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Lecturas del 20 de Junio de 2014

Lecturas del Viernes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/11_6_TO.mp3

Viernes, 20 de junio de 2014
Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (11,1-4.9-18.20):

En aquellos días, cuando Atalía, madre del rey Ocozías, vio que su hijo había muerto, empezó a exterminar a toda la familia real. Pero cuando los hijos del rey estaban siendo asesinados, Josebá, hija del rey Jorán y hermana de Ocozías, raptó a Joás, hijo de Ocozías, y lo escondió con su nodriza en el dormitorio; así, se lo ocultó a Atalía y lo libró de la muerte. El niño estuvo escondido con ella en el templo durante seis años, mientras en el país reinaba Atalía. El año séptimo, Yehoyadá mandó a buscar a los centuriones de los caria s y de la escolta; los llamó a su presencia, en el templo, se juramentó con ellos y les presentó al hijo del rey. Los centuriones hicieron lo que les mandó el sacerdote Yehoyadá; cada uno reunió a sus hombres, los que estaban de servicio el sábado y los que estaban libres, y se presentaron al sacerdote Yehoyadá. El sacerdote entregó a los centuriones las lanzas y los escudos del rey David, que se guardaban en el templo. Los de la escolta empuñaron las armas y se colocaron entre el altar y el templo, desde el ángulo sur hasta el ángulo norte del templo, para proteger al rey. Entonces Yehoyadá sacó al hijo del rey, le colocó la diadema y las insignias, lo ungió rey, y todos aplaudieron, aclamando: «¡Viva el rey!»

Atalía oyó el clamor de la tropa y se fue hacia la gente, al templo. Pero, cuando vio al rey en pie sobre el estrado, como es costumbre, ya los oficiales y la banda cerca del rey, toda la población en fiesta y las trompetas tocando, se rasgó las vestiduras y gritó: «¡Traición, traición!»
El sacerdote Yehoyadá ordenó a los centuriones que mandaban las fuerzas: «Sacadla del atrio. Al que la siga lo matáis.» Pues no quería que la matasen en el templo.
La fueron empujando con las manos y, cuando llegaba a palacio por la puerta de las caballerizas, allí la mataron. Yehoyadá selló el pacto entre el Señor y el rey y el pueblo, para que éste fuera el pueblo del Señor. Toda la población se dirigió luego al templo de Baal; lo destruyeron, derribaron sus altares, trituraron las imágenes, y a Matán, sacerdote de Baal, lo degollaron ante el altar. El sacerdote Yehoyadá puso guardias en el templo. Toda la población hizo fiesta, y la ciudad quedó tranquila. A Atalía la habían matado en el palacio.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 131,11.12.13-14.17-18

R/. El Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella

El Señor ha jurado a David
una promesa que no retractará:
«A uno de tu linaje
pondré sobre tu trono.» R/.

«Si tus hijos guardan mi alianza
y los mandatos que les enseño,
también sus hijos, por siempre,
se sentarán sobre tu trono.» R/.

Porque el Señor ha elegido a Sión,
ha deseado vivir en ella:
«Ésta es mi mansión por siempre,
aquí viviré porque la deseo.» R/.

«Haré germinar el vigor de David,
enciendo una lámpara para mi Ungido.
A sus enemigos los vestiré de ignominia,
sobre él brillará mi diadema.» R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,19-23):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No atesoréis tesoros en la tierra, donde la polilla y la carcoma los roen, donde los ladrones abren boquetes y los roban. Atesorad tesoros en el cielo, donde no hay polilla ni carcoma que se los coman ni ladrones que abran boquetes y roben. Porque donde está tu tesoro allí está tu corazón. La lámpara del cuerpo es el ojo. Si tu ojo está sano, tu cuerpo entero tendrá luz; si tu ojo está enfermo, tu cuerpo entero estará a oscuras. Y si la única luz que tienes está oscura, ¡cuánta será la oscuridad!»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 11ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 20 de junio de 2014
¿DÓNDE ESTÁ NUESTRO TESORO?
(2 Re 11-4, 9-18.20; Mt 6:19-23)

Introducción
La primera lectura, tomada del Libro de los Reyes, narra el castigo que alcanza a la familia de Ahab y cómo la casa real de David se restaura y, con ella, la religión del Dios de Israel.
Evangelio: ¿Cuáles son las cosas que nos preocupan, que dan vueltas constantemente en nuestra mente? La respuesta a esa pregunta nos indicará cuáles son nuestros valores, “dónde está nuestro corazón.” Para muchos generosos y comprometidos cristianos, estos valores (o mejor, contravalores) raramente serán tan rastreros y groseros, como la búsqueda loca del mero placer y el hambre insaciable por riquezas materiales y bienestar mundano, aunque éstas actitudes no siempre estén descartadas completamente. Pero ¿ qué decir acerca de la ambición por la promoción y el poder, la tendencia a dominar a otros, y modelar a los demás a nuestra imagen y semejanza, más que a la semejanza de Dios? ¿Qué pensar acerca de esa actitud que tiende a colocarnos a nosotros mismos como centro del universo?
¿Dónde, cuando y cómo buscamos lo que el Señor llama la “única cosa necesaria?”


Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú eres el origen y el fin de todo,
el auténtico sentido de nuestra existencia
y la meta de todo lo que hacemos.

Te pedimos hoy:
sácanos de nuestros pequeños mundos,
creados por nosotros a nuestra medida,
y ábrenos a ti y a tu Reino.

Sé tú mismo para nosotros
la perla preciosa de nuestras vidas;
y que cada persona a nuestro alrededor
sea como el caparazón en el que encontramos esa perla
que es Cristo y eres tú,
que viven y reinan con el Espíritu Santo
por los siglos de los siglos. Amén.

Intenciones
Por todos aquellos que se preocupan excesivamente por el dinero y las riquezas, para que aprendan a ser sensibles y a preocuparse sinceramente por los que no pueden gozar ni de lo más esencial en la vida, roguemos.
Por los que han sido víctimas de la codicia e intolerancia, para que muchas personas bondadosas les restauren su fe en Dios y en sus hermanos los hombres.
Por todos nosotros, para que seamos agradecidos a Dios por habernos dado fe en él, y en su amor y misericordia, oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
tú nos reúnes alrededor de la mesa
de tu Hijo Jesucristo.
La eucaristía es para nosotros
el mejor y más precioso tesoro.

Haznos apreciar en todo su valor
la presencia de Jesús entre nosotros.

Que nos enriquezca siempre
con el profundo sentido de su cercanía.
Y que aprendamos de él
a estar presentes los unos a los otros
con generosidad y afecto.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
De las palabras y de la presencia misteriosa de Jesús
aprendemos que no hay nada más precioso
que tu amor hacia nosotros

y el Reino que tú quieres construir con nosotros.
Queremos que seas nuestra alegría y nuestro tesoro.
Te damos gracias, porque nos has encontrado.

Que nosotros también
sigamos siempre encontrándote a ti
en las diferentes formas en las que te manifiestas,
en la bondad de la gente,
y en los tesoros de nuestra fe.

Nuestras sinceras gracias a ti, Padre,
por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos Nuestra oración y todo nuestro culto es servicio a Dios y a nuestro prójimo, no servicio egoísta a sí mismo en el sentido de presumir y alardear por lo que hacemos para Dios y para nuestros prójimos.
Lo primero es adoración en espíritu y en verdad.
Que Dios les bendiga, el Padre, y el Hijo, y el Espíritu Santo.


Comentario al Evangelio del viernes, 20 de junio de 2014


C.R.
Queridos amigos:
Nuestra sociedad es contradictoria. Por una parte, está produciendo constantemente nuevos pobres, marginados, desengañados, y también, en no pocas ocasiones, abandonados y desesperados. En estos años de crisis la distancia entre ricos y pobres sigue aumentando. Por otra parte, aquí, en Occidente, vivimos en un mundo que de alguna manera podemos llamar opulento, lleno haste el borde de bienes, ocupado obsesivamente en la producción y disfrute de los mismos. Se conjugan en todos los tiempos verbos como tener, posee, atesorar, apropiarse, pertenecer, codiciar ... A estas sociedades occidentales les viene bien bien hoy la advertencia de Jesús: "No amontonéis tesoros en la tierra, donde hay polilla y herrumbre que corrompen".

No deberíamos olvidar que estos bienes fascinantes no son el supremo bien y que cuando el hombre los adora, ¿no es verdad que traen como consecuencia ambiciones, angustias, sometimiento, rivalidades, injusticias, desesperaciones? Al final, tendremos que repetir las palabras de San Agustín: "Nos hiciste, Señor, para ti, e inquieto está nuestro corazón hasta que descanse en Ti". Al final, con tanta abundancia de bienes, no está sosegada ni aquietada nuestra sociedad.
Ser cristiano de verdad es vivir con el corazón puesto en los bienes de arriba, vivir en el mundo sin ser del mundo, tratar a las cosas con sabiduría como aquel que viviera un poco la vida eterna. No abdicamos, no, de nuestra pasión por el mundo sino que la transfiguramos de tal modo que esta pasión por nuestro mundo magnífico, fascinante, irresistible, es a la vez pasión por Dios.
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