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Lecturas y Liturgia del 23 de Marzo de 2014

Lecturas del Domingo 3º de Cuaresma - Ciclo A

MISA http://magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/cuaresma2008/cuaresma_19_2008.mp3

Domingo 23 de Marzo del 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo (17,3-7):

En aquellos días, el pueblo, torturado por la sed, murmuró contra Moisés: «¿Nos has hecho salir de Egipto para hacernos morir de sed a nosotros, a nuestros hijos y a nuestros ganados?»
Clamó Moisés al Señor y dijo: «¿Qué puedo hacer con este pueblo? Poco falta para que me apedreen.»

Respondió el Señor a Moisés. «Preséntate al pueblo llevando contigo algunos de los ancianos de Israel; lleva también en tu mano el cayado con que golpeaste el río, y vete, que allí estaré yo ante ti, sobre la peña, en Horeb; golpearás la peña, y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.»

Moisés lo hizo así a la vista de los ancianos de Israel. Y puso por nombre a aquel lugar Masá y Meribá, por la reyerta de los hijos Israel y porque habían tentado al Señor, diciendo: «¿Está o no está el Señor en medio de nosotros?»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón.»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (5,1-2.5-8):

Ya que hemos recibido la justificación por la fe, estamos en paz con Dios, por medio de nuestro Señor Jesucristo. Por él hemos obtenido con la fe el acceso a esta gracia en que estamos: y nos gloriamos, apoyados en la esperanza de alcanzar la gloria de Dios. Y la esperanza no defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu Santo que se nos ha dado. En efecto, cuando nosotros todavía estábamos sin fuerza, en el tiempo señalado, Cristo murió por los impíos; en verdad, apenas habrá quien muera por un justo; por un hombre de bien tal vez se atrevería uno a morir; mas la prueba de que Dios nos ama es que Cristo, siendo nosotros todavía pecadores, murió por nosotros.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (4,5-42):


En aquel tiempo, llegó Jesús a un pueblo de Samaria llamado Sicar, cerca del campo que dio Jacob a su hijo José; allí estaba el manantial de Jacob. Jesús, cansado del camino, estaba allí sentado junto al manantial. Era alrededor del mediodía.
Llega una mujer de Samaria a sacar agua, y Jesús le dice: «Dame de beber.» Sus discípulos se habían ido al pueblo a comprar comida.

La samaritana le dice: «¿Cómo tú, siendo judío, me pides de beber a mí, que soy samaritana?» Porque los judíos no se tratan con los samaritanos.
Jesús le contestó: «Si conocieras el don de Dios y quién es el que te pide de beber, le pedirías tú, y él te daría agua viva.»

La mujer le dice: «Señor, si no tienes cubo, y el pozo es hondo, ¿de dónde sacas agua viva?; ¿eres tú más que nuestro padre Jacob, que nos dio este pozo, y de él bebieron él y sus hijos y sus ganados?»

Jesús le contestó: «El que bebe de esta agua vuelve a tener sed; pero el que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.»
La mujer le dice: «Señor, dame esa agua: así no tendré más sed, ni tendré que venir aquí a sacarla. Veo que tú eres un profeta. Nuestros padres dieron culto en este monte, y vosotros decís que el sitio donde se debe dar culto está en Jerusalén.»

Jesús le dice: «Créeme, mujer: se acerca la hora en que ni en este monte ni en Jerusalén daréis culto al Padre. Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos. Pero se acerca la hora, ya está aquí, en que los que quieran dar culto verdadero adorarán al Padre en espíritu y verdad, porque el Padre desea que le den culto así Dios es espíritu, y los que le dan culto deben hacerlo en espíritu y verdad.»

La mujer le dice: «Sé que va a venir el Mesías, el Cristo; cuando venga, él nos lo dirá todo.»
Jesús le dice: «Soy yo, el que habla contigo.»
En aquel pueblo muchos creyeron en él. Así, cuando llegaron a verlo los samaritanos, le rogaban que se quedara con ellos. Y se quedó allí dos días. Todavía creyeron muchos más por su predicación, y decían a la mujer: «Ya no creemos por lo que tú dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 3º de Cuaresma - Ciclo A

Domingo 23 de Marzo del 2014
TERCER DOMINGO DE CUARESMA (Ciclo A)
Un Encuentro Personal Profundo
Agua Viva

Saludo (Ver Segunda Lectura)
El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado.
Que ese amor de Dios esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)
Un Encuentro Personal Profundo
Con frecuencia no estamos dispuestos a escuchar a la gente que nos juzga o que nos desprecia. La gente a la que escuchamos con facilidad y con la que nos podemos encontrar, corazón a corazón, es la que no nos critica sino que nos respeta. Aun cuando no siempre hayamos sido las personas y los cristianos que debiéramos haber sido, sabemos que Jesús nos trata siempre con respeto y ve el potencial para el bien en nosotros. Pidamos al Señor en esta eucaristía que nos tratemos unos a otros con el mismo aprecio que él nos muestra.

Agua Viva

La liturgia de hoy nos recuerda con fuerza nuestro bautismo. Fue el agua la que comenzó a saciar nuestra sed de todo lo bueno y lo que vale la pena, y sobre todo de Dios mismo. Es el agua que nunca se seca; porque el bautismo no es sólo un mero rito, sino vida, una nueva manera de vivir, eterna adhesión a la persona de Cristo y unión y comunión con la comunidad de la Iglesia. Es la vida de Cristo la que sigue creciendo en nosotros. Jesús mismo alimenta esta vida aquí en la Eucaristía. Pidámosle que siga dándonos esta agua viva y que nos induzca a compartirla con otros.

Acto Penitencial
Cuando pecamos, dejamos que el manantial del amor de Dios se seque en nosotros.
Pidámosle al Señor que nos perdone.
(Pausa)

Señor Jesús, manantial de agua viva, danos siempre esa agua que purifica nuestro corazón.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, manantial de agua viva, danos el agua que hace crecer nuestra fe.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, manantial de agua viva, otórganos el agua que sacia nuestra sed de plenitud de tu vida y de tu amor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y danos el agua viva de tu amable perdón.
Riega tu vida en nosotros y que salte hasta la vida eterna.

 Oración Colecta (Dos opciones)

1. Un Encuentro Personal Profundo
Oremos a Dios nuestro Padre para que Jesús sea fuente de vida para todos.
(Pausa)

Oh Dios Padre, que creas y perdonas:
Tú permites a tu pueblo experimentar tu misericordia
cuando encuentran a tu Hijo, Jesucristo.
Sintonízanos con su voz,
que nos proclama tu palabra de perdón y amor.

Disponnos para encontrarle, de corazón a corazón,
para que apague nuestra sed de vida
y para que vivamos con alegría y valor
y para que, día tras día, nos parezcamos más a él .

Que todos beban el agua viva de su amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. Amén.

2. Agua Viva
Oremos a Dios para que la vida de Cristo en nosotros sea rica y plena.
(Pausa)

Padre de vida y dador de todo lo bueno:
Queremos beber tu vida al máximo.

Que Jesús, tu Palabra Viviente,
nos hable de corazón a corazón.

Danos una sed insaciable
de las cosas realmente importantes:
la fe y el sentido de nuestras vidas,
la esperanza en un mundo mejor
lleno de tu justicia y tu paz,
un espíritu de amor comprometido
que sabe cómo compartirse a sí mismo.

Otórganos generosamente todo esto
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Ex 17,3-7): El Agua Fluye de la Roca
La sed es la prueba más dura de los que viajan por el desierto. Para el pueblo en marcha Dios es la roca en quien pueden confiar y la fuente de agua vivificante.

Segunda Lectura (Rom 5,1-2.5-8): El Amor de Dios Se Ha Derramado en Nuestros Corazones
Por medio de Cristo, que murió por nosotros, Dios ha derramado en nuestros corazones todo lo que anhelamos con sed ardiente: fe, esperanza en el futuro que Dios nos ofrece, el Espíritu de amor.

Evangelio (Jn 4, 5-e42): ¡Dame tu Agua Viva!
Jesús entra en un diálogo personal con la mujer samaritana. Él se revela a ella como el proveedor de agua viva y siempre corriente, es decir, como el dador de nueva vida para nosotros.


Oración de los Fieles
Oremos en espíritu y en verdad a Dios nuestro Padre, fuente de toda vida, y digámosle: R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando tengamos serios problemas, alguien se nos acerque amablemente y converse como amigo con nosotros, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando encontremos a alguien con serios problemas, sepamos sentarnos humildemente a su lado y escuchar con paciencia y comprensión, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando nos reunamos en la eucaristía en torno a la mesa del Señor, su palabra sea para nosotros agua viva que calme nuestra sed, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando busquemos renovar nuestras vidas durante esta Cuaresma, aprendamos a vivir según el espíritu de Jesús, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando nos esforzamos por orar en espíritu y en verdad, no nos olvidemos de los otros, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando vivamos en situaciones injustas, nos alcemos y clamemos en defensa y a favor de los débiles y oprimidos, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, cuando los pobres nos rodeen, sepamos compartir generosamente con ellos, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Para que, siendo una auténtica comunidad de Iglesia, lleguemos a ser fuente de agua viva para todos los sedientos con cualquier clase de sed, roguemos al Señor.
R/ Señor de vida, escucha nuestra oración.

Padre amoroso, todo lo bueno procede de tu mano bondadosa. Muéstranos nuevos caminos hacia ti y hacia los hermanos y que sepamos encontrarnos fraternalmente unos a otros como tú te encuentras con nosotros en Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
En estos signos de pan y vino
Jesús tu Hijo se va a hacer presente en medio de nosotros.

Qué el sacie nuestra hambre y apague nuestra sed
de una fe y una esperanza más profundas.

Que ojalá nosotros, a nuestra vez,
como comunidad cristiana viva,
lleguemos a ser arroyo de agua viva
para todos y cada uno de nuestros hermanos,
y así podamos saciar su sed de verdad
de libertad, de justicia y de alegría eterna,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Dios nuestro Padre ha satisfecho nuestra hambre y sed de todo lo que es verdadero y bueno, dándonos a Jesús. Démosle gracias de todo corazón.

Introducción al Padrenuestro
Oremos a nuestro Padre del cielo
con las palabras de Jesús, su Hijo,
y pidámosle nos conceda todo lo que necesitamos
en nuestro caminar hacia la vida eterna.
R/ Padre nuestro…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor, que nos dice:
Quien bebe el agua que yo le daré
tendrá un manantial dentro de sí,
que salta hasta la vida eterna.

Dichosos nosotros invitados
a tomar esta agua de vida
y a no tener ya sed nunca jamás.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión

Señor, Dios de vida:
Cuando la mujer samaritana
comprendió quién era Jesús,
creyó en él y su vida se transformó.

Tu Hijo nos ha hablado hoy aquí
y ha reavivado nuestra fortaleza.

Danos a nosotros también la gracia de comprender
quién nos está hablando
en los hermanos que claman pidiendo ayuda.

Que reconozcamos a tu Hijo en ellos
y caminemos a su lado
en el camino hacia ti, Padre nuestro
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: En esta eucaristía Dios ha saciado de nuevo nuestra sed dándonos a su Hijo Jesús.
Ahora nos sentimos fuertes de nuevo para caminar por la difícil ruta de nuestro desierto, que es camino de renovación y conversión a Dios y a los hermanos.
Que nuestra sed nunca quede saciada a menos que nos hagamos los unos para los otros bebida de agua fresca.
Que el Señor nos dé fortaleza. Y para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del Domingo 23 de Marzo del 2014

José María Vegas, cmf
El agua viva


El encuentro de Jesús con la mujer Samaritana es una narración ejemplar del proceso de la fe en Jesús como el Mesías prometido. Es, justamente, un proceso catecumenal no exento de dificultades, en el que hay que dejar a un lado los intereses más inmediatos y superficiales, reconocer la verdad y también las mentiras de la propia existencia, para que, purificada la mirada, la mente y el corazón, dejados a un lado prejuicios, falsas ideas de Dios y, también, formas incorrectas de vida, seamos capaces de reconocer en Jesús al Mesías. Por todo ello el eje del diálogo es el agua, que sacia nuestra sed y limpia nuestro cuerpo, y, por medio del bautismo, sacia la sed más profunda de verdad y de sentido, y nos purifica del pecado y nos abre a la fe. No en vano, los catecúmenos reciben este domingo el símbolo apostólico de la verdadera fe.

Se trata en apariencia de un encuentro fortuito entre dos personas que representan, además, dos mundos culturales y religiosos enemigos y enfrentados. Pero al hilo del denso diálogo comprendemos que no hay aquí nada de casual: en las circunstancias concretas de nuestra vida, también con sus lados negativos (la servidumbre de las necesidades y el trabajo, las barreras de los prejuicios, las miserias morales y los autoengaños), Dios nos está buscando, se hace encontradizo, nos interpela. Jesús, en efecto, ha salido a nuestro encuentro y se ha hecho presente en nuestro mundo participando él mismo de todas sus limitaciones y fatigas. Expuesto a la tentación en el desierto de nuestro mundo, al que ha descendido de la luz de la divinidad (manifestada en el Tabor), para compartir nuestra vida, lo vemos aquí fatigado y sediento.

Precisamente, las fatigas y la sed que sentimos son el acicate y el motor principal de nuestros trabajos y nuestros afanes. En ellos estaba ocupada la mujer que se acercó al pozo. Jesús, sediento, pide de beber y se encuentra con la barrera de los prejuicios: los judíos y los samaritanos no se hablan, se evitan, ni siquiera se piden u ofrecen un simple vaso de agua.
En Siberia, cerca de Krasnoyarsk, hay un pueblo llamado “Suja”, una palabra que significa “seca”. Y es que era antaño un pueblo de una secta (llamada de los “viejo creyentes”) separada de la iglesia ortodoxa y que negaban a los ortodoxos que pasaban por allí, no sólo el pan y la sal, sino hasta el agua. Como vemos, las costumbres (las malas, en este caso) se mantienen y atraviesan tiempos y culturas, también religiones.

El caso es que Jesús pasa por encima de prejuicios y rompe barreras culturales y se dirige al ser humano concreto, oprimido por la sed, que no conoce color, condición social, sexo o religión. Y tras pedir, ofrece. Es un agua de otro tipo, que apaga otra sed, la que anida en lo profundo del corazón humano, oprimiéndolo. Pero la mujer, agobiada por las preocupaciones cotidianas, no entiende. O entiende desde el prisma de sus necesidades más perentorias. Sin embargo, en esas mismas necesidades están presentes, de un modo u otro, motivos de mayor calado. En el caso de la samaritana es su tradición religiosa, de la que el pozo de Jacob es una especie de símbolo. La samaritana insinúa así la superioridad de su fe sobre la del judío que habla con ella.

La respuesta de Jesús suscita el interés de la mujer, de nuevo, por motivos bastante pedestres: el agua viva de la que habla este extraño judío, si sacia la sed para siempre, libera también de la esclavitud de venir a sacarla del pozo. Ahora es la mujer la que pide: “dame de esa agua”, y la petición está bien motivada: “no tendré que venir más”. Es frecuente esta actitud en el ámbito de la religión. Pedir para ahorrarnos esfuerzos, para resolver por la vía milagrosa lo que nosotros mismos debemos solventar con nuestras fuerzas y capacidades. Es verdad que pedir por nuestras necesidades cotidianas es muy humano, hasta el mismo Jesús incluyó la petición del pan en la oración del Padrenuestro. Pero también es cierto que no es ese el objeto principal de la oración y de la relación con Dios. Para apagar la sed corporal ya está el pozo. Jesús, evidentemente, está hablando de otra cosa, aunque la mujer todavía no lo ha captado.

Así pues, el Maestro da otro paso e interroga a la mujer por su situación vital, el mundo de sus relaciones personales. Son los vv. 16-18 que hoy no recoge el pasaje leído: “Ve, llama a tu marido y vuelve. La mujer respondió, No tengo marido. Jesús respondió: Tienes razón al decir que no tienes marido, porque has tenido cinco y el que ahora tienes no es tu marido”. Así, en la conversación, Jesús pasa de las necesidades inmediatas, como el agua y el pan, a las verdades vitales, las que tocan el sentido de la vida, su autenticidad… Ahí toca hueso. La mujer trata de esquivar la cuestión. “No tengo marido”. La respuesta de Jesús sobre los cinco maridos la deja al descubierto. Dicen los entendidos que los cinco maridos representan a cinco dioses de cinco pueblos a los que se habría dado culto en Samaria (2 Rey 17, 24 y sigs.). Puede ser.

Pero lo que importa ahora es que la Palabra de Jesús nos pone ante la verdad o la mentira de nuestra vida. Va a lo profundo y no admite componendas. La reacción de la mujer es realmente ingeniosa. Viendo la seriedad de lo que se le dice, decide dejar temas menores, como el agua y el pozo, y hablar de “cosas serias”, de cuestiones de teología. Sale el motivo teológico fundamental de la disputa entre judíos y samaritanos: el lugar de culto, Jerusalén o el monte Garizim. A veces, para no enfrentar la verdad existencial de nuestra vida (en religión, pero también en cuestiones de ética, en nuestras relaciones, etc.), nos ponemos serios y hablamos con solemnidad de cuestiones graves. En vez de la actitud interesada, la intelectual, que por importante que sea, se conveirte aquí en una forma de rehuir la propia realidad vital.

Jesús no rehúye la discusión. De hecho, se trata, en efecto, de una cuestión seria. Y no busca una actitud conciliadora, la verdad no es negociable. Por eso habla con claridad: “Vosotros dais culto a uno que no conocéis; nosotros adoramos a uno que conocemos, porque la salvación viene de los judíos”. Pero esto no es suficiente. La verdad religiosa no es una fórmula que tenemos en la cabeza o con la que atizamos la cabeza de los demás. Hay que ir más allá, a su significado verdadero, que es un significado salvífico: la adoración en espíritu y verdad.

Llegados a este punto, la mujer expone lo que tal vez es una secreta esperanza, una sed que brota de lo profundo, la nostalgia de una verdad que salva: vendrá el Mesías y nos lo enseñará todo. No cabe duda de que toda la conversación ha preparado este momento. Jesús es el agua viva, el nuevo templo en el que se adora en espíritu y verdad, el Mesías esperado, que ahora se revela de manera personal.

Recibida el agua nueva, inmediatamente en la mujer se realiza la promesa de Jesús: esa agua se convierte en ella en un manantial, corre a los suyos y les comunica lo que ha descubierto, se hace apóstol de Cristo y, a diferencia del agua del cántaro, no se guarda para sí lo que ha encontrado.

Es fundamental lo que después dicen los paisanos de la mujer: no creemos sólo por lo que nos has dicho, sino que nosotros le hemos oído personalmente a Él. Es así. La verdadera fe en Cristo ha de brotar, primero, del anuncio (el testimonio de la samaritana a sus paisanos), pero, después, de la experiencia personal de encuentro con Él.

Los samaritanos ocupan un lugar importante en los Evangelios. Pese al desprecio que merecían de los judíos, en los Evangelios se los presenta bajo una luz benévola y positiva. De hecho, en nuestra cultura el “buen samaritano” es el símbolo del hombre bueno y desinteresado. Muy posiblemente, ya en tiempos de Jesús en su grupo de discípulos y, después, en la primitiva comunidad cristiana se incorporaron samaritanos. No sería de extrañar que su número fuera significativo, como parece indicar el episodio de la samaritana de Sicar.

Es otra lección que se puede extraer del texto: no hay pueblos, razas, culturas o religiones que estén excluidos a priori de la llamada de Dios. La fe en el Dios Padre de Jesucristo está abierta a todos, todos están llamados. Jesús es especialista en atravesar fronteras y derribar barreras porque sabe mirar al corazón de cada uno. Los que hemos recibido el agua viva de la fe deberíamos entrenarnos en el arte de experimentarla y vivirla como un manantial abierto a todos y evitar encerrarla en un cántaro exclusivo de unos pocos elegidos. Debemos aprender a vivir nuestra fe de una manera abierta, verdaderamente católica, “en espíritu y verdad”.
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