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Lecturas y Liturgia del 11 de Febrero de 2015

Lecturas del Miércoles de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DELDIA   http://evangeli.net/evangelio/descarga-en-mp3/daily/es/IV_48.mp3

Miércoles, 11 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (2,4b-9.15-17):

Cuando el Señor Dios hizo tierra y cielo, no había aún matorrales en la tierra, ni brotaba hierba en el campo, porque el Señor Dios no había enviado lluvia sobre la tierra, ni había hombre que cultivase el campo. Sólo un manantial saltaba del suelo y regaba la superficie del campo. Entonces el Señor Dios modeló al hombre de arcilla del suelo, sopló en su nariz un aliento de vida, y el hombre se convirtió en ser vivo. El Señor Dios plantó un jardín en Edén, hacia oriente, y colocó en él al hombre que había modelado. El Señor Dios hizo brotar del suelo toda clase de árboles hermosos de ver y buenos de comer; además, el árbol de la vida, en mitad del jardín, y el árbol del conocimiento del bien y el mal. El Señor Dios tomó al hombre y lo colocó en el jardín de Edén, para que lo guardara y lo cultivara.
El Señor Dios dio este mandato al hombre: «Puedes comer de todos los árboles del jardín; pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comas; porque el día en que comas de él, tendrás que morir.»

Palabra de Dios


Salmo
Sal 103,1-2a.27-28.29be-30

R/. Bendice, alma mía, al Señor

Bendice, alma mía, al Señor,
¡Dios mío, qué grande eres!
Te vistes de belleza y majestad,
la luz te envuelve como un manto. R/.

Todos ellos aguardan
a que les eches comida a su tiempo:
se la echas, y la atrapan;
abres tu mano, y se sacian de bienes. R/.

Les retiras el aliento, y expiran,
y vuelven a ser polvo;
envías tu aliento, y los creas,
y repueblas la faz de la tierra. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,14-23):


En aquel tiempo, llamó. Jesús de nuevo a la gente y les dijo: «Escuchad y entended todos: Nada que entre de fuera puede hacer al hombre impuro; lo que sale de dentro es lo que hace impuro al hombre. El que tenga oídos para oír, que oiga.»
Cuando dejó a la gente y entró en casa, le pidieron sus discípulos que les explicara la parábola.
Él les dijo: «¿Tan torpes sois también vosotros? ¿No comprendéis? Nada que entre de fuera puede hacer impuro al hombre, porque no entra en el corazón, sino en el vientre, y se echa en la letrina.»
Con esto declaraba puros todos los alimentos.
Y siguió: «Lo que sale de dentro, eso sí mancha al hombre. Porque de dentro, del corazón del hombre, salen los malos propósitos, las fornicaciones, robos, homicidios, adulterios, codicias, injusticias, fraudes, desenfreno, envidia, difamación, orgullo, frivolidad. Todas esas maldades salen de dentro y hacen al hombre impuro.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Miércoles, 11 de febrero de 2015
CORAZONES PUROS Y SINCEROS (Gen 2,4b-9.15-17; Mc7,14-23)

Introducción
Después del poema de la creación de Gen 1, tenemos una segunda versión de la creación, especialmente del “Hombre Tierra” (Adán, extraído de “adamah”, tierra) en una historia realista. La persona humana respira con el mismo aliento de Dios, aliento que da vida (espíritu, “ruah”), al menos en el sentido de que el hombre o la mujer tienen que alentar al mismo ritmo que Dios. Así se coloca a la persona humana en un jardín real, el paraíso, para que lo cultive y lo haga fértil y productivo.
Evangelio. Divididos también estaban los corazones de los Fariseos, como señala Jesús en el evangelio; su actitud interior no correspondía a sus prácticas exteriores. --- La cuestión de lo “puro/impuro" fue muy importante para la Iglesia primitiva, ya que ésa era una de las más fuertes tradiciones de los judíos, y un punto de controversia entre ellos. De ahí que los cristianos procedentes del judaísmo se preguntaran si podrían sentarse a comer a la misma mesa con los no-judíos. Según San Marcos, a la luz de la creación que ve todos los alimentos como creados buenos y puros, en el reino son abolidas las regulaciones sobre el alimento.


Oración Colecta
Oh Padre bondadoso,
Dios de la Alianza siempre nueva:
Nos has vinculado a ti
con fuertes lazos de amor eterno;
las palabras que nos diriges son espíritu y vida.
Que tu Espíritu nos haga percibir los mandamientos
no como una lista de observancias que hay que guardar.
Que ellos nos muevan a servirte
no de una manera esclavizada,
sino como hijas e hijos tuyos
que te aman y a quienes has hecho libres,
por medio de tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Por las familias atormentadas por peleas y división, para que el Señor las bendiga con su paz, roguemos al Señor.
Por todas las Iglesias que invocan el nombre de Cristo, para que acepten la invitación de nuestro Señor a comer con él en el banquete de la eucaristía, ágape de la unidad y el amor, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu inspire y guarde, hoy en día, a los legisladores de las naciones, para que con sabiduría sepan distinguir entre el bien y el mal, y legislar en consecuencia, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Te presentamos ahora nuestra disponibilidad
para responder a tu amor.
Te pedimos que estos dones de pan y vino
se conviertan en el cuerpo y la sangre
de tu Hijo Jesucristo,
para que con él nos dediquemos a ti
con toda nuestra mente y corazón
y para que seamos capaces
de comunicar tu amor y justicia
a todos los que nos rodean.
Concédenoslo por Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús se ha dado a sí mismo a nosotros
en esta celebración eucarística.
Purifica nuestros corazones y nuestras intenciones,
para que participemos también en su actitud
de apertura a tu voluntad
y a las necesidades de los hermanos.
Que de esta manera cumplamos
más de lo que manda la ley
y te sirvamos como tus hijos e hijas,
en quienes tú reconozcas a Jesucristo,
Hijo tuyo y Señor nuestro,
por los siglos de los siglos.

Bendición:
Hermanos: Los mandamientos no son precisamente observancias que garanticen nuestra salvación. Son una respuesta a todo lo que Dios nos ha dado. Ofrecemos a Dios no lo que estamos obligados a hacer, sino lo que él espera que hagamos para responder a su amor.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del miércoles, 11 de febrero de 2015

Fernando Torres Pérez cmf

En el mundo de Jesús las personas estaban convencidas de que había que cumplir unas normas. Su cumplimiento mecánico les hacía puros. Su no cumplimiento les hacía automáticamente impuros. Había que cumplir con unas normas sobre la limpieza, por ejemplo, o sobre recitar unas oraciones a unas determinadas horas del día. Y muchas otras normas. No importaba mucho las razones por las que se cumplían o no esas normas. Daba lo mismo si se hacía desde el corazón o no. Daba lo mismo si el incumplimiento era por olvido o por voluntad de hacerlo mal.
Algo de eso se nos ha colado a los cristianos. Recuerdo una señora que vino a confesarse. Me dijo que había faltado a misa los últimos seis domingos. Pregunté, quizá imprudentemente, la razón. Me dijo que en ese tiempo su marido había estado muy enfermo y había tenido que atenderle casi las 24 horas del día. Ahora venía a confesarse porque a continuación se iba a celebrar el funeral por su marido y quería comulgar. Me quedé sorprendido. No pude menos que decirle que no había pecado en absoluto, que sólo faltaba que hubiese dejado a su marido enfermo desamparado para irse a misa, que había hecho lo que tenía que hacer.
No pecamos de forma automática. No pecamos sin darnos cuenta. El pecado es otra cosa. Nos sale de dentro. No importa a veces tanto cumplir la norma sino cómo la cumplimos. No sólo hay que ir a misa los domingos. Importa el modo como estamos y participamos con la comunidad en la eucaristía. Los normas son orientaciones e hitos que encontramos en nuestro camino. Seguirlas depende de la situación concreta. Participar el domingo en la eucaristía con mi comunidad es muy importante pero atender al marido enfermo es más importante y más urgente. El compromiso por la justicia y el mandamiento del amor no tienen límites y es difícil concretarlos en normas. Jesús no nos invita a cumplir unos mínimos obligatorios sino a pasar al banquete del Reino, a vivir la fraternidad a tope. Todo lo que sale de nuestro interior y rompe esa fraternidad, todo eso es malo, todo eso nos hace impuros. De ellos tenemos que pedir perdón y curarnos. Aunque externamente cumplamos todas las normas.
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