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Lecturas y Liturgia del 20 de Noviembre de 2014

Lecturas del Jueves de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_301.mp3

 Jueves, 20 de noviembre de 2014
Primera lectura
Lectura del libro del Apocalipsis (5,1-10):

Yo, Juan, a la derecha del que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por dentro y por fuera, y sellado con siete sellos. Y vi a un ángel poderoso, gritando a grandes voces: «¿Quién es digno de abrir el rollo y soltar sus sellos?»
Y nadie, ni en el cielo ni en la tierra ni debajo de la tierra, podía abrir el rollo y ver su contenido. Yo lloraba mucho, porque no se encontró a nadie digno de abrir el rollo y de ver su contenido.
Pero uno de los ancianos me dijo: «No llores más. Sábete que ha vencido el león de la tribu de Judá, el vástago de David, y que puede abrir el rollo y sus siete sellos.»
Entonces vi delante del trono, rodeado por los seres vivientes y los ancianos, a un Cordero en pie; se notaba que lo hablan degollado, y tenía siete cuernos y siete ojos –son los siete espíritus que Dios ha enviado a toda la tierra–. El Cordero se acercó, y el que estaba sentado en el trono le dio el libro con la mano derecha. Cuando tomó el libro, los cuatro seres vivientes y los veinticuatro ancianos se postraron ante él; teman cítaras y copas de oro llenas de perfume –son las oraciones de los santos–.
Y entonaron un cántico nuevo: «Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos, porque fuiste degollado y con tu sangre compraste para Dios hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación; y has hecho de ellos para nuestro Dios un reino de sacerdotes, y reinan sobre la tierra.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 149,1-2.3-4.5-6a.9b

R/. Has hecho de nosotros para nuestro Dios un reino de sacerdotes

Cantad al Señor un cántico nuevo,
resuene su alabanza en la asamblea de los fieles;
que se alegre Israel por su Creador,
los hijos de Sión por su Rey. R/.

Alabad su nombre con danzas,
cantadle con tambores y cítaras;
porque el Señor ama a su pueblo
y adorna con la victoria a los humildes. R/.

Que los fieles festejen su gloria
y canten jubilosos en filas:
con vítores a Dios en la boca;
es un honor para todos sus fieles. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (19,41-44):

En aquel tiempo, al acercarse Jesús a Jerusalén y ver la ciudad, le dijo llorando: «¡Si al menos tú comprendieras en este día lo que conduce a la paz! Pero no: está escondido a tus ojos. Llegará un día en que tus enemigos te rodearán de trincheras, te sitiarán, apretarán el cerco, te arrasarán con tus hijos dentro, y no dejarán piedra sobre piedra. Porque no reconociste el momento de mi venida.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del jueves, 20 de noviembre de 2014

Jueves, 20 de noviembre de 2014
LLORA CONMIGO, PUEBLO MÍO
( Ap 5,1-10;Lc 19:41-44)

Introducción
Normalmente en la literatura apocalíptica la apertura de sellos anuncia la llegada de calamidades. Aquí está la clave de la victoria y de la paz que alcanzará al pueblo de Dios por medio del Cordero, que murió y resucitó, y de este modo venció a la muerte.
Evangelio. Lucas escribió este evangelio cuando el Templo de Jerusalén había sido ya destruido. --- ¿Cómo es posible que el pueblo Judío, como pueblo propio de Dios, que había sido tan celoso luchando por la lealtad al Dios de la Alianza, no reconociera a Cristo, el esperado? No nos corresponde a nosotros condenar, como erróneamente los cristianos han hecho con frecuencia en el pasado. Con Jesús lloramos sobre la ciudad y sobre su gente, y rogamos y nos esforzamos para que el pueblo judío también encuentre a su Mesías. Y mientras tanto, conozcamos también los caminos de paz del pueblo de Dios, y reconozcamos el tiempo en el que nos visita el Señor.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Buscamos el camino de la paz de Jesucristo, tu Hijo.

Que ojalá seamos tu pueblo escogido,
reconociendo día a día el tiempo de tu visitación.

Deseamos que hoy mismo sea el momento
en que estemos abiertos a tu venida,
acogiendo las palabras que nos hablas,
acogiendo a la gente que encontramos
y a los que claman por compasión
y por un poco de calor humano.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Intenciones

Señor Jesús, lamentamos y pedimos perdón porque a veces hemos sido negligentes y fríos a tu amor; perdónanos, te rogamos.
Señor Jesús, para que los que han oído tu llamado a seguirte, pero rehusaron responder, estén listos de nuevo para caminar contigo, te rogamos.
Señor Jesús, para que nuestras comunidades oigan de nuevo tu llamado a estar profundamente unidas de mente y corazón, te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Como prenda de nuestra fidelidad
a los vínculos de la Alianza
traemos ante ti este pan y este vino.

Acéptalos, y acéptanos a nosotros con tu Hijo,
y guárdanos siempre unidos en él
como pueblo que tú amas.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Padre amoroso:

Oh Dios, Padre nuestro:
Tu Hijo lloró sobre su propio pueblo
del que había nacido
y al que amaba con todo su corazón.

Que no llore Jesús sobre nosotros
porque somos infieles a la Alianza,
sino que, por la fuerza de esta eucaristía,
sepamos buscar lo que nos proporciona tu paz:
es decir, tú y tu reino de integridad y bondad.

Concédenos esto por medio del fiel servidor,
tu Hijo, Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Se nos pide que reconozcamos la venida del Señor no en un pasado lejano, sino ahora, hoy, en nuestras vidas y en nuestras comunidades.
Que Dios todopoderoso les dé su gracia y les bendiga, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.


Comentario al Evangelio del jueves, 20 de noviembre de 2014

Juan Lozano, cmf
A cada uno de nosotros se nos han dado unos talentos, unas cualidades muy personales a través de las cuales estamos invitados a crecer y hacer crecer en felicidad. Son nuestras “diez onzas de oro” que Dios nos has repartido. A lo largo de la vida, en nuestro proceso de crecimiento personal vamos descubriendo, a través de éxitos y fracasos, cuáles son esos talentos qué sólo cada uno tenemos como seres únicos, originales e irrepetibles que somos. Diez onzas diferentes para cada uno. Hemos sido creados por Dios y arrojados a la inmensidad de la vida y, en nuestra inicial desnudez, Dios nos ofrece la posibilidad de vestirnos con estos dones, que son herramientas para hacer de este mundo y de nuestra vida, no una pasión inútil –que diría Sartre- sino un pequeño paraíso en la tierra.

Ahora bien, a menudo no descubrimos todo ese oro que nos ha sido entregado, en ocasiones codiciamos el oro –los talentos- de los demás, “Ah, si yo fuera como fulano, o tuviera las cualidades de mengano…” Y corremos el riesgo de que se nos pase la vida sin haberla vivido, sin haber puesto a trabajar esos talentos que Dios nos ha regalado. En la parábola con la que hoy oramos, Dios condena al holgazán y es duro con él. “¿Por qué no pusiste mi dinero en el banco?” Es decir, ¿por qué no negociaste con los dones que te he dado? Es cierto, el miedo nos paraliza en muchas ocasiones: no puedo, no soy capaz, no es para mí, no tengo fuerzas, no merece la pena… y perdemos ocasiones para crecer, para amar, en definitiva para generar riqueza a nuestro alrededor. Y perdemos el tiempo y perdemos la oportunidad de vivir de manera original. Y nos empobrecemos, porque “al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene”.

No debemos olvidar que el Creador nos ha dotado con lo necesario para ser y hacer felices a los demás, y por lo tanto no necesitamos nada más que poner en funcionamiento nuestro oro, nuestros talentos, que son nuestras herramientas para vivir.
Debemos confiar en Él. La primera lectura del Apocalipsis nos ofrece a un Dios triunfante junto con su corte celestial, porque Dios es un Dios de victoria. Sentado en su trono donde el brillo del jaspe y granate representa la suprema belleza, el arco iris que le envuelve representa su suprema alianza con la humanidad, las vestiduras blancas de los ancianos y las coronas de oro representan la resurrección y la victoria. Juan nos presenta una escena donde Dios es vencedor y la Iglesia que le sirve le alaba y le canta llena de alegría. No olvidemos el recordatorio del último libro de la Biblia: Dios y su Reino vencerán al final de los tiempos, por lo tanto pongamos nuestras “diez onzas de oro” a trabajar aunque los resultados no sean inmediatos, ya producirán intereses…
Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
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