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Lecturas y Liturgia del 17 de Noviembre de 2014

Lecturas del Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA  http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_298.mp3

Lunes, 17 de noviembre de 2014
Primera lectura
Comienzo del libro del Apocalipsis (1,1-4;2,1-5a):

Ésta es la revelación que Dios ha entregado a Jesucristo, para que muestre a sus siervos lo que tiene que suceder pronto. Dio la señal enviando su ángel a su siervo Juan. Éste, narrando lo que ha visto, se hace testigo de la palabra de Dios y del testimonio de Jesucristo. Dichoso el que lee y dichosos los que escuchan las palabras de esta profecía y tienen presente lo que en ella está escrito, porque el momento está cerca. Juan, a las siete Iglesias de Asia: Gracia y paz a vosotros de parte del que es y era y viene, de parte de los siete espíritus que están ante su trono. Oí cómo el Señor me decía: «Al ángel de la Iglesia de Éfeso escribe así: "Esto dice el que tiene las siete estrellas en su mano derecha y anda entre los siete candelabros de oro: Conozco tus obras, tu fatiga y tu aguante; sé que no puedes soportar a los malvados, que pusiste a prueba a los que se llamaban apóstoles sin serlo y descubriste que eran unos embusteros. Eres tenaz, has sufrido por mí y no te has rendido a la fatiga; pero tengo en contra tuya que has abandonado el amor primero. Recuerda de dónde has caído, arrepiéntete y vuelve a proceder como antes."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 1,1-2.3.4.6

R/. Al que salga vencedor le daré a comer del árbol de la vida

Dichoso el hombre que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol,
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (18,35-43):

En aquel tiempo, cuando se acercaba Jesús a Jericó, había un ciego sentado al borde del camino, pidiendo limosna.
Al oír que pasaba gente, preguntaba qué era aquello; y le explicaron: «Pasa Jesús Nazareno.»
Entonces gritó: «¡Jesús, hijo de David, ten compasión de mí!»
Los que iban delante le regañaban para que se callara, pero él gritaba más fuerte: «¡Hijo de David, ten compasión de mí!»
Jesús se paró y mandó que se lo trajeran. Cuando estuvo cerca, le preguntó: «¿Qué quieres que haga por ti?»
Él dijo: «Señor, que vea otra vez.»
Jesús le contestó: «Recobra la vista, tu fe te ha curado.»
En seguida recobró la vista y lo siguió glorificando a Dios. Y todo el pueblo, al ver esto, alababa a Dios.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 33ª semana del Tiempo Ordinario


Lunes, 17 de noviembre de 2014
JESÚS, LUZ PARA NUESTROS OJOS
(Ap 1,1-4; 2,1-5a; Lc 18,35-43)

Introducción
Desde hoy hasta el fin del año litúrgico o año de la Iglesia leemos el libro del Apocalipsis. El autor quiere expresar su confianza en Dios y en el futuro, porque finalmente Dios vencerá en la lucha entre el bien y el mal, involucrando no sólo a la tierra, sino también al cielo. No sabe cómo sucederá (en gran medida está adivinando) y entonces recurre a imágenes tradicionales apocalípticas, muchas inspiradas por experiencias religiosas del pueblo de Dios en el pasado , tratando de aplicarlas al presente e incluso al futuro. Pero subyacente a todo esto, incluso cuando describe calamidades, está la fe firme y la esperanza de que Dios vencerá y de que, por lo tanto, no hay razón para temer.
Evangelio. Después de que Jesús reprendió a los apóstoles por su falta de comprensión y de fe, Lucas lo muestra curando al ciego. ¿Es quizás para enseñar a los apóstoles una lección y para mostrarles que necesitan curarse de su ceguera espiritual por medio de la fe? De todos modos, Jesús se convierte en luz e ilumina al ciego. Le pedimos al Señor que nos dé ojos de fe.


Oración Colecta
Oh Dios, Padre todopoderoso:
Cada uno de nosotros podría también decir:
“Señor, que vea de nuevo, porque estoy ciego
al amor que me muestras en la gente que me rodea.
Que vea de nuevo,
porque estoy ciego a tu bondad y belleza
que me revelas en tu creación
y en los acontecimientos de la vida.”
Que nosotros también oigamos de los labios de tu Hijo:
“Tu fe te ha salvado.”
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.


Intenciones

Señor, mira los ojos de los niños que están abiertos a la vida; mira también los ojos llenos de esperanza de los que creen en tu futuro esperanzador; llénalos con tu luz. Roguemos.
Señor, mira los ojos llenos de odio o despecho de los que se sienten frustrados en la vida; mira la alegría en los ojos de los que saben amar. Roguemos.
Señor, mira los ojos de los que sufren; mira también los ojos de los que están cerrados a los demás. Roguemos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre todopoderoso:
Por medio de este pan y vino te pedimos
que nos des a tu Hijo Jesucristo,
luz que ilumine nuestra vida:

Por medio de él, el Hijo de David,
ten piedad de nosotros,
para que podamos alabarte
por la bondad salvadora que tú nos muestras
en el mismo Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
en esta eucaristía nos has dejado experimentar tu bondad
por medio de la presencia salvadora de Jesús.
No permitas que ocultemos su luz
o que ensombrezcamos las vidas de nuestros prójimos.

Danos unos ojos claros y limpios,
y haz que seamos luz
para los que viven sin conciencia ni esperanza.
Te lo pedimos por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Cuando a veces estamos ciegos para lo que Dios nos pide, también nosotros gritamos: “Jesús, Hijo de David, ten piedad de nosotros. Que yo vea de nuevo.” Y que ojalá él nos responda: “Recupera tu visión. Tu fe te ha salvado.”
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del lunes, 17 de noviembre de 2014

Juan Lozano, cmf
Querido amigo/a:

Comenzamos una nueva semana y en ella miramos al Evangelio del día para hacer nuestra la pregunta que hace Jesús al ciego de Jericó. Pero vamos a hacerlo al revés. En el texto sagrado Jesús pregunta al ciego. En nuestra oración nosotros hacemos esta pregunta a Jesús para ofrecerle esta semana que comienza, diciéndole: “Jesús, ¿qué quieres que haga por ti?”. Porque seguramente, si conseguimos detenernos un instante para reposar nuestro interior y escuchar la voz del Espíritu Santo en nosotros, encontraremos retos, propuestas, desafíos, tareas pendientes, objetivos, que al Señor le gustaría que trabajáramos. No me refiero a obligaciones laborales, como buenos ciudadanos debemos ser diligentes y responsables sin bajar la guardia y en ello estaremos, sino a trabajos “morales”, aquellos a los que el Señor nos interpela a través, entre otras mediaciones, de la voz interior de nuestra conciencia. Porque en el “auditorio” de la oración, Dios habla y nos propone obras de mejora. Tareas pendientes quizá en mi familia, quizá con algún hermano, amigo, amiga; tareas de reconciliación, o de mayor amor, tareas de acogida, de escucha, de miradas más sosegadas y profundas; tareas de aceptación conmigo mismo y mi realidad, de superación, de dejarme querer, de despertar… “¿Qué puedo hacer por ti?”

El maravilloso libro del Apocalipsis que esta semana estrenamos y que nos va a acompañar hasta el próximo año litúrgico (dos próximas semanas), nos presenta a una comunidad, Éfeso, que ha sido tenaz y luchadora, pero que ha abandonado el Amor primero, su pasión por el Señor, se ha enfriado. Y es que cuando de verdad amamos a alguien estamos pendientes de la persona amada: qué quieres, qué necesitas, cómo estás…, qué puedo hacer por ti…, para que el amor no se enfríe.

Santa Isabel de Hungría, a la que recordamos hoy, también se hizo esta pregunta. Esta hija del rey húngaro sólo vivió veinticuatro años, pero a los veinte, su vida dio un giro radical cuando quedó viuda con un hijo recién nacido. ¿Qué hacer ahora Señor? Encontró la respuesta a su pregunta…
Jesús tú has hecho mucho por mi y lo sigues haciendo. También has curado en muchas ocasiones mis cegueras como al invidente de Jericó y en otras tantas me has atendido cuando, como él, estaba al borde del camino. No quiero ser ingrato, ni frío y, al comenzar esta semana, desde la intimidad de mi corazón quiero preguntarte, “¿qué quieres que haga por ti? Háblame Señor, que tu siervo escucha.

Vuestro hermano en la fe:
Juan Lozano, cmf.
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