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Lecturas y Liturgia del 2 de Abril de 2014

Lecturas del Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma

MISA  http://www.nazaret.tv/inicio?category=7
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_29_e266.mp3



Miércoles 02 de Abril del 2014
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (49,8-15):

Así dice el Señor: «En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz."

Aun por los caminos pastarán, tendrán praderas en todas las dunas; no pasarán hambre ni sed, no les hará daño el bochorno ni el sol; porque los conduce el compasivo y los guía a manantiales de agua. Convertiré mis montes en caminos, y mis senderos se nivelarán. Miradlos venir de lejos; miradlos, del norte y del poniente, y los otros del país de Sin. Exulta, cielo; alégrate, tierra; romped a cantar, montañas, porque el Señor consuela a su pueblo y se compadece de los desamparados. Sión decía: "Me ha abandonado el Señor, mi dueño me ha olvidado." ¿Es que puede una madre olvidarse de su criatura, no conmoverse por el hijo de sus entrañas? Pues, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 144,8-9.13cd-14.17-18

R/. El Señor es clemente y misericordioso

El Señor es clemente y misericordioso,
lento a la cólera y rico en piedad;
el Señor es bueno con todos,
es cariñoso con todas sus criaturas. R/.

El Señor es fiel a sus palabras,
bondadoso en todas sus acciones.
El Señor sostiene a los que van a caer,
endereza a los que ya se doblan. R/.

El Señor es justo en todos sus caminos,
es bondadoso en todas sus acciones;
cerca está el Señor de los que lo invocan,
de los que lo invocan sinceramente. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (5,17-30):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Mi Padre sigue actuando, y yo también actúo.»
Por eso los judíos tenían más ganas de matarlo: porque no sólo abolía el sábado, sino también llamaba a Dios Padre suyo, haciéndose igual a Dios.

Jesús tomó la palabra y les dijo: «Os lo aseguro: El Hijo no puede hacer por su cuenta nada que no vea hacer al Padre. Lo que hace éste, eso mismo hace también el Hijo, pues el Padre ama al Hijo y le muestra todo lo que él hace, y le mostrará obras mayores que ésta, para vuestro asombro. Lo mismo que el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo da vida a los que quiere. Porque el Padre no juzga a nadie, sino que ha confiado al Hijo el juicio de todos, para que todos honren al Hijo como honran al Padre. El que no honra al Hijo no honra al Padre que lo envió.

Os lo aseguro: Quien escucha mi palabra y cree al que me envió posee la vida eterna y no se le llamará a juicio, porque ha pasado ya de la muerte a la vida. Os aseguro que llega la hora, y ya está aquí, en que los muertos oirán la voz del Hijo de Dios, y los que hayan oído vivirán. Porque, igual que el Padre dispone de la vida, así ha dado también al Hijo el disponer de la vida. Y le ha dado potestad de juzgar, porque es el Hijo del hombre. No os sorprenda, porque viene la hora en que los que están en el sepulcro oirán su voz: los que hayan hecho el bien saldrán a una resurrección de vida; los que hayan hecho el mal, a una resurrección de juicio. Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 4ª semana de Cuaresma


Miércoles 02 de Abril del 2014
MI PADRE Y YO ESTAMOS AÚN TRABAJANDO
(Is 49,8-15; Jn 5,17-30)

Introducción
Cuando los judíos le cuestionan y le echan en cara por curar a un paralítico en sábado, Jesús les responde que él actúa junto con su Padre. Sí, después de la obra de la creación Dios descansó el séptimo día. --- Pero la obra de redención se está realizando sin interrupción; el Padre y Jesús están siempre trabajando, aun en sábado. Ambos continúan la misión de liberación, confortando y amando, proporcionando abundante alimento al pueblo escogido, dando nueva vida a los cojos y a los muertos, expresiones todas ellas de la obra de salvación. Dios declara apasionadamente que él está con nosotros, que no nos puede olvidar, que quiere que vivamos en su amor, que él es fiel a la Alianza, aun cuando su pueblo escogido no lo sea. Jesús es el signo palpable del amor de Dios. Él es la fuente de vida ahora entre nosotros. Con y como Jesús, tenemos que buscar la voluntad del Padre.



Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú sigues buscándonos,
con un amor tan apasionado como el de una madre,
aun cuando te hayamos abandonado.

Danos esperanza y valor,
especialmente cuando nos sentimos inseguros.
Danos la seguridad de que tú quieres que vivamos
en la certeza y convencimiento de tu amor
y de que tú permaneces siempre con nosotros
por medio de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Intenciones
Por los que no se atreven a aceptar que Dios sigue amándoles con tanto afecto como un padre y una madre, roguemos al Señor.
Por las personas que viven bajo cruel opresión, para que tengan la determinación, el arrojo y los medios suficientes y eficaces para llegar a ser de nuevo libres, roguemos al Señor.
Por los pobres y los que sufren, por todos los que están pidiendo a gritos alegría y un poco de felicidad, para que el Señor escuche su clamor, roguemos al mismo Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Te presentamos este pan y este vino
como señales de que participamos
en el ofrecimiento y oblación de Jesús, tu Hijo.

Que él nos dé fuerza
para aceptar nuestra misión en la vida.
Así como él fue fiel a tu voluntad,

que nuestras voluntades también
estén en completa armonía con la tuya,
para que vivamos siempre en tu amor,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía
tu Hijo Jesús ha renovado con su sangre
tu Alianza de vida y amor con nosotros
y hecho más profundo el lazo de amor contigo
y con todos los miembros del pueblo escogido.

Haz que escuchemos atentamente sus palabras de vida,
para que pasemos de la muerte a la vida
y crezcamos hasta la plena madurez
del mismo Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Nadie puede decir, “Dios me ha abandonado, el Señor se ha olvidado de mí”. Así como una madre no puede olvidar al bebé de sus entrañas, así Dios nunca podrá olvidarse de nosotros”.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del Miércoles 02 de Abril del 2014


Pablo Largo
Queridos amigos:

Volvemos sobre la fe. Y no la soltaremos en toda la semana. La frase evangélica que hemos seleccionado hoy nos mueve a recordar el epílogo del capítulo 20 del cuarto evangelio: “estos signos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y para que creyendo tengáis vida en su nombre”.

Son dos motivos poderosamente presentes en la obra de Juan. La recorren de punta a cabo. Basta asomarse a los dos capítulos que flanquean al que nos propone la liturgia estos días. En el capítulo 41 Jesús se revela como el que da agua viva (Jn 4,10), y afirma que el que beba del agua que él le dé no tendrá más sed, sino que esa agua se convertirá en él en fuente de agua que brota para vida eterna” (v. 14). Lo remacha el capítulo 61, con el discurso del pan de vida. Y la teología clásica, como la de un Santo Tomás, nos presenta la fe como incoación de la vida eterna en nosotros.

Más que fijarnos en las definiciones o en los discursos, nos podemos asomar a la vida de los modelos de fe, o los héroes de la fe (como se dice en Hebreos). Por la fe están anclados y sujetos en un orden de realidad que les permite afrontar la vida presente con un talante que jamás dejaremos de envidiar. Pablo decía de sí mismo, ante de la dureza de su experiencia de evangelizador: “nos aprietan por todos lados, pero no nos aplastan; estamos apurados, pero no desesperados; acosados, pero no abandonados; nos derriban, pero no nos rematan; en toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo” (2 Cor 4,8-10).

 Y en el himno sobrecogedor al amor de Dios que figura en la carta a los Romanos, insistirá: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada?... En todo esto vencemos fácilmente gracias a aquel que nos ha amado” (Rom 8,35.37). Ninguna criatura puede separarlo del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús (v. 39). Pienso que está en plena sintonía con la carta de Juan, en que se dice: “esta es la victoria que vence al mundo: vuestra fe” (1 Jn 5,4).
El verdadero creyente no se apoya en sus éxitos, pues sabe que son frágiles y que ha de referirlo todo a Dios, que nos da el querer y el obrar; y no lo hunden los fracasos, pues sabe quién mantiene a flote la barca. Si somos hombres y mujeres de poca fe, digamos al menos, como Pedro y los discípulos: ¡Señor, sálvanos, que perecemos!
Vuestro amigo
Pablo Largo

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