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Lecturas y Liturgia del 1 de Febrero de 2015

Lecturas del Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DE HOY    http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_35.mp3


Domingo, 1 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura del Deuteronomio (18,15-20):

Moisés habló al pueblo, diciendo: «Un profeta, de entre los tuyos, de entre tus hermanos, como yo, te suscitará el Señor, tu Dios. A él lo escucharéis. Es lo que pediste al Señor, tu Dios, en el Horeb, el día de la asamblea: "No quiero volver a escuchar la voz del Señor, mi Dios, ni quiero ver más ese terrible incendio; no quiero morir." El Señor me respondió: "Tienen razón; suscitaré un profeta de entre sus hermanos, como tú. Pondré mis palabras en su boca, y les dirá lo que yo le mande. A quien no escuche las palabras que pronuncie en mi nombre, yo le pediré cuentas. Y el profeta que tenga la arrogancia de decir en mi nombre lo que yo no le haya mandado, o hable en nombre de dioses extranjeros, ese profeta morirá”.»

Palabra de Dios



Salmo
Sal 94,1.2.6-7.8-9

R/. Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor:
«No endurezcáis vuestro corazón»

Venid, aclamemos al Señor,
demos vítores a la Roca que nos salva;
entremos a su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos. R/.

Entrad, postrémonos por tierra,
bendiciendo al Señor, creador nuestro.
Porque él es nuestro Dios, y nosotros su pueblo,
el rebaño que él guía. R/.

Ojalá escuchéis hoy su voz:
«No endurezcáis el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto;
cuando vuestros padres me pusieron a prueba
y me tentaron, aunque habían visto mis obras.» R/.
Segunda lectura
Lectura de la primera carta de san Pablo a los Corintios (7,32-35):

Quiero que os ahorréis preocupaciones: el soltero se preocupa de los asuntos del Señor, buscando contentar al Señor; en cambio, el casado se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su mujer, y anda dividido. Lo mismo, la mujer sin marido y la soltera se preocupan de los asuntos del Señor, consagrándose a ellos en cuerpo y alma; en cambio, la casada se preocupa de los asuntos del mundo, buscando contentar a su marido. Os digo todo esto para vuestro bien, no para poneros una trampa, sino para induciros a una cosa noble y al trato con el Señor sin preocupaciones.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (1,21-28), del domingo, 1 de febrero de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,21-28):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos entraron en Cafarnaún, y cuando el sábado siguiente fue a la sinagoga a enseñar, se quedaron asombrados de su doctrina, porque no enseñaba como los escribas, sino con autoridad.
Estaba precisamente en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo, y se puso a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido a acabar con nosotros? Sé quién eres: el Santo de Dios.»
Jesús lo increpó: «Cállate y sal de él.»
El espíritu inmundo lo retorció y, dando un grito muy fuerte, salió. Todos se preguntaron estupefactos: «¿Qué es esto? Este enseñar con autoridad es nuevo. Hasta a los espíritus inmundos les manda y le obedecen.»
Su fama se extendió en seguida por todas partes, alcanzando la comarca entera de Galilea.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 1 de febrero de 2015
Palabras y Manos Sanadoras de Jesús

Saludo
Jesús proclamó a la gente
la Buena Nueva de sanación y de vida.
Esta misma Buena Nueva nos la proclama a nosotros
aquí en esta asamblea eucarística.
Que sus palabras muevan nuestros corazones
y nos traigan curación y vida.
Que Jesús, el Señor, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Los enfermos sienten muy profundamente cómo la enfermedad los incapacita. Hay cosas que quieren hacer, pero no pueden; es como si no fueran cabalmente humanos.
Percibimos esto con mayor fuerza en las personas mentalmente discapacitadas. --- Hoy vemos a Jesús obrando con su poder de curación. No es que cure a todos los enfermos, pero muestra que Dios quiere que las personas sean íntegras y sanas -eso es lo que significa "curar"-. Jesús quiere que lleguemos a ser como él, es decir, personas plenamente humanas, buenas e íntegras, no sólo físicamente, sino en todos los sentidos, porque es entonces cuando honramos plenamente a Dios, hechos a su imagen y semejanza. Pidamos a Jesús en esta eucaristía que nos haga íntegros y sanos.


Acto Penitencial
El pecado es, con demasiada frecuencia,
la enfermedad de nuestro corazón.
Pedimos al Señor que nos cure de todo pecado.
(Pausa)
Señor Jesús, tú viniste para curarnos y para devolvernos la vida:
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, primer nacido de entre los muertos, tú nos has hecho hijos e hijas del Dios vivo:
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú te hiciste uno de nosotros de forma que pudiéramos ver en ti la perfecta imagen del Padre:
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Ten misericordia de nosotros, Señor, y pronuncia solamente la palabra por la que nos cures del pecado, y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos a Dios que nos traiga curación y salvación.
(Pausa)
Oh Dios, todo-amoroso y fiel:
En tu Hijo Jesucristo nos mostraste
lo que significa ser cabalmente humanos
y viste con agrado que trajera a todos los que le reciben
la curación del perdón y la vida.
Que él nos toque con su mano salvadora,
que nos dirija su palabra restauradora,
para que nos haga íntegros y libres
y para que con él luchemos contra todo mal
y te sirvamos a ti, nuestro Dios vivo,
y a los hermanos que nos has confiado.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Primera Lectura (Dt 18,15-20): El Verdadero Profeta Es Voz de Dios
Los profetas del pueblo de Dios eran -y todavía son hoy- la voz de Dios. Ellos interpretan su voluntad con autoridad y dirigen al pueblo hacia el futuro de Dios.

Segunda Lectura (1 Cor 7,3-35): Libres para el Señor
Todos estamos llamados a la santidad. Pablo subraya las ventajas del carisma del celibato: los que no se casan están libres para dedicarse al Señor y sus asuntos.

Evangelio (Mc 1,21-28): Jesús Enseñaba con Autoridad
Jesús podía enseñar con autoridad como nadie, ya que era la Palabra viva de Dios, Hijo mismo de Dios. Por el poder de su palabra, solamente, venció al poder del mal.

Oración de los Fieles
Oremos a Dios nuestro Padre que nos otorga curación y salvación. Y digámosle:
R/. Señor, pronuncia tu palabra que nos cure.
Para que en la Iglesia llevemos unos a otros la curación del perdón y la compasión, roguemos al Señor.
Para que todos los enfermos sigan esperando que sanarán y que, al menos, sepan llevar su sufrimiento con paciencia y fortaleza, roguemos al Señor.
Para que todos los que sufren en temprana edad experimenten el amor y la atención de las personas que se preocupan por ellos, roguemos al Señor.
Para que reservemos espacio y preocupación por los mentalmente discapacitados y para que les reservemos un lugar especial en nuestro corazón, roguemos al Señor.
Para que los confinados en hospitales y clínicas reciban mucha atención, llena de humanidad y de amor, y que reciban la visita periódica y constante de sus seres queridos, roguemos al Señor.
Para que en nuestras comunidades nos atrevamos a aliviar los sufrimientos de nuestros hermanos y aprendamos a compartir unos con otros nuestro dolor, roguemos al Señor.
Oh Dios compasivo, sabemos que nos amas en la enfermedad y en la salud. Permanece siempre con nosotros y ayúdanos a cuidarnos los unos de los otros, en Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Ofertorio
Oh Dios y Padre nuestro:
Al presentarte estos dones de pan y vino,
esperamos que tu Hijo nos hable en tu nombre.
Por medio de él acepta nuestro silencio
y nuestros exiguos esfuerzos
para dar forma a tu palabra
en el lenguaje de nuestras vidas.
Que esta ofrenda te sea agradable,
por Jesucristo nuestro Señor.


Introducción a la Plegaria Eucarística
Demos sinceras gracias al Padre, por habernos dado a Jesús, que murió y resucitó de entre los muertos para liberarnos de todo mal.


Introducción al Padrenuestro
Oremos a Dios nuestro Padre con las palabras de la oración del mismo Jesús, que puede dar voz a todas nuestras peticiones no expresadas:
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males y concédenos la paz en nuestros días.
Por tu misericordia, guárdanos de ser sordos a las palabras que nos diriges.
Que su sonido nos convierta y nos inspire para preparar con alegría y esperanza la gloriosa venida de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
que proclamó un mensaje de Buena Nueva de salvación
con poder y autoridad.
Dichosos nosotros de escuchar su invitación
y de recibir de él
nuestro pan de fuerza y curación.
R/. Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
En esta asamblea eucarística
nos has reunido más íntimamente
por tu palabra poderosa
y por el banquete festivo de la eucaristía.
Cuando volvemos a nuestra vida diaria,
sigue proclamándonos tu mensaje liberador
incluso en los acontecimientos corrientes de nuestra vida
y en la amistad de nuestros hermanos y hermanas.
Abre nuestros oídos y corazones
a tu lenguaje, siempre nuevo,
que nos conduzca a ti
por el poder de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Sabemos muy bien, por experiencia de vida, qué poderosas pueden ser las palabras.
En su matrimonio, el esposo y la esposa aceptan mutuamente su Sí al amor y también comparten amor, el uno con el otro, no solo para un momento sino para toda la vida.
Cristo nos ha proclamado su palabra aquí. Ha sido una palabra de confianza y amor, y no puede dejarnos indiferentes. Cristo nos obliga a tomar una decisión: o rechazarle a él y a su palabra o entregarnos a él y a su mensaje.
Que ojalá aceptemos su evangelio con entusiasmo.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario del Domingo 4º del Tiempo Ordinario - Ciclo B


Comentario: Rev. D. Jordi CASTELLET i Sala (Sant Hipòlit de Voltregà, Barcelona, España)
¡Una doctrina nueva, expuesta con autoridad!

Hoy, Cristo nos dirige su enérgico grito, sin dudas y con autoridad: «Cállate y sal de él» (Mc 1,25). Lo dice a los espíritus malignos que viven en nosotros y que no nos dejan ser libres, tal y como Dios nos ha creado y deseado.

Si te has fijado, los fundadores de las órdenes religiosas, la primera norma que ponen cuando establecen la vida comunitaria, es la del silencio: en una casa donde se tenga que rezar, ha de reinar el silencio y la contemplación. Como reza el adagio: «El bien no hace ruido; el ruido no hace bien». Por esto, Cristo ordena a aquel espíritu maligno que calle, porque su obligación es rendirse ante quien es la Palabra, que «se hizo carne, y puso su morada entre nosotros» (Jn 1,14).

Pero es cierto que con la admiración que sentimos ante el Señor, se puede mezclar también un sentimiento de suficiencia, de tal manera que lleguemos a pensar tal como san Agustín decía en las propias confesiones: «Señor, hazme casto, pero todavía no». Y es que la tentación es la de dejar para más tarde la propia conversión, porque ahora no encaja con los propios planes personales.

La llamada al seguimiento radical de Jesucristo, es para el aquí y ahora, para hacer posible su Reino, que se abre paso con dificultad entre nosotros. Él conoce nuestra tibieza, sabe que no nos gastamos decididamente en la opción por el Evangelio, sino que queremos contemporizar, ir tirando, ir viviendo, sin estridencias y sin prisa.

El mal no puede convivir con el bien. La vida santa no permite el pecado. «Nadie puede servir a dos señores; porque aborrecerá a uno y amará al otro» (Mt 6,24), dice Jesucristo. Refugiémonos en el árbol santo de la Cruz y que su sombra se proyecte sobre nuestra vida, y dejemos que sea Él quien nos conforte, nos haga entender el porqué de nuestra existencia y nos conceda una vida digna de Hijos de Dios.
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