GRACIAS A TU DONACION ESTA PAGINA PODRA SEGUIR FUNCIONANDO
Comentarios de Puntadas católicas
COMPARTE ESTA ENTRADA





SIGUENOS
Síguenos en TwitterSiguenos en FacebookSiguenos en Google+Siguenos en PicasaSiguenos en YouTubeSiguenos en BloggerSiguenos en Blogger


Más en mi youtube

MANUALIDADES-SANTOS-etc
ADOPCION ESPIRITUAL

CAMPAÑA DE ORACION POR LA PAZ
La cruz de Cristo sufriente de cada víctima inocente. Cubierta con rosas de oración por el perdón , por la reconciliación y la conversión

VELA DEL CANCER
Ora por los que padecen éste mal


Blogueros con el Papa

Lecturas y Liturgia del 4 de Enero de 2015

Lecturas del Domingo 2º después de Navidad

MISA DEL DIA     http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA

Domingo, 4 de enero de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Eclesiástico (24,1-2.8-12):



La sabiduría se alaba a sí misma, se gloría en medio de su pueblo, abre la boca en la asamblea del Altísimo y se gloría delante de sus Potestades. En medio de su pueblo será ensalzada, y admirada en la congregación plena de los santos; recibirá alabanzas de la muchedumbre de los escogidos y será bendita entre los benditos. El Creador del universo me ordenó, el Creador estableció mi morada: «Habita en Jacob, sea Israel tu heredad.» Desde el principio, antes de los siglos, me creó, y no cesaré jamás. En la santa morada, en su presencia, ofrecí culto y en Sión me establecí; en la ciudad escogida me hizo descansar, en Jerusalén reside mi poder. Eché raíces entre un pueblo glorioso, en la porción del Señor, en su heredad, y resido en la congregación plena de los santos.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 147,12-13.14-15.19-20


R/. La Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros

Glorifica al Señor, Jerusalén;
alaba a tu Dios, Sión:
que ha reforzado los cerrojos de tus puertas,
y ha bendecido a tus hijos dentro de ti. R/.

Ha puesto paz en tus fronteras,
te sacia con flor de harina.
Él envía su mensaje a la tierra,
y su palabra corre veloz. R/.

Anuncia su palabra a Jacob,
sus decretos y mandatos a Israel;
con ninguna nación obró así,
ni les dio a conocer sus mandatos. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Efesios (1,3-6.15-18):



Bendito sea Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos ha bendecido en la persona de Cristo con toda clase de bienes espirituales y celestiales. Él nos eligió en la persona de Cristo, antes de crear el mundo, para que fuésemos santos e irreprochables ante él por el amor.

Él nos ha destinado en la persona de Cristo, por pura iniciativa suya, a ser sus hijos, para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido Hijo, redunde en alabanza suya. Por eso yo, que he oído hablar de vuestra fe en el Señor Jesús y de vuestro amor a todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, recordándoos en mi oración, a fin de que el Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, os dé espíritu de sabiduría y revelación para conocerlo. Ilumine los ojos de vuestro corazón, para que comprendáis cuál es la esperanza a la que os llama, cuál la riqueza de gloria que da en herencia a los santos.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (1,1-18), del domingo, 4 de enero de 2015

0
Lectura del santo evangelio según san Juan (1,1-18):

En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios. La Palabra en el principio estaba junto a Dios. Por medio de la Palabra se hizo todo, y sin ella no se hizo nada de lo que se ha hecho. En la Palabra había vida, y la vida era la luz de los hombres. La luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no la recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que por él todos vinieran a la fe. No era él la luz, sino testigo de la luz. La Palabra era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre. Al mundo vino, y en el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de ella, y el mundo no la conoció. Vino a su casa, y los suyos no la recibieron. Pero a cuantos la recibieron, les da poder para ser hijos de Dios, si creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de amor carnal, ni de amor humano, sino de Dios. Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria propia del Hijo único del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Este es de quien dije: “El que viene detrás de mí pasa delante de mí, porque existía antes que yo.”»
Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad vinieron por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios Hijo único, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado ha conocer.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 2º después de Navidad

Domingo, 4 de enero de 2015
NACIDO DE DIOS (1 Jn 2,29 – 3,6; Jn 1,29-34)

Introducción

El mensaje de hoy habla, en dos sentidos diferentes, de ser hijos e hijas de Dios. En primer lugar está Cristo, el Hijo único de Dios, entendido en un sentido más profundo que cuando decimos que somos amados por Dios. En la Primera Lectura Juan lo reconoce como el Hijo propio de Dios, con una personalidad humana y divina. Es enviado por el Padre para estar en medio del pueblo como quien nos va a salvar por su sufrimiento, como cordero degollado, como Siervo Sufriente.
Por causa de él nacemos nosotros de Dios, somos también hijos e hijas de Dios, como Juan nos dice en su carta. Aunque nuestra existencia pueda parecer banal, existe esta asombrosa verdad: somos hijos de Dios. Esto no es meramente una bonita palabra: Es una profunda realidad. Esta dignidad nos confiere la responsabilidad de crecer, de abandonar el pecado, de madurar hasta la plena personalidad de Cristo, porque esto es lo que se supone que hacen los hijos.

Oración Colecta
Señor Dios, Padre de Jesucristo:
Por medio de tu único Hijo
tú nos has hecho a nosotros también
hijos e hijas tuyos,
que nacen de ti y viven tu vida.
Ayúdanos a cumplir siempre tu voluntad
y a crecer en tu amor
hacia aquella libertad y madurez
a la que nos has llamado
en Jesucristo, Hijo tuyo y Señor nuestro,
que vive y reina contigo
en la unidad del Espíritu Santo,
y es Dios por los siglos de los siglos.

Intenciones

- Para que haya cada vez más hombres y mujeres, alrededor del mundo, que sepan que son hijos de Dios, de un Dios que les ama tiernamente como aman un padre y una madre, roguemos al Señor.

- Para que, aunque seamos diferentes de tantas maneras, lleguemos a aceptarnos, apreciarnos y amarnos unos a otros como hermanos, roguemos al Señor.

- Para que Dios nos cree de nuevo cada día a imagen de su Hijo y nos ayude a crecer cada vez más a semejanza de Jesús, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre nuestro:
Estos dones de pan y vino,
que proceden de tu generosa mano,
son también fruto de nuestro trabajo.
Te los presentamos como ofrenda,
como señales de nuestra buena voluntad
para continuar la lucha
contra las fuerzas del mal,
en nosotros y alrededor nuestro.
En las tormentas y pruebas de la vida
ayúdanos a vencer al pecado,
para que nos puedas revelar la gloria
que has preparado para nosotros
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios y Padre nuestro:
Tú has visitado a tus hijos e hijas
por medio de nuestro hermano Jesucristo.
Ayúdanos a vivir juntos
como una comunidad de amistad,
mutua participación y paz,
para que así demos testimonio
de que tú eres nuestro Dios
y de que nosotros somos tu pueblo,
por medio de Jesucristo,
nuestro hermano mayor y nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡Hijos de Dios: eso es lo que realmente somos! Que el pensamiento de esta realidad nos colme con un sentido de admiración, gratitud y confiada seguridad.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo, descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.




Comentario al Evangelio del domingo 4 de enero de 2015

CATEQUESIS DE JUAN PABLO II

1. El espléndido himno de «bendición», con el que inicia la carta a los Efesios y que se proclama todos los lunes en la liturgia de Vísperas, será objeto de una serie de meditaciones a lo largo de nuestro itinerario. Por ahora nos limitamos a una mirada de conjunto a este texto solemne y bien estructurado, casi como una majestuosa construcción, destinada a exaltar la admirable obra de Dios, realizada a nuestro favor en Cristo.

Se comienza con un «antes» que precede al tiempo y a la creación: es la eternidad divina, en la que ya se pone en marcha un proyecto que nos supera, una «pre-destinación», es decir, el plan amoroso y gratuito de un destino de salvación y de gloria.

2. En este proyecto trascendente, que abarca la creación y la redención, el cosmos y la historia humana, Dios se propuso de antemano, «según el beneplácito de su voluntad», «recapitular en Cristo todas las cosas», es decir, restablecer en él el orden y el sentido profundo de todas las realidades, tanto las del cielo como las de la tierra (cf. Ef 1,10). Ciertamente, él es «cabeza de la Iglesia, que es su cuerpo» (Ef 1,22-23), pero también es el principio vital de referencia del universo.

Por tanto, el señorío de Cristo se extiende tanto al cosmos como al horizonte más específico que es la Iglesia. Cristo desempeña una función de «plenitud», de forma que en él se revela el «misterio» (Ef 1,9) oculto desde los siglos y toda la realidad realiza -en su orden específico y en su grado- el plan concebido por el Padre desde toda la eternidad.

3. Como veremos más tarde, esta especie de salmo neotestamentario centra su atención sobre todo en la historia de la salvación, que es expresión y signo vivo de la «benevolencia» (Ef 1,9), del «beneplácito» (Ef 1,6) y del amor divino.

He aquí, entonces, la exaltación de la «redención por su sangre» derramada en la cruz, «el perdón de los pecados», la abundante efusión «de la riqueza de su gracia» (Ef 1,7). He aquí la filiación divina del cristiano (cf. Ef 1,5) y el «conocimiento del misterio de la voluntad» de Dios (Ef 1,9), mediante la cual se entra en lo íntimo de la misma vida trinitaria.

4. Después de esta mirada de conjunto al himno con el que comienza la carta a los Efesios, escuchemos ahora a san Juan Crisóstomo, maestro y orador extraordinario, fino intérprete de la sagrada Escritura, que vivió en el siglo IV y fue también obispo de Constantinopla, en medio de dificultades de todo tipo, y sometido incluso a la experiencia de un doble destierro.

En su Primera homilía sobre la carta a los Efesios, comentando este cántico, reflexiona con gratitud en la «bendición» con que hemos sido bendecidos «en Cristo»: «¿Qué te falta? Eres inmortal, eres libre, eres hijo, eres justo, eres hermano, eres coheredero, con él reinas, con él eres glorificado. Te ha sido dado todo y, como está escrito, "¿cómo no nos dará con él graciosamente todas las cosas?" (Rm 8,32). Tu primicia (cf. 1 Co 15,20.23) es adorada por los ángeles, por los querubines y por los serafines. Entonces, ¿qué te falta?» (PG 62, 11).

Dios hizo todo esto por nosotros -prosigue el Crisóstomo- «según el beneplácito de su voluntad». ¿Qué significa esto? Significa que Dios desea apasionadamente y anhela ardientemente nuestra salvación. «Y ¿por qué nos ama de este modo? ¿Por qué motivo nos quiere tanto? Únicamente por bondad, pues la "gracia" es propia de la bondad» (ib., 13).

Precisamente por esto -concluye el antiguo Padre de la Iglesia-, san Pablo afirma que todo se realizó «para que la gloria de su gracia, que tan generosamente nos ha concedido en su querido hijo, redunde en alabanza suya». En efecto, Dios «no sólo nos ha liberado de nuestros pecados, sino que también nos ha hecho amables...: ha adornado nuestra alma y la ha vuelto bella, deseable y amable». Y cuando san Pablo declara que Dios lo ha hecho por la sangre de su Hijo, san Juan Crisóstomo exclama: «No hay nada más grande que todo esto: que la sangre de Dios haya sido derramada por nosotros. Más grande que la filiación adoptiva y que los demás dones es que no haya perdonado ni a su propio Hijo (cf. Rm 8,32). En efecto, es grande que nos hayan sido perdonados nuestros pecados, pero más grande aún es que eso se haya realizado por la sangre del Señor» (ib., 14).

[Audiencia general del Miércoles 18 de febrero de 2004]
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
loading...
TRANSLATE


EnglishcvFrenchGermanSpainItalianDutchRussianPortugueseJapaneseKoreanArabicChinese Simplified