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Lecturas y Liturgia del 25 de Junio de 2014

Lecturas del Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA     http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/12_4_TO.mp3

Miércoles, 25 de junio de 2014
Primera lectura
Lectura del segundo libro de los Reyes (22,8-13;23,1-3):

En aquellos días, el sumo sacerdote Helcías dijo al cronista Safán: «He encontrado en el templo el libro de la Ley.»
Entregó el libro a Safán y éste lo leyó. Luego fue a dar cuenta al rey Josías: «Tus siervos han juntado el dinero que había en el templo y se lo han entregado a los encargados de las obras.»
Y le comunicó la noticia: «El sacerdote Helcías me ha dado un libro.»
Safán lo leyó ante el rey; y, cuando el rey oyó el contenido del libro de la Ley, se rasgó las vestiduras y ordenó al sacerdote Helcías, a Ajicán, hijo de Safán, a Acbor, hijo de Miqueas, al cronista Safán y a Asalas, funcionario real: «Id a consultar al Señor por mí y por el pueblo y todo Judá, a propósito de este libro que han encontrado; porque el Señor estará enfurecido contra nosotros, porque nuestros padres no obedecieron los mandatos de este libro cumpliendo lo prescrito en él.»

Ellos llevaron la respuesta al rey, y el rey ordenó que se presentasen ante él todos los ancianos de Judá y de Jerusalén. Luego subió al templo, acompañado de todos los judíos y los habitantes de Jerusalén, los sacerdotes, los profetas y todo el pueblo, chicos y grandes. El rey les leyó el libro de la alianza encontrado en el templo. Después, en pie sobre el estrado, selló ante el Señor la alianza, comprometiéndose a seguirle y cumplir sus preceptos, normas y mandatos, con todo el corazón y con toda el alma, cumpliendo las cláusulas de la alianza escritas en aquel libro. El pueblo entero suscribió la alianza.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 118,33.34.35.36.37.40

R/. Muéstrame, Señor, el camino de tus leyes

Muéstrame, Señor,
el camino de tus leyes,
y lo seguiré puntualmente. R/.

Enséñame a cumplir tu voluntad
y a guardarla de todo corazón. R/.

Guíame por la senda de tus mandatos,
porque ella es mi gozo. R/.

Inclina mi corazón a tus preceptos,
y no al interés. R/.

Aparta mis ojos de las vanidades,
dame vida con tu palabra. R/.

Mira cómo ansío tus decretos:
dame vida con tu justicia. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidado con los falsos profetas; se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. A ver, ¿acaso se cosechan uvas de las zarzas o higos de los cardos? Los árboles sanos dan frutos buenos; los árboles dañados dan frutos malos. Un árbol sano no puede dar frutos malos, ni un árbol dañado dar frutos buenos. El árbol que no da fruto bueno se tala y se echa al fuego. Es decir, que por sus frutos los conoceréis.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 12ª semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 25 de junio de 2014
DANDO BUEN FRUTO
(2 Re 22:8-13; Mt 7:15-20)

Introducción
Como nos dice la primera lectura, durante los trabajos de restauración del templo de Jerusalén aparece el libro de la Ley Antigua, probablemente el núcleo central del libro del Deuteronomio. Es un llamado a vivir según la Alianza. Este descubrimiento tuvo lugar en tiempos de decadencia religiosa, que conduciría al exilio. Aun así provocó una reforma religiosa y un intento de vivir de acuerdo a las exigencias de la misma Alianza. – También a nosotros se nos reta, en esta eucaristía, a renovar nuestra Alianza con el Señor.


Colecta
Señor Dios nuestro:
La actual renovación en la Iglesia
y los cambios en nuestro mundo
han hecho vacilar
muchas de nuestras certezas y seguridades;
y a veces no sabemos qué terreno pisamos.
Danos, Señor, una fe firme, una profunda confianza,
y la sabiduría de tu Espíritu.

Ayúdanos a mantener nuestro sentido crítico,
para que no corramos detrás de falsos profetas;
pero, aun así, que nos mantengamos abiertos
a toda renovación auténtica
que nos acerque más a ti
y nos ayude a dar buen fruto,
por Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que no tengamos miedo cuando encontremos dificultades, sino que nos mantengamos siempre confiando en Dios que nos ama y que quiere que seamos felices, oremos.
Para que el evangelio y la vida de Cristo sean nuestra guía en todas la opciones y decisiones con que nos enfrentemos, oremos.
Que, con todo nuestro corazón, amemos al Señor, que ha sellado con nosotros una Alianza, uniéndonos consigo mismo y con los hermanos, oremos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
En estos signos de pan y vino que te presentamos,
signos de comunión y de participación,
nos haces renovar nuestra Alianza,
sellada de una vez para siempre
en la sangre de tu Hijo.

Todo lo que te pedimos, Señor, es:
que tu Hijo sea el vínculo vivo
entre ti y nosotros
y entre nosotros y los demás hermanos.
Entonces será fácil responder a tu amor
y dar sabroso y delicioso fruto,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por medio de tu Hijo,
que está en medio de nosotros,
ayúdanos a descubrir de nuevo
qué significa ser amado por ti.

Que todas nuestras vidas sean
un descubrimiento y una profundización
de las riquezas y capacidades
de nuestra fe, esperanza y amor,
para que demos frutos duraderos
de bondad y de justicia,
en respuesta a tu amor,
que permanece por los siglos de los siglos.

Bendición
El árbol que da buenos frutos es un árbol bueno. Que la savia del evangelio de Jesús, su unión con nosotros y nuestra intimidad con él corran sin cesar por nuestras venas. Así daremos frutos de justicia, misericordia y amor, con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, y el Hijo y el Espíritu Santo.



Comentario al Evangelio del miércoles, 25 de junio de 2014

C.R.
Queridos amigos:

Del evangelio brota una luz que nos es imprescindible para iluminar esta época que nos ha tocado en suerte vivir. Una de las características es la desorientación. Nos llegan tantas informaciones y tan diversas que a menudo no sabemos con qué carta quedarnos. Unos nos dicen que nuestros obispos son unos sinvergüenzas a los que haríamos bien en no hacerles el más mínimo caso. Otros insisten en que seguir a pies juntillas las indicaciones de nuestros pastores es la forma de ser fieles a Jesús. Para algunos, lo esencial es denunciar un día sí y otro también los trapos sucios de nuestra comunidad. Para otros, lo verdaderamente revolucionario es aprender a perdonar. Creo que los ejemplos se multiplican.

Jesús nos da un criterio de discernimiento claro. Las palabras no importan demasiado. Podemos ser víctimas de todos los engaños del inconsciente humano. Lo que cuenta son los frutos: "Por sus frutos los conoceréis". ¿Cuáles son los frutos de unos y de otros? No tenemos necesidad de inventar nada. Nos los ofrece Pablo en la carta a los Gálatas (5,19-23). Creo que es útil recordarlos. Cuando uno se mueve desde sus propios intereses, aunque use palabras altisonantes y supuestamente proféticas, lo que produce es: "impureza, desenfreno, idolatría, enemistades, discordias, rivalidad, ira, egoísmo, cismas, envidias ...". Cuando uno actúa realmente movido por el Espíritu de Dios sus frutos son: "amor, alegría, paz, tolerancia, amabilidad, bondad, fe mansedumbre y dominio de sí mismo".

La indignación ética que nos producen algunos hechos (generalmente de los demás, no nuestros) es una reacción humana comprensible, pero no es necesariamente un fruto del Espíritu. A menudo, esa indignación es sólo fruto de nuestro resentimiento, de nuestras envidias, de nuestros fracasos acumulados, de nuestros miedos. Naturalmente esto no significa que no debamos denunciar lo que nos parece antievangélico. Lo que importa es siempre preguntarse "de dónde" arranca mi actitud (¿del odio, del miedo, del deseo de venganza, del narcisismo herido? ¿O, más bien, del deseo de verdad, de vida nueva, de libertad?) y "a dónde" conduce (¿a la autoafirmación, al ajuste de cuentas, a cerrar mi herida, a "dar a cada uno su merecido"? ¿O, más bien, al perdón, a un futuro más auténtico, a la comprensión?).
La vida está llena de ocasiones en las cuales tenemos que ensayar esta propuesta de Jesús. Y no siempre es fácil actuar como Él nos propone.
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