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Lecturas y Liturgia del 30 de Abril de 2014

Lecturas del Miércoles de la 2ª semana de Pascua

MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DE HOY  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/pascua08_miercoles2.mp3

Miércoles, 30 de abril de 2014
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (12,24–13,5):

En aquellos días, la palabra de Dios cundía y se propagaba. Cuando cumplieron su misión, Bernabé y Saulo se volvieron de Jerusalén, llevándose con ellos a Juan Marcos. En la Iglesia de Antioquía había profetas y maestros: Bernabé, Simeón, apodado el Moreno, Lucio el Cireneo, Manahén, hermano de leche del virrey Herodes, y Saulo.
Un día que ayunaban y daban culto al Señor, dijo el Espíritu Santo: «Apartadme a Bernabé y a Saulo para la misión a que los he llamado.»
Volvieron a ayunar y a orar, les impusieron las manos y los despidieron. Con esta misión del Espíritu Santo, bajaron a Seleucia y de allí zarparon para Chipre. Llegados a Salamina, anunciaron la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos, llevando como asistente a Juan.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 66,2-3.5.6.8

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.
Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (12,44-50):

En aquel tiempo, Jesús dijo, gritando: «El que cree en mí, no cree en mí, sino en el que me ha enviado. Y el que me ve a mí ve al que me ha enviado. Yo he venido al mundo como luz, y así el que cree en mí no quedará en tinieblas. Al que oiga mis palabras y no las cumpla yo no lo juzgo, porque no he venido para juzgar al mundo, sino para salvar al mundo. El que me rechaza y no acepta mis palabras tiene quien lo juzgue: la palabra que yo he pronunciado, ésa lo juzgará en el último día. Porque yo no he hablado por cuenta mía; el Padre que me envió es quien me ha ordenado lo que he de decir y cómo he de hablar. Y sé que su mandato es vida eterna. Por tanto, lo que yo hablo lo hablo como me ha encargado el Padre.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 2ª semana de Pascua

Miércoles, 30 de abril de 2014
CRISTO NUESTRA LUZ – VIDA ETERNA
(Hch 12,24-25; 13, 1-5a; Jn 12,44-50)

Introducción
“Vine no a juzgar al mundo, sino a salvarlo”, nos dice Jesús hoy. Él vino para traernos vida, vida sin límite, vida eterna. Él viene como luz para nuestro mundo. Si creemos en él, iluminados con su luz lograremos percibir dónde nos falta amor que mueva el mundo, dónde nuestro sentido de justicia es sólo pálido y sin ilusión. A su luz aprenderemos a ver cómo podemos servirnos unos a otros y llegar a ser ricos y maduros como seres humanos. Entonces, nosotros también nos convertiremos al menos en diminutas luces que lleven un poco de claridad y calor a nuestro mundo frío y oscuro.






Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu mismo Hijo Jesucristo
tú nos aseguras que él vino no a condenar,
sino a traernos perdón y vida,
una vida que es rica y valiosa,
que vale la pena vivirla
y que nos revitaliza a nosotros y a nuestro mundo,
con amor y espíritu de servicio.

Queremos que Cristo esté con nosotros
como luz con la que vemos
todo lo que es bueno y digno de vivirse.
Y danos la gracia de participar un día en su vida eterna.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que también las Iglesias jóvenes estén dispuestas y deseosas de enviar misioneros a gentes y pueblos que todavía no gozan de la luz de Cristo, roguemos al Señor.
Para que las personas que viven con inseguridad e incertidumbre, y en la oscuridad del temor y del sufrimiento, vean la luz de Cristo, que les lleva alivio y fortaleza, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros en esta nuestra comunidad seamos al menos un humilde, pero eficaz reflejo de la luz de Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Oh Padre eterno:
¡Qué bueno que no tenemos que esperar
al final de nuestra peregrinación en la tierra
para disfrutar la felicidad de la vida eterna!

Haz que, cuando comamos el pan de vida de Jesús,
y bebamos su sangre de fortaleza,
su vida crezca en nosotros
y florezca para la vida eterna.
Cumple en nosotros esta promesa
que nos hizo tu Hijo, Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Hemos escuchado las palabras de Jesús,
nuestro maestro y Señor.

Te pedimos que no tengamos miedo
de ninguna renovación que hayamos de realizar
en nosotros mismos y en la Iglesia,
y concédenos que el cambio profundo
comience en nosotros
por una fe rejuvenecida,
una vida de oración más profunda,
y una voluntad resuelta para realizar
lo que percibamos ser tu deseo y voluntad.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.


Bendición
Hermanos: Dichosos nosotros, que, gracias a Dios, no vivimos en la oscuridad, sino en plena luz. Podemos todavía plantearnos preguntas, no entendemos todo sobre nuestra fe, pero conocemos a la persona única de Jesús y creemos en él, que se proclamó a sí mismo como Luz del mundo. Que esta luz resplandezca siempre clara y radiante sobre nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del miércoles, 30 de abril de 2014

C.R.
Queridos amigos y amigas:

Reconozco que a veces estoy un poco obsesionado con la increencia de la que los sociólogos levantan acta en el ambiente en el que vivo. Y yo mismo la percibo en los criterios que se manejan en los medios de comunicación social, en conversaciones con algunos conocidos, en la manera como se conducen -al menos externamente- muchas de las personas que crean opinión.

¿Será verdad que Dios “no dice nada”? ¿Será verdad que su Palabra ha perdido crédito y ya no sirve para iluminar y dar esperanza? Esto es lo que solemos decir, pero no acabo de estar convencido, porque no es fácil describir la lucha interna que se da en el interior de cada uno de nosotros. A veces, tras la increencia verbal, se agazapa una profunda y agónica inquietud religiosa. En otras ocasiones, tras la apariencia de religiosidad, sólo hay costumbre y rutina.

¿A través de qué signos podemos entender que tanto amó Dios al mundo que le entregó a su propio Hijo? ¿Cómo experimentar este amor incondicional, inefable, en medio de nuestras pobres experiencias de cada día? No se trata de una experiencia reservada a una élite, porque, de hecho, quienes más profundamente perciben este misterio son, de ordinario, las personas sencillas.

Si hay tantos que dicen no percibir este amor, ¿no será prueba de que estamos viviendo una cultura de la autoafirmación, del orgullo? ¿Cómo es posible que seamos sensibles a tantas cosas menores y hayamos perdido sensibilidad para percibir lo único que realmente merece la pena?

Todas estas preguntas me las hago a mí mismo para caer en la cuenta de que estoy despierto y de que todavía puedo estremecerme ante la revelación de Jesús: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga la vida eterna.
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