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Lecturas y Liturgia del 3 de Febrero de 2015

Lecturas del Martes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario


MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DE HOY     http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_38.mp3

Martes, 3 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (12,1-4):


Una nube ingente de testigos nos rodea: por tanto, quitémonos lo que nos estorba y el pecado que nos ata, y corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios. Recordad al que soportó la oposición de los pecadores, y no os canséis ni perdáis el ánimo. Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado.

Palabra de Dios



Salmo
Sal 21,26b-27.28.30.31-32


R/. Te alabarán, Señor, los que te buscan

Cumpliré mis votos delante de sus fieles.
Los desvalidos comerán hasta saciarse,
alabarán al Señor los que lo buscan:
viva su corazón por siempre. R/.

Lo recordarán y volverán al Señor
hasta de los confines del orbe;
en su presencia se postrarán
las familias de los pueblos.
Ante él se postrarán las cenizas de la tumba,
ante él se inclinarán los que bajan al polvo. R/.

Me hará vivir para él, mi descendencia le servirá,
hablarán del Señor a la generación futura,
contarán su justicia al pueblo que ha de nacer:
todo lo que hizo el Señor. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (5,21-43):


En aquel tiempo, Jesús atravesó de nuevo en barca a la otra orilla, se le reunió mucha gente a su alrededor, y se quedó junto al lago.
Se acercó un jefe de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, al verlo, se echó a sus pies, rogándole con insistencia: «Mi niña está en las últimas; ven, pon las manos sobre ella, para que se cure y viva.»
Jesús se fue con él, acompañado de mucha gente que lo apretujaba. Había una mujer que padecía flujos de sangre desde hacía doce años. Muchos médicos la habían sometido a toda clase de tratamientos, y se había gastado en eso toda su fortuna; pero, en vez de mejorar, se había puesto peor. Oyó hablar de Jesús y, acercándose por detrás, entre la gente, le tocó el manto, pensando que con sólo tocarle el vestido curaría. Inmediatamente se secó la fuente de sus hemorragias, y notó que su cuerpo estaba curado.
Jesús, notando que había salido fuerza de él, se volvió en seguida, en medio de la gente, preguntando: «¿Quién me ha tocado el manto?»
Los discípulos le contestaron: «Ves como te apretuja la gente y preguntas: "¿Quién me ha tocado?"»
Él seguía mirando alrededor, para ver quién había sido. La mujer se acercó asustada y temblorosa, al comprender lo que había pasado, se le echó a los pies y le confesó todo.
Él le dijo: «Hija, tu fe te ha curado. Vete en paz y con salud.»
Todavía estaba hablando, cuando llegaron de casa del jefe de la sinagoga para decirle: «Tu hija se ha muerto. ¿Para qué molestar más al maestro?»
Jesús alcanzó a oír lo que hablaban y le dijo al jefe de la sinagoga: «No temas; basta que tengas fe.»
No permitió que lo acompañara nadie, más que Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago. Llegaron a casa del jefe de la sinagoga y encontró el alboroto de los que lloraban y se lamentaban a gritos.
Entró y les dijo: «¿Qué estrépito y qué lloros son éstos? La niña no está muerta, está dormida.»
Se reían de él. Pero él los echó fuera a todos y, con el padre y la madre de la niña y sus acompañantes, entró donde estaba la niña, la cogió de la mano y le dijo: «Talitha qumi» (que significa: «Contigo hablo, niña, levántate»).
La niña se puso en pie inmediatamente y echó a andar; tenía doce años. Y se quedaron viendo visiones. Les insistió en que nadie se enterase; y les dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario


Martes, 3 de febrero de 2015
SALIÓ PODER DE ÉL
(Año I. Heb 12,1-4; Mc 5,21-43)

Introducción
Año I. La carta a los Hebreos acaba en dos capítulos en los que pide a los lectores que perseveren, ya que sufren por su fe. Deberían mantenerse firmes en la fe y dejarse inspirar por los grandes creyentes que vivieron antes que ellos, y especialmente por Jesucristo.
Evangelio. El evangelio de hoy nos describe la resurrección de la hija de Jairo y la curación de la hemorroísa. Jesús utiliza su poder para hacer el bien y para dar a sus discípulos y al pueblo una lección objetiva sobre la fe. El de Jesús es un poder que da salud y vida. Cuando la mujer enferma toca a Jesús con una especie de fe mágica en su poder, él insiste en la fe; lo mismo hace, como una señal de su propia futura resurrección, cuando resucita a la hija de Jairo. ¿No habría de significar el poder también para nosotros una fuerza que alza y eleva, un poder de resurrección?

Oración Colecta
Oh Dios todopoderoso:
Con frecuencia sentimos hambre de poder
cuando no lo tenemos;
cuando lo poseemos,
pedimos y anhelamos más poder todavía;
y entonces no sabemos cómo usarlo correctamente.
Ayúdanos a aceptar siempre el poder
de nuestra influencia, nuestros talentos y cualidades,
como dones que vienen de tus manos
y a usarlos para el bien de otros,
para curar y perdonar,
para llevar a otros vida y para edificar,
como hizo Jesús, tu Hijo,
que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que la Iglesia continúe con genuina compasión el ministerio curativo de Jesús, para que los enfermos se sientan confortados, los oprimidos libres, y los pobres y débiles protegidos, roguemos al Señor.
Para que en este mundo hambriento de comida material y de valores espirituales, las Iglesias y las naciones prósperas compartan generosamente con los que tienen menos, roguemos al Señor.
Para que los médicos, enfermeros y enfermeras, y todos los que cuidan de los enfermos y discapacitados, tengan un gran respeto por la vida y en su tarea se inspiren en el amor de Cristo, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Llena estos dones de pan y vino que te presentamos
con el poder de tu Santo Espíritu,
para que sean para nosotros
pan y vino de resurrección y de vida
de Jesucristo tu Hijo.
Por medio de esta eucaristía
transfórmanos en hombres y mujeres
de esperanza y alegría,
que caminan juntos
siguiendo el mismo camino y estilo de vida
de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre todopoderoso:
Tú nos has dado el cuerpo y la sangre de tu Hijo
como una fuente de poder que da vida.
No permitas que la dejemos inactiva o improductiva,
sino ayúdanos a usarla como una gran fuerza
para levantar y animar a los que nos rodean
y para construir todos juntos un mundo mejor,
mundo de reconciliación, justicia y amor.
Que así la resurrección de Jesús
actúe ya ahora eficazmente entre nosotros,
hasta que nos resucites en el último día
por Jesucristo nuestro Señor.


Bendición
Hermanos: El evangelio de hoy afirma sobre Jesús: “Una fuerza especial había salido de él”. Era un poder que curó y que resucitó a una niña. Si nosotros tenemos poder, que sepamos emplearlo siempre para elevar y animar a los hermanos; nunca para menospreciarlos ni humillarlos.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario del Martes de la 4ª semana del Tiempo Ordinario

Comentario: Rev. D. Francesc PERARNAU i Cañellas (Girona, España)
Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad

Hoy el Evangelio nos presenta dos milagros de Jesús que nos hablan de la fe de dos personas bien distintas. Tanto Jairo —uno de los jefes de la sinagoga— como aquella mujer enferma muestran una gran fe: Jairo está seguro de que Jesús puede curar a su hija, mientras que aquella buena mujer confía en que un mínimo de contacto con la ropa de Jesús será suficiente para liberarla de una enfermedad muy grave. Y Jesús, porque son personas de fe, les concede el favor que habían ido a buscar.

La primera fue ella, aquella que pensaba que no era digna de que Jesús le dedicara tiempo, la que no se atrevía a molestar al Maestro ni a aquellos judíos tan influyentes. Sin hacer ruido, se acerca y, tocando la borla del manto de Jesús, “arranca” su curación y ella enseguida lo nota en su cuerpo. Pero Jesús, que sabe lo que ha pasado, no la quiere dejar marchar sin dirigirle unas palabras: «Hija, tu fe te ha salvado; vete en paz y queda curada de tu enfermedad» (Mc 5,34).

A Jairo, Jesús le pide una fe todavía más grande. Como ya Dios había hecho con Abraham en el Antiguo Testamento, pedirá una fe contra toda esperanza, la fe de las cosas imposibles. Le comunicaron a Jairo la terrible noticia de que su hijita acababa de morir. Nos podemos imaginar el gran dolor que le invadiría en aquel momento, y quizá la tentación de la desesperación. Y Jesús, que lo había oído, le dice: «No temas, solamente ten fe» (Mc 5,36). Y como aquellos patriarcas antiguos, creyendo contra toda esperanza, vio cómo Jesús devolvía la vida a su amada hija.

Dos grandes lecciones de fe para nosotros. Desde las páginas del Evangelio, Jairo y la mujer que sufría hemorragias, juntamente con tantos otros, nos hablan de la necesidad de tener una fe inconmovible. Podemos hacer nuestra aquella bonita exclamación evangélica: «Creo, Señor, ayuda mi incredulidad» (Mc 9,24).
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