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Lecturas y Liturgia del 19 de Septiembre de 2014

Lecturas del Viernes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/24_6_TO.mp3

Viernes, 19 de septiembre de 2014
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (15,12-20):


Si anunciamos que Cristo resucitó de entre los muertos, ¿cómo es que dice alguno de vosotros que lo muertos no resucitan? Si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo, cosa que no ha hecho, si es verdad que los muertos no resucitan. Porque, si los muertos no resucitan, tampoco Cristo resucitó; y, si Cristo no ha resucitado, vuestra fe no tiene sentido, seguís con vuestros pecados; y los que murieron con Cristo se han perdido. Si nuestra esperanza en Cristo acaba con esta vida, somos los hombres más desgraciados. ¡Pero no! Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 16,1.6-7.8.15

R/. Al despertar me saciaré de tu semblante, Señor

Señor, escucha mi apelación,
atiende a mis clamores,
presta oído a mi súplica,
que en mis labios no hay engaño. R/.

Yo te invoco porque tú me respondes, Dios mío;
inclina el oído y escucha mis palabras.
Muestra las maravillas de tu misericordia,
tú que salvas de los adversarios
a quien se refugia a tu derecha. R/.

Guárdame como a las niñas de tus ojos,
a la sombra de tus alas escóndeme.
Pero yo con mi apelación vengo a tu presencia,
y al despertar me saciaré de tu semblante. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (8,1-3):


En aquel tiempo, Jesús iba caminando de ciudad en ciudad y de pueblo en pueblo, predicando el Evangelio del reino de Dios; lo acompañaban los Doce y algunas mujeres que él había curado de malos espíritus y enfermedades: María la Magdalena, de la que habían salido siete demonios; Juana, mujer de Cusa, intendente de Herodes; Susana y otras muchas que le ayudaban con sus bienes.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 24ª semana del Tiempo Ordinario


Viernes, 19 de septiembre de 2014
Introducción






Primera Lectura. Verdaderamente, Cristo vive. Resucitó. Y si resucitó, nosotros también resucitaremos con él. Las dos cosas van juntas. Sin la resurrección de Cristo y sin la nuestra, nuestra fe es vana y vacía.
Evangelio. Lucas es el evangelista que describe la contribución de las mujeres al apostolado de Jesús. Cristo las ha liberado de las alienaciones de la sociedad judía. Acompañaron a Jesús desde el comienzo de su ministerio y gozaron de una condición o posición no muy distanciada de la de los Doce; después de la resurrección, ellas fueron las primeras en proclamar que Cristo había resucitado. Juntamente con los Doce, son acompañantes o compañeras de Jesús mientras él va de pueblo en pueblo anunciando la Buena Noticia de salvación. Los compañeros participan también de la misma mesa.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Los hombres y mujeres, juntos,
son igualmente responsables
de la vida de fe de nuestras comunidades cristianas.

Igual que aquellas mujeres del evangelio
eran discípulas de Jesús
y compañeras suyas de camino,
que las mujeres de nuestras comunidades
tengan también hoy un papel importante
en la vida de la Iglesia
con su identidad y sus cualidades peculiares,
para que la misma Iglesia crezca
y su fe sea viva e imbuida de amor.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones

1. Para que la contribución de las mujeres a la construcción de la comunidad de la Iglesia sea apreciada tanto como la de los hombres, roguemos al Señor.
2. Para que las mujeres en la Iglesia sigan enriqueciéndonos a todos con el calor de su ternura, amabilidad y con su entrega generosa, roguemos al Señor.
3. Para que las mujeres en la Iglesia nos inspiren a todos por su sentido de acogida, por su fe y fidelidad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor y Dios nuestro:
Queremos ser compañeros de tu Hijo
que comparte su mesa con nosotros,
y con él y por él queremos llegar a ser
una sola mente y un solo corazón.

Que los padres y madres en nuestras familias
pongan a la disposición de sus hogares
sus dones de mente y corazón
y nutran a sus hijos con el alimento de la fe
y el calor del amor y la compasión.

Y que ayuden eficazmente a sus hijos
a vivir como buenos cristianos,
muy cercanos a Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Hemos sido compañeros de tu Hijo
al comer de esta mesa eucarística.

Haznos también sus compañeros
en el viaje de la vida
para que podamos proclamar
a la gente que encontramos
la Buena Nueva del perdón y de la vida.

Y que atinemos a hacer de nuestras comunidades
auténticos signos y anticipo del Reino de Dios.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Hemos escuchado en el evangelio que las mujeres que acompañaban a Jesús “le servían”. Jesús vivió entre nosotros “como quien sirve” Por eso nosotros, hombres y mujeres, debemos servir también, con él y como él, a todos nuestros hermanos.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.
El material que aquí te ofrecemos está tomado de la obra del P. Camilo Marivoet, cicm y publicada en Filipinas por Claretian Publications (en inglés) con el título de LITURGY ALIVE. La traducción y adaptación es del P. Carmelo Astiz, misionero claretiano.

Comentario al Evangelio del viernes, 19 de septiembre de 2014

Conrado Bueno, cmf
Queridos amigos:

Muchas mujeres. Comienza el evangelista hablando de “algunas”, y, en seguida, nos advierte de que eran “muchas que le asistían con sus bienes”. Esta escena era, para aquel tiempo y aquella cultura, insólita y llamativa. No cabía en la cabeza de los jefes religiosos. Nosotros nos hemos acostumbrado a encontrarlas, en primera fila, en el Calvario, junto a la Cruz de Jesús, o en la mañana de la resurrección, como pregoneras. Pero, en aquel tiempo, solo podía ser cosa del Maestro de Galilea. Solo él podía romper tantos prejuicios y barreras.

El Evangelio lo dibuja con claridad meridiana. Nos habla del número, nos cita sus nombres -Susana, Juana, María Magdalena-, y nos ofrece informaciones interesantes. Alguna estaba casada (más insólito todavía), otras habían sido sanadas por Jesús, otras “muchas” compartían sus bienes generosamente y -¡lo más importante!- pertenecían a la comunidad de Jesús, junto con los apóstoles. Aquí podemos traer a la memoria y repasar a tantas mujeres que desfilan por las páginas de los Evangelios. Y todas son tratadas con afecto, también las que han sido pecadoras. Es que Jesús es un hombre tan lleno de libertad como vacío de prejuicios y convencionalismos. Acudamos a un solo acontecimiento, el encuentro de Jesús con la mujer samaritana, junto al pozo de Sicar. Sus mismos discípulos se sorprendieron de verlo hablando con una mujer. Y con razón: era mujer, a solas, estaba hablando de religión, la mujer era extranjera y pecadora. ¿Qué más quebrantos podían acontecer? Jesús estaba afirmando con su conducta lo que, más tarde, nos diría el discípulo Pablo. Todos somos iguales en Cristo; iguales judíos y gentiles, iguales hombre y mujer.

Os invito a alegrarnos todos. Alegrarnos al mirar a estas mujeres acompañando al Maestro. Mujeres misioneras, mujeres en la comunidad de Jesús. Vamos a desnudarnos de prejuicios sexistas, y preocuparnos más del sentido de la mujer en la sociedad y en la Iglesia. Seamos los primeros en horrorizarnos, y luchar contra la violencia de género, contra la disminución de los derechos humanos en ámbito femenino, contra las mutilaciones vergonzosas, contra la muerte violenta de tantas mujeres, aun en países llamados desarrollados, etc. No apliquemos a las mujeres sofismas que se caen; por supuesto que, en la Iglesia, no hay que buscar el poder sino el servicio, pero, ¿no debe aplicarse este criterio evangélico también a los hombres, y no solo cuando se habla de la presencia de la mujer en la Iglesia? Para acallar las voces, quejosas con la escasa presencia de la mujer, se nos llena la boca proclamando que una mujer, María, es la más grande criatura; entonces, ¿por qué albergar reticencias, al situar a la mujer en la Iglesia? (Y, por supuesto, no nos metemos en berenjenales hablando de sacerdocio femenino y asuntos parecidos). Más bien, hacemos memoria de tantas mujeres que han dado a luz, han alumbrado tanta vida en la Iglesia. Las conocidas: mártires, como Cecilia; místicas, como Teresa de Jesús; madres y educadoras como Joaquina Vedruna; mujeres de la caridad, como Luisa de Marillac. Sin olvidar a todas las mujeres anónimas que, en el hogar, en la escuela, en el trabajo, en organizaciones diversas están haciendo brillar un magnífico y fecundo testimonio cristiano. Estas mujeres hacen caso al Papa Francisco que reclama el genio y carisma femenino.
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