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Lecturas y Liturgia del 27 de Diciembre de 2014

Lecturas del San Juan. Apóstol y evangelista

MISA DEL DIA     http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA    http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/navidad2007/1_3_NAV.mp3

Sábado, 27 de diciembre de 2014
Primera lectura
Comienzo de la primera carta del apóstol san Juan (1,1-4):


Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos: la Palabra de la vida (pues la vida se hizo visible), nosotros la hemos visto, os damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba con el Padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos con nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestra alegría sea completa.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 96,1-2.5-6.11-12


R/. Alegraos, justos, con el Señor

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono. R/.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria. R/.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (20,2-8):


El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del San Juan. Apóstol y evangelista

Sábado, 27 de diciembre de 2014
SAN JUAN, Evangelista, Fiesta
(1 Jn 1,1-4; Jn 20,2-8)
Introducción
Íntimo del Señor, obsesionado con el amor. Éstos pueden ser muy bien los rasgos propios de Juan el Evangelista. Él había experimentado en su propia persona lo que significa ser amado por Jesús y, a cambio, amarle.
¡Y Jesús era el Señor, el Hijo de Dios! En la etapa última de su vida estaba sanamente obsesionado por el amor, como su evangelio y su primera carta nos revelan. Era el hombre que predicaba amor; las palabras que usaba, la urgencia e insistencia con que hablaba no pueden venir sino de un hombre que vivió profundamente ese amor y que sintió que ése debía ser también el distintivo de los seguidores de Jesús y de las comunidades cristianas.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro, tú eres amor,
el amor mismo personificado.
Sabemos que tú nos amaste primero
antes de que nosotros pudiéramos nunca amarte.
Te pedimos que la experiencia inolvidable
de tu “querido apóstol” Juan
llegue también a ser nuestra profunda y perenne experiencia.
Que el amor que nos has mostrado
en tu Hijo Jesucristo
nos mueva, a cambio, a amarte muy profundamente,
y que este amor se derrame
sobre todos los hermanos que encontremos en nuestra vida.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Intenciones
Señor Jesús, danos la gracia de entender y poner en práctica que el corazón del evangelio es el amor hacia ti y hacia los hermanos. Por eso te rogamos.
Señor Jesús, que nuestras palabras y obras den testimonio de que creemos y nos alegramos en ti como nuestro Señor Resucitado. Por eso te rogamos.
Señor Jesús, danos la gracia de ser alegres, que nos sintamos seguros porque sabemos que vivimos en tu presencia. Por eso te rogamos.

Oración sobre las Ofrendas
Dios Padre bondadoso:
Pan y vino son los signos
en los que tu Hijo se nos da a nosotros hoy.
Que estos dones sean al mismo tiempo
los signos por los cuales nos ponemos a tu disposición
para amarte en nuestros prójimos
-hermanos y hermanas nuestros-,
a quienes tú amas y a quienes nosotros
también queremos amar,
en Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Señor de vida y amor:
¿Quién puede nutrir nuestro amor mejor
que quien nos habló de él
y quien nos lo mostró hasta morir,
tu Hijo Jesucristo?
Que como él, y fortalecidos por su cuerpo y sangre,
que acabamos de recibir,
respondamos al calor de tu amor
cuidando a nuestros hermanos y hermanas,
aun a costa de nosotros mismos.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Juan es el apóstol que insiste en que nos deberíamos amar unos a otros como Jesús nos ama. Jesús nos pide vivir en él, como él vive en nosotros. Que ojalá nosotros permanezcamos y crezcamos en su amor.
Para ello, que la bendición de Dios Padre todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.


Comentario al Evangelio del sábado, 27 de diciembre de 2014

Fco. Javier Goñi, cmf
San Juan, Apóstol y Evangelista
Seguimos en plena octava de Navidad, y la liturgia nos presenta de nuevo a otro testigo y Apóstol de la Buena Noticia: San Juan. Aquel joven discípulo que aparece en el Evangelio de hoy, “al que tanto quería Jesús”, debió ser el mismo que años más tarde recogería lo que sus ojos vieron y sus oídos oyeron en el que conocemos como Evangelio de San Juan. Matizaciones exegéticas aparte, lo cierto es que la tradición nos ha transmitido que un tal Juan, Apóstol del Señor, seguramente el más joven de ellos y que pudo gozar de un cariño especial por parte de Jesús, fue testigo de la Resurrección y estuvo detrás de la confección del último de los Evangelios. En él nos ha dejado textos especialmente profundos e inspirados sobre el Misterio del Hijo de Dios, como el que escuchamos en la Eucaristía del día de Navidad, así como relatos que no aparecen en ninguno de los otros Evangelios. También se atribuyen a San Juan las Cartas que llevan su nombre: de la primera de ellas es la primera lectura de hoy.

San Juan es testigo directo del Misterio del Dios Encarnado por Amor. Lo visto, lo oído, lo contemplado y palpado es lo que lo que nos ha transmitido: la Palabra de la Vida que “se hizo visible” en la persona, palabra y vida de aquel tal Jesús. Declara haberlo hecho “para que estéis unidos con nosotros” por el mismo amor que la comunidad cristiana recibe de la unión del Padre y del Hijo. Y para que “nuestra alegría sea completa”. Enamorado de Cristo, llamado por él a ser su testigo, Juan no puede sino anunciar a todos el Amor sin medida que ha descubierto en su Señor.
También nosotros somos testigos de Cristo, nacido de María, Palabra Encarnada, muerto en la Cruz, Salvador y Vida en la Resurrección. No testigos directos, pero de algún modo también somos testigos de su presencia en el Espíritu: lo sentimos en el corazón, se manifiesta en la comunidad, viene a nosotros en la Eucaristía y en los que sufren, nos llena de alegría, paz y esperanza. Y escuchamos en lo más profundo de nosotros mismos su llamada a ser sus testigos, para que crezca la comunidad de hermanos unidos en el Hijo y en el Padre por el Espíritu Santo, y para que nuestra alegría, también la de la Iglesia y la de Dios mismo, sean completas.
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