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Lecturas y Liturgia del 10 de Octubre de 2014

Lecturas de hoy Viernes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/27_6_TO.mp3

Viernes, 10 de octubre de 2014
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Gálatas (3,7-14):

Comprended de una vez que hijos de Abrahán son los hombres de fe. Además, la Escritura, previendo que Dios justificaría a los gentiles por la fe, le adelantó a Abrahán la buena noticia: «Por ti serán benditas todas las naciones.» As! que son los hombres de fe los que reciben la bendición con Abrahán, el fiel. En cambio, los que se apoyan en la observancia de la ley tienen encima una maldición, porque dice la Escritura: «Maldito el que no cumple todo lo escrito en el libro de la ley.» Que en base a la ley nadie se justifica ante Dios es evidente, porque lo que está dicho es que «el justo vivirá por su fe», y la ley no arranca de la fe, sino que «el que la cumple vivirá por ella.» Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose por nosotros un maldito, porque dice la Escritura: «Maldito todo el que cuelga de un árbol.» Esto sucedió para que, por medio de Jesucristo, la bendición de Abrahán alcanzase a los gentiles, y por la fe recibiéramos el Espíritu prometido.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 110,1-2.3-4.5-6

R/. El Señor recuerda siempre su alianza

Doy gracias al Señor de todo corazón,
en compañía de los rectos, en la asamblea.
Grandes son las obras del Señor,
dignas de estudio para los que las aman. R/.

Esplendor y belleza son su obra,
su generosidad dura por siempre;
ha hecho maravillas memorables,
el Señor es piadoso y clemente. R/.

Él da alimento a sus fieles,
recordando siempre su alianza;
mostró a su pueblo la fuerza de su obrar,
dándoles la heredad de los gentiles. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (11,15-26):

En aquel tiempo, habiendo echado Jesús un demonio, algunos de entre la multitud dijeron: «Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios.» Otros, para ponerlo a prueba, le pedían un signo en el cielo.
Él, leyendo sus pensamientos, les dijo: «Todo reino en guerra civil va a la ruina y se derrumba casa tras casa. Si también Satanás está en guerra civil, ¿cómo mantendrá su reino? Vosotros decís que yo echo los demonios con el poder de Belzebú; y, si yo echo los demonios con el poder de Belzebú, vuestros hijos, ¿por arte de quién los echan? Por eso, ellos mismos serán vuestros jueces. Pero, si yo echo los demonios con el dedo de Dios, entonces es que el reino de Dios ha llegado a vosotros. Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros. Pero, si otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte el botín. El que no está conmigo está contra mí; el que no recoge conmigo desparrama. Cuando un espíritu inmundo sale de un hombre, da vueltas por el desierto, buscando un sitio para descansar; pero, como no lo encuentra, dice: "Volveré a la casa de donde salí." Al volver, se la encuentra barrida y arreglada. Entonces va a coger otros siete espíritus peores que él, y se mete a vivir allí. Y el final de aquel hombre resulta peor que el principio.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Viernes de la 27ª semana del Tiempo Ordinario

Viernes, 10 de octubre de 2014
FE, COMO LA DE ABRAHÁN
Introducción
Primera Lectura: Abrahán, padre nuestro en la fe, fue un hombre que vivió según el evangelio antes de que Jesús proclamase la Buena Nueva de salvación. Él confió en Dios: siguió la llamada de Dios sin cuestionar a Dios y sin pedir pruebas. Todo lo que consiguió fue una promesa en la que había que creer; y cuyo cumplimiento -tal como Dios le dijo más tarde - nunca vería personalmente.
Evangelio. En fuerte contraste con Abrahán, en tiempo de Jesús, el pueblo de la promesa le desafió al mismo Jesús y le cuestionó, especialmente los líderes religiosos. Incluso los signos de liberación del mal que Jesús les mostró no les impresionaron como signos en los que hay que creer. --- ¿Cuál es nuestra actitud hacia los signos de la providencia de Dios en nuestras vidas?


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
La fe es lo más importante para salvarnos.
Lo sabemos, y sin embargo pedimos pruebas.
Ayúdanos a creer en ti al ver tus obras:
tu creación, tu poder,

tu bondad que encontramos en la gente.
Concédenos vivir con confianza
con la incierta certeza de la fe,
creyendo, esperando, amando y confiando,
porque nos has hecho libres
por Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que como Abrahán, nuestro padre en la fe, los cristianos nos pongamos confiadamente en las manos de Dios, roguemos al Señor.
Para que por la gracia de Dios seamos rectos y bondadosos, de forma que seamos una verdadera bendición para nuestros hermanos, roguemos al Señor.
Para que nuestros corazones no estén divididos, sino que tratemos de vivir sinceramente el evangelio, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Nuestra fe nos asegura
que Jesús tu Hijo,
presente ya en esta comunidad de fe,
se nos dará a sí mismo en persona
en estos signos de pan y vino.

Fortalece nuestra fe,
para que podamos sembrar y también cosechar
al lado de tu Hijo
y con él vivir en tu amor
ahora y por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Te damos gracias
por alimentar nuestra fe vacilante
con la palabra de tu Hijo
y con su pan que nos da fuerza.

Graba su mensaje en nuestros corazones
de forma que nunca pueda borrarse,
y mantennos en marcha
sin necesidad de ninguna prueba ni señal especial,
en la certeza de que tú nos amas
y de que, incluso en retos y pruebas,
tú nos llevarás a ti, a tu casa,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Los discípulos le pedían al Señor: “Señor, aumenta nuestra fe.” Éste debería ser nuestro grito desde el fondo del corazón. Pedimos al Señor una fe viva y profunda para que sepamos acogerlo en su palabra, y para hacer posible que su mensaje y su persona guíe nuestras vidas.
Que la bendición de Dios todopoderosos, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del viernes, 10 de octubre de 2014

Fernando Torres Pérez, cmf

Si hay algo que nos fastidia es que nos saquen de nuestras casillas. Los psicólogos modernos dicen que todos tenemos una zona de confort. Se refiere al mundo de nuestras relaciones, al entorno habitual, a nuestras creencias. Se refiere al periódico que leemos habitualmente, a la radio que escuchamos. En general oímos opiniones que compartimos porque lo único que hacen es, como mucho, expresar de una manera nueva o diferente, lo que ya pensábamos. Nada nuevo. En esa zona nos movemos como pez en el agua. Nos sentimos cómodos. Lo que también dicen los psicólogos es que para crecer hay que salir de esa zona de confort, atreverse a hablar con gente diferente, a conocer lugares nuevos, a escuchar otras opiniones, a dejarnos sorprender y afectar por realidades nuevas. Es la única forma de crecer, de madurar como personas.

A los que escuchaban a Jesús y veían las cosas que hacía, todo aquello los descolocaba. Podían haberse sentido interpelados por la acción de Jesús y pensar que allí podía haber quizá una presencia nueva y salvadora. Pero optaron por no salir de su zona de confort. Y buscaron una solución. Si Jesús hacía esas cosas era porque él mismo estaba al servicio del jefe de los demonios. Es decir, aunque objetivamente lo que hacía Jesús era liberar a las personas del dominio del mal, ellos habían llegado a la conclusión de que eso no era más que un artificio. En realidad Jesús era el representante de Belcebú. De esa manera, ellos podían seguir tranquilos en su zona de confort, haciendo lo de siempre, sintiendo que controlaban perfectamente las relación de los hombres con Dios. No había ninguna necesidad de cambiar. Podían seguir con lo de siempre.

Jesús, si leemos atentamente y en serio el Evangelio, nos descoloca. Nos saca de nuestra zona de confort, nos invita a hacernos planteamientos nuevos, a buscar soluciones diferentes. No vale lo de siempre. El Reino nos habla de una nueva realidad. Si siempre hemos dicho que “ojo por ojo”, quizá sea tiempo de buscar caminos nuevos que nos lleven de verdad a la una mayor justicia y fraternidad. Quizá sea tiempo de pensar que no hay razón para que las cosas tengan que ser como siempre han sido y que tenemos posibilidad de cambiar, de mejorar, de ser mejores.
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