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Lecturas y Liturgia del 17 de Agosto de 2014

Lecturas del Domingo 20º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/20_1_TO.mp3

Domingo, 17 de agosto de 2014
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (56,1.6-7):

Así dice el Señor: «Guardad el derecho, practicad la justicia, que mi salvación está para llegar, y se va a revelar mi victoria. A los extranjeros que se han dado al Señor, para servirlo, para amar el nombre del Señor y ser sus servidores, que guardan el sábado sin profanarlo y perseveran en mi alianza, los traeré a mi monte santo, los alegraré en mi casa de oración, aceptaré sobre mi altar sus holocaustos y sacrificios; porque mi casa es casa de oración, y así la llamarán todos los pueblos.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 66,2-3.5.6.8

R/. Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben

El Señor tenga piedad y nos bendiga,
ilumine su rostro sobre nosotros;
conozca la tierra tus caminos,
todos los pueblos tu salvación. R/.

Que canten de alegría las naciones,
porque riges el mundo con justicia,
riges los pueblos con rectitud
y gobiernas las naciones de la tierra. R/.

Oh Dios, que te alaben los pueblos,
que todos los pueblos te alaben.

Que Dios nos bendiga;
que le teman hasta los confines del orbe. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (11,13-15.29-32):

Os digo a vosotros, los gentiles: Mientras sea vuestro apóstol, haré honor a mi ministerio, por ver si despierto emulación en los de mi raza y salvo a alguno de ellos. Si su reprobación es reconciliación del mundo, ¿qué será su reintegración sino un volver de la muerte a la vida? Pues los dones y la llamada de Dios son irrevocables. Vosotros, en otro tiempo, erais rebeldes a Dios; pero ahora, al rebelarse ellos, habéis obtenido misericordia. Así también ellos, que ahora son rebeldes, con ocasión de la misericordia obtenida por vosotros, alcanzarán misericordia. Pues Dios nos encerró a todos en la rebeldía para tener misericordia de todos.

Palabra de Dios



Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (15,21-28):

En aquel tiempo, Jesús se marchó y se retiró al país de Tiro y Sidón.
Entonces una mujer cananea, saliendo de uno de aquellos lugares, se puso a gritarle: «Ten compasión de mí, Señor, Hijo de David. Mi hija tiene un demonio muy malo.» Él no le respondió nada.
Entonces los discípulos se le acercaron a decirle: «Atiéndela, que viene detrás gritando.»
Él les contestó: «Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel.»
Ella los alcanzó y se postró ante él, y le pidió: «Señor, socórreme.»
Él le contestó: «No está bien echar a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella repuso: «Tienes razón, Señor; pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos.»
Jesús le respondió: «Mujer, qué grande es tu fe: que se cumpla lo que deseas.»
En aquel momento quedó curada su hija.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 20º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Domingo, 17 de agosto de 2014
Saludo (Ver la Primera Lectura)

Mi casa se llamará casa de oración
para todos los pueblos,
dice el Señor.

Mientras el Señor nos da la bienvenida a todos,
abrámonos sin fronteras a todos.
Que el Señor, Salvador de todos,
esté con ustedes.

Introducción por el Celebrante

A. ¿Qué clase de Católicos Somos Nosotros?
¿Qué anchura tienen las puertas de nuestra Iglesia? ¿Hay en nuestra Iglesia lugar para todos? Sabemos y profesamos que Dios es el Padre de todos. Creemos y proclamamos que Jesús murió por todos y cada uno de nosotros. --- Sin embargo, ¿es ésa la realidad? A veces, incluso despreciamos a otros cristianos, y aun a otros católicos también, porque no honran al Señor de la mismísima forma que nosotros lo hacemos. Pidamos al Señor de todos que nos ayude a extirpar toda discriminación y que con él nos abramos a todos.

B. Ya No Somos Extraños o Forasteros
¿Qué pensamos de los extranjeros, de los forasteros y desconocidos? ¿Cómo los tratamos? ¿Cuál es nuestra actitud hacia gente que es diferente de nosotros? La actitud cristiana habría de ser de aceptación y acogida, pues ésa es la actitud de Dios. Todos somos hijos de Dios, y queremos la felicidad de todos. Él llama a todos a su casa, y quiere que esta su casa sea de oración para todos. Con Cristo, seamos acogedores y demos a todos la bienvenida.


Acto Penitencial
Pidamos perdón a Dios y unos a otros porque nuestros corazones
están con frecuencia cerrados y no son tan grandes como el corazón de Dios.
(Pausa)
Señor Jesús, Hijo de David, tú nos revelaste a tu Padre como el Dios de todos los pueblos:
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Cristo Jesús, tú viniste a salvar a todos y te entregaste a la muerte y resucitaste por todos.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor Jesús, tú escuchas la oración de los paganos y te das a conocer a todos los que te buscan.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Ten misericordia de nosotros, Señor y perdona nuestra estrechez de miras y nuestro egoísmo.
Danos corazones grandes y abiertos de par en par, para acoger con bondad a todos
y llévanos a la vida eterna.



Oración Colecta

Oremos al Padre de todos
para que nuestro corazón, como el suyo,
se abra a todos.
(Pausa)

Oh Padre de todos:
Hace ya muchísimo tiempo
elegiste al pueblo de Israel
para dar a conocer tu nombre a todas las naciones.

Tu Hijo Jesucristo dejó claro
que perdón y plenitud de vida son
el tesoro de todos los que creen en él.

Haz realmente de tu Iglesia un lugar de encuentro
para todos los que te buscan a tientas.

Que todos los obstáculos y barreras se eliminen,
y que las riquezas de todas las naciones y culturas
revelen los mil rostros del amor que nos muestras
en Jesucristo nuestro Señor.

Oración de los Fieles

Oremos a Dios nuestro Padre, que abre su corazón y su casa a todos los que le buscan, y digámosle: R/ Escucha a tu pueblo, Señor.
Para que la Iglesia esté atenta a la vida y a las necesidades del mundo de hoy y descubra en sus aspiraciones puentes hacia la esperanza cristiana, roguemos al Señor.
Para que en la Iglesia universal haya espacio para las riquezas culturales de los diversos pueblos y para manifestar una única y misma fe en una variedad de lenguas y formas de expresión, roguemos al Señor
.
Para que los judíos, primer pueblo llamado por Dios, vean sus esperanzas colmadas, y un día descubran a Cristo como su Salvador, roguemos al Señor.
Para que nosotros sepamos abrir nuestros corazones y nuestros hogares a todos los que son difíciles de acomodar: desconocidos y refugiados, los parados sin trabajo y los pobres, las víctimas de la discriminación y de la opresión; para que hagamos todo lo que podamos para integrarlos dentro de la comunidad humana y cristiana, roguemos al Señor.

Para que todos nosotros aquí reunidos nos sintamos preocupados por los que no están aquí, porque se han alejado de la Iglesia, para que nuestras vidas y nuestra conducta puedan revelarles a Cristo, roguemos al Señor.
Oh Dios y Padre nuestro, no permitas que lleguemos a ser un grupo cerrado en sí mismo, autosatisfecho, sino conviértenos en una auténtica comunidad abierta a toda clase de gente y a todas las necesidades del los hermanos, a causa de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú preparaste la mesa de tu Hijo
para todos los que quieran acudir:
para santos y para pecadores, para pobres y para ricos.

Danos a tu Hijo Jesucristo.
Queremos aprender de él a compartir
-con todos los que piden alimento o amor-,
no escasas migajas o sobras de comida,
sino el alimento de nosotros mismos,
como hace aquí en este altar para nosotros Jesús,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística

En el centro de la celebración eucarística recordamos que Cristo murió y resucitó por todos y que quiere reunir a todos en su reino.

Introducción al Padre Nuestro
Con las palabras de Jesús nuestro Señor
oremos al Padre de todos
para que su reino venga
a cada persona de la tierra.
R/ Padre nuestro…

Oración por la Paz
Señor Jesucristo:
Tú quieres llevar la paz de tu reino
a todos los que deseen recibir tu amor.
En el banquete de tu reino
tú no miras a nadie como extraño.

Dispón también nuestra mente y corazón
para que sepamos reconocer en cada persona
un hijo o hija amados por tu Padre.
Haz que sepamos compartir tu paz con todos
y conduce a todos a tu reino
donde tú vives y reinas
por los siglos de los siglos.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
que ha preparado su mesa para nosotros.
Él invita a todos los que creen en él
y están dispuestos a acercarse a él.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía todos hemos sido uno en Jesucristo tu Hijo.
Él murió y resucitó a la vida por todos;
su imagen se refleja en el rostro de cada ser humano.

¡Ojalá se hiciera visible en todos!
Que su rostro no se afee o se desmorone
por nuestros prejuicios y temores;
no permitas que nuestro amor sea menos que universal,
y así únenos a todos en aquel que es
nuestro camino común hacia ti y de los unos hacia los otros,
Jesucristo mismo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos oído al Señor que nos decía en esta eucaristía:
"Mi casa se llamará casa de oración para todos los pueblos".
La "casa" del Señor no es sólo este edificio de piedra y cemento en el que nos reunimos para orar, sino que la "casa" es el pueblo de Dios, el cuerpo vivo de Cristo.
Que ojalá haya espacio en esta casa, es decir, entre nosotros, en nuestras comunidades cristianas, para todo ser humano, sea cual sea su raza o su clase social, su cultura o educación.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del domingo, 17 de agosto de 2014

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

El evangelio de este domingo es duro y sorprendente, parece estar en contradicción con lo que creemos es uno de los principios de Jesús: amar a todos los hombres sin distinción. Jesús no atiende a los ruegos de una mujer que no pertenecía a su pueblo ni a su religión: era una cananea. Llama la atención que no contento con eso, Jesús se justifique diciendo: “Sólo me han enviado a las ovejas descarriadas de Israel”. Como no bastaba para convencer a la mujer la contesta duramente: “No está bien echar a los perros el pan de los hijos”, ella repuso: “Tienes razón, Señor, pero también los perros se comen las migajas que caen de la mesa de los amos”. Finalmente vista la fe de aquella mujer, le concede lo que pedía.
El texto refleja muy bien la situación de la primitiva Iglesia, que le cuesta abrirse a los pueblos paganos, (recordemos la controversia entre Pedro y Pablo). No se tenía en cuenta la primera lectura de Isaías que escuchamos hoy: “a los extranjeros los traeré a mi Monte Santo…”, el peso de los prejuicios, la raza, la religión y las costumbres era demasiado fuerte. En este sentido el relato puede ser visto como una ocasión de presentar la universalidad del Reino, a pesar de la lucha de Jesús con aquella mujer.

Y es qué, para comprender este evangelio, debemos empezar por el final. Jesús cura a la hija de aquella mujer, vista su gran fe. De no mediar la fe, no había nada que hacer, Jesús no quiere ser considerado como un milagrero sin más, quiere entablar una relación distinta con quienes lo sigan o pidan algo. El Reino llega a todo hombre que se abre a la fe, la aceptación de la mujer se fundamenta en su actitud de fe. Jesús termina el relato con una alabanza que curiosamente destina a esta mujer cananea y en otro lugar a un centurión romano: “Mujer, qué grande es tu fe”. No es casualidad que la confianza en Dios la encontremos también fuera del mundo judío y cristiano.

La universalidad del Reino no debemos confundirla con la universalidad de la Iglesia, no es cuestión de números, sino de gente que vive una experiencia de Dios, puede parecernos raro que el Reino se manifieste también fuera de nuestras estructuras, esquemas, maneras de pensar. Dios tiene sus caminos para que ninguna “cananea”, (pagano, alejado, secularizado y otras expresiones que usamos entre nosotros), se quede con las manos vacías teniendo una “fe tan grande”. No creamos que porque nos llamamos cristianos, todo está resuelto en nuestra pertenencia al Reino. La fe es dejar que Dios obre como mejor le plazca, entretanto, nosotros nos dedicaremos a vivir el evangelio y reconocer en otros, aunque no participen de nuestras celebraciones y organizaciones, la presencia del Reino.

Esta mujer fue insistente, se puso de rodillas y aceptó los reproches, escuchó de boca de Jesús una de las frases más duras del evangelio, pero “venció” a Jesús, se rompieron las barreras de la religión, la raza, el género, se universalizo el Reino. Como diría San Pablo: “No hay judío ni griego; no hay ni esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer; porque todos sois uno en Cristo Jesús” (Gálatas 3,28).Y Él, la concedió su gracia y el cumplimiento de sus deseos: “En aquel momento quedó curada su hija”.
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