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Lecturas y Liturgia del 23 de Octubre de 2014

Lecturas del Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA    http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_265.mp3


Jueves, 23 de octubre de 2014
Primera lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (3,14-21):

Doblo las rodillas ante el Padre, de quien toma nombre toda familia en el cielo y en la tierra, pidiéndole que, de los tesoros de su gloria, os conceda por medio de su Espíritu robusteceros en lo profundo de vuestro ser, que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, que el amor sea vuestra raíz y vuestro cimiento; y así, con todos los santos, lograréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, comprendiendo lo que trasciende toda filosofía: el amor cristiano. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios. Al que puede hacer mucho más sin comparación de lo que pedimos o concebimos, con ese poder que actúa entre nosotros, a él la gloria de la Iglesia y de Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 32,1-2.4-5.11-12.18-19

R/. La misericordia del Señor llena la tierra

Aclamad, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Dad gracias al Señor con la cítara,
tocad en su honor el arpa de diez cuerdas. R/.

Que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra. R/.

Pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él se escogió como heredad. R/.

Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (12,49-53):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «He venido a prender fuego en el mundo, ¡y ojalá estuviera ya ardiendo! Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! ¿Pensáis que he venido a traer al mundo paz? No, sino división. En adelante, una familia de cinco estará dividida: tres contra dos y dos contra tres; estarán divididos el padre contra el hijo y el hijo contra el padre, la madre contra la hija y la hija contra la madre, la suegra contra la nuera y la nuera contra la suegra.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 29ª semana del Tiempo Ordinario


Jueves, 23 de octubre de 2014
HE VENIDO A PRENDER FUEGO
(Año II. Ef 3,14-21;Lc 12,49-53)
Introducción
Año II. Abrumados por la belleza y responsabilidad de su ministerio y de la vida cristiana, el autor de Efesios ruega que los que creen reciban las riquezas de la vida cristiana. Después da gracias y alabanza al Padre celestial. Hagamos también nuestra esa plegaria.
Evangelio. Hoy el Señor nos confronta con esta pregunta: ¿Cómo son de ardientes la fe y el amor de ustedes? ¿Puede nuestra fe aguantar contradicción y ridículo, sin que nos dejemos reducir al silencio vergonzoso? Quizás nos resignamos al mal que percibimos en nosotros y en el mundo, y dejamos de alzarnos con valentía en apoyo y defensa de lo bueno y justo. Si nuestro amor al Señor y a la gente fuera suficientemente fuerte, no toleraríamos en nosotros mismos una paz facilona que adormezca nuestra conciencia. Que el fuego del Espíritu arda en nosotros.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos has hecho libres en Cristo,
libres de nuestro egoísmo,
libres de la vergüenza y del miedo,
libres para la vida y el servicio.

Oh Dios nuestro,
acepta nuestra acción de gracias
por este formidable don gratuito.
Danos fuerza, día a día,
para crecer en esta libertad
y para ayudar a nuestro pequeño o ancho mundo
a alcanzar la misma libertad
contra el pecado y sus consecuencias:
como son la injusticia, el sufrimiento y la opresión.
Y que un día podamos ser plenamente libres
en tu mansión eterna,
por Jesucristo tu hijo nuestro Señor.

Intenciones.
Señor Jesús, enciende a tu Iglesia con la llama de un profundo interés por llevar tu Buena Noticia de salvación a todos. Que el evangelio dialogue con el mundo y con sus aspiraciones y necesidades. Por eso te rogamos:
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Señor Jesús, da el calor de tu fortaleza a todos los que tienen que pasar a través del fuego del sufrimiento, del fracaso y de la discriminación, y líbralos del desaliento; por eso te rogamos:
R/ Señor, escucha nuestra oración.
Señor Jesús, enciende de nuevo tu fuego en los corazones de aquellos cuya fe se ha vuelto tibia y enfriado, o de los que se han perdido por malos caminos, o han perdido el camino de vuelta hacia ti; por eso te rogamos:
R/ Señor, escucha nuestra oración.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Estos dones de pan y vino son humildes ofrendas,
pero representan todo el amor de que somos capaces.
Dales vida, para que se conviertan
en el signo viviente de tu amor hacia los hombres,
personificado en Jesucristo.
Por medio de él llena nuestras palabras triviales
con un espíritu de servicio cariñoso
que brote del corazón.
Y llena también nuestros torpes gestos
de amor de los unos hacia los otros
con la integridad y plenitud
del amor de Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo vino a traer fuego a la tierra;
él mismo experimentó el fuego
de la condición de la vida humana.
Haznos comprender, Señor, y aceptar
que no queremos paz a cualquier costo.
Danos el fuego de tu Espíritu
para que no busquemos seguridad
en la auto-satisfacción del status quo,
sino que nos comprometamos
a llevar a cabo animosamente nuestra misión,
como Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro
que vive y reina por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Con demasiada frecuencia el fuego de la fe y del amor fácilmente se extingue en nosotros. No somos héroes, o quizás, si acaso, muy raramente. Nos es más fácil vivir tranquilamente en paz, sin complicarnos la vida. Que el Señor nos preserve de una paz mediocre y culpable, y guarde el fuego de la fe y del amor vivo en nosotros, con su bendición.
Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre

Comentario al Evangelio del 23 de octubre de 2014

San Ambrosio (c. 340-397), obispo de Milán y doctor de la Iglesia
Tratado sobre San Lucas, 7: 131-132; SC 52
“He venido a traer fuego sobre la tierra”


“He venido a traer fuego sobre la tierra, ¡y cómo desearía que ya estuviera ardiendo!” El Señor quiere que seamos vigilantes, esperando de un momento a otro la venida del Salvador... Pero como el provecho es poco y débil el mérito cuando es el temor al suplicio lo que nos aparta del camino errado, porque el amor tiene un valor superior, por esto el Señor mismo.....inflama nuestro deseo de Dios cuando dice: “He venido a prender fuego en el mundo “. Desde luego no un fuego que destruye, sino aquel que genera una voluntad dispuesta, aquel que purifica los vasos de oro de la casa del Señor, consumiendo la paja (1 Cor 13,12ss) limpiando toda ganga del mundo, acumulada por el gusto de los placeres mundanos, obra de la carne que tiene que perecer.

Este fuego es el que quema los huesos de los profetas, como lo declara Jeremías: “Era dentro de mí como un fuego devorador encerrado en mis huesos.” (Jr 20,9) Pues hay un fuego del Señor del que se dice: “delante de él avanza fuego” (Sl 96,3) El Señor mismo es como un fuego “la zarza estaba ardiendo pero no se consumía.” (Ex 3,2) El fuego del Señor es luz eterna; en este fuego se encienden las lámparas de los fieles: “Tened ceñida la cintura y las lámparas encendidas” (Lc 12,35) Porque los días de esta vida todavía son noche oscura y es necesaria la lámpara. Este fuego es el que, según el testimonio de los discípulos de Emaús, encendió el mismo Señor en sus corazones: “No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras?” (Lc 24,32) Los discípulos nos enseñan con claridad cómo actúa este fuego que ilumina el fondo del corazón humano. De ahí que el Señor llegará con fuego (cf Is 66,15) para consumir los vicios en el momento de la resurrección, colmar con su presencia el deseo de todo hombre y proyectar su luz sobre los méritos y misterios.
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