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Lecturas y Liturgia del 9 de Junio de 2014

Lecturas del Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://fraynelson.com/homilias_mp3/o101005a.mp3

Lunes, 9 de junio de 2014
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (17,1-6):

En aquellos días, Elías, el tesbita, de Tisbé de Galaad, dijo a Ajab: «¡Vive el Señor, Dios de Israel, a quien sirvo! En estos años no caerá rocío ni lluvia si yo no lo mando.»
Luego el Señor le dirigió la palabra: «Vete de aquí hacia el oriente y escóndete junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Bebe del torrente y yo mandaré a los cuervos que te lleven allí la comida.»
Elías hizo lo que le mandó el Señor, y fue a vivir junto al torrente Carit, que queda cerca del Jordán. Los cuervos le llevaban pan por la mañana y carne por la tarde, y bebía del torrente.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 120

R/. Nuestro auxilio es el nombre del Señor,
que hizo el cielo y la tierra

Levanto mis ojos a los montes:
¿de dónde me vendrá el auxilio?
El auxilio me viene del Señor,
que hizo el cielo y la tierra. R/.

No permitirá que resbale tu pie,
tu guardián no duerme;
no duerme ni reposa
el guardián de Israel. R/.

El Señor te guarda a su sombra,
está a tu derecha;
de día el sol no te hará daño,
ni la luna de noche. R/.

El Señor te guarda de todo mal,
él guarda tu alma;
el Señor guarda tus entradas y salidas,
ahora y por siempre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (5,1-12):

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió a la montaña, se sentó, y se acercaron sus discípulos; y él se puso a hablar, enseñándoles: «Dichosos los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos los que lloran, porque ellos serán consolados. Dichosos los sufridos, porque ellos heredarán la tierra. Dichosos los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Dichosos los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Dichosos los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Dichosos los que trabajan por la paz, porque ellos se llamarán los Hijos de Dios. Dichosos los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Estad alegres y contentos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo, que de la misma manera persiguieron a los profetas anteriores a vosotros.»


Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 10ª semana del Tiempo Ordinario

Lunes, 9 de junio de 2014
BIENAVENTURANZAS

Introducción 
En los próximos días leeremos algunas lecturas del gran profeta Elías y su lucha formidable contra los males de su tiempo. Él es suficientemente valiente y audaz para enfrentarse al descreído rey Ahab y a la temible reina Jezabel, porque está seguro de que es Dios quien le envía y que, por lo tanto, está en las manos de Dios.
Evangelio. Lo que Jesús propone en las bienaventuranzas es una revolución, una vuelta del revés de los valores.Pero no nos sentimos demasiado deseosos de tomarlas en serio; las bienaventuranzas son demasiado molestas y desagradables... Muchos afirman que son utópicas, pero eso mismo se puede decir de muchas partes del evangelio, a no ser que se tenga verdadera fe. Los seguidores de Cristo son soñadores: sueñan en una fraternidad universal de todos los hombres, en una tierra y un mundo mejores.

 Colecta

Señor Dios nuestro, cuando tu Hijo proclamó su Buena Noticia a los pobres y ciegos, ellos le entendieron, por que sabían bien lo que significa no estar satisfechos de la vida y no poder ver. Desde el evangelio, concédenos sentirnos pobres con los hambrientos, andar a tientas con los ciegos, sentirnos impotentes con los indefensos, y pequeños con los que no cuentan, los pequeños, para que experimentemos bien adentro, hasta en la medula de nuestros huesos, el mensaje de tu palabra y lo compartamos como buena noticia con todos los que nos rodean, en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.

Intenciones
- Señor, que llamas bienaventurados a los pobres, suscita entre nosotros muchos hermanos que sepan cómo vivir sobriamente, y que encuentren alegría en las cosas modestas y en la vida sencilla, te rogamos.
- Señor, Dios de quienes son amables y sensibles, haznos pacíficos, misericordiosos y compasivos, para que, como tú nos prometes, poseamos tu Reino, te rogamos.
- Señor, fortaleza de los perseguidos, dales perseverancia a todos los que sufren persecución, te rogamos.

Oración sobre las ofrendas
Señor, Dios nuestro, desde la pobreza y el vacío de nuestros corazones colocamos sobre este altar un trozo de pan y un sorbo de vino. No es mucho, Señor, pero sabemos que tú puedes pasar con cosas sencillas y con gente consciente de su indigencia. Por eso te rogamos: Cambia este pan y este vino en el Cuerpo y la Sangre de Jesucristo, y cámbianos a nosotros en hombres y mujeres beneficiados con tu vida y que se enriquezcan a sí mismos entregando sin medida a los demás su tiempo, atención y amor. Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor. R/ Amén.



Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro, tú escribes derecho con líneas torcidas. Haz que las desconcertantes palabras de tu Hijo en las Bienaventuranzas nos despierten y nos permitan ver dónde podemos encontrar tu clase de felicidad, ya que es la única que dura y permanece. Y que tu Hijo, aquí ahora con nosotros, sea nuestro alimento para el camino hacia ti, Dios nuestro, por los siglos de los siglos. R/ Amén.


Bendición
A los discípulos de Jesús nos llaman “bienaventurados”, es decir dichosos y felices, si estamos tan abiertos a Dios que le permitimos llenarnos con algo de su propia felicidad. Para ello tenemos que ser pobres, vacíos de nosotros mismos. Entonces obtendremos la felicidad del Reino de Dios, como un saboreo anticipado de la felicidad celestial. Pongámonos en las manos de Dios y pidámosle que nos bendiga bondadosamente, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. R/ Amén.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del lunes, 9 de junio de 2014

C.R.
Queridos amigos:
Tras la cinquentena pascual, proseguimos el tiempo ordinario. Lo hacemos en la décima semana. El evangelio de San Mateo nos acompañará durante casi tres meses, nada menos que hasta el 30 de agosto.
Es bueno que, al comienzo de un nuevo libro, nos informemos acerca de su plan de conjunto. Esto nos permitirá entender mejor cada parte. No todos disponemos de tiempo y de medios para un estudio a fondo, pero siempre podemos dar un nuevo paso. Por esa razón, os ofrezco algunos enlaces que nos proporcionan un acercamiento sencillo.
Os invito a recordar alguna experiencia de sufrimiento.

¿Qué sentimos cuando nos visita el dolor, cuando tenemos la impresión de que las cosas salen torcidas, cuando parece que la alegría dura tan poco en casa del pobre? ¿Cómo es posible que en la gran familia de Dios, que es la humanidad, haya tantos millones de personas que pasan hambre, que lloran, que son perseguidas? ¿A qué extraño plan responde tanta injusticia, tanta corrupción, tanta violencia? ¿De qué han servido dos mil años de cristianismo?
Contemplando a los pobres y excluidos de su tiempo, Jesús debió de sentir en carne propia el abismo que hay entre el sueño de Dios y la dura realidad de cada día. Debió de sentir a un tiempo la impotencia de quien apenas puede hacer nada y la tentación de quien sueña que Dios es un recurso mágico para resolver todo a golpe de deseo.
¿No sentimos esto mismo cada uno de nosotros? ¿No nos debatimos entre el “no hay nada que hacer” y el “que venga Dios y lo arregle”?
Mateo comienza el ministerio público de Jesús con la proclamación de las bienaventuranzas. Todos los detalles de este “discurso programático” son importantes:
Jesús contempla la muchedumbre (Al ver Jesús el gentío) que simboliza a toda la humanidad doliente. Y siente, como en tantas ocasiones, compasión. Hace suyos los sufrimientos de cada uno. Los entiende por dentro porque también él, desde el comienzo de su vida hasta el final, se siente atravesado por la tentación del sinsentido, de reducir a Dios a un poder mágico.
Sube a la montaña, se sienta y comienza a hablar. Todo nos hace pensar que lo que va a decir tiene el sello de su Padre.

El contenido es paradójico: todos los que sufren (por situaciones injustas o por incomprensión hacia su tarea) tienen dentro de sí la semilla de la felicidad. La tienen, no en virtud de su rectitud moral, de sus cualidades, de su resignación o de no sé qué extraña medida compensatoria. Son felices, sin comparación ninguna con cualquier otro ser humano (rico, satisfecho, potente), porque Dios se ha puesto de su parte. Son felices porque en el centro mismo de su dolor habita Dios, por difícil, paradójico y casi inhumano que resulte.

Escribo esto y experimento dos reacciones contrapuestas. La primera se parece mucho a la crítica marxista de la religión. Si no se entienden estas palabras de Jesús en su verdad, pueden ser utilizadas como justificación del orden establecido. Si se las acoge a la luz de su propia vida (esta es la segunda reacción), entonces, no solamente alimentan un gran coraje para luchar por la dignidad de todos los seres humanos sino que dan sentido a todo sufrimiento que se vive en comunión con el Cristo que sufre y muere.
No estoy seguro de haber entendido esto, pero sé que sí lo ha entendido Pablo cuando escribe a los corintios: Si los sufrimientos de Cristo rebosan sobre nosotros, gracias a Cristo rebosa en proporción nuestro ánimo. O cuando más adelante remacha: Si sois compañeros en el sufrir, lo sois en el buen ánimo. Y también sé que lo han entendido y vivido muchos sufrientes que han hecho de la prueba un trampolín de fe, de alegría, de capacidad de lucha, de esperanza contra toda esperanza. En otras palabras, de felicidad.
¿Se puede vender esta “fórmula” en el supermercado de propuestas para estar bien y ser feliz? Se puede, pero no tendría ningún éxito de ventas. Seguimos empeñados en transitar otros caminos de rápida gratificación. Pero chocamos siempre contra la misma piedra. No deberíamos extrañarnos de nuestra profunda infelicidad
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