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Lecturas y Liturgia del 4 de Diciembre de 2014

Lecturas del Jueves de la 1ª semana de Adviento

MISA DEL DIA      http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA      http://www.radiopalabra.org/mp3/radiopalabra/adviento2007/1_5_AD.mp3
                                                                                                                                           
Jueves, 4 de diciembre de 2014
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (26,1-6):


Aquel día, se cantará este canto en el país de Judá: «Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes: Abrid las puertas para que entre un pueblo justo, que observa la lealtad; su ánimo está firme y mantiene la paz, porque confía en ti. Confiad siempre en el Señor, porque el Señor es la Roca perpetua: doblegó a los habitantes de la altura y a la ciudad elevada; la humilló, la humilló hasta el suelo, la arrojó al polvo, y la pisan los pies, los pies del humilde, las pisadas de los pobres.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 117,1.8-9.19-21.25-27a


R/. Bendito el que viene en nombre del Señor

Dad gracias al Señor porque es bueno,
porque es eterna su misericordia.
Mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los hombres,
mejor es refugiarse en el Señor
que fiarse de los jefes. R/.

Abridme las puertas del triunfo,
y entraré para dar gracias al Señor.
Ésta es la puerta del Señor:
los vencedores entrarán por ella.
Te doy gracias porque me escuchaste
y fuiste mi salvación. R/.

Señor, danos la salvación;
Señor, danos prosperidad.
Bendito el que viene en nombre del Señor,
os bendecimos desde la casa del Señor;
el Señor es Dios, él nos ilumina. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (7,21.24-27):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo. El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente que edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca. El que escucha estas palabras mías y no las pone en práctica se parece a aquel hombre necio que edificó su casa sobre arena. Cayó la lluvia, se salieron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa, y se hundió totalmente.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 1ª semana de Adviento

Jueves, 4 de diciembre de 2014
DIOS, NUESTRA ROCA (Is 26,1-6; Mt 7,21.24-27)

Introducción

Primera Lectura. La Primera Lectura procede de un encarte en el libro de Isaías, que seguramente fue escrito en un período posterior. Habla del juicio de Dios y de la victoria de Dios sobre las “ciudades del pecado”. Pero Jerusalén, comunidad de Dios, ciudad de Dios, permanecerá. Los que son fieles a Dios pueden fiarse de él. Él es fiel y sólido como una roca.
Evangelio. Los que aceptan el llamado retador de las palabras de Jesús, viviendo como discípulos, están edificando sobre roca. Esto se realiza tanto en el discípulo individual, como en la comunidad de la Iglesia.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Para los que confían en ti
y viven el evangelio de tu Hijo
tú eres una roca sólida, segura y fiable.
Que nuestra fe no se tambalee
en las tormentas y tensiones de nuestro tiempo,
antes bien, danos el valor de vivir,
de un modo coherente y radical, según creemos,
para que como Jesús cumplamos tu voluntad
y vivamos en tu amor
ahora y por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que la gente encuentre en la fe y el amor de nuestras comunidades cristianas el apoyo necesario para ser fieles a Dios y entregados solidariamente los unos a los otros, roguemos al Señor.
Para que los que sufren sigan poniendo su confianza en Dios y encuentren fortaleza en Cristo crucificado, roguemos al Señor.
Para que nosotros aprendamos a confiar y a fiarnos los unos de los otros como hermanos en Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Acepta este pan y este cáliz
como signos de que, con tu Hijo,
deseamos fiarnos de ti y contar siempre contigo.
Danos el Espíritu de tu mismo Hijo,
para que no seamos arrastrados
por cualquier novedad o moda pasajera.
Guarda, profundamente arraigadas en ti,
nuestra fe, confianza y esperanza,
y ayúdanos a vivir en consecuencia
movidos siempre por tu amor;
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Gracias por hablarnos con las palabras y obras de tu Hijo,
y por fortalecernos con su cuerpo y con su sangre.
Danos la sabiduría de una fe tranquila y sólida
que nos haga vivir coherentemente como creemos
y que nos mueva a apoyarnos y ayudarnos unos a otros
mientras caminamos juntos hacia ti.
Y que podamos dar un poco de solidez y certeza
a los que, entre nosotros, vacilan y buscan sinceramente.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Construyamos nuestra casa sobre roca. Edifiquemos nuestra vida sobre el Señor y su Evangelio, y nunca nos sentiremos decepcionados, ya que Dios nos ama y está con nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del Jueves 4 de diciembre de 2014

Comentario: Abbé Jean-Charles TISSOT (Freiburg, Suiza)
No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos

Hoy, el Señor pronuncia estas palabras al final de su "sermón de la montaña" en el cual da un sentido nuevo y más profundo a los Mandamientos del Antiguo Testamento, las "palabras" de Dios a los hombres. Se expresa como Hijo de Dios, y como tal nos pide recibir lo que yo os digo, como palabras de suma importancia: palabras de vida eterna que deben ser puestas en práctica, y no sólo para ser escuchadas —con riesgo de olvidarlas o de contentarse con admirarlas o admirar a su autor— pero sin implicación personal.

«Edificar en la arena una casa» (cf. Mt 7,26) es una imagen para describir un comportamiento insensato, que no lleva a ningún resultado y acaba en el fracaso de una vida, después de un esfuerzo largo y penoso para construir algo. "Bene curris, sed extra viam", decía san Agustín: corres bien, pero fuera del trayecto homologado, podemos traducir. ¡Qué pena llegar sólo hasta ahí: el momento de la prueba, de las tempestades y de las crecidas que necesariamente contiene nuestra vida!

El Señor quiere enseñarnos a poner un fundamento sólido, cuyo cimiento proviene del esfuerzo por poner en práctica sus enseñanzas, viviéndolas cada día en medio de los pequeños problemas que Él tratará de dirigir. Nuestras resoluciones diarias de vivir la enseñanza del Cristo deben así acabar en resultados concretos, a falta de ser definitivos, pero de los cuales podamos obtener alegría y agradecimiento en el momento del examen de nuestra conciencia, por la noche. La alegría de haber obtenido una pequeña victoria sobre nosotros mismos es un entrenamiento para otras batallas, y la fuerza no nos faltará —con la gracia de Dios— para perseverar hasta el fin.

Comentario: + Rev. D. Antoni ORIOL i Tataret (Vic, Barcelona, España)
Entrará en el Reino de los cielos (...) el que haga la voluntad de mi Padre celestial

Hoy, la palabra evangélica nos invita a meditar con seriedad sobre la infinita distancia que hay entre el mero “escuchar-invocar” y el “hacer” cuando se trata del mensaje y de la persona de Jesús. Y decimos “mero” porque no podemos olvidar que hay modos de escuchar y de invocar que no comportan el hacer. En efecto, todos los que —habiendo escuchado el anuncio evangélico— creen, no quedarán confundidos; y todos los que, habiendo creído, invocan el nombre del Señor, se salvarán: lo enseña san Pablo en la carta a los Romanos (cf. Ro 10,9-13). Se trata, en este caso, de los que creen con auténtica fe, aquella que «obra mediante la caridad», como escribe también el Apóstol.

Pero es un hecho que muchos creen y no hacen. La carta de Santiago Apóstol lo denuncia de una manera impresionante: «Sed, pues, ejecutores de la palabra y no os conforméis con oírla solamente, engañándoos a vosotros mismos» (Stg 1,22); «la fe, si no tiene obras, está verdaderamente muerta» (Stg 2,17); «como el cuerpo sin alma está muerto, así también la fe sin obras está muerte» (Stg 2,26). Es lo que rechaza, también inolvidablemente, san Mateo cuando afirma: «No todo el que me diga: ‘Señor, Señor’, entrará en el Reino de los cielos, sino el que haga la voluntad de mi Padre celestial» (Mt 7,21).

Es necesario, por tanto, escuchar y cumplir; es así como construimos sobre roca y no encima de la arena. ¿Cómo cumplir? Preguntémonos: ¿Dios y el prójimo me llegan a la cabeza —soy creyente por convicción?; en cuanto al bolsillo, ¿comparto mis bienes con criterio de solidaridad?; en lo que se refiere a la cultura, ¿contribuyo a consolidar los valores humanos en mi país?; en el aumento del bien, ¿huyo del pecado de omisión?; en la conducta apostólica, ¿busco la salvación eterna de los que me rodean? En una palabra: ¿soy una persona sensata que, con hechos, edifico la casa de mi vida sobre la roca de Cristo?
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