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Lecturas y Liturgia del 27 de Enero de 2015

Lecturas del Martes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DE HOY  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_26.mp3

Martes, 27 de enero de 2015
Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (10,1-10):


La Ley, que presenta sólo una sombra de los bienes definitivos y no la imagen auténtica de la realidad, siempre, con los mismos sacrificios, año tras año, no puede nunca hacer perfectos a los que se acercan a ofrecerlos. Si no fuera así, habrían dejado de ofrecerse, porque los ministros del culto, purificados una vez, no tendrían ya ningún pecado sobre su conciencia. Pero en estos mismos sacrificios se recuerdan los pecados año tras año. Porque es imposible que la sangre de los toros y de los machos cabríos quite las pecados. Por eso, cuando Cristo entró en el mundo dijo: «Tú no quiere sacrificios ni ofrendas, pero me has preparado un cuerpo; no aceptas holocaustos ni víctimas expiatorias. Entonces yo dije lo que está escrito en el libro: "Aquí estoy, oh Dios, para hacer tu voluntad."» Primero dice: No quieres ni aceptas sacrificios ni ofrendas, holocaustos ni víctimas expiatorias, que se ofrecen según la ley. Después añade: Aquí estoy yo para hacer tu voluntad. Niega lo primero, para afirmar lo segundo. Y conforme a esa voluntad todos quedamos santificados por la oblación de cuerpo de Jesucristo, hecha una vez para siempre.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 39,2.4ab.7-8a.10.11


R/. Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad

Yo esperaba con ansia al Señor;
Él se inclinó y escuchó mi grito;
me puso en la boca un cántico nuevo,
un himno a nuestro Dios. R/.

Tú no quieres sacrificios ni ofrendas,
y, en cambio, me abriste el oído;
no pides sacrificio expiatorio,
entonces yo digo: Aquí estoy. R/.

He proclamado tu salvación
ante la gran asamblea;
no he cerrado los labios:
Señor, tú lo sabes. R/.

No me he guardado en el pecho tu defensa,
he contado tu fidelidad y tu salvación,
no he negado tu misericordia
y tu lealtad ante la gran asamblea. R/.

EvangelioLectura del santo evangelio según san Marcos (3,31-35):

En aquel tiempo, llegaron la madre y los hermanos de Jesús y desde fuera lo mandaron llamar. La gente que tenía sentada alrededor le dijo: «Mira, tu madre y tus hermanos están fuera y te buscan.»
Les contestó: «¿Quienes son mi madre y mis hermanos?»
Y, paseando la mirada por el corro, dijo: «Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ése es mi hermano y mi hermana y mi madre.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 3ª semana del Tiempo Ordinario

Martes, 27 de enero de 2015
VERDADERO REINADO CON JESÚS
(Año I. Heb 10,1-10; Mc 3,31-35)

Introducción
Año I. “Mira, oh Dios, he venido para hacer tu voluntad”. La Ley antigua no era capaz de salvar a la gente. Podía solo señalar dónde y cuándo se cometía pecado, pero no lo perdonaba. Por eso los sacrificios tenían que repetirse. El sacrificio que realmente perdonó el pecado fue el de Cristo, porque fue ofrenda y oblación personal de sí mismo, y así tocó el corazón de Dios. – Caigamos en la cuenta cómo este año la primera lectura y el evangelio ofrecen el mismo mensaje.
Evangelio. Jesús nos asegura que lo que nos acerca a Dios y nos hace sus parientes y familiares es el hacer la voluntad del Padre. Esto es lo que realmente importa, más que los lazos de sangre. Esta misión fue la médula misma y el significado profundo de la vida y de la muerte de Jesús. --- Roguemos al Señor que podamos participar ampliamente de su misma fidelidad.

 Oración Colecta
Oh Dios bondadoso, Padre de todos:
Tú nos conoces y nos quieres;
ocurra lo que nos ocurra,
estamos siempre en tus manos.
A donde quiera que nos lleves,
tú sabes bien a donde quieres que vayamos.
Te pedimos, Señor, fe y confianza.
Haz que tu voluntad sea nuestra,
para que pueda conducirnos a tu casa
bajo la guía de aquel
que siempre y en todo cumplió tu voluntad:
Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Para que estemos siempre cercanos a Jesús buscando con él, y con su madre María, la voluntad del Padre, roguemos al Señor.
Para que los sacerdotes, religiosos y misioneros sigan confiando en el Señor, que les llamó a pesar de su debilidad humana, y para que con Cristo se preocupen y cuiden especialmente de los pobres y débiles, roguemos al Señor.
Para que los desalentados y heridos por la vida no se sientan amargados, y para que puedan sacar fuerza y esperanza nuevas gracias a nuestra presencia amable y a nuestra amistad sincera, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios, Padre nuestro:
Este pan y este vino
quieren ser signos de que con Jesús, tu Hijo,
estamos dispuestos a buscar tu voluntad.
Permítenos participar en este banquete de la eucaristía
como hermanas y hermanos suyos,
y seguirle fielmente
en su camino de fidelidad hacia ti,
Dios nuestro, por los siglos de los siglos.


Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú nos has dado una tierra y un mundo
que tenemos que dominar y desarrollar
conforme a tus sabios planes.
Y tú quieres que unamos fuerzas
para la construcción del Cuerpo de Cristo.
Que ojalá sepamos hacerlo así
con la fuerza de Jesús mismo
y haz de esta Iglesia y de este mundo
una comunión de fe y esperanza,
de amor y paz,
como un signo claro y un camino seguro
hacia tu alegría y felicidad
que durarán por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos y hermanas de Jesús… ¿En qué medida estamos unidos a él y somos como él? Rezamos con mucha frecuencia el Padre Nuestro y allí le pedimos que su voluntad se haga en la tierra como en el cielo. Esto es lo que pedimos, y esto es precisamente a lo que nos tenemos que comprometer.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del  27 de enero de 2015

Comentario: + Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué (Manresa, Barcelona, España)
Convertíos y creed en la Buena Nueva

Hoy, la Iglesia nos invita a convertinos y, con Jesús, nos dice: «Convertíos y creed en la Buena Nueva» (Mc 1,15). Por tanto, habrá que hacer caso a Jesucristo, corrigiendo y mejorando lo que sea necesario.

Toda acción humana conecta con el designio eterno de Dios sobre nosotros y con la vocación a escuchar a Jesús, seguirlo en todo y para todo, y proclamarlo tal como lo hicieron los primeros discípulos, tal como lo han hecho y procuramos hacerlo millones de personas.

Ahora es la oportunidad de encontrar a Dios en Jesucristo; ahora es el momento de nuestra vida que empalma con la eternidad feliz o desgraciada; ahora es el tiempo que Dios nos proporciona para encontrarnos con Él, vivir como hijos suyos y hacer que los acontecimientos cotidianos tengan la carga divina que Jesucristo —con su vida en el tiempo— les ha impreso.

¡No podemos dejar perder la oportunidad presente!: esta vida más o menos larga en el tiempo, pero siempre corta, pues «la apariencia de este mundo pasa» (1Cor 7,31). Después, una eternidad con Dios y con sus fieles en vida y felicidad plenas, o lejos de Dios —con los infieles— en vida e infelicidad totales.

Así, pues, las horas, los días, los meses y los años, no son para malgastarlos, ni para aposentarse y pasarlos sin pena ni gloria con un estéril “ir tirando”. Son para vivir —aquí y ahora— lo que Jesús ha proclamado en el Evangelio salvador: vivir en Dios, amándolo todo y a todos. Y, así, los que han amado —María, Madre de Dios y Madre nuestra; los santos; los que han sido fieles hasta el fin de la vida terrenal— han podido escuchar: «Muy bien, siervo bueno y fiel (...): entra en la alegría de tu señor» (Mt 25,23).

¡Convirtámonos! ¡Vale la pena!: amaremos, y seremos felices desde ahora.
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