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Lecturas y Liturgia del 29 de Diciembre de 2014

Lecturas de hoy 29 de Diciembre. Feria de Navidad

MISA DEL DIA     http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/navidad2007/1_5_NAV.mp3


Hoy, lunes, 29 de diciembre de 2014
Primera lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan 82,3-11):

En esto sabemos que conocemos a Jesús: en que guardamos sus mandamientos. Quien dice: «Yo le conozco», y no guarda sus mandamientos, es un mentiroso, y la verdad no está en él. Pero quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él. Quien dice que permanece en él debe vivir como vivió él. Queridos, no os escribo un mandamiento nuevo, sino el mandamiento antiguo que tenéis desde el principio. Este mandamiento antiguo es la palabra que habéis escuchado. Y, sin embargo, os escribo un mandamiento nuevo –lo cual es verdadero en él y en vosotros–, pues las tinieblas pasan, y la luz verdadera brilla ya. Quien dice que está en la luz y aborrece a su hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza. Pero quien aborrece a su hermano está en las tinieblas, camina en las tinieblas, no sabe a dónde va, porque las tinieblas han cegado sus ojos.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 95,1-2a.2b-3.5b-6

R/. Alégrese el cielo, goce la tierra

Cantad al Señor un cántico nuevo,
cantad al Señor, toda la tierra;
cantad al Señor, bendecid su nombre. R/.

Proclamad día tras día su victoria.
Contad a los pueblos su gloria,
sus maravillas a todas las naciones. R/.

El Señor ha hecho el cielo;
honor y majestad lo preceden,
fuerza y esplendor están en su templo. R/.

Evangelio de hoy
Lectura del santo evangelio según san Lucas (2,22-35):


Cuando llegó el tiempo de la purificación, según la ley de Moisés, los padres de Jesús lo llevaron a Jerusalén, para presentarlo al Señor, de acuerdo con lo escrito en la ley del Señor: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor», y para entregar la oblación, como dice la ley del Señor: «un par de tórtolas o dos pichones.» Vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, que aguardaba el consuelo de Israel; y el Espíritu Santo moraba en él. Había recibido un oráculo del Espíritu Santo: que no vería la muerte antes de ver al Mesías del Señor. Impulsado por el Espíritu, fue al templo. Cuando entraban con el niño Jesús sus padres para cumplir con él lo previsto por la ley, Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador, a quien has presentado ante todos los pueblos: luz para alumbrar a las naciones y gloria de tu pueblo Israel.» Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño.
Simeón los bendijo, diciendo a María su madre: «Mira, éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; será como una bandera discutida: así quedará clara la actitud de muchos corazones. Y a ti, una espada te traspasará el alma.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva de hoy 29 de Diciembre. Feria de Navidad

Hoy, lunes, 29 de diciembre de 2014
UNA LUZ PARA TODAS LAS NACIONES
(1 Jn 2,3-11; Lk 2.22-35)
Introducción
Dios viene a su pueblo como de incógnito, como un niño llevado en los brazos de su madre. Simeón, el anciano en el templo, tomó a Jesús en sus brazos y reconoció a este niño como al Salvador esperado por los judíos en el Antiguo Testamento, pero, al mismo tiempo también, como la salvación para todos los pueblos y todos los hombres. En Jesús el viejo Israel puede desvanecerse en paz. Este niño iba a ser gloria de Israel, sí, pero también luz de todos y cada uno de los paganos. Viene a nosotros ahora no solamente a ser la luz para nosotros, los cristianos. Él no nos pertenece a nosotros en exclusiva, sino que es de y para todos los hombres sin excepción. San Juan nos dice cómo reflejar la luz de Cristo: Todos los que aman a su prójimo están viviendo en la luz.


Oración Colecta
Oh Dios, Padre de la luz:
El anciano Simeón reconoció a tu Hijo
como la luz que debería iluminar a todos.
Danos a nosotros también la gracia
de saber reconocer a Jesús,
cuando venga a nosotros en forma humilde,
en la persona y forma de niños,
de ancianos o de pequeños y pobres.
Que sepamos recibirle también
como luz, no sólo sobre nuestras vidas personales,
sino también como aurora luminosa
para todas las naciones,
pues tú eres el Padre de todos
y Jesús nos pertenece a todos
como nuestro Señor y Salvador,
por los siglos de los siglos.

Intenciones
Por todos los padres que llevan a sus niños a la iglesia para bautizarlos, para que Dios los bendiga a ellos y a sus hijos, roguemos al Señor.
Por todos los padres que sufren cuando sus hijos les causan pena y dolor, para que sigan confiando en el Señor y teniendo la fortaleza necesaria, roguemos al Señor.
Por todos los pueblos que comienzan a conocer a Jesucristo, para que le acepten como su alegría y vida, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre amoroso:
Un humilde pedazo de pan y un poco de vino
son suficientes
para facilitar el que Jesús venga a nosotros.
Aviva estos sencillos dones con tu Espíritu,
para que podamos acoger entre nosotros
a Jesús, que ilumina todas las naciones
con su alegría y con el luminoso amanecer
de la verdadera justicia y del profundo compromiso
de cariñoso servicio, y también con sentido de compasión
y generosidad sin límites.
Todo esto te lo pedimos
por el mismo Jesucristo
Salvador de todos, nuestro Señor..

Oración después de la Comunión
Oh Dios, Señor de luz:
Nos hemos sentado a la mesa festiva
de quien vino a unir todos los hombres y a todos los pueblos,
cercanos y lejanos, como hermanos
que pueden amarse y aceptarse los unos a los otros,
a pesar de todas sus diferencias
de raza y cultura, de nivel social y personalidad.
Haznos creer que esto es posible
solamente por medio de quien se hizo uno de nosotros
y entregó su vida por todos,
Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Que el Espíritu Santo permanezca también en nosotros como en el anciano Simeón, para que sepamos reconocer y aceptar a Jesús como nuestro Señor y como Salvador de todos, y como luz que ilumina las vidas de todos.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y permanezca para siempre.


Comentario al Evangelio de hoy lunes, 29 de diciembre de 2014

Luis Manuel Suarez, cmf
Queridos amigos y amigas:

Se acerca el final del año. Han pasado varios meses, muchos días, un montón de acontecimientos… La historia “cumple” un año más… Pero, ¿qué significa “cumplir”?
Cumplir no es solamente estar, pasar el tiempo. Se “cumple” cuando se hace aquello para lo que uno estaba allí, cuando se hace lo que se debe, cuando se realiza lo que convenía. Si esto es así, “cumplir” un año nuevo es algo más que dejar que los días pasen.
La palabra de Dios viene a iluminarnos. Y nos presenta una figura que ha “cumplido” con la vida: Simeón. Es un hombre mayor. Y siente que es la vida la que ha cumplido con él. Por eso ya no se aferra a la existencia, y le dice a Dios, con esas bellas palabras, que le lleve cuando quiera: “Ahora, Señor, según tu promesa, puedes dejar a tu siervo irse en paz. Porque mis ojos han visto a tu Salvador…”.
Al final, cumplir con la vida es reconocer que la vida ya ha cumplido contigo, puesto que todo es gracia -gratis-. Te han regalado la existencia, las capacidades, las posibilidades… Se te ha dado conocer y creer en el Señor de la Vida… Y, desde ahí, se te invita a responder agradecido, dando a manos llenas lo que recibiste gratis.

Pero como la vida también es lucha, y a veces recibimos golpes, y hay “espadas que nos atraviesan el corazón”, para poder llegar a darse confiadamente, como Simeón, será necesario reconciliar y sanar esas heridas. En Jesús tenemos también al compañero y sanador, porque también él pasó por lo nuestro y conoce de qué están hechas las llagas.

“Señor Jesús,
al acercarse el final de este año
te doy las gracias porque estás cumpliendo conmigo.
Gracias por todo lo recibido.
Y ayúdame a reconciliar todo lo difícil.
Para poder yo también, como Simeón,
cumplir con la vida y no aferrármela,
sino entregarla con la misma generosidad
con la que lo hiciste Tú.
Señor Jesús,
Señor de nuestras horas,
Señor de nuestros días,
Señor de nuestros sueños”.
Vuestro hermano en la fe:
Luis Manuel Suárez CMF (luismanuel@claretianos.es)
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