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Lecturas y Liturgia del 25 de Abril de 2014

Lecturas del Viernes de la Octava de Pascua

MISA DE HOY   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DE HOY    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/viernes_octavapascua08.mp3

Viernes, 25 de abril de 2014

Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (4,1-12):

En aquellos días, mientras hablaban al pueblo Pedro y Juan, se les presentaron los sacerdotes, el comisario del templo y los saduceos, indignados de que enseñaran al pueblo y anunciaran la resurrección de los muertos por el poder de Jesús. Les echaron mano y, como ya era tarde, los metieron en la cárcel hasta el día siguiente. Muchos de los que habían oído el discurso, unos cinco mil hombres, abrazaron la fe. Al día siguiente, se reunieron en Jerusalén los jefes del pueblo, los ancianos y los escribas; entre ellos el sumo sacerdote Anás, Caifás y Alejandro, y los demás que eran familia de sumos sacerdotes.

Hicieron comparecer a Pedro y a Juan y los interrogaron: «¿Con qué poder o en nombre de quién habéis hecho eso?»
Pedro, lleno de Espíritu Santo, respondió: «Jefes del pueblo y ancianos: Porque le hemos hecho un favor a un enfermo, nos interrogáis hoy para averiguar qué poder ha curado a ese hombre; pues, quede bien claro a todos vosotros y a todo Israel que ha sido el nombre de Jesucristo Nazareno, a quien vosotros crucificasteis y a quien Dios resucitó de entre los muertos; por su nombre, se presenta éste sano ante vosotros. Jesús es la piedra que desechasteis vosotros, los arquitectos, y que se ha convertido en piedra angular; ningún otro puede salvar; bajo el cielo, no se nos ha dado otro nombre que pueda salvarnos.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 117,1-2.4.22-24.25-27a

R/. La piedra que desecharon los constructores
es ahora la piedra angular

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia.
Digan los fieles del Señor:
eterna es su misericordia. R/.

La piedra que desecharon
los constructores es ahora la piedra angular.
Es el Señor quien lo ha hecho,
ha sido un milagro patente.
Éste es el día en que actuó el Señor:
sea nuestra alegría y nuestro gozo. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (21,1-14):

En aquel tiempo, Jesús se apareció otra vez a los discípulos junto al lago de Tiberíades. Y se apareció de esta manera: Estaban juntos Simón Pedro, Tomás apodado el Mellizo, Natanael el de Caná de Galilea, los Zebedeos y otros dos discípulos suyos.
Simón Pedro les dice: «Me voy a pescar.»
Ellos contestan: «Vamos también nosotros contigo.»
Salieron y se embarcaron; y aquella noche no cogieron nada. Estaba ya amaneciendo, cuando Jesús se presentó en la orilla; pero los discípulos no sabían que era Jesús.

Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?»
Ellos contestaron: «No.»
Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis.»
La echaron, y no tenían fuerzas para sacarla, por la multitud de peces.
Y aquel discípulo que Jesús tanto quería le dice a Pedro: «Es el Señor.»
Al oír que era el Señor, Simón Pedro, que estaba desnudo, se ató la túnica y se echó al agua. Los demás discípulos se acercaron en la barca, porque no distaban de tierra más que unos cien metros, remolcando la red con los peces. Al saltar a tierra, ven unas brasas con un pescado puesto encima y pan.

Jesús les dice: «Traed de los peces que acabáis de coger.»
Simón Pedro subió a la barca y arrastró hasta la orilla la red repleta de peces grandes: ciento cincuenta y tres. Y aunque eran tantos, no se rompió la red.
Jesús les dice: «Vamos, almorzad.»
Ninguno de los discípulos se atrevía a preguntarle quién era, porque sabían bien que era el Señor. Jesús se acerca, toma el pan y se lo da, y lo mismo el pescado. Esta fue la tercera vez que Jesús se apareció a los discípulos, después de resucitar de entre los muertos.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la Octava de Pascua

Viernes, 25 de abril de 2014
NO SE NOS HA DADO OTRO NOMBRE QUE PUEDA SALVARNOS (Hch 4,1-12, Jn 21,1-14)

Introducción
Los cuatro evangelistas subrayan la dificultad de los discípulos en reconocer a Jesús Resucitado. Primero, no se dan cuenta de que él está allí, lo toman sólo un extraño; después, normalmente como consecuencia de una palabra o acción de Jesús, caen en la cuenta de que es el Señor; y habitualmente, los primeros en reconocerle son los que más le aman -hoy Juan-. La apariencia del Señor Resucitado es completamente diferente de la del Jesús que habían conocido antes de su muerte y resurrección.

Aunque la fe de los apóstoles en la resurrección era difícil y lenta, todavía conforma el núcleo de la predicación apostólica: El Jesús Resucitado es la piedra angular de nuestra fe y de nuestra vida. Como con los apóstoles, Jesús permanece con nosotros, cuando nos esforzamos en seguirle.
 

Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:

Por medio de tu Hijo Jesucristo,
Señor nuestro Resucitado,
nos has transmitido un mensaje de esperanza
y nos has dado una persona única e insuperable
por quien vale la pena vivir.

Libra nuestra fe de trivialidad y rutina
y llénanos con su Espíritu de fortaleza,
para que aprendamos a vivir con firmeza
en las inseguridades del cambio,
exigidas siempre por el evangelio
y por las necesidades de los tiempos.

Que nuestra vida cristiana dé testimonio
del nombre de quien nos salvó,
Jesucristo Resucitado, nuestro Señor.

Intenciones
Por la Iglesia, para que siga proclamando la Buena Noticia del Señor Resucitado y dando testimonio de él, aun cuando esto moleste no solo a los de fuera, sino incluso a algunos de sus miembros, roguemos al Señor.
Por nuestras comunidades cristianas, para que podamos vivir sin miedo y abiertamente nuestra fe, y hacer lo que es justo y bueno en el nombre de Jesús, roguemos al Señor.
Por todos y cada uno de nosotros, para que reconozcamos con fe y amor la presencia del Señor en los hermanos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú pones palabras lindas en nuestra lengua
y llenas nuestras manos con buenos dones;
tú nos confías incluso a tu Hijo eucarístico
y lo pones en nuestras manos.

Así pues, que por medio de él, y juntamente con él,
lleguemos a ser para el mundo
tu palabra y tu don, tu signo de esperanza.
Haznos también capaces de dar testimonio
de tu amor a los hombres.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús nos ha invitado hoy
a venir a esta eucaristía
para comer el alimento de sí mismo

que él ha preparado para nosotros.
Envíanos también a nosotros
a invitar a los hermanos -cercanos y lejanos-
a participar en la mesa de las cosas que poseemos
y de lo mejor que hay en nosotros ---
nuestro amor y compasión,
nuestra palabra de ánimo,
y nuestra presencia fraternal entre todos.

Que, para los que conviven con nosotros,
sea ésta la mejor señal
de que tu Hijo resucitado vive en medio de nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.



Bendición
Hermanos: Animémonos unos a otros y ofrezcámonos unos a otros salud interior, amor y paz en el nombre de Jesús, nuestro Señor Resucitado. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del viernes, 25 de abril de 2014

Queridos amigos y amigas:
La comida es algo más que ingerir alimentos para sobrevivir. Las personas hemos hecho de las comidas momentos de encuentro, de conversación, de comunión. En ese sentido tienen razón los dichos sapienciales de la Biblia que dicen que vale más comida humilde con buena compañía que grandes manjares sin amor. A comer en nuestra casa invitamos a los familiares, a los amigos, a aquellos con los que tenemos confianza.

A Jesús se le puede conocer de muchas maneras. Una de ellas es viendo con quién comió. Y aquí aparece, una vez más, su grandeza. Jesús se sentó a la mesa con gente muy variada –discípulos, fariseos, pecadores…- y haciéndolo vino a decir que su familia eran todos aquellos que estaban dispuestos a escuchar su Palabra y a ponerla en práctica, sin importarle otras cosas (origen, clase social… raza, color de la piel…).

Hoy el Resucitado organiza una comida con sus discípulos. La última vez que habían comido juntos había sido en la Última Cena. Podía estar enfadado, porque en “la hora” le habían dejado solo: les pudo el miedo a la confianza. Y sin embargo Él, que les conocía mejor que ellos mismos, les convoca de nuevo a una comida. Ha preparado las brasas y el lugar. Sólo falta el pescado. Por eso les pide a sus amigos que hagan lo que saben hacer: pescar. Aunque en adelante, como les había dicho, serán “pescadores de hombres”. Su ocupación y preocupación ya no serán los peces, sino las personas. Como hizo el Maestro…

Cada día, cada domingo, Jesús ha preparado el lugar y las brasas. Y nos invita a su mesa: a la Eucaristía. Cada uno debe llevarse a sí mismo, con su vida, sus preocupaciones, sus logros… Él promete darnos lo que tiene: su pan y su palabra. Y con eso podemos seguir haciendo camino.
La Pascua es el tiempo de la comunidad, el tiempo de la Eucaristía.

Señor Jesús, gracias por invitarme a tu mesa.
Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez, claretiano
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