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Lecturas y Liturgia del 10 de Abril de 2014

Lecturas del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

MISA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_37_2008.mp3

Jueves, 10 de abril de 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,3-9):

En aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra, y Dios le dijo: «Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino que te llamarás Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,4-5.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a lsaac. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

Jueves, 10 de abril de 2014
FE EN LA PALABRA DE DIOS ALIANZA
(Gn 17,3-9; Jn 8,51-59)

Introducción
Nuestra comunión con Dios, nuestra salvación, depende de la fe. Dios ofrece una Alianza; nosotros tenemos que fiarnos de la palabra de Dios. Abrahán creyó en la palabra de Dios y su fe cambió su propio destino (de ahí su nuevo nombre) y el de su pueblo. Muchos judíos no creyeron y se desconectaron de sus antepasados y del nuevo pueblo de Dios. --- Dios nos habla a nosotros por medio de su Palabra Viva, que es una persona: Jesucristo. Si creemos en él, por el bautismo nos convertimos en el nuevo pueblo de la nueva Alianza, y la Tierra Prometida será nuestra.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por tu Hijo, Jesucristo,
tú nos has dado un nombre nuevo,
el nombre de tu mismo Hijo:
por eso nos llamamos ahora “cristianos”.
Haz que sepamos vivir según este nuevo nombre
hasta llegar felizmente a nuestro nuevo destino,
que es ser hombres y mujeres “para-los-demás”,
que sirvamos y nos entreguemos totalmente a los otros
juntamente con Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Señor, Jesús, te rogamos por los que no pueden o no quieren creer en ti. Que al menos sean personas que sigan los dictados de su conciencia, y así decimos:
- Señor, Jesús, danos la gracia de creer en tu palabra y de guardarla y cumplirla en nuestra vida diaria, y así te decimos:
- Señor, Jesús, te rogamos para que el pueblo judío se acerque más a nosotros, cristianos, a través de la fidelidad a la Alianza que sellaste con Abrahán, y así te decimos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
Tú hablas por medio de tu Palabra Viva en medio de nosotros,
tu Hijo, Jesucristo.

Danos fe, una fe bien fuerte,
para que creamos firmemente
en su presencia entre nosotros
y para que nosotros mismos
seamos su presencia palpable
en el mundo de hoy.

Haznos participar de su Espíritu
para que la gente lo acepte a él en nosotros,
ya que él es nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro:
En los días en que nuestra vida
parece monótona y gris,

y cuando nos impacientamos con nosotros mismos,
nos cuesta tremendamente percatarnos
de que tu Hijo está presente entre nosotros.
Danos una fe confiada
de que él está aquí para nosotros y con nosotros,
para alzarnos sobre nosotros mismos
y para darnos esperanza en tu futuro prometido.

Ayúdanos a ser profundamente conscientes,
de que tú te has vinculado fuertemente a nosotros
y que compartes nuestro destino
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Ojalá sepamos guardar la Palabra del Señor no sólo en nuestras mentes, sino también en nuestras obras, para que un día gocemos de la Tierra Prometida, la vida eterna. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del martes, 8 de abril de 2014


Queridos amigos y amigas:
En la galería de personajes que acompañan nuestra Cuaresma, hoy le toca el turno al “viejo beduino”: o sea, a Abrahán. El libro del Génesis nos cuenta la alianza que Dios hace con él. Y en el evangelio de Juan, Jesús se atreve a decir que en él se realiza plenamente la alianza que Dios hizo con el viejo beduino: Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día: lo vio, y se llenó de alegría.
Vayamos por partes. La alianza que se describe en el Génesis no está registrada en ningún tratado de derecho. Dios le promete a Abrahán dos cosas: una descendencia numerosa (Serás padre de muchedumbre de pueblos) y una tierra a perpetuidad (Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, como posesión perpetua). A cambio, este contrato tan original pide del otro socio una sola cosa: Guardad mi alianza, tú y tus descendientes, por siempre. Es la famosa fórmula “dos contra uno”.

La cosa no tendría más trascendencia si no fuera por dos pequeños, insignificantes detalles que Dios parece pasar por alto: el socio Abrahán, y su pareja Sara, son unos viejos de cuidado (por lo tanto, poco aptos para fáciles procreaciones) y la tierra que piensa darles tiene ya título de propiedad (por lo tanto, va a ser necesaria una expropiación que va contra todo derecho internacional). En otras palabras, la alianza que Dios hace es una verdadera provocación. No se trata de poner la firma a bienes contantes y sonantes sino a promesas que no se ven y que exigen una fe de caballo (quizá fuera mejor decir de “camello”, teniendo en cuenta las costumbres del viejo beduino). En el texto que leemos hoy no se dice expresamente, pero Abrahán, en el borde de lo absurdo, se fía. Ahora entendemos por qué se le conoce como el “padre de los creyentes”.

Vayamos ahora a Jesús. Su estilo no es menos provocativo que el de Dios Padre: Os aseguro que antes que naciera Abrahán existo yo. Después de una afirmación de este calibre, no es nada extraño que cogieran piedras para tirárselas. ¿De qué se está hablando en la controversia? ¡Pues de la verdadera identidad de Jesús! La referencia a Abrahán es un recurso para poner de relieve el contraste promesa-realidad. Abrahán representa la promesa. Jesús es ya la realidad. En él, la alianza ha llegado a su plenitud: nace un pueblo numeroso que habita la tierra como propiedad.
No pasemos por alto un pequeño detalle sobre el que los exegetas no acaban de ponerse de acuerdo (¿Se ponen de acuerdo sobre algo alguna vez?). Me refiero a esa “insinuación cronológica” que parece hacer a Jesús un poco más viejo de lo que solemos imaginar: No tienes todavía cincuenta años. O sea, que no debía de andar demasiado lejos. ¿O también aquí el cincuenta tiene sólo un valor simbólico? Discuten los autores.
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