GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia del 10 de Agosto de 2014

Lecturas del Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/19_1_TO.mp3

Domingo, 10 de agosto de 2014
Primera lectura
Lectura del primer libro de los Reyes (19,9a.11-13a):

En aquellos días, cuando Elías llegó al Horeb, el monte de Dios, se metió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: «Sal y ponte de pie en el monte ante el Señor. ¡El Señor va pasar!»
Vino un huracán tan violento que descuajaba los montes y hizo trizas las peñas delante del Señor; pero el Señor no estaba en el viento. Después del viento, vino un terremoto; pero el Señor no estaba en el terremoto. Después del terremoto, vino un fuego; pero el Señor no estaba en el fuego. Después del fuego, se oyó una brisa tenue; al sentirla, Elías se tapó el rostro con el manto, salió afuera y se puso en pie a la entrada de la cueva.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 84, 9ab-10. 11-12. 13-14

R/. Muéstranos, Señor, tu misericordia
y danos tu salvación

Voy a escuchar lo que dice el Señor:
«Dios anuncia la paz a su pueblo y a sus amigos.»
La salvación está ya cerca de sus fieles,
y la gloria habitará en nuestra tierra. R/.

La misericordia y la fidelidad se encuentran,
la justicia y la paz se besan;
la fidelidad brota de la tierra,
y la justicia mira desde el cielo. R/.

El Señor nos dará la lluvia,
y nuestra tierra dará su fruto.
La justicia marchará ante él,
la salvación seguirá sus pasos. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (9,1-5):

Digo la verdad en Cristo; mi conciencia, iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, en mi corazón, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza según la carne, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según la carne, nació el Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (14,22-33):

Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma.
Jesús les dijo en seguida: «¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!»
Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.»
Él le dijo: «Ven.»
Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.»
En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: «¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento.
Los de la barca se postraron ante él, diciendo: «Realmente eres Hijo de Dios.»

Palabra del Señor
Liturgia Viva del Domingo 19º del Tiempo Ordinario - Ciclo A
Domingo, 10 de agosto de 2014
Saludo (Ver el Salmo Responsorial)

Escucharé la voz del Señor, porque habla de paz.
Su ayuda está cerca para los que le temen.
Que el Señor, con su ayuda, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
¿Podemos encontrar al Señor en el caos de nuestras dudas, nuestra confusión, nuestra fe vacilante? ¿Podemos encontrarle todavía en el desorden de nuestro tiempo? Él está aquí en las tormentas y dificultades del pequeño mundo de nuestro propio corazón; y también en el ancho mundo, dividido y amenazante, en donde es difícil reconocerle. Si realmente encontramos al Señor en la fe, en la amistad y en el amor, entonces el Señor hace que todo se vuelva tranquilo, aun cuando el viento huracanado siga soplando, ya que el Señor deja sentir su presencia. Sigamos confiando, sigamos creyendo, pues el Señor está aquí con nosotros.

Acto Penitencial

Cuando nos hundimos en el pecado, gritamos:
Señor, sálvanos, que perecemos.
Pidamos al Señor que nos extienda su mano salvadora.
(Pausa)

Señor Jesús, tú nos regañas con cariño:
"Gente de poca fe, ¿por qué dudan?"
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, cuando estamos muertos de miedo,
tú nos dices:
"Ánimo, soy yo! ¡No teman!"
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, te pedimos confiadamente:
Si realmente eres tú,
mándanos ir a ti a través de las olas
para seguirte hasta el fin.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten piedad de nosotros, Señor, calma las tormentas causadas en nosotros por el pecado; danos tu paz, y llévanos a las alegrías de la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos a Dios una fe firme
que no vacile ni se debilite.
(Pausa)

Oh Dios, Padre nuestro:
Creemos en ti, en tu solicitud y en tu amor.
Pero tú sabes cómo, con frecuencia,
nuestra fe es probada por dudas,
incertidumbres y temores.

Te pedimos que creamos firmemente
que tu Hijo Jesús está con nosotros
para reavivar nuestra fe y darnos fortaleza
para vivir aun contando con los riegos
de dudas, vacilaciones y ambigüedades,
y también para confirmar en su fe
a nuestros hermanos y hermanas necesitados.

Sostén nuestra esperanza,
y que Jesús nos tome de la mano y nos lleve a ti,
Dios y Padre nuestro
por los siglos de los siglos.

Oración de los Fieles
Oremos con profunda fe a nuestro Dios, que está siempre presente en su pueblo. Él nos dirige su palabra con tono de paz. Digámosle repetidamente: R/ Señor, que veamos y experimentemos tu bondad.
Señor, tú no estás en el rayo y en el trueno de la ira y la venganza. Escucha el grito de tu Iglesia, dondequiera que esté perseguida y privada de libertad, y así te decimos:
Señor, tú no estás en el tornado de los que infligen daño a sus opositores; cambia sus corazones y sé compasivo con ellos y con sus víctimas, y así te decimos:

Señor, tú no estás en el terremoto de los que siembran temor y provocan guerras. Da paz y justicia a sus víctimas y también a los que les hieren, y así te decimos:
Señor, tú no estás en el fuego de los que juzgan y condenan a sus hermanos. Muestra tu amabilidad a sus víctimas, y convierte los corazones de los que hieren a otros, y así te decimos:
Señor, tú estás en la suave y agradable brisa de la gente que trata de servirte bien, y que lleva alegría a sus familias y comunidades. Permanece muy cercano a ellos y dales fortaleza, y así te decimos:
Padre, ponemos nuestra esperanza en ti, nos fiamos de tu palabra. Quédate siempre con nosotros, y que tu Hijo Jesús sea nuestro compañero en la vida, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú quieres asegurarnos
de qué modo tan maravilloso estás con nosotros
por medio de quien es nuestro alimento y bebida,
tu Hijo Jesucristo.

Que él nos dé el valor para caminar con él
por el tormentoso camino de la fe,
y para arriesgarnos a amar.
Y que así depongamos nuestros miedos y temores
y hagamos de su palabra tranquilizadora
el fundamento de nuestra vida y de nuestro trabajo,
hasta que consigamos el puerto seguro de paz en ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con un solo corazón y una sola voz, expresemos nuestra confianza en Dios, porque nos ha dado a su Hijo Jesús como nuestro Salvador y nuestro compañero en la vida.

Introducción al Padre Nuestro
Oremos con el Señor Jesús
su oración confiada a su Padre del cielo.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todo pecado y de todo mal
y concédenos la paz en nuestros días.
Mantennos libres de todo desaliento
y de todos los temores que nos paralizan.

Ayúdanos a descubrir, por detrás de los obstáculos,
la mano salvadora de tu Hijo,
para que marchemos hacia adelante, alegres y animosos,
hacia la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.



Invitación a la Comunión
Éste es el Cordero de Dios
que quita el pecado del mundo.
Dichosos los siervos
a quienes el Señor, cuando venga,
los encuentre despiertos.
Les ofrecerá un puesto a su mesa
y les servirá.
R/ Señor, no soy digno.

Oración después de la Comunión
Éste es Jesús, el Hijo de Dios,
que nos dice hoy:
"¡Ánimo, soy yo!
Vengan a mí y caminemos juntos
a través de peligros y obstáculos".
Dichosos nosotros de recibir al Señor
y de que renueve nuestra fuerza y nuestra fe.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre de todos:
Por medio de Jesús, tu Hijo,
tú nos invitas a deponer nuestra tímida seguridad
y a caminar contigo por el agua
para entregarnos a ti y a los hermanos.

Aunque nos veamos la mano de Jesús
que se extiende hacia nosotros
para agarrarnos,
danos suficiente fe confiada
para estar seguros de que con él venceremos.
Construye el futuro que tú sueñas para nosotros,
hasta que Jesús nos lleve hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.


Bendición
Hermanos: Esperamos que esta eucaristía haya sido para todos nosotros una alentadora experiencia de fe. Hemos expresado nuestra fe de que Jesús nuestro Señor nunca nos abandona, de que él está con nosotros en las tormentas de la vida extendiendo su mano amable hacia nosotros, y de que con él podemos superar todos los obstáculos. Para que esta confianza y esperanza florezcan siempre en nosotros pidamos que el Señor nos bendiga.
Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del domingo, 10 de agosto de 2014

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

El evangelio de este domingo es continuación del domingo pasado. El Reino llega como una comida, pero los discípulos no lo entienden así, sino más bien como una forma de poder. Jesús les ordena cruzar al otro lado del lago, mientras él se pone a orar. Llega la tormenta y queda en evidencia la falta de fe de los apóstoles.

No perdamos un importante detalle: en los momentos de triunfo, el Reino debe ser buscado en la oración silenciosa y humilde: “en el viento, el terremoto, el fuego no estaba el Señor. Después se escucho un susurro. Elías, al oírlo, se cubrió el rostro” (primera lectura,1 libro de los Reyes 19). La presunción y el orgullo es la tentación común de muchos hombres que se dicen religiosos. Jesús no alimenta una religiosidad que sólo busca lo maravilloso y milagrero, la tormenta pondrá en evidencia la distancia entre los puntos de vista de los apóstoles, (la Iglesia que va en la barca), y los del Reino.

Por otra parte el miedo es algo natural en el ser humano, es un mecanismo de defensa ante lo desconocido, ante lo que no se domina, ante el futuro incierto. Los miedos atrapan, agarrotan y no dejan pensar con libertad y actuar con decisión, entran las dudas, se desvirtúa la realidad llegando a ver incluso fantasmas. Es en la barca, en la comunidad, donde purificamos el encuentro con Dios para no confundirlo con los muchos fantasmas que pueblan nuestro cristianismo: el catastrofismo, los nervios, los agobios, las crisis, las dudas, los temores y la sensación de ausencia de Dios. En ella, cada uno va fraguando, modelando y purificando un proceso que no debe confundirse con la búsqueda del éxito, la conquista del poder o la obsesión por el propio beneficio. La comunidad nos hace vencer el miedo.

El evangelio de hoy tiene dos protagonistas, Pedro y Jesús. Al gritar “se asustaron y gritaron de miedo”, Jesús mismo se identifica: “¡Animo, soy yo, no tengáis miedo!”. Pedro sólo es capaz de pedir una prueba: “si eres tú…” y le pide un milagro, un signo. Dios pide confianza y los hombres la pedimos pruebas. Como en el caso de Elías, Pedro espera una manifestación grandiosa para creer, Jesús acepta la petición, pero de nuevo es Pedro quien, por su miedo no puede seguir adelante. La imagen de Jesús que agarra por el brazo a este Pedro dubitativo es la imagen de tantas personas que quieren creer pero no arriesgan, no confían. Buscan un prodigio de Dios, llegan incluso a tentar al mismo Dios, (me tienes que conceder esto y lo otro), y, cuando están a punto de hundirse, tienen que tender la mano hacia él.

“¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?”, los apóstoles no habían orado, no habían tomado conciencia de cuál es la voluntad del Padre. La fe se mide en los momentos de prueba, es ella la que nos lleva, incluso a sucumbir antes que renunciar al ideal del Reino conforme a la voluntad del Padre. Esto es lo que no habían entendido los discípulos y los que no entendemos a menudo los cristianos. La invitación es apremiante, subir a la barca y, en comunidad, ir mar adentro y lanzarse a la aventura de la vida desde esa realidad acogedora y a la vez frágil, que es la Iglesia. Descubrirlo en el susurro de la brisa, estando atentos a lo pequeño, a lo insignificante, orando, ayudando en lo cotidiano, dejándose desconcertar, perdiendo los miedos. Sólo así al final podremos decir y postrarnos ante él como los de la barca, diciendo: “Realmente eres Hijo de Dios”.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified