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Lecturas y Liturgia del 14 de Enero de 2015

Lecturas del Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA     http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_13.mp3

Miércoles, 14 de enero de 2015
Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (2,14-18):

Los hijos de una familia son todos de la misma carne y sangre, y de nuestra carne y sangre participó también Jesús; así, muriendo, aniquiló al que tenía el poder de la muerte, es decir, al diablo, y liberó a todos los que por miedo a la muerte pasaban la vida entera como esclavos. Notad que tiende una mano a los hijos de Abrahán, no a los ángeles. Por eso tenia que parecerse en todo a sus hermanos, para ser sumo sacerdote compasivo y fiel en lo que a Dios se refiere, y expiar así los pecados del pueblo. Como él ha pasado por la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora pasan por ella.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,1-2.3-4.6-7.8-9

R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Dad gracias al Señor,
invocad su nombre,
dad a conocer sus hazañas a los pueblos.
Cantadle al son de instrumentos,
hablad de sus maravillas. R/.

Gloriaos de su nombre santo,
que se alegren los que buscan al Señor.
Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a Isaac. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar.
Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.»
Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.»
Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

UN HERMANO COMPASIVO
(Heb 2,14-18; Mc 1,29,39)

Introducción

Uno no puede realmente entender los sufrimientos de los otros sin haber experimentado él mismo el sufrimiento. Intenta decirle a un esposo que ha perdido a su esposa, o a alguien que ha sufrido un accidente: “Yo sé lo que estás sufriendo”, o “No está tan mal”, y él responderá, o al menos pensará: “¿Tú qué sabes? Que no eres tú quien sufre”. --- Jesús, dice el autor de la Carta a los Hebreos, pudo ser compasivo y comprendernos profundamente porque sufrió por nosotros y se hizo uno de nosotros.
Evangelio. El evangelio de hoy muestra la compasión de Jesús para con los afligidos con toda clase de desgracias, para con los desalentados y desolados. Jesús se compromete contra la muerte y la miseria. ¿No es acaso ésa la misión que Jesús nos confía también a nosotros hoy?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro, Padre compasivo:
Cada día nos encontramos con hermanos que sufren,
que han sido probados duramente en la vida,
que han tenido que enfrentarse al mal y al sufrimiento.
¿Qué les diremos? ---
Señor, que como Jesús, intentemos comprender
el dolor de nuestros prójimos necesitados,
sentir con ellos, y ser amigos dignos de confianza, quizás estando junto a ellos en respetuoso silencio,
motivados siempre por quien sufrió nuestros dolores
y tomó parte en nuestras desgracias,
Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Por todos los que predican el evangelio, para que proclamen bien alto la Buena Noticia de Cristo a la luz de la vida de cada día y de las necesidades de los hermanos, roguemos al Señor.
Por todos los que cuidan a los enfermos, para que no se cansen nunca de tratarlos con atención personal e infinito respeto, como lo harían con el Señor mismo, roguemos al Señor.
Por nuestras comunidades cristianas, para que seamos un solo corazón y una sola alma y no permitamos que nadie entre nosotros viva en necesidad, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Por medio de estos signos de pan y vino
tú te complaces en que venga de nuevo
y se haga presente entre nosotros
tu Hijo Jesucristo,
siempre compasivo y digno de confianza,
pues compartió nuestro sufrimiento y nuestra muerte.
Que cada pequeña porción de angustia y dolor
nos lleve a una más profunda comprensión
de nosotros mismos, de la vida y de nuestro prójimo,
y nos ayude a estar más cerca
de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor,
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tenemos un amigo y hermano
de calidad reconocida,
Jesucristo, bien probado,
como nosotros lo somos a veces en la vida.
Él ha estado aquí con nosotros en esta eucaristía;
hemos participado en su sacrificio.
Danos ahora el espíritu de fortaleza
para mantenernos firmes en nuestras pruebas,
para crecer a través de ellas
como humanos y como cristianos,
y para mantenernos al lado
de los que viven sumergidos en sufrimiento.
Que éste sea nuestro modo de compartir
en la vida de cada día
el sacrificio de tu Hijo
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¿Quién puede entender mejor nuestro dolor y sufrimiento que el Hijo de Dios, Jesucristo, que experimentó nuestras tentaciones, nuestros sufrimientos y hasta nuestra muerte, por nuestro bien? Él sabe cómo es nuestra vida y permanece a nuestro lado en momentos difíciles.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.





Comentario del Miércoles de la 1ª semana del Tiempo Ordinario

Fray Josep Mª MASSANA i Mola OFM (Barcelona, España)
De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración

Hoy vemos claramente cómo Jesús dividía la jornada. Por un lado, se dedicaba a la oración, y, por otro, a su misión de predicar con palabras y con obras. Contemplación y acción. Oración y trabajo. Estar con Dios y estar con los hombres.

En efecto, vemos a Jesús entregado en cuerpo y alma a su tarea de Mesías y Salvador: cura a los enfermos, como a la suegra de san Pedro y muchos otros, consuela a los tristes, expulsa demonios, predica. Todos le llevan sus enfermos y endemoniados. Todos quieren escucharlo: «Todos te buscan» (Mc 1,37), le dicen los discípulos. Seguro que debía tener una actividad frecuentemente muy agotadora, que casi no le dejaba ni respirar.

Pero Jesús se procuraba también tiempo de soledad para dedicarse a la oración: «De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, se levantó, salió y fue a un lugar solitario y allí se puso a hacer oración» (Mc 1,35). En otros lugares de los Evangelios vemos a Jesús dedicado a la oración en otras horas e, incluso, muy entrada la noche. Sabía distribuirse el tiempo sabiamente, a fin de que su jornada tuviera un equilibrio razonable de trabajo y oración.

Nosotros decimos frecuentemente: —¡No tengo tiempo! Estamos ocupados con el trabajo del hogar, con el trabajo profesional, y con las innumerables tareas que llenan nuestra agenda. Con frecuencia nos creemos dispensados de la oración diaria. Realizamos un montón de cosas importantes, eso sí, pero corremos el riesgo de olvidar la más necesaria: la oración. Hemos de crear un equilibrio para poder hacer las unas sin desatender las otras.

San Francisco nos lo plantea así: «Hay que trabajar fiel y devotamente, sin apagar el espíritu de la santa oración y devoción, al cual han de servir las otras cosas temporales».

Quizá nos debiéramos organizar un poco más. Disciplinarnos, “domesticando” el tiempo. Lo que es importante ha de caber. Pero más todavía lo que es necesario.
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