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Lecturas y Liturgia del 4 de Septiembre de 2014

Lecturas del Jueves de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA    MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/tiempo_ordinario/22_5_TO.mp3

Jueves, 4 de septiembre de 2014
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (3,18-23):


Que nadie se engañe. Si alguno de vosotros se cree sabio en este mundo, que se haga necio para llegar a ser sabio. Porque la sabiduría de este mundo es necedad ante Dios, como está escrito: «Él caza a los sabios en su astucia.» Y también: «El Señor penetra los pensamientos de los sabios y conoce que son vanos.» Así, pues, que nadie se gloríe en los hombres, pues todo es vuestro: Pablo, Apolo, Cefas, el mundo, la vida, la muerte, lo presente, lo futuro. Todo es vuestro, vosotros de Cristo, y Cristo de Dios.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 23,1-2.3-4ab.5-6

R/. Del Señor es la tierra y cuanto la llena

Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el orbe y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos. R/.

¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sacro?
El hombre de manos inocentes y puro corazón,
que no confía en los ídolos. R/.

Ése recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Éste es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob. R/.
Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (5,1-11):

En aquel tiempo, la gente se agolpaba alrededor de Jesús para oír la palabra de Dios, estando él a orillas del lago de Genesaret. Vio dos barcas que estaban junto a la orilla; los pescadores habían desembarcado y estaban lavando las redes. Subió a una de las barcas, la de Simón, y le pidió que la apartara un poco de tierra. Desde la barca, sentado, enseñaba a la gente.
Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: «Rema mar adentro, y echad las redes para pescar.»
Simón contestó: «Maestro, nos hemos pasado la noche bregando y no hemos cogido nada; pero, por tu palabra, echaré las redes.»
Y, puestos a la obra, hicieron una redada de peces tan grande que reventaba la red. Hicieron señas a lo socios de la otra barca, para que vinieran a echarles una mano. Se acercaron ellos y llenaron las dos barcas, que casi se hundían.
Al ver esto, Simón Pedro se arrojó a los pies de Jesús diciendo: «Apártate de mí, Señor, que soy un pecador.»
Y es que el asombro se había apoderado de él y de los que estaban con él, al ver la redada de peces que habían cogido; y lo mismo les pasaba a Santiago y Juan, hijos de Zebedeo, que eran compañeros de Simón.
Jesús dijo a Simón: «No temas; desde ahora serás pescador de hombres.»
Ellos sacaron las barcas a tierra y, dejándolo todo, lo siguieron.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 22ª semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 4 de septiembre de 2014
PESCADORES DE HOMBRES

Introducción

Primera Lectura. Pablo advierte de nuevo a su gente contra una excesiva confianza en la sabiduría humana más que en la “locura de Dios”, y contra ceder a la tentación de la división.

Evangelio. Simón Pedro y sus compañeros estaban estupefactos de que un extraño, no pescador, les pudiera decir dónde pescar cantidad de peces, cuando ellos, pescadores de profesión, habían fracasado. Este hombre, con un mensaje impactante, era realmente extraordinario. Él les sedujo con su encanto y le siguieron. -- Más tarde (después de la resurrección de Jesús), “remarían mar adentro”, es decir, arriesgarían y entregarían su vida por Jesús y “pescarían hombres” para exponerlos al encanto de la vida y mensaje de Jesús.


Oración Colecta
Oh Dios Santo, fuente de nuestra felicidad:
Tú confías tu Buena Nueva de vida
a gente débil y falible.
Cólmanos con la fuerza de tu Santo Espíritu,
para que estemos dispuestos
a proclamar tu mensaje de salvación
en el lenguaje vivo de nuestro tiempo.
Que Jesús tu Hijo obre y actúe con y en nosotros
para que cada uno de nosotros tengamos el valor de decir:
Aquí me tienes, Señor, envíame como tu mensajero
a compartir con todos los que quieran escuchar
tu alegre noticia de felicidad.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor, atrae a la gente hacia ti abriéndoles sus ojos y corazones a la belleza de tu mensaje, la Buena Nueva de Salvación, roguemos al Señor.
Señor, atrae a la gente hacia ti por tu personalidad inspiradora y rebosante de amor, roguemos al Señor.
Señor, que la Iglesia, con todas sus comunidades, atraigan a la gente hacia ti por medio del servicio generoso y desinteresado, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios Padre nuestro:
En estos signos de pan y vino
celebramos el acontecimiento central
que resume nuestra fe
y da sentido a lo que somos y hacemos:

La muerte y resurrección de tu Hijo Jesucristo.
Purifica nuestros labios y corazones
con su cuerpo y con su sangre
Y envíanos a proclamar con nuestras vidas
que Jesús es nuestro Señor, vivo y resucitado,
y que tú eres nuestro Padre
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión.
Señor Dios nuestro:
En tu amor nos has convocado a cada uno de nosotros
para una misión en la vida
y para un puesto en tu Plan de Salvación
que nadie puede cumplir en vez de nosotros;
tú has escogido a tu Iglesia, es decir a nosotros,
para ser signos irremplazables y testigos
de la muerte y resurrección de tu Hijo.

Haznos a todos y a cada uno de nosotros
capaces de llevar fielmente a cabo nuestra misión.
Y envíanos “mar adentro”, a pescar hombres,
por la fuerza del Cuerpo y sangre
de nuestro único Salvador,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: El Señor nos envía y nos encomienda su palabra y su cuerpo. Vayamos ahora. Proclamemos su palabra y seamos su cuerpo visible para el mundo.-- Que el Señor nos bendiga para que, a nuestra vez, seamos una bendición para todos, en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

Comentario al Evangelio del jueves, 4 de septiembre de 2014

Fernando Torres Pérez, cmf

Vamos a fijarnos en la última frase del Evangelio de hoy. Posiblemente es la más importante: “Y dejándolo todo, lo siguieron.” Eso marca el final de un proceso. Y el final suele ser lo más importante. Por en medio habrá habido pasos adelante y pasos atrás, dudas, vacilaciones, momentos de luz y claridad... Pero lo importante es llegar.
Dos historias para aclararlo. Recuerdo que cuando estaban a punto de beatificar al fundador del Opus Dei, vi un programa de televisión en el que unos invitados debatían sobre la vida del santo. Uno de ellos comenzó a contar que en la vida del futuro beato había habido algunos momentos de oscuridad, no tan santos para entendernos. Fue un jesuita el que le respondió –y muy bien– que lo importante era el final, que en todo proceso hay momentos diversos y que, dadas las limitaciones que tenemos todas las personas, no es de extrañar que en la vida de monseñor Escrivá hubiese habido momentos de dificultad, de oscuridad, errores incluso. Lo importante había sido su capacidad para superar esos momentos, para seguir caminando, para mantener firme la mirada en la meta.

La otra historia pertenece a mi propia experiencia cuando hace año hice el Camino de Santiago. Es un camino largo, 700 kilómetros. Un mes caminando todos los días. Hay momentos para todo. A veces duelen los pies y las piernas. A veces uno se siente cansado. Hay momentos en lo que uno se pregunta por qué se metió en semejante locura o qué se le ha perdido en Santiago. Pero también hay momentos de luz, de claridad, de buen humor, de diálogo con los otros caminantes con los que se comparte el Camino. Y, al final, cuando se llega, se sabe que todo lo que se ha pasado, alguna tendinitis y muchas ampollas incluidas, ha valido la pena.

Pedro escuchó a Jesús, luego le siguió, luego dudó, luego le volvió a seguir. Por el camino llegó a negar haber conocido a Jesús. Es que Pedro era una persona normal, como nosotros. Con sus debilidades y sus fortalezas. Lo importante es que se mantuvo en el empeño. Siguió tras Jesús. Y llegó a su meta. Si él pudo, nosotros también. No importa lo que haya habido por el camino. No importan los errores cometidos. Lo importante es seguir y llegar. Y, no lo dudemos, la gracias de Dios está con nosotros. Como lo estuvo con Pedro
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