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Lecturas y Liturgia del 6 de Agosto de 2014

Lecturas de la Transfiguración del Señor

MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/18_4_TO.mp3

Miércoles, 6 de agosto de 2014
Primera lectura
Lectura de la profecía de Daniel (7,9-10.13-14):



Durante la visión, vi que colocaban unos tronos, y un anciano se sentó; su vestido era blanco como nieve, su cabellera como lana limpísima; su trono, llamas de fuego; sus ruedas, llamaradas. Un río impetuoso de fuego brotaba delante de él. Miles y miles le servían, millones estaban a sus órdenes. Comenzó la sesión y se abrieron los libros. Mientras miraba, en la visión nocturna vi venir en las nubes del cielo como un hijo de hombre, que se acercó al anciano y se presentó ante él. Le dieron poder real y dominio; todos los pueblos, naciones y lenguas lo respetarán. Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 96


R/. El Señor reina, altísimo sobre la tierra

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses. R/.
Segunda lectura
Lectura de la segunda carta de Pedro (1,16-19):

Cuando os dimos a conocer el poder y la última venida de nuestro Señor Jesucristo, no nos fundábamos en fábulas fantásticas, sino que habíamos sido testigos oculares de su grandeza. Él recibió de Dios Padre honra y gloria, cuando la Sublime Gloria le trajo aquella voz: «Éste es mi Hijo amado, mi predilecto.» Esta voz, traída del cielo, la oímos nosotros, estando con él en la montaña sagrada. Esto nos confirma la palabra de los profetas, y hacéis muy bien en prestarle atención, como a una lámpara que brilla en un lugar oscuro, hasta que despunte el día, y el lucero nazca en vuestros corazones.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (17,1-9):




En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: «Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: «Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.»
Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.»
Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva de la Transfiguración del Señor

Miércoles, 6 de agosto de 2014
UNA VISIÓN ANTICIPADA DE LA GLORIA

Saludo
Hoy Dios nuestro Padre nos dice:
Este es mi Hijo amado. Escúchenle.
Que la Palabra de nuestro Señor Jesucristo
resuene en sus corazones y en sus vidas.
Que el Señor esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Según San Lucas, cuando Jesús está a punto de partir hacia Jerusalén para llevar a cabo su “éxodo” a través de su pasión y muerte, la luz de su resurrección se proyecta ya anticipadamente sobre él en el misterio de su Transfiguración. Ocurre como una anticipación alentadora de su gloria, para fortalecerle en su camino hacia el sufrimiento. Poco antes de la Pasión, cuando la fe de los apóstoles se verá
seriamente probada, Jesús les muestra su verdadero rostro, transfigurado por la luz de Dios. Moisés y Elías, la Ley y los Profetas, también dan testimonio de Jesús. Éste es el Hijo predilecto de Dios: escúchenle; miren más allá de las apariencias. Esta visión y este mismo mensaje lo recibimos nosotros en esta eucaristía de hoy.

Acto Penitencial

¿Intentamos comprender mejor a Jesús
y ver su presencia en nuestra vida como algo verdadero y real?
¿Le escuchamos en nuestra vida?
Examinémonos sinceramente.

(Pausa)

Señor, tú desvelaste tu glorioso rostro
para fortalecer la fe de los apóstoles.
Muéstrate también a nosotros.

Señor, ten piedad de nosotros.
Señor, Jesucristo, tú te sentiste fortalecido
en tu camino hacia el sufrimiento y la muerte.

Ven con nosotros cuando sufrimos
e inspíranos a estar firmes al lado de los que sufren.
Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tu Padre desde el cielo
nos dijo que te escucháramos.
Abre nuestros oídos y nuestros corazones a tu mensaje.

Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor,
y perdona todos nuestros pecados.
Haznos más conscientes y atentos a tu cercanía
y llévanos a la vida eterna. Amén.






Oración Colecta
Roguemos al Señor
que nos ha hecho sus hijos e hijas
en Jesucristo, su Hijo predilecto.
(Pausa)
Señor Dios nuestro:
En la transfiguración de Jesús
iluminaste los ojos de la fe de tus apóstoles
para que pudieran ver más allá de las apariencias,
y reconocer a Jesús como tu Hijo amado.

Fortalece también nuestra fe
en la persona y mensaje de tu Hijo.
Ayúdanos a reconocer algo de su rostro
en nuestros hermanos
y a encontrarle siempre en los otros,
para que caminemos con él
y participemos de su gloria
por los siglos de los siglos.

Primera Lectura (Dn 7:9-10, 13-14): El Hijo del Hombre
En tiempo de persecución el profeta tiene una visión de un mundo transfigurado. El “hijo del hombre” --que simboliza al pueblo de Dios, quizás al Mesías-- ya no sufrirá más, sino que será honrado y participará en la gloria de Dios.

Segunda Lectura (2 Pe 1:16-19): Como una Lámpara que Ilumina el Camino
Los apóstoles presentes en la Transfiguración no se percataron de lo que
allí estaba pasando. Más tarde -después de la Resurrección- comprendieron y testificaron que Jesús no es un mito, sino el fundamento de la fe y de la vida.

Evangelio (Mc 9:2-10)
Después de que Jesús habló a sus apóstoles sobre su próximo sufrimiento, él y sus apóstoles -y nosotros también con ellos- experimentan una extraordinaria visión, como anticipando la gloria y resurrección que llegará más tarde.

Oración de los Fieles
Con toda confianza oremos confiadamente a Dios Padre, porque nos ha aceptado como sus hijos e hijas en su amado Hijo Jesucristo. Digámosle: R/ Padre, que vivamos en la luz de Cristo (o bien: Padre, que Cristo tu Hijo nos ilumine).
-Para que el rostro de la Iglesia pueda reflejar siempre la luz del Cristo glorioso; que la gloria de la Iglesia no consista en riqueza o en poder mundano, sino en el modesto brillo del evangelio, hecho vida y misión, roguemos al Señor.
-Para que la espiritualidad de las Iglesias Ortodoxas, que está marcada
por el misterio de la Transfiguración, inspire también más a la Iglesia Católica, y nos lleve a todos a acercarnos a la unidad, roguemos al Señor.
Para que los artistas sigan revelándonos los esplendores de la creación
de Dios; y los científicos descubran los secretos del universo y los usen sabiamente para el desarrollo y progreso de la gente y del mundo, roguemos al Señor.
Para que iluminemos nosotros, con palabras de ánimo y esperanza, los rostros de los que sufren; para que aprendamos de Cristo a encontrarnos los unos con los otros sin máscaras o pantallas engañosas, y que todos juntos sepamos buscar la luz de la verdad y del amor, roguemos al Señor.
Para que seamos hombres y mujeres liberados en Cristo, comprometidos a transformar este mundo con justicia, verdad, paz y libertad para todos, y que aprendamos a amarnos unos a otros como Dios nos ama en Cristo Jesús, roguemos al Señor.
Oh Dios Padre, tu gloria iluminó el rostro de Jesús, tu Hijo amado. Que su luz venga sobre nosotros como un amanecer lleno de promesas. Créanos de nuevo, a nosotros y al mundo, en Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Lo único que vemos ante nosotros
no es más que un trozo de pan
y una copa con un poco de vino.

Sin embargo, creemos que enseguida
estos elementos se convertirán
en el cuerpo y la sangre de Jesús.

Que él venga vivo a nosotros en la comunión
y nos guíe con su Santo Espíritu
para que con él oigamos tu llamado
y caminemos en medio de las dificultades y alegrías de la vida
con rostros iluminados por la esperanza
con la certeza de que tú has preparado para nosotros
una gloria y una felicidad
que permanecerán para siempre,
por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Con Jesús nuestro Señor, Hijo amado de Dios, damos ahora gracias y alabanza al Padre, seguros de que el mismo Padre va a aceptar nuestra ofrenda.

Invitación al Padre Nuestro
Oremos a nuestro Padre del cielo
que nos dijo que escucháramos a su Hijo amado.
Le hemos escuchado, y con Jesús
rezamos la oración de los hijos de Dios: R/, Padre nuestro.

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz en nuestros días.
Guárdanos de la indiferencia y ansiedad
y ayúdanos a ver,
más allá de los acontecimientos de la vida,
la realidad más profunda de las cosas y las personas.

Ayúdanos a ver tu mano que nos guía
y tu amor que nos conforta
y a escuchar siempre y prontamente llamado,
mientras esperamos con gozo la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es el cuerpo de Jesucristo, el Señor,
Hijo amado del Padre.
Su gloria se nos oculta, está escondida;
sin embargo él es luz en nuestra oscuridad
y es transfiguración de nuestras vidas.

Felices nosotros, que, aunque no hayamos visto su gloria,
creemos que él es nuestro Señor y Salvador.
R/ Señor, yo no soy digno...

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Por el poder de Jesús, nuestro Señor transfigurado,
nos llamas a transformar nuestro mundo
a imagen de Jesucristo, tu Hijo.

Arranca nuestras máscaras.
Que nos podamos encontrar
y aceptar unos a otros como somos
y que juntos intentemos ser
aquello a lo que tú nos has llamado.

Danos la gracia de comprometernos
en favor de la justicia y la fraternidad
para que atinemos a cambiar este duro y frío mundo
en un signo y detalle de que tú estás con nosotros,
por medio de Jesucristo nuestro Señor. R/ Amén.



Bendición
En su transfiguración, Jesús reveló su identidad más íntima.
Ojalá creamos en él como fuente de toda transfiguración
de nosotros, de nuestra mentalidad, de esta tierra.
Y que Cristo sea nuestra fuerza para trabajar hacia esa transfiguración, con la bendición de Dios todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. R/ Amén.

Comentario al Evangelio del miércoles, 6 de agosto de 2014

Pedro Belderrain, cmf
Queridos hermanos y hermanas,

Nuestro caminar en el tiempo ordinario se encuentra hoy con un hecho especial: la celebración de la fiesta de la Transfiguración del Señor, un episodio recogido por los tres evangelios sinópticos, cuyo significado probablemente sólo comprenderemos del todo cuando compartamos en plenitud la vida eterna.
¿Qué puede querer decirnos el Padre con este trance en la vida de Jesús? Es muy probable que su intención principal sea la señalada por el texto: mostrarnos a su Hijo amado, al Predilecto, e invitarnos a que le abramos de verdad nuestro corazón y le escuchemos. Algo parecido se nos invita ya a hacer en los relatos del bautismo del Señor, y cosa nada distinta se nos propone cuando, elevado sobre la cruz, el Padre nos muestra al Hijo Resucitado y Glorioso.

Escuchar a Jesús: fácil de decir y quizá no tanto de hacer, pero realmente importante. Sobre todo hoy, cuando en no pocas sociedades cada día escuchamos menos. Lo nuestro, lo mío, ocupa cada vez más espacio: es difícil hacer sitio al otro, cuanto más al Otro (con mayúscula). Como a los discípulos invitados a subir al monte con Jesús también se nos anima a contemplar el rostro de quien brilla como la luz. Según Benedicto XVI en este relato se muestra lo que sucede cuando Jesús conversa con el Padre: en su ser con él, Jesús mismo es Luz de Luz. Cuando Moisés subía al monte y se encontraba con Dios su rostro resplandecía, pero la luz le venía de otro; cuando Jesús sube al monte la luz ya está en Él; el Hijo comparte la Luz del Padre.

Hay quien sugiere que con la Transfiguración el Padre quiso ‘reforzar’ la fe de Jesús, ofrecerle un signo claro de su confianza que le animara a seguir camino, a emprender la subida a Jerusalén. Algún día lo sabremos del todo pero -como insinúa el prefacio de esta fiesta- la Transfiguración sí cumple esa función en nosotros: el camino del discípulo puede parecer complicado, pero la nube del Hijo al que hay que escuchar nos cubre siempre.
No quiero acabar mi comentario sin dos recuerdos. El 6 de agosto trae a la memoria un momento bien triste de la historia: el lanzamiento de la primera bomba atómica contra una población civil. Oremos por la paz; sigamos empeñándonos en ella. Este día 6 evoca también al queridísimo Giovanni Battista Montini, que sirvió a la Iglesia como Pablo VI: el 6 de agosto de 1964 (hoy hace cincuenta años) publicaba su primera encíclica (Ecclesiam Suam); el 6 de agosto de 1978, gastado al servicio de la Iglesia, entregaba su alma al Señor. Buen día para recordarle agradecidos y para interceder por el papa Francisco: que el Señor siga bendiciendo y acompañando a su Iglesia.
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