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Lecturas y Liturgia del 26 de Septiembre de 2014

Lecturas del Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/25_6_TO.mp3

Viernes, 26 de septiembre de 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiastés (3,1-11):


Todo tiene su tiempo y sazón, todas las tareas bajo el sol: tiempo de nacer, tiempo de morir; tiempo de plantar, tiempo de arrancar; tiempo de matar, tiempo de sanar; tiempo de derruir, tiempo de construir; tiempo de llorar, tiempo de reír; tiempo de hacer duelo, tiempo de bailar; tiempo de arrojar piedras, tiempo de recoger piedras; tiempo de abrazar, tiempo de desprenderse; tiempo de buscar, tiempo de perder; tiempo de guardar, tiempo de desechar; tiempo de rasgar, tiempo de coser; tiempo de callar, tiempo de hablar; tiempo de amar, tiempo de odiar; tiempo de guerra, tiempo de paz. ¿Qué saca el obrero de sus fatigas? Observé todas las tareas que Dios encomendó a los hombres para afligirlos: todo lo hizo hermoso en su sazón y dio al hombre el mundo para que pensara; pero el hombre no abarca las obras que hizo Dios desde el principio hasta el fin.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 143,1a.2abc.3-4



R/. Bendito el Señor, mi Roca

Bendito el Señor, mi Roca,
mi bienhechor, mi alcázar,
baluarte donde me pongo a salvo,
mi escudo y mi refugio. R/.

Señor, ¿qué es el hombre para que te fijes en él?;
¿qué los hijos de Adán para que pienses en ellos?
El hombre es igual que un soplo;
sus días, una sombra que pasa. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (9,18-22):

Una vez que Jesús estaba orando solo, en presencia de sus discípulos, les preguntó: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos contestaron: «Unos que Juan el Bautista, otros que Elías, otros dicen que ha vuelto a la vida uno de los antiguos profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Pedro tomó la palabra y dijo: «El Mesías de Dios.»
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie. Y añadió: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 25ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 26 de septiembre de 2014
HAY UN TIEMPO PARA TODO
(Ecl 3,1-11; Lc 9,18-22)

Introducción
A la luz de Cristo, el famoso pasaje del Eclesiastés de que hay tiempo para cada cosa, llega a ser mucho más positivo que en el pensamiento del autor. Éste se queda perplejo, ya que Dios hace todo a su debido tiempo, sin embargo el ciclo sin fin de cambio desconcierta al pueblo y no sabe cómo ver el momento correcto, ya que Dios ha puesto la eternidad en su corazón. Pero el cristiano sabe que marcha hacia adelante hacia un futuro en Dios; para él el cambio significa las riquezas de la variedad y la oportunidad para ver el momento preciso y usarlo bien al servicio del reino.

Evangelio. Jesús nos pregunta a cada uno de nosotros hoy no lo que otros dicen sobre él, sino quién es él para nosotros y qué significa para nosotros. La respuesta que espera de nosotros no consiste en largas declaraciones, sino la respuesta viva de nuestras vidas y de nuestra conducta.

Oración Colecta
Oh Dios:
En tu sabiduría infinita
tú ordenas el curso del tiempo
y diriges al mundo y al pueblo
a su destino que acaba en ti.

Tú todo lo haces bien.
Haznos ver con los ojos de la fe
las oportunidades que tú nos das en cada momento.
Ayúdanos a usar nuestro tiempo y nuestra vida
y todos tus buenos dones
para, piedra a piedra, construir tu reino,
hasta que tú lo completes en tu buena Hora,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, hay un tiempo para orar y un tiempo para actuar. Danos la gracia de encontrar tiempo para ambos, roguemos al Señor.
Señor, hay un tiempo para pensar en nuestro prójimo. Danos la gracia de poder servir humilde y generosamente a nuestros hermanos, roguemos al Señor.
Señor, hay un tiempo para trabajar por tu reino. Danos la gracia de que con cualquier cosa que hagamos sirvamos al mismo reino, roguemos al Señor.




Oración sobre las Ofrendas
Éste es el tiempo, Señor Dios nuestro,
de darte gracias y alabanza
por tus dones de vida y amor
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Con este pan y este vino
te ofrecemos el día de hoy por medio de él:
las alegrías y los fallos del pasado
y las visiones y sueños de esperanza del futuro.
Estamos seguros de ti y confiamos en ti,
a causa de Jesucristo nuestro Señor.



Oración después de la Comunión
Nacimiento y muerte,
risas y lágrimas,
enfermedad y curación...

Oh Dios, estos son preciosos regalos
que vienen de tus manos.
Colma todos estos dones
con la vida, el amor,
y la eterna presencia
de aquél que es nuestro pan de vida,

Jesucristo nuestro hermano,
para que cada día llegue a ser
un bendito “Día del Señor.”
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.



Bendición
Hermanos: Hay un tiempo para cada cosa. Hay un tiempo para nuestro trabajo y para nuestra familia, para encontrarnos con amigos, para descanso y para recreación. Y sin embargo, cualquier cosa que hagamos lo haremos en el nombre del Señor.
Y que Dios les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.

Comentario al Evangelio del viernes, 26 de septiembre de 2014

Conrado Bueno, cmf
Queridos hermanos:


“Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?”. Han pasado siglos, y sigue resonando esta pregunta de Jesús. Nosotros nos apresuramos a responder con el Credo del catecismo; con las fórmulas acuñadas en los concilios: “Nacido del Padre, antes de todos los siglos”, “Engendrado, no creado, de la misma naturaleza que el Padre”, “Bajó del cielo, se encarnó, padeció, fue sepultado y resucitó”, “ Vendrá para juzgar a vivos y muertos”. Son fórmulas exactas, recitadas con fe en la Iglesia, a través de tantas generaciones, dignas de nuestro estudio y amor. También corremos el riesgo de la rutina, casi infantil, al decirlas en la liturgia. Y nosotros sabemos que el objeto de nuestra fe es él, Jesucristo; no, unas verdades abstractas sobre él.

Saber bien quién es Jesús, para tener fe y confianza en él, es tan importante que Jesús lo sitúa en un momento de oración. En la oración, no caben las ideologías que afloran en las reflexiones y discusiones de los hombres. Es que solo la fe tiene la respuesta sobre la identidad de Jesús. La visión clara es: “El Mesías de Dios”. No un Mesías político y triunfador. En el Antiguo Testamento, el Mesías es Rey, libertador del pueblo en toda opresión. Pero el Mesías Jesús va asociado a su pasión y muerte, a su fracaso de varón de dolores. Este es el verdadero contenido de su mesianismo. Con razón, no les cabía en la cabeza. Por eso, Jesús les prohíbe a los suyos que lo digan a nadie. Este evangelio establece el siguiente recorrido, en cuanto a la identidad de Jesús: La gente lo llama profeta, los apóstoles lo confiesan Mesías de Dios y Jesús se autoproclama Hijo del Hombre. Ya está la respuesta redonda.

Este Mesías no quería títulos o poderes mundanos. Y los discípulos no lo entendieron. Querían apartarle del camino de la pasión; más bien, pretendían los primeros puestos y estaban lejos de quedarse los últimos y servidores. Hoy, todavía hay entre los seguidores de Jesús mucho lastre de ambiciones de poder, del carrerismo denunciado por los tres últimos Papas, de escalar dignidades, de acaparar títulos, tan lejos del que se humilló hasta la muerte. ¿Qué hacer? Mirar a Jesús, y confesar nuestra fe. Recordamos un ejemplo: “Jesucristo es el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Es el Maestro y Redentor de los hombres. Él nos conoce y nos ama, compañero y amigo de nuestra vida, hombre de dolor y de esperanza. Yo nunca me cansaría de hablar de él; él es la luz, la verdad, más aún, el camino, la verdad y la vida. Fue pequeño, pobre, humillado, ejemplo, nuestro consuelo, nuestro hermano. Instituyó el nuevo Reino en el que los pobres son bienaventurados, en el que todos son hermanos. A vosotros, cristianos, os repito su nombre: Cristo Jesús es el mediador entre el cielo y la tierra, es el Hijo de María. ¡Jesucristo! Recordadlo. Nuestro anhelo es que su nombre resuene hasta los confines de la tierra por los siglos de los siglos” (Pablo VI).
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