GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia del 4 de Mayo de 2014

Lecturas del Domingo 3º de Pascua - Ciclo A

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/pascua08_domingo3.mp3


Domingo, 4 de mayo de 2014
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (2,14.22-33):

El día de Pentecostés, Pedro, de pie con los Once, pidió atención y les dirigió la palabra: «Judíos y vecinos todos de Jerusalén, escuchad mis palabras y enteraos bien de lo que pasa. Escuchadme, israelitas: Os hablo de Jesús Nazareno, el hombre que Dios acreditó ante vosotros realizando por su medio los milagros, signos y prodigios que conocéis. Conforme al designio previsto y sancionado por Dios, os lo entregaron, y vosotros, por mano de paganos, lo matasteis en una cruz. Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte; no era posible que la muerte lo retuviera bajo su dominio, pues David dice, refiriéndose a él: "Tengo siempre presente al Señor, con él a mi derecha no vacilaré. Por eso se me alegra el corazón, exulta mi lengua, y mi carne descansa esperanzada. Porque no me entregarás a la muerte ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. Me has enseñado el sendero de la vida, me saciarás de gozo en tu presencia." Hermanos, permitidme hablaros con franqueza: El patriarca David murió y lo enterraron, y conservamos su sepulcro hasta el día de hoy. Pero era profeta y sabía que Dios le había prometido con juramento sentar en su trono a un descendiente suyo; cuando dijo que "no lo entregaría a la muerte y que su carne no conocería la corrupción," hablaba previendo la resurrección del Mesías. Pues bien, Dios resucitó a este Jesús, y todos nosotros somos testigos. Ahora, exaltado por la diestra de Dios, ha recibido del Padre el Espíritu Santo que estaba prometido, y lo ha derramado. Esto es lo que estáis viendo y oyendo.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 15,1-2.5.7-8.9-10.11
R/. Señor, me enseñarás el sendero de la vida

Protégeme, Dios mío, que me refugio en ti;
yo digo al Señor: «Tú eres mi bien.»
El Señor es el lote de mi heredad y mi copa;
mi suerte está en tu mano. R/.

Bendeciré al Señor, que me aconseja,
hasta de noche me instruye internamente.
Tengo siempre presente al Señor,
con él a mi derecha no vacilaré. R/.

Por eso se me alegra el corazón,
se gozan mis entrañas,
y mi carne descansa serena.
Porque no me entregarás a la muerte,
ni dejarás a tu fiel conocer la corrupción. R/.

Me enseñarás el sendero de la vida,
me saciarás de gozo en tu presencia,
de alegría perpetua a tu derecha. R/.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pedro (1,17-21):

Si llamáis Padre al que juzga a cada uno, según sus obras, sin parcialidad, tomad en serio vuestro proceder en esta vida. Ya sabéis con qué os rescataron de ese proceder inútil recibido de vuestros padres: no con bienes efímeros, con oro o plata, sino a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto ni mancha, previsto antes de la creación del mundo y manifestado al final de los tiempos por nuestro bien. Por Cristo vosotros creéis en Dios, que lo resucitó de entre los muertos y le dio gloria, y así habéis puesto en Dios vuestra fe y vuestra esperanza.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (24,13-35):

Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo que había sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo.
Él les dijo: «¿Qué conversación es esa que traéis mientras vais de camino?»
Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén, que no sabes lo que ha pasado allí estos días?»

Él les preguntó: «¿Qué?»
Ellos le contestaron: «Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y palabras, ante Dios y ante todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves: hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado: pues fueron muy de mañana al sepulcro, no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron también al sepulcro y lo encontraron como habían dicho las mujeres; pero a él no lo vieron.»

Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y, comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura.
Ya cerca de la aldea donde iban, él hizo ademán de seguir adelante; pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.»
Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero él desapareció.

Ellos comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba por el camino y nos explicaba las Escrituras?»
Y, levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once con sus compañeros, que estaban diciendo: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón.»
Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo habían reconocido al partir el pan.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 3º de Pascua - Ciclo A

Domingo, 4 de mayo de 2014
TERCER DOMINGO DE PASCUA (Ciclo A)
En el Camino de Emaús
Caminando con el Señor

Saludo (Ver la Segunda Lectura)
La preciosa sangre del Cordero Jesucristo, nos ha hecho libres.

Dios le resucitó de entre los muertos
y por medio de él tenemos fe y esperanza.
Que Jesús el Señor esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)
En el Camino a Emaús
Con demasiada frecuencia pensamos que estamos totalmente solos en el camino rocoso de la vida, con nuestras luchas y desalientos, pero también con nuestras alegrías y felicidad que tenemos que compartir. ¿Lo sabe el Señor? ¿Está él ahí? Nuestra fe y sensibilidad cristianas, como es ya sabido desde los tiempos más antiguos de la Iglesia, nos asegura que él está presente y que camina con nosotros en la, a veces, rocosa calzada de la vida. Jesús nos dice su palabra de vida en las Escrituras, proclamada para nosotros cada Domingo. Él es ciertamente nuestro compañero en la vida, es decir, literalmente, el que parte su pan para nosotros, como hizo para sus discípulos en la Última Cena y en el camino peregrino de Emaús.

Caminando con el Señor
Cuando al caminar nos sentimos tristes, aburridos o desalentados, y totalmente solos, nos parece que el viaje dura mucho más tiempo. Pero, permitamos a alguien que se nos junte por el camino, un amigo o incluso un extraño que nos dé fuerza y alegría de nuevo; entonces el viaje se hace más ligero e interesante y nuestros corazones se animan. La ruta de la vida es así. A veces resulta difícil y cansina; pero se vuelve fácil y alegre cuando sabemos que el Señor viene de viaje con nosotros y anima nuestros corazones.
Hoy, y cada día, Jesús quiere ser nuestro compañero en el camino de la vida.

Acto Penitencial
Con frecuencia somos demasiado pagados de nosotros mismos; y eso nos impide reconocer al Señor entre nosotros. Pidámosle al Señor que nos perdone.
(Pausa)

Señor Jesús, tú eres uno con nosotros; tú caminas con nosotros en la ruta de la vida:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú proclamas para nosotros tu Buena Nueva de Salvación que clarifica nuestras alegrías, nuestras penas y toda nuestra vida:
R/ Cristo, ten Piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú partes para nosotros tu sabroso pan que da vida:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten piedad de nosotros, Señor, y perdona todos nuestros pecados.
Haznos conscientes de que estás siempre muy con nosotros.
Y sé nuestro compañero en nuestro viaje a la vida eterna.


Oración Colecta
Oremos para que Jesús sea nuestro compañero en el camino de la vida.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
Nuestro camino en la vida
es con frecuencia pesado y molesto
ya que es un camino propio de peregrinos.

Danos a Jesús, tu Hijo,
como nuestro compañero que viaja con nosotros
y que anima nuestros corazones con amor y alegría.

Que él siga partiendo para nosotros el pan de sí mismo,
que nos da valor y fortaleza.

Abre nuestros ojos para que sepamos reconocerle
en nuestros hermanos desalentados y afligidos,
para que éstos vean en nosotros
algo de nuestra fe firme
en que nuestro Señor ha resucitado
y vive por los siglos de los siglos.

Primer Lectura (Hch 2,14.22-33): 
El Señor ha Resucitado y Vive para siempre
Lleno del Espíritu Santo, el día de Pentecostés, Pedro proclama el centro y corazón del mensaje cristiano: Cristo murió, pero vive como nuestro Señor resucitado. Éste es el fundamento de nuestra fe. Por eso Jesús puede estar ahora con nosotros.

Segunda Lectura (1 Pe 1,17-21): El Señor Resucitado Es el Fundamento de Nuestra Esperanza.
Pedro anima a los fieles: Dios es nuestro Padre; él envió a su Hijo para salvarnos por su muerte y resurrección . Esto da sentido a nuestras vidas; éste es el fundamento de nuestra fe y de nuestra esperanza.

Evangelio (Lc 24,13-35): Le Reconocieron al Partir el Pan
Lucas aprovecha la ocasión del desaliento de dos discípulos y su encuentro con Cristo para decirnos esto: El Señor resucitado sigue viviendo entre nosotros, sus fieles, por la Palabra que nos proclama y por la Eucaristía.

Oración de los Fieles
Pidamos ahora a Jesús, nuestro hermano mayor, que nos dé la gracia de ser más conscientes de cómo él nos acompaña en el camino de la vida, y digámosle:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Señor Jesús, ven a caminar con tu Iglesia por los caminos de la paz y del amor, que nos lleven a los hermanos y al destino de la alegría perdurable, y así te decimos:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Señor Jesús, ven a caminar con las Iglesias que te revindican como su Señor; condúcelas a un auténtico encuentro fraterno para que tú seas su único Señor y Pastor, y así te decimos:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Señor Jesús, ven a caminar con nuestro país. Inspira con tu Espíritu a nuestros líderes, para que sean hombres y mujeres de integridad, que se preocupen de verdad, y preferencialmente, de su pueblo empobrecido y necesitado, y así te decimos:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Señor Jesús, ven a caminar con todos los que sufren. Alivia su pesada carga y su dolor, ya que tú experimentaste lo pesada que puede ser una cruz, y a nosotros ayúdanos a alzar a nuestros hermanos de sus penas y miserias, y así te decimos:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Señor Jesús, ve n a caminar con nuestras comunidades, para que nos aceptemos y amemos unos a otros, de forma que quede evidente a todos que tú vives entre nosotros, y así de decimos:
R/ Señor Jesús, ven con nosotros al caminar.

Gracias, Señor, por quedarte con nosotros. Alienta y anima los corazones de todos nosotros con tus palabras amables y con tu amistad perdurable, pues tú eres nuestro Señor y Salvador por los siglos de los siglos.


Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Señor nuestro, Padre amoroso:
Aquí te presentamos este pan y este vino,
signos sencillos en los que tu Hijo
camina con nosotros en el camino polvoriento de la vida.

Que él haga arder nuestro corazones
cuando se nos entrega a nosotros
y cuando nos dirige palabras
que hacen la vida digna de vivirse.

Que él sea nuestro alimento
en el camino hacia ti y hacia los hermanos,
pues creemos que él es nuestro Señor resucitado,
que vive con nosotros ahora y por los siglos de los siglos.

Introducción a la Eucaristía
La forma más profunda por la que podemos encontrar ahora a Jesús nuestro Señor es en los signos de pan y vino de la celebración eucarística. Aquí él se nos da como alimento para el camino. Con alegría damos gracias al Padre.

Introducción al Padrenuestro
Con Jesús, pedimos a Dios nuestro Padre
que nos dé no sólo nuestro pan de cada día
sino también el pan de la eucaristía.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos siempre la paz
y la alegría de tu presencia entre nosotros.
Guárdanos libres de toda duda y desaliento
y que tu Hijo camine a nuestro lado
para que, junto con él, construyamos entre nosotros
su mundo nuevo de amistad y esperanza,
y así preparemos la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
R/ Tuyo es el reino…

Oración después de la Comunión
Oh Dios nuestro, Dios de vida:
Tu Hijo Jesús nos ha hablado
cálidas palabras de aliento y esperanza.

En esta mesa de la eucaristía
nos ha nutrido con el pan tierno de sí mismo
para sustentarnos en nuestro camino peregrino
hacia ti y hacia los hermanos.

Que el alimento de su Palabra y de su Cuerpo
nos guarde unidos en una sola fe,
un solo amor, y una preocupación común
por todo lo recto y bueno.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: En esta celebración eucarística hemos encontrado a nuestro Señor resucitado: Él nos ha dirigido su palabra de vida y ha partido su pan para nosotros. Que ojalá sepamos proclamar y compartir unos con otros su Palabra, que haga arder nuestros corazones con esperanza.
Y que sepamos ser su Pan que alimente a todos los que nos rodean.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del domingo, 4 de mayo de 2014

José María Vegas, cmf
El camino a Emaús es de ida y vuelta
Si el primer lugar de encuentro con el Resucitado es la comunidad de discípulos, ésta se constituye como tal, no por iniciativa propia, sino convocada por el mismo Señor Resucitado, por medio de su Palabra y de la fracción del pan. La Eucaristía es la “fuente y la cima” de la vida y de la comunidad cristianas. Las experiencias que constituyeron el contexto de los encuentros con Cristo pascual fueron experiencias sobre todo eucarísticas. Es en ese contexto preciso en el que los discípulos vieron al que había muerto en la Cruz, pero ya no estaba en el sepulcro.
¿Qué significa aquí “ver”? ¿Por qué escribimos este verbo así, entre comillas?
El evangelio de los discípulos de Emaús lo explica de manera especialmente elocuente. Ahí se entiende bien qué vieron ellos, y qué significa para nosotros hoy ver a Cristo Resucitado.

Esos dos discípulos eran, tal vez, un matrimonio; otras versiones dicen que, puesto que se da el nombre de uno de ellos, Cleofás, el otro podía haber sido el evangelista Lucas, que, sin embargo, dejó la cuestión abierta. Ello nos da la oportunidad de poner el propio nombre junto al de Cleofás en este texto modélico para todo cristiano. En estos dos discípulos se refleja dramáticamente el trauma y la desilusión producida por la muerte de Jesús. Vuelven a la vida de siempre después de haber despertado de un sueño: “nosotros esperábamos que él fuera el liberador de Israel”; un sueño que acabó convertido en una pesadilla: “los jefes de los sacerdotes y nuestras autoridades lo entregaron para que lo condenaran a muerte y lo crucificaran”.

El camino que están haciendo muestra que el grupo de los discípulos están en proceso de disgregación. Para un judío la cosa es clara: si Jesús acabó así, es que Dios no estaba con él, no era el Mesías; nos habíamos equivocado, nuestras esperanzas eran vanas. El terrible final de Jesús supone el final de la comunidad que se había congregado en torno a Él. Tras la muerte ha pasado tiempo (tres días) y las cosas siguen igual. Bueno, no del todo igual: es cierto que algunas mujeres les han sobresaltado, pues no han encontrado el cuerpo, y hablan de cosas raras, como apariciones de ángeles, pero los apóstoles han ido al sepulcro y han comprobado que el cuerpo no está, pero a él no lo han visto. Las mujeres representan aquí el amor que intuye algo a partir del signo negativo de la mera ausencia. Los que han ido a comprobar (la autoridad y la razón) no se conforman con eso: es verdad que el lugar de la muerte está vacío, pero eso no es suficiente para creer: “a él no lo han visto”.

Este “no ver” de los principales parece haber sido suficiente para este par de discípulos. En resumen, toda una descripción del fracaso que obliga a volver a lo de siempre, a Emaús.
Mientras iban caminando, ¿de qué hablarían? ¿De qué otra cosa más que de todo lo que había pasado esos días? Lo hacían con tristeza, ofuscados y desconcertados. Recordarían las palabras llenas de autoridad y novedad que habían escuchado de labios de Jesús, y los signos poderosos que le habían visto realizar, y que hablaban de que él, probablemente, era el Mesías. Y, sin duda, estos judíos piadosos recordarían todo esto a la luz de aquellas otras palabras, la Ley y los Profetas, escuchadas y meditadas tantas veces en la sinagoga. Al comentar todo esto, algunos de los textos recordados empezaron a brillar de un modo nuevo. Les hablaban de que lo sucedido a Jesús no era en realidad tan extraño: muchos textos proféticos lo habían anunciado, como los poemas del Siervo de Yahvé del profeta Isaías (cf. Is 42,1-7; 49,1-9; 50, 4-9; 52, 13-53,12): un Mesías sufriente y derrotado. Al ir recordando estos textos, poco a poco se les fueron abriendo las mentes, empezaron a entender que “era necesario que el Mesías padeciera”, se dijeron a sí mismos ¡qué torpes hemos sido para entender!, sintieron que les ardía el corazón…

El camino se les pasó volando. Al llegar no querían perder esa extraña sensación que les había acompañado por el camino, querían retenerla. En realidad, el mismo Señor, ese mismo que había desaparecido de la tumba, los había acompañado y les había explicado las Escrituras, pero ellos, ofuscados, no habían sido capaces de reconocerlo. El caso es que, embargados por esta extraña sensación, por esta misteriosa presencia, decidieron repetir el gesto que Jesús les había mandado hacer “en su memoria”, pues realmente lo que habían vivido en el camino era una memoria viva ¡y no muerta!, no era el recuerdo impotente de un difunto: bendijeron el pan y lo partieron: “entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron, pero Jesús desapareció de su lado”.
¿Está claro? Mientras lo veían, no lo reconocieron, cuando lo reconocieron, dejaron de verlo. No se trata de ver con los ojos del cuerpo (como si los ciegos no pudieran tener la experiencia del resucitado), sino de “verlo” con los ojos de la fe, al escuchar y comprender las Escrituras, al partir el pan. A veces percibimos ciertos signos externos: suenan palabras, se realizan ciertos ritos, como bendecir el pan y el vino, pero estamos como ciegos para la presencia real del Maestro que nos habla y explica, del Señor que parte para nosotros el pan. En cambio, cuando descubrimos en todo eso la presencia de Cristo vivo (nos arden el corazón, se nos abren los ojos de la fe), lo que vemos físicamente no se distingue en nada de la realidad cotidiana, pero, eso sí, hemos descubierto en ella una dimensión nueva, superior, real: creer para ver.

Y ¿después? “En aquel mismo instante se pusieron de camino y regresaron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los once y a todos los demás”. Esa experiencia extraordinaria mientras iban de camino y al partir el pan les hizo realizar inmediatamente el camino de vuelta. De la disgregación, producto del fracaso, a la convocación, de la dimisión a la misión. La misión tiene primero un sentido interno. La experiencia del Resucitado lleva a dar testimonio de la propia experiencia en primer lugar a los demás discípulos. Así se recompone el grupo, se constituye la Iglesia. Igual que la presencia no reconocida de Jesús es la que ha explicado las Escrituras y partido el pan, así es él mismo el que convoca y reúne a las ovejas que se habían dispersado, cuando fue herido el pastor (cf. Mc 14, 27).

La experiencia eucarística se presenta aquí de manera dinámica, en camino, también en situación de crisis, de abandono. Jesús nos sale al encuentro y, si le damos conversación, nos explica las Escrituras; si le invitamos, nos invita él y parte para nosotros el pan. Tras la fracción del pan, el “ite missa est” nos envía, en primer lugar a nuestros hermanos como constructores de comunidad, como piedras vivas de la Iglesia; y, después, a todo el mundo, como testigos del Señor Resucitado. A veces nos embarga el miedo, pero tenemos que aprender a confiar en que ese testimonio no es sólo ni sobre todo cosa nuestra. Las en apariencia extrañas palabras que cierran la primera lectura (“esto es lo que estáis viendo y oyendo”) indican que, en el testimonio de la propia fe, los receptores del mismo pueden ver y entender, pues, como en el camino a Emaús, Jesús mismo actúa y habla.

La eucaristía es un enorme potencial que dejamos pasar por indolencia, indiferencia, superficialidad: escuchamos sin atención, mirando el reloj a ver cuándo acaba esto, los encargados de comentar la Palabra lo hacemos con frecuencia sin alma, de manera rutinaria y doctrinaria, no favorecemos que “arda el corazón”, sino que literalmente dormimos a las ovejas; en consecuencia, unos y otros asistimos a la fracción del pan sin el corazón caldeado, sin tomarnos en serio nuestro proceder, sin caer en la cuenta de que ahí se actualiza el precio de la sangre de Cristo con la que fuimos rescatados.

Los discípulos de Emaús nos ofrecen hoy una preciosa catequesis de lo que significa realmente la Eucaristía, sacramento para el camino de nuestra vida, que si a veces es un camino de huida y de disgregación, a la luz de la Palabra y de la fracción del pan se convierte en un camino de vuelta, de congregación, de testimonio y de misión.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified