GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia del 7 de Septiembre de 2014

Lecturas del Domingo 23º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/22_3_TOA.mp3

Domingo, 7 de septiembre de 2014
Primera lectura
Lectura de la profecía de Ezequiel (33,7-9):

Así dice el Señor: «A ti, hijo de Adán, te he puesto de atalaya en la casa de Israel; cuando escuches palabra de mi boca, les darás la alarma de mi parte. Si yo digo al malvado: "¡Malvado, eres reo de muerte!", y tú no hablas, poniendo en guardia al malvado para que cambie de conducta, el malvado morirá por su culpa, pero a ti te pediré cuenta de su sangre; pero si tú pones en guardia al malvado para que cambie de conducta, si no cambia de conducta, él morirá por su culpa, pero tú has salvado la vida.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 94,1-2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vitores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros su pueblo, el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masa en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (13,8-10):

A nadie le debáis nada, más que amor; porque el que ama a su prójimo tiene cumplido el resto de la ley. De hecho, el «no cometerás adulterio, no matarás, no robarás, no envidiarás» y los demás mandamientos que haya, se resumen en esta frase: «Amarás a tu prójimo como a tí mismo.» Uno que ama a su prójimo no le hace daño; por eso amar es cumplir la ley entera.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,15-20):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Si tu hermano peca, repréndelo a solas entre los dos. Si te hace caso, has salvado a tu hermano. Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un gentil o un publicano. Os aseguro que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en el cielo, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en el cielo. Os aseguro, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre del cielo. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.»

Palabra del SeñorDomingo, 7 de septiembre de 2014

Liturgia Viva del Domingo 23º del Tiempo Ordinario - Ciclo A

Domingo, 7 de septiembre de 2014
Cuida a Tus Hermanos Heridos

Saludo
Jesús nos dice hoy:
Donde dos o tres se reúnan en mi nombre
allí estoy yo en medio de ellos.
Estamos aquí reunidos en su nombre;
por tanto Jesús está en medio de nosotros.
Qué él permanezca siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Si realmente nosotros somos la Iglesia, somos una comunidad en torno a Cristo y por tanto somos hermanos los unos de los otros. Esto significa: Nos amamos unos a otros, nos aceptamos y servimos unos a otros, tanto que tenemos el valor de corregirnos unos a otros cuando erramos. Porque esas personas son mi hermano o hermana, ellas son mi preocupación. -- Oremos con Jesús, el Señor, que está aquí entre nosotros, para que tengamos tal valor, y que nuestros hermanos y nosotros aceptemos la ayuda que nos ofrecemos para liberarnos.
 

Acto Penitencial
¿Nos amamos bastante unos a otros, y amamos bastante al Señor y a la comunidad, como para ayudarnos unos a otros cuando alguno se extravía por mal camino?
Examinémonos ante el señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú nos haces responsables del hermano que yerra:
R/. Señor, ten misericordia de nosotros.
Cristo Jesús, tú nos haces responsables de la unidad e integridad de la Iglesia:
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús,tú nos haces responsables de la reconciliación, no sólo en la Iglesia sino también en el mundo en general.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor; haznos conscientes de nuestra propia debilidad,
danos el valor de ayudar a los que yerran,y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos a Dios nuestro Padre
que sepamos apoyarnos y animarnos unos a otros
en nuestro camino hacia él.
(Pausa)
Señor Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo Jesucristo nos ha reunido
como comunidad de pecadores
que saben que tú nos has perdonado.

Cuando nuestras debilidades amenacen nuestra unidad,
recuérdanos la responsabilidad que tenemos unos con otros.
Que tu Espíritu unificador nos dé fuerza
para preocuparnos unos de otros
y para hacer todo lo que podamos
para permanecer como comunidad viva,
acogedora y que sabe perdonar.
Que en ella sigamos reuniéndonos
en el nombre de Jesús,
para que él esté siempre con nosotros,
ahora y por los siglos de los siglos.

Primer Lectura (Ez 33,7-9): Guardián de los Hermanos
Como el vigía siempre está alerta para avizorar al enemigo, así el profeta debe avisar a su pueblo contra el mal, y cada cristiano debe advertir a su prójimo.

Segunda Lectura (Rom 13,8-10): El Amor Compendia Todos los Mandamientos
Ámense unos a otros como ustedes se aman a sí mismos. Si hacen esto, dice san Pablo, han cumplido la ley, porque el amor es el motivo y el espíritu de todos los mandamientos.

Evangelio (Mt 18,15-20): Ayuda a los Que Yerran
El sentido cristiano de responsabilidad de unos para con otros exige que, con firmeza pero con amor, ayudemos a los que yerran. Si uno no tiene éxito en esta acción, que sea la comunidad la que ayude, ya que la Iglesia habría de ser un lugar de reconciliación.

Oración de los Fieles
Jesús nos dice hoy: Si dos de ustedes se ponen de acuerdo para pedir algo, mi Padre del cielo se lo concederá. Así pues, animados por estas palabras de Jesús, oremos juntos a nuestro Padre, y digamos: R/. Señor, escucha nuestras súplicas.
Por la Iglesia de Jesucristo, para que sea siempre un lugar de reconciliación y la guardiana de la vida y de todo lo bueno; y también para que sus líderes tengan siempre el valor de llamar al mal por su propio nombre, roguemos al Señor.

Por todos aquellos que el Señor nos ha confiado: nuestras familias cristianas, nuestros pueblos y ciudades, nuestros compañeros de trabajo, y todas las comunidades, para que el amor nos inspire a tratarnos unos a otros con franqueza y sinceridad, roguemos al Señor.
Por los que sufren a causa de la violencia y de la injusticia, del prejuicio, de la discriminación y del odio, para que no se vuelvan amargados, y para que como víctimas de estas formas de violencia sean todavía capaces de perdonar de corazón, roguemos al Señor.
Por todos nosotros en esta comunidad, para que no nos condenemos ni tachemos de la lista unos a otros, sino que aprendamos a soportar mutuamente nuestros defectos y proteger la reputación de cada uno, roguemos al Señor.

Oh Dios y Padre nuestro, con tu Hijo en medio de nosotros te pedimos: Enséñanos a creer en la bondad de cada persona y a ser pacientes unos con otros, así como tú has sido bueno con nosotros por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Ofertorio
Oh Dios y Padre nuestro:
En torno a la mesa de tu Hijo
tú nos reúnes al débil con el fuerte,
al enfermo con el rebosante de salud.
Que tu Hijo nos colme ahora
de la plenitud de su presencia,
para que sepamos aceptarnos unos a otros
y aprender a vivir unos con otros.
Te ofrecemos nuestra buena voluntad
y te pedimos nos des fuerza
para acogernos mutuamente con bondad,
en Cristo Jesús, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Recordamos cómo el Padre nos envió a Jesús, su Hijo, cuando, al cometer pecado, habíamos roto nuestra amistad con Dios. Jesús derramó su sangre para devolvernos al Padre. Demos gracias a Dios por su amor.

Introducción al Padrenuestro
Con Jesús, que está presente en medio de nosotros,recitemos la oración que él mismo nos enseñó.

Oración por la Paz
Señor Jesucristo, tú dijiste a tus apóstoles:
La paz les dejo, mi paz les doy.
No tengas en cuenta nuestros pecados,
sino la fe de tu Iglesia
y ayúdanos a no vincular a nuestros hermanos
a sus pecados y errores pasados.
Danos la paz y unidad de tu reino
donde vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Que la paz del Señor esté con ustedes…

Expresemos ahora en nuestro saludo de paz cómo queremos ser los unos para los otros
Sinceros, amables y dispuestos a perdonar.

Introducción a la Comunión
Éste es Jesús,
Cordero de Dios que quita el pecado del mundo
y que derramó su sangre en la cruz por nosotros.
Dichosos nosotros,
invitados a este banquete de amor y reconciliación.
R/. Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía tu Hijo ha estado en medio de nosotros
y nos ha fortalecido con su cuerpo y sangre.
Asumió como suyas nuestras heridas del pecado
y las sanó.

Que las heridas de nuestros hermanos lleguen a ser nuestras,
sus alegrías nuestra felicidad.
Que tu Hijo nos enseñe el arte
de atraer a los que yerran a ti y a nuestras comunidades,
sin amargarles ni humillarles,
y sin sentimiento de superioridad alguno,
sino simplemente porque son nuestros hermanos
y porque tú has sido bueno con todos nosotros,
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Con Jesús en medio de nosotros,
al menos cuando somos conscientes de ello
podemos hacer de nuestra comunidad
un lugar donde poder hablarnos con libertad unos a otros
y ayudar a los que viven con problema
para mantenerlos en la comunidad
o para persuadirles para que vuelvan,
y así ofrecerles nuevas oportunidades,
ya que sabemos que somos responsables
los unos de los otros.

Que el Señor nos conceda
esta apertura de espíritu y este valor.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso,
Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros
y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del sábado, 6 de septiembre de 2014

Julio César Rioja, cmf
Queridos hermanos:

Hace unos años, un domingo en todas las Iglesias se leía este mismo evangelio. Unos quince días antes se había producido un atentado de ETA. A la salida de las parroquias se realizó una encuesta para un programa de televisión, la pregunta era esta: ¿Perdonaría usted a los asesinos de ETA? Hubo nada menos que 27.014 respuestas. De ellas 25.477 respondieron que no. Sólo 1.537 se apuntaban al perdón. La encuesta no era muy científica, pero hacía temblar.

Siendo el sentimiento de perdón tan nuclear al cristianismo y después de haber escuchado este evangelio hace unos minutos, algo no casaba entre lo que se leía y lo que se pensaba. A diario, incluso, rezamos en el Padrenuestro “perdónanos nuestras ofensas, así como nosotros perdonamos a los que nos ofenden”.
Otra vez Pedro, pregunta a Jesús: “Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces tengo que perdonarle? ¿Hasta siete veces?”. Parece que con él diríamos todos: pero supongo que esto tiene un límite, ¿verdad? Jesús postula un perdón ilimitado (setenta veces siete), siempre. Con la parábola que sigue nos hace descubrir que el perdón no solamente supone una actitud en quien perdona sino también en quien es perdonado. El empleado no supo hacer con los otros lo que se había hecho con él. La conclusión es clara: si nosotros no somos capaces de perdonar a nuestros hermanos, tampoco Dios puede perdonarnos. Dicho de otra manera, el problema no radica en el perdón de Dios, su amor es ilimitado, sino en la reconciliación con nuestros hermanos.

En realidad, ¿con quién tenemos problemas a lo largo del día o de la semana? ¿Con Dios o con el prójimo? ¿Con quién nos enfadamos, a quién insultamos o estafamos, a quién tratamos mal, despreciamos, ignoramos, mentimos, sobornamos…? Podemos multiplicar los ejemplos y llegamos siempre a la misma conclusión: si nuestros conflictos son con los otros hombres, con ellos debemos arreglarnos y reconciliarnos. Por eso el perdón cristiano va más allá. Si bien es cierto que, el otro nos ha ofendido, con lo que demostró ser “peor que nosotros”, no menos cierto es que tal ofensa real, pone también de manifiesto hasta dónde llega nuestra real bondad de corazón. Quien se siente ofuscadamente ofendido y considera al otro como enemigo, demuestra que su corazón tiene una abundante cuota de “maldad” (No hablamos aquí de leyes, sino de las palabras del Maestro en la cruz: Perdónalos porque no saben lo que hacen).

Más que la palabra perdón deberíamos usar la palabra reconciliación (así se llama el sacramento), que implica un común esfuerzo por ambas partes para encontrar una fórmula de convivencia capaz de hacernos sentir nuevamente hermanos. El cristianismo no descarta, naturalmente, las relaciones del hombre con Dios, pero parte del supuesto de que lo importante para el hombre es saber convivir con los demás hombres, llegando a superar todas las barreras que separan a unos de otros. Desde el momento que hablamos de relación humana entendemos que por ambas partes debe darse el esfuerzo de superar los respectivos egoísmos que impiden que ambos se vean y se sientan como hermanos. En esto se manifiesta si amamos a Dios: en saber amar a nuestro prójimo. Cuidado, puede que a la salida nos pasen una encuesta.
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified