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Lecturas y Liturgia del 7 de Agosto de 2014

Lecturas del Jueves de la 18ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/18_5_TO.mp3

Jueves, 7 de agosto de 2014
Primera lectura
Lectura del profeta Jeremías (31,31-34):

Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: «Reconoce al Señor.» Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50

R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.

Los sacrificios no te satisfacen:
si te ofreciera un holocausto, no lo querrías.
Mi sacrificio es un espíritu quebrantado;
un corazón quebrantado y humillado, tú no lo desprecias. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (16,13-23):

En aquel tiempo, al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: «¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremias o uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Simón Pedro tomó la palabra y dijo: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo.»

Jesús le respondió: «¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo.»

Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenla que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tema que ser ejecutado y resucitar al tercer día.
Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: «¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte.»
Jesús se volvió y dijo a Pedro: «Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.»

Palabra del Señor
Liturgia Viva del Jueves de la 18ª semana del Tiempo Ordinario
jueves, 7 de agosto de 2014
TÚ ERES EL MESÍAS, EL CRISTO

Introducción

Jesús dirige abiertamene a los apóstoles esta pregunta: “¿Quién soy yo?” Pedro, en nombre de todos, profesa que Jesús es el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo, aun cuando probablemente no hay aquí todavía reconocimiento directo de su divinidad, sino más bien de su origen divino. Después de esta “confesión”, el Señor encomienda a Pedro su misión como cabeza del colegio apostólico y de la Iglesia. Ahora que ya saben quién es él, les puede informar también de su pasión, muerte y resurrección. Sin embargo, eso parece demasiado duro en este preciso momento: Pedro protesta. Su fe no es todavía suficientemente fuerte. Pedro piensa todavía en términos humanos. --- Nosotros profesamos conocer quién es Jesús. Pero ¿no pensamos nosotros también, con demasiada frecuencia, de forma simplemente humana?



Colecta
Oh Dios, fuente de vida:
También nosotros profesamos
que Jesús es tu Hijo,
que vino de ti y regresó a ti.

Te damos gracias por nuestra fe,
que hemos recibido
como incomparable regalo tuyo.

Pero perdónanos cuando nos resulta difícil
seguir siempre a Jesús
en su camino de sufrimiento y de muerte,
aun cuando creemos que ése precisamente es
el camino hacia la felicidad y la gloria.


Ayúdanos a pensar y a vivir según tu voluntad,
siguiendo fielmente a nuestro único modelo,
Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.

Intenciones
Para que nuestro Señor Jesucristo sea y permanezca siempre nuestra piedra angular sobre la que se construyan nuestras vidas, y para que nosotros construyamos la Iglesia con nuestro servicio, lleno de afecto y entusiasmo, roguemos al Señor.
Para que aprendamos de Jesús a entregarnos al servicio de Dios y de los hermanos, totalmente y sin reservas ni condiciones, roguemos al Señor.
Para que los que le ven poco sentido a la vida descubran en el Señor Jesús y en su Evangelio qué ricas y llenas de sentido pueden ser sus vidas, roguemos al Señor

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Con profunda fe profesamos
que Jesús, tu Hijo viviente,
se hará presente entre nosotros
en estos signos de pan y vino.

Que él nos fortalezca con su Espíritu
para seguirle a donde quiera llevarnos,
aun a través de dolor y de muerte,
para que podamos compartir con él
tu gloria y tu alegría eternas,
porque él es nuestro Señor y Salvador
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios de poder y majestad:
Tu Hijo Jesucristo
se ha hecho presente aquí entre nosotros
sin ningún despliegue de poder,
sino más bien como el siervo humilde
de sus hermanos y hermanas.

Que los que llevan en la Iglesia
el peso de la autoridad
lleguen a ser, cada vez más, como tu Hijo Jesús.

Que, indiferentes al prestigio y al poder,
reflejen en sus vidas y en su ministerio
la misma actitud de tu Hijo,
que vino no a ser servido sino a servir.
Y que sea ése su camino para ser grandes
a los ojos de Dios,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos oído a Pedro proclamar: “Tú eres el Mesías, el Cristo, el Hijo del Dios vivo”. Esta es también nuestra profesión de fe, y ella cambia toda nuestra vida. A Cristo pertenecemos, somos sus discípulos. Ojalá seamos buenos discípulos suyos, con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y que esta bendición permanezca para siempre.


Comentario al Evangelio del jueves, 7 de agosto de 2014

Pedro Belderrain, cmf
Queridos amigos,


El evangelio de hoy me permite unir dos ideas que he acunado mientras preparaba los comentarios de esta semana. Confieso que pensé ofreceros un día el comentario en blanco. Llevamos demasiados siglos pendientes de lo que dicen los demás, sobre todo de los que se supone que saben, y no nos atrevemos a profundizar en el misterio para decir algo con sentido. Hay que tener cuidado. En las calles del revuelto París de 1968 un español de buen corazón repartía octavillas a la salida del metro. Alguien se volvió para advertirle de que las hojas estaban en blanco: “¡Por supuesto! -respondió el que llevaba repartidas varios cientos- ¡son para que ustedes las rellenen!”

Algo así pensaba invitaros a hacer ante la Palabra cuando el evangelio de hoy me ha recordado unas preciosas palabras de Pablo VI, a quien evocábamos ayer.
Muchos las reconoceréis como pronunciadas en Manila en 1970. Son un bello comentario (mucho más que cualquiera que yo pueda hacer) a este texto en el que Jesús pregunta a sus discípulos si ellos no tienen nada que decir sobre Él.

No sigas leyendo. Intenta contestar tú mismo a Jesús. Y después goza con las palabras de Pablo VI: “¡Ay de mí si no evangelizare! Para esto me ha enviado el mismo Cristo. Yo soy apóstol y testigo. (…) Debo predicar su nombre: Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo; él es quien nos ha revelado al Dios invisible, él es el primogénito de toda creatura, y todo se mantiene en él. Él es también el maestro y redentor de los hombres; él nació, murió y resucitó por nosotros. Él es el centro de la historia y del universo; él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza; él ciertamente vendrá de nuevo y será finalmente nuestro juez y también, como esperamos, nuestra plenitud de vida y nuestra felicidad. Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida; él es el pan y la fuente de agua viva, que satisface nuestra hambre y nuestra sed; él es nuestro pastor, nuestro guía, nuestro ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano.

 Él, como nosotros y más que nosotros, fue pequeño, pobre, humillado, sujeto al trabajo, oprimido, paciente. Por nosotros habló, obró milagros, instituyó el nuevo reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que la paz es el principio de la convivencia, en el que los limpios de corazón y los que lloran son ensalzados y consolados, en el que los que tienen hambre de justicia son saciados, en el que los pecadores pueden alcanzar el perdón, en el que todos son hermanos. Éste es Jesucristo, de quien ya habéis oído hablar, al cual muchos de vosotros ya pertenecéis por vuestra condición de cristianos. A vosotros, pues, cristianos, os repito su nombre, a todos lo anuncio: Cristo Jesús es el principio y el fin, el alfa y la omega, el rey del nuevo mundo, la arcana y suprema razón de la historia humana y de nuestro destino; él es el mediador, a manera de puente, entre la tierra y el cielo; él es el Hijo del hombre por antonomasia, porque es el Hijo de Dios, eterno, infinito y el Hijo de María, bendita entre todas las mujeres, su madre según la carne; nuestra madre por la comunión con el Espíritu del cuerpo místico. ¡Jesucristo! Recordadlo: él es el objeto perenne de nuestra predicación; nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra y por los siglos de los siglos”.
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