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Lecturas y Liturgia del 18 de Septiembre de 2014

Lecturas del Jueves de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/24_5_TO.mp3

Jueves, 18 de septiembre de 2014
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,1-11):



Os recuerdo, hermanos, el Evangelio que os proclamé y que vosotros aceptasteis, y en el que estáis fundados, y que os está salvando, si es que conserváis el Evangelio que os proclamé; de lo contrario, se ha malogrado vuestra adhesión a la fe. Porque lo primero que yo os transmití, tal como lo había recibido, fue esto: que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras; que fue sepultado y que resucitó al tercer día, según las Escrituras; que se le apareció a Cefas y más tarde a los Doce; después se apareció a más de quinientos hermanos juntos, la mayoría de los cuales viven todavía, otros han muerto; después se le apareció a Santiago, después a todos los apóstoles; por último, se me apareció también a mí. Porque yo soy el menor de los apóstoles y no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia no se ha frustrado en mí. Antes bien, he trabajado más que todos ellos. Aunque no he sido yo, sino la gracia de Dios conmigo. Pues bien; tanto ellos como yo esto es lo que predicamos; esto es lo que habéis creído.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 117,1-2.16ab-17.28

R/. Dad gracias al Señor porque es bueno

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Diga la casa de Israel:
eterna es su misericordia. R/.

«La diestra del Señor es poderosa,
la diestra del Señor es excelsa.»
No he de morir, viviré para contar
las hazañas del Señor. R/.

Tú eres mi Dios, te doy gracias;
Dios mío, yo te ensalzo. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (7,36-50):
En aquel tiempo, un fariseo rogaba a Jesús que fuera a comer con él. Jesús, entrando en casa del fariseo, se recostó a la mesa. Y una mujer de la ciudad, una pecadora, al enterarse de que estaba comiendo en casa del fariseo, vino con un frasco de perfume y, colocándose detrás junto a sus pies, llorando, se puso a regarle los pies con sus lágrimas, se los enjugaba con sus cabellos, los cubría de besos y se los ungía con el perfume.

Al ver esto, el fariseo que lo había invitado se dijo: «Si éste fuera profeta, sabría quién es esta mujer que lo está tocando y lo que es: una pecadora.»
Jesús tomó la palabra y le dijo: «Simón, tengo algo que decirte.»
Él respondió: «Dímelo, maestro.»
Jesús le dijo: «Un prestamista tenía dos deudores; uno le debía quinientos denarios y el otro cincuenta. Como no tenían con qué pagar, los perdonó a los dos. ¿Cuál de los dos lo amará más?»
Simón contestó: «Supongo que aquel a quien le perdonó más.»
Jesús le dijo: «Has juzgado rectamente.»

Y, volviéndose a la mujer, dijo a Simón: «¿Ves a esta mujer? Cuando yo entré en tu casa, no me pusiste agua para los pies; ella, en cambio, me ha lavado los pies con sus lágrimas y me los ha enjugado con su pelo. Tú no me besaste; ella, en cambio, desde que entró, no ha dejado de besarme los pies. Tú no me ungiste la cabeza con ungüento; ella, en cambio, me ha ungido los pies con perfume. Por eso te digo: sus muchos pecados están perdonados, porque tiene mucho amor; pero al que poco se le perdona, poco ama.»
Y a ella le dijo: «Tus pecados están perdonados.»
Los demás convidados empezaron a decir entre sí: «¿Quién es éste, que hasta perdona pecados?»
Pero Jesús dijo a la mujer: «Tu fe te ha salvado, vete en paz.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 18 de septiembre de 2014
Introducción
Primera Lectura. El centro y corazón de la Buena Nueva de salvación que Pablo lleva a los corintios es la resurrección de Jesús. Pablo insiste en ello, porque los griegos no aceptan fácilmente esta verdad. Para los cristianos la resurrección quiere decir vida, más que un simple dogma intelectual; resurrección significa esperanza y un gran futuro de vida.
Evangelio. Una mujer de mala reputación aparentemente merecida, se acerca a Jesús y muestra de forma más bien extravagante que algo en ella clama por una clase de amor más puro del que había experimentado hasta ahora en su vida. Su encuentro con Jesús en fe y amor le llevó al perdón, para escándalo de los buenos judíos, religiosos practicantes. --- Para nosotros también, el encuentro de Jesús con nosotros es siempre un encuentro de perdón.


Oración Colecta
Oh Dios, Padre, lleno de paciencia y amor:
Tú enviaste a tu Hijo en medio de nosotros
para sanar lo que está roto y herido.

Él, con su bondad, tocó profundamente nuestro corazón
y no rompió la caña aplastada.
Perdona, Padre, nuestros pecados.

Que tu Santo Espíritu continúe en nosotros
el trabajo de nuestra conversión
y haznos pacientes y comprensivos
tanto con los que nos quieren
como con los que nos fallan o rechazan.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que la comunidad de la Iglesia, pueblo de Dios, sea para todos una fuente de paz, de perdón y de reconciliación, y de nuevas oportunidades para el mañana, roguemos al Señor.
Para que seamos respetuosos y amables al juzgar a otros, conscientes de que cada uno de nosotros necesita también perdón, roguemos al Señor.
Para que en nuestras familias y comunidades estemos atentos al bien y a las cosas buenas que constantemente se hacen, y no nos desalentemos por nuestras faltas y defectos, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has invitado a encontrarnos con tu Hijo
y a ofrecer con él el sacrificio
que perdona nuestros pecados.

Dispón nuestro corazón para perdonar a los otros
como tú nos perdonas
y para participar, en la mesa eucarística de tu Hijo,
del pan de unidad y reconciliación.

Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.


Oración después de la Comunión
Oh Padre misericordioso:
En esta eucaristía
tu Hijo Jesús nos ha dicho a nosotros también:
“Tus pecados te son perdonados”
y ha compartido con nosotros la comida que nos reconcilia.

Que todo esto profundice más nuestro amor hacia ti
y nos disponga a extender una mano de perdón y de paz
a los que nos han ofendido
y a los que nosotros mismos hemos herido.
Te lo pedimos en el nombre de Jesucristo el Señor.

Bendición
Hermanos: Jesús nos ha dicho a nosotros también su palabra de perdón,: “Tus pecados te son perdonados.” Que se pueda decir también de nosotros que en nuestra vida y conducta mostramos un gran amor, tanto a Dios como a nuestro prójimo.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del jueves, 18 de septiembre de 2014

Conrado Bueno, cmf
Queridos amigos:

Solo la finitud humana puede explicar tanta ceguera. La palabra y el comportamiento de Jesús son claros como el día. El Dios que nos revela Jesús es el Padre de la compasión. El evangelista Lucas ilumina, como ninguno, esta convicción con parábolas, signos y sentencias que salen de la boca de Jesús. En un solo capítulo, el 15, confirman este juicio las parábolas de la oveja perdida, de la moneda perdida y del hijo pródigo.

Basta con fijarnos en el modo de moverse los personajes en escena. Primero, la mujer pecadora. De improviso, irrumpe e interrumpe a los comensales. Entra decidida, sin mediar palabra, sin rubor, aunque conocida por su mala fama. Se dirige al Maestro, y lo colma de atenciones: se coloca a sus pies, a los que baña con sus lágrimas, los enjuga con su cabellera, los besa y los llena de perfume. Es la mujer agradecida a la bondad de Jesús. En esta pecadora pública sorprendemos a todas las personas excluidas en la vida: leprosos, pecadores, homosexuales, recaudadores, extranjeros. Salta, en seguida, Simón, el fariseo. De entrada, ha tenido el gesto de invitar a Jesús, pero pronto aparece la vena moralista; queda horrorizado de que tal mujer se atreva a tocar a Jesús. ¡Cómo va a ser profeta! Es incapaz de enternecerse y mirar las lágrimas agradecidas; al revés, juzga la conducta de Jesús, le puede la ley, la norma de siempre. Miremos, pues, a Jesús. Empezó aceptando la invitación “del enemigo”, y ahora no siente escrúpulo de que una pecadora le abrace. Ve el corazón, y el amor y gratitud que atesora. Es el profeta de la compasión, sencillamente la ama, la perdona, admira sus gestos.

Jesús siempre está a punto para el perdón. Un perdón sin condiciones. Solo nos queda abrirnos a su amor, y experimentar su clemencia. Para ello, como la mujer pecadora, hemos de sentirnos necesitados de la misericordia de Dios. El fariseo soberbio de la parábola bajó del templo no reconciliado. Si, como Simón, nos creemos dueños de la verdad y, en actitud moralista, juzgamos y condenamos a los otros, ¿cómo vamos a estar dispuestos al perdón? Escuchemos a Jesús que nos dice “Vete en paz”. Esta paz es fruto del encuentro con Jesús. El amor de Dios borra y purifica todo lo malo que pueda socavar la bondad en nosotros. Si así lo sentimos, miraremos a los demás con los ojos de Jesús, incluso a los pecadores. Y nos sorprenderemos de cuantas cosas buenas habitan en el corazón de la gente; como la gratitud de la mujer pecadora. Todos caben en la Iglesia; a nadie vamos a apartar o excluir. No hagamos caso a esos que gritan en el anonimato de Internet: “Que se vayan”, “Que los echen de la Iglesia”. De hecho, Jesús comenzó citando al Levítico: “Sed santos como yo, el Señor, vuestro Dios, soy santo” y remató su discurso proclamando: “Sed compasivos. Como vuestro Dios es compasivo”.
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