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Lecturas y Liturgia del 27 de Agosto de 2014

Lecturas del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://fraynelson.com/homilias_mp3/o213002a.mp3


Miércoles, 27 de agosto de 2014
Primera lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Tesalonicenses (3,6-10.16-18):



En nombre de nuestro Señor Jesucristo, hermanos, os mandamos: no tratéis con los hermanos que llevan una vida ociosa y se apartan de las tradiciones que recibieron de nosotros. Ya sabéis cómo tenéis que imitar nuestro ejemplo: no vivimos entre vosotros sin trabajar, nadie nos dio de balde el pan que comimos, sino que trabajamos y nos cansamos día y noche, a fin de no ser carga para nadie. No es que no tuviésemos derecho para hacerlo, pero quisimos daros un ejemplo que imitar. Cuando vivimos con vosotros, os lo mandamos: El que no trabaja, que no coma. Que el Señor de la paz os dé la paz siempre y en todo lugar. El Señor esté con todos vosotros. La despedida va de mi mano, Pablo; ésta es la contraseña en toda carta; ésta es mi letra. La gracia de nuestro Señor Jesucristo esté con todos vosotros.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 127,1-2.4-5


R/. Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (23,27-32):


En aquel tiempo, habló Jesús diciendo: «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que os parecéis a los sepulcros encalados! Por fuera tienen buena apariencia, pero por dentro están llenos de huesos y podredumbre; lo mismo vosotros: por fuera parecéis justos, pero por dentro estáis repletos de hipocresía y crímenes. ¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, que edificáis sepulcros a los profetas y ornamentáis los mausoleos de los justos, diciendo: "Si hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas"! Con esto atestiguáis en contra vuestra, que sois hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 21ª semana del Tiempo Ordinario


Miércoles, 27 de agosto de 2014
¡HIPOCRESÍA, NO!
(2 Tes 3:6-10, 16-18; Mt 3:27-32)
Introducción

Nuestra guía deberían ser las sólidas tradiciones de nuestra fe, no las revelaciones privadas.
Evangelio. Probablemente estamos de acuerdo con la fuerte condenación de Jesús de la hipocresía de los fariseos. Pero la hipocresía nunca murió: todavía la tenemos aquí con nosotros hoy. El encalar y blanquear las tumbas es moda hoy todavía, y desde una corrupción inicialmente individual ha penetrado y se ha extendido en la sociedad misma. Los errores del estado, y los de la Iglesia también, son encubiertos. Se pasan por alto y en silencio las injusticias y la explotación, o bien se las condena en términos tan generales que incluso los opresores están de acuerdo con la condena. Cerramos nuestros ojos, y nuestras conciencias se quedan tranquilas, porque pensamos que no participamos ni contribuimos al mal que continúa activo y destructor. Nuestras acciones no están a la altura ni de nuestras palabras ni de nuestra fe.

Oración Colecta
Oh Dios justo y misericordioso:
Tú conoces lo que hay en nosotros.

Perdónanos, por que con frecuencia estamos tan ocupados
que no tenemos tiempo para pararnos, mirar atrás
y ayudar a los que se sienten demasiado cansados
para seguir adelante.

Perdónanos porque muchas veces
condenamos a los demás
sin haber intentado comprenderles.

Que la justicia, la misericordia y el servicio
no sean asunto exclusivo de otros
sino que sean nuestra preocupación y nuestra vida,
motivados por aquél que nos dijo
que teníamos que buscarle y acogerle en los otros,
Jesucristo nuestro Señor
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Por los que dan testimonio de la verdad, para que el Espíritu Santo ponga en su boca las palabras sabias y justas, roguemos al Señor.
- Por todos nosotros, para que sepamos hacer nuestro trabajo y cumplir nuestra misión en la vida con toda conciencia y con todo celo, roguemos al Señor.
- Por todos nosotros que celebramos la eucaristía, para que Jesús, el Señor, nos haga personas auténticas y dignas de confianza, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo pagó con su vida
porque no pudieron convencerle
de abandonar su propósito
de hacer al pueblo verdaderamente libre en ti;
pero tú le resucitaste a una vida nueva y eterna.

Al unirnos a él ahora en su sacrificio,
haznos sinceros y comprometidos con él,
en honestidad y en verdad, cueste lo que cueste,
para que podamos superar sin temor
la prueba de tu escrutinio
y vivir en tu luz,
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Las palabras de Jesús que hemos oído hoy
eran duras y dirigidas no solamente a otros,
sino también a nosotros,
para que las pongamos en práctica.

Por la fuerza de esta eucaristía
ayúdanos a vivir coherentes con nuestra fe
y a ser honestos con nosotros mismos y con los demás.

Haz que no solamente hablemos de paz y amor,
sino que seamos de verdad hombres y mujeres de paz
y constructores de comunidad por el amor
en y por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡No cedamos nunca ante la tentación de intentar aparecer ante los demás mejor de lo que somos, hasta intentando quizás, de alguna manera, impresionar al mismo Dios!
Pidamos humildemente su bendición. Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del miércoles, 27 de agosto de 2014

Rosa Ruiz, misionera claretiana

“Esta casa es una ruina”. Así se titulaba una película cómica hace años: la mansión más hermosa de tus sueños, llena de luz, de color, de detalles, de lujo incluso… en un abrir y cerrar de ojos se convierte en un fraude. Todo era para fachada. La madera preciosa carcomida por dentro. El mármol falso. Las puertas desencajadas…

¿Por qué cuento esto? Porque pasó, pasa y seguirá pasando. No siempre la apariencia responde a la verdad más profunda, ni de las cosas ni de las personas. Y antes o después, con gran frecuencia, hay que elegir: o mantienes la apariencia o reconstruyes por dentro (pintas, apuntalas, derribas y levantas de nuevo, purificas…) Y claro, pareciera que mantener las apariencias es menos costoso. Seguramente lo es, pero a la larga, el precio que se paga cuando la “casa en ruinas” te viene encima, es espantoso.
Todos necesitamos personas como Jesús que nos miran y ven. Ven más allá del encalado de la fachada, de mis buenas palabras o mis torpes intenciones. Nos miran y ven. Y no sólo eso. Ven y nos dicen lo que hay. Luego será tarea nuestra decidir qué hacemos con ello, pero al menos no podremos decir que no nos habíamos dado cuenta.

Personas que miran, ven y dicen. Como Dios, el Dios de la Vida, que no soporta la mentira ni la opulencia hipócrita pero nos ama y nos sigue creando y recreando por dentro, si le dejamos para que nuestra belleza más honda no sea un sepulcro blanqueado.
Santa Mónica, madre de san Agustín, que tan bien supo mirar y ver y decir a su hijo, es el mejor ejemplo y una gran intercesora nuestra. Que ella nos ayude y el Señor ponga a nuestro lado personas capaces de amar nuestra ruina porque ven en ella nuestro mejor yo.
Vuestra hermana en la fe, Rosa Ruiz, misionera claretiana
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