un arquetipo de la experiencia religiosa. Lejos de ser ésta, como se dice a veces, un refugio y una huida, resulta ser un desafío, una llamada a dejar seguridades (la patria, la casa paterna, el lugar conocido) y emprender un camino abierto, inseguro, incierto. No sabemos qué imágenes o representaciones religiosas tenía el arameo errante, Abram, pero sabemos que se fió de un Dios para él nuevo, no ligado a la tribu o la nación, que le dirigió su palabra inesperadamente, invitándole a adentrarse en lo desconocido, fiado sólo de esa palabra, que prometía cosas inverosímiles, fecundidades humanamente imposibles. Ese nuevo Dios fue para él digno de crédito. Y esa fe abierta a lo nuevo, a lo aparentemente imposible, engendró todo un pueblo para el que Dios desplegó su poder y su voluntad salvífica, que se resume en la ley y los profetas.

Pues bien, el crédito de la Palabra de Dios se traslada ahora íntegro a Jesús. El que en el desierto venció la tentación para vivir “de toda palabra que sale de la boca de Dios” y adorarle sólo a Él, sin inclinarse ante el mal que se le ofrecía atractivo y lisonjero, ése es ahora digno de crédito. En efecto, Jesús resume y lleva a perfección la ley y los profetas (Moisés y Elías), toda la revelación que Dios ha dirigido al hombre por medio de Israel. Por eso, Dios mismo nos confía su Palabra definitiva en Jesucristo: “Escuchadle”. Como Abraham se fío de Dios en los orígenes de la revelación, ahora nosotros, todos, hijos de Abraham por la fe, podemos fiarnos de esta Palabra encarnada que lleva aquella revelación a su plenitud.

Fe, crédito y confianza que harán falta en el momento de la dificultad. Y es que el destino de Jesús no es un camino fácil ni triunfal. Como Abraham, también Jesús hace un camino incierto fiado de una promesa, de una elección: “Tú eres mi hijo amado”, que ahora se repite en el monte Tabor. La subida al monte de la Transfiguración se produce de camino a Jerusalén, donde Jesús deberá subir a otro monte y ser glorificado de otra manera. “No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos”; esta última frase del Evangelio que hemos escuchado nos da la clave de comprensión de esta experiencia extraordinaria. Toda ella se realiza mirando al misterio Pascual, la muerte y resurrección, que es el objeto de la conversación de Jesús con Moisés y Elías (la Ley y los Profetas), pues la Ley y los Profetas en realidad sólo hablan de Jesús, el Mesías. La Transfiguración, en la que todo el Antiguo Testamento ilumina con su luz el misterio de Cristo, es un anticipo de la luz de la Resurrección, pero sólo un anticipo. Para llegar a la plenitud de esa luz habrá que pasar primero por la prueba de la Cruz, por la oscuridad de la muerte.

La Cruz de Cristo es una realidad que se prolonga en la historia de muchas maneras: en “los pequeños hermanos de Jesús, que pasan hambre y sed” (cf. Mt 25, 40), en los sufrimientos de los creyentes, que “completan en la propia carne lo que falta a los padecimientos de Cristo” (cf. Col 1,24) y además, como dice hoy la carta a Timoteo, “tomando parte en los duros trabajos del Evangelio”: anunciar el evangelio y dar testimonio de Cristo, algo que compete a todos los creyentes, no es sólo propagar una doctrina, sino participar activamente en el modo de vida de Jesús y, en consecuencia, también en su destino. Por eso, también nosotros, cualesquiera que sean las dificultades que experimentamos en esta vida, estamos llamados a participar de la luz de Cristo transfigurado y a recibir fuerzas de esa luz. Hemos contemplado a Jesús transfigurado para que, como Pedro, Santiago y Juan, como todos los discípulos, podamos ser fieles a los momentos de luz cuando llegue la oscuridad.

Pero, podemos preguntarnos, ¿cómo podemos nosotros subir a la montaña y contemplar esta luz? Si queremos ser iluminados, tenemos que acoger y cumplir lo que la voz que se oyó en aquel monte nos dice: “Escuchadle”. En la escucha de la Palabra, de Cristo mismo, que lleva a plenitud la Ley y los Profetas, nos dejamos iluminar por dentro para, cuando llegue la prueba, podamos mantenernos fieles y confirmar a nuestros hermanos.
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