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Lecturas y Liturgia del 13 de Julio de 2014

Lecturas del Domingo 15º del Tiempo Ordinario - Ciclo A


MISA DEL DIA http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/15_1_TO-A.mp3

Domingo, 13 de julio de 2014
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (55,10-11):


Así dice el Señor: «Como bajan la lluvia y la nieve del cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundarla y hacerla germinar, para que dé semilla al sembrador y pan al que come, así será mi palabra, que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que hará mi voluntad y cumplirá mi encargo.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 64,10.11.12-13.14


R/. La semilla cayó en tierra buena y dio fruto

Tú cuidas de la tierra,
la riegas y la enriqueces sin medida;
la acequia de Dios va llena de agua,
preparas los trigales. R/.

Riegas los surcos,
igualas los terrones,
tu llovizna los deja mullidos,
bendices sus brotes. R/.

Coronas el año con tus bienes,
tus carriles rezuman abundancia;
rezuman los pastos del páramo,
y las colinas se orlan de alegría. R/.

Las praderas se cubren de rebaños,
y los valles se visten de mieses,
que aclaman y cantan. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (8,18-23):


Sostengo que los sufrimientos de ahora no pesan lo que la gloria que un día se nos descubrirá. Porque la creación, expectante, está aguardando la plena manifestación de los hijos de Dios; ella fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por uno que la sometió; pero fue con la esperanza de que la creación misma se vería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy la creación entera está gimiendo toda ella con dolores de parto. Y no sólo eso; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la hora de ser hijos de Dios, la redención de nuestro cuerpo.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (13,1-23):


Aquel día, salió Jesús de casa y se sentó junto al lago. Y acudió a él tanta gente que tuvo que subirse a una barca; se sentó, y la gente se quedó de pie en la orilla.
Les habló mucho rato en parábolas: «Salió el sembrador a sembrar. Al sembrar, un poco cayó al borde del camino; vinieron los pájaros y se lo comieron. Otro poco cayó en terreno pedregoso, donde apenas tenía tierra, y, como la tierra no era profunda, brotó en seguida; pero, en cuanto salió el sol, se abrasó y por falta de raíz se secó. Otro poco cayó entre zarzas, que crecieron y lo ahogaron. El resto cayó en tierra buena y dio grano: unos, ciento; otros, sesenta; otros, treinta. El que tenga oídos que oiga.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 15º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

DOMINGO 15 DEL TIEMPO ORDINARIO (Ciclo A)

1. La Semilla del Señor
2. Un Sembrador Generoso

Saludo
La palabra de Dios es viva y activa:
Es la persona viviente de Jesús nuestro Señor.
Que él les siga proclamando a ustedes su palabra,
que ustedes abran sus corazones a ella,
y que el Señor Jesús esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)

1. La Semilla de la Palabra
Es alentador observar que muchas familias respetan y veneran la Palabra de Dios, tanto que guardan una Biblia en sus casas. Es de esperar que también la lean y la apliquen a sus vidas de cada día. La Palabra de Dios es poderosa, pero al mismo tiempo es tan humilde que nos suplica que la acojamos bien y, por favor, que la pongamos en práctica. Pedimos a Jesús, el Señor, que está aquí con nosotros, que permita que su poderosa y humilde Palabra nos mueva interiormente.

2. Un Sembrador Generoso
Cuando observamos a seres vivos en la naturaleza, plantas y animales de todas las especies, vemos cuánta semilla se siembra generosamente. Se esparcen muchas semillas, y sin embargo pocas brotan y producen fruto. El Señor mismo sigue sembrando su palabra entre nosotros como una invitación, un llamado, un reto. Pero ¿le permitimos siquiera arraigar? ¿Cuál es el cultivo o el fruto que producimos? Dios es generoso con su palabra pero ¿somos nosotros generosos con nuestra respuesta? Que Jesús nos proclame hoy su palabra; que nosotros sepamos acogerla con calor y entusiasmo, y que arraigue en nosotros, crezca y dé una cosecha rica y hermosa.

Acto Penitencial
Oímos la palabra de Dios con frecuencia;
la respetamos, pero no siempre vivimos conforme a ella.
Pedimos al Señor que nos perdone.
(Pausa)
Señor Jesús, Palabra viva de Dios,
toca nuestras mentes y nuestros corazones
para que sepamos vivir como nos pides.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, Palabra poderosa de Dios,
danos profundidad y fidelidad,
para que tu mensaje no se marchite en nosotros.
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, Palabra humilde de Dios,
haznos receptivos para acogerte a ti y a tu mensaje de vida.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Dios y Padre nuestro, por tu bondad, dinos tu poderosa palabra de perdón,
y llévanos a la vida eterna.







Oración Colecta
Oremos para que el Señor abra nuestros corazones a su Palabra
de forma que no permanezca infructuosa.
(Pausa)
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús abrió los oídos de los sordos
y dio vista a los ciegos.

Danos la gracia de escuchar
su mensaje de Buena Noticia de salvación,
de estar en sintonía con su voz y su silencio,
de abrir especialmente nuestro corazón
a toda la luz, amor y esperanza
que nos interpelan en lo que Jesús nos dice.

Danos también valor
para hablar y vivir según nuestra fe,
para que su palabra surta efecto en nosotros
y dé abundante fruto.
Te lo pedimos en el nombre Jesús, el Señor.

Primer Lectura (Is 55,10-11): La Palabra de Dios es Creadora
El profeta Isaías proclama un mensaje de esperanza: La Palabra de Dios siempre produce resultados y es un acto creador. La promesa de salvación de Dios se cumplirá.

Segunda Lectura (Rom 8,18-23): Esforzarse con Esperanza por una Nueva Creación
San Pablo proclama un mensaje de esperanza. Somos hijos de Dios, que pasamos con Cristo a través del sufrimiento en nuestro camino de esperanza hacia la libertad de Dios para nosotros y para un mundo nuevo.

Evangelio (Mt 13,1-23): Una Semilla Que Produce Fruto
Dios siembra su palabra con esperanza. La Buena Noticia de salvación será eficaz en todos los que estén dispuestos a permitir que ella cambie sus vidas.

Oración de los Fieles

Oremos al Señor que siembra y cosecha, para que los hombres puedan acoger con entusiasmo su palabra y responder a su llamado urgente. Y digamos: R/. Señor, escucha a tu pueblo.

1. Por los que siembran y difunden la palabra de la Buena Noticia de salvación: pastores y misioneros, catequistas y maestros, padres de familia, para que sigan sembrando la semilla aun cuando no vean todavía fruto, roguemos al Señor.

2. Por los que no se sienten movidos por la palabra de Dios, para que la Iglesia pueda percibir su anhelo silencioso y proclame la palabra de tal forma que ellos vean que es importante para su vida y su felicidad, roguemos al Señor.

3. Por los que han permanecido sordos a la palabra de Dios, para que se sientan movidos por ella, cuando vean que florece y da fruto en las vidas de los buenos cristianos, roguemos al Señor.

4. Por los enfermos, los que viven solos, los que sufren o lloran, para que la palabra de Dios les lleve consuelo, les dé el valor para aguantar su dolor y para seguir esperando en un Dios amoroso y bondadoso. roguemos al Señor.

5. Por nosotros y por todas las comunidades cristianas, para que no permitamos que los afanes de la vida asfixien la palabra de Dios en nosotros, roguemos al Señor.

Señor, que tu palabra no retorne a ti sin que tu voluntad se cumpla en nosotros, y que estas nuestras súplicas no retornen a nosotros sin que tú las hayas escuchado. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Ofertorio
Traemos ante ti y te presentamos, Dios y Señor nuestro,
el fruto de la semilla que sembró el sembrador
y a la que tú le diste crecimiento.
Que este pan nos traiga la vida de tu querido Hijo Jesus,
y que este vino de nuestros viñedos
nos traiga alegría y esperanza duradera.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
La Palabra de Dios es tan eficaz entre nosotros que, cuando la pronunciamos sobre el pan y el vino, los cambia en el cuerpo y sangre de Jesús, el Señor. Demos gracias y alabanza a nuestro Padre por este excelente don.

Introducción al Padrenuestro
Unidos a Jesús, rogamos a nuestro Padre
con palabras de confianza y esperanza.
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de palabras vacías y no fiables.
Guárdanos y líbranos de falsas promesas
y de toda clase de pecado.
Llena nuestros labios con palabras y cánticos
de amor, bondad y alegría,
mientras nos animamos unos a otros
y esperamos juntos la segunda y final venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Fracción del Pan
(El celebrante llama la atención sobre el importante rito de la fracción del pan).
Siguiendo la palabra de mando de Jesús, hacemos como él nos dijo: Partimos este pan para todos nosotros porque él es Jesús, el Señor. Que sus palabras den en nosotros fruto de alegría y esperanza.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Señor,
que siembra en nuestros corazones
la buena semilla de su mensaje.
El mismo es el mensaje:
acojámoslo bien
y escuchémosle.
R/. Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
La gente hoy tiene hambre de verdad, autenticidad,
y de un sentido más profundo de la vida.
Ábrenos a todos a tu Buena Noticia de salvación,
llena nuestras palabras balbucientes con tu palabra de vida
y enséñanos a hablar a nuestros hermanos
un lenguaje que puedan entender,
especialmente el de la esperanza y el amor
por medio de nuestra vida auténticamente cristiana.
Te lo pedimos en el nombre del Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos oído a Jesús,
que es la Palabra viva de Dios,
y le hemos escuchado.
El Señor nos confía ahora su palabra y su cuerpo.
Marchemos, proclamemos su palabra
y seamos su cuerpo visible para el mundo.

Que podamos ser una bendición para todos.
Y que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del domingo, 13 de julio de 2014

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:


La parábola del sembrador es muy conocida y por lo tanto poco novedosa. No sabemos bien si nos encontramos con un sembrador que no sabía sembrar, (el grano cae en el camino, entre zarzas, en las piedras y algo en tierra buena), o era la semilla, la tierra; la canción dice: “ni es culpa del sembrador ni es culpa de la semilla, la culpa estaba en el hombre y como la recibía”. Más allá de las culpas, encontramos aquí tres actitudes ante la evangelización y en diversas etapas de nuestra vida actual. Si no os convence quedaros con la explicación que el mismo Jesús hace en el mismo texto.

Los del camino, el mensaje llega, no se asusten los sembradores, pero no se asimila. No parece algo válido para el hombre, sino más bien algo rutinario, o imposición de la familia, la escuela, algo social, no se identifica con la semilla. En nuestra sociedad y en muchas personas el Evangelio parece estar al borde de nuestra cultura, en el camino, como algo que no pertenece a los problemas que interesan, lo mismo puede pasar con la predicación. Además muchos de estos hombres del camino pertenecen a los que se amoldan. Son seres que se resignan a los carriles marcados, que carecen de ambiciones intelectuales o morales, leen, si es que leen, lo que está marcado, tragan lo que la televisión les sirve, se desgastan en un trabajo que no aman y, aunque realmente no viven, encuentran pequeñas cosas que les dan la impresión de vivir, se llenan de diversiones también comunes, el fútbol, la lotería… Es difícil que engendren un solo pensamiento que puedan decir que es suyo, gracias a ellos el mundo rueda. Son la mayoría de nuestras gentes, el proceso de siembra será largo, para ello es necesario valorarlo como único sujeto responsable, darle su tiempo para que pueda tener una reflexión personal, no presionarlo y hacerle descubrir los motivos internos, se necesita el testimonio, volver al primer anuncio.

Los de las zarzas y las piedras son los que se achicaron a la primera dificultad. Soñaron con cambiar el mundo o sus vidas desde el Evangelio. Pero pronto se dieron cuenta de que la vida les iba llenando de heridas. No querían renunciar a sus ideales, pero tampoco tenían coraje para realizarlos. Se crearon un mundo personal, con dificultad para que entre el otro, lo Otro, se dejaron seducir por una fe en la que sentirse a gusto y calientes, sin compromisos o solamente teóricos, faltaban las raíces. Van y vienen, no abandonaron, pero no llegan más allá de encontrar en el mensaje, en la semilla, un refugio emocional, que les da tranquilidad interior y seguridad. Es preciso enseñarles a vivir en comunidad, como decíamos el domingo pasado a tener una experiencia de Dios, a encontrarse con Jesús que invita al compromiso con la realidad.
Los de la tierra buena son los buscadores, que tienen flaquezas pero nunca desalientos, saben que lo importante no es llegar a ninguna parte, sino llegar a ser. Creer en la justicia, aunque saben que siempre estará en el horizonte, por mucho que caminen hacia ella. Hacen del Evangelio algo cotidiano que muestran en sus grupos o participando en las labores sencillas de sus parroquias, proclaman siempre los valores del Maestro aunque vayan a contracorriente. Están vivos, unos los llamaran locos y otros santos. Ellos sólo sentirán la maravillosa tristeza de no haber llegado a ser ni lo uno ni lo otro.

Releamos nuevamente la parábola y preguntémonos por qué la semilla del Reino no se ha desarrollado lo suficiente en nosotros. Todos tenemos algo de camino, de piedras, de zarzas, de buena tierra, debemos estar en permanente alerta, sigue la siembra.
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