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Lecturas y Liturgia del 12 de Febrero de 2015

Lecturas del Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DELDIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_49.mp3

Jueves, 12 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (2,18-25):


El Señor Dios se dijo: «No está bien que el hombre esté solo; voy a hacerle alguien como él que le ayude.»
Entonces el Señor Dios modeló de arcilla todas las bestias del campo y todos los pájaros del cielo y se los presentó al hombre, para ver que nombre les ponía. Y cada ser vivo llevaría el nombre que el hombre le pusiera. Así, el hombre puso nombre a todos los animales domésticos, a los pájaros del cielo y a las bestias del campo; pero no encontraba ninguno como él que lo ayudase. Entonces el Señor Dios dejó caer sobre el hombre un letargo, y el hombre se durmió. Le sacó una costilla y le cerró el sitio con carne. Y el Señor Dios trabajó la costilla que le había sacado al hombre, haciendo una mujer, y se la presentó al hombre.
El hombre dijo: «¡Ésta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne! Su nombre será Mujer, porque ha salido del hombre. Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne.» Los dos estaban desnudos, el hombre y su mujer, pero no sentían vergüenza uno de otro.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 127,1-2.3.4-5

R/. Dichosos los que temen al Señor

Dichoso el que teme al Señor
y sigue sus caminos.
Comerás del fruto de tu trabajo,
serás dichoso, te irá bien. R/.

Tu mujer, como parra fecunda,
en medio de tu casa;
tus hijos, como renuevos de olivo,
alrededor de tu mesa. R/.

Ésta es la bendición del hombre que teme al Señor.
Que el Señor te bendiga desde Sión,
que veas la prosperidad de Jerusalén
todos los días de tu vida. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Marcos (7,24-30):

En aquel tiempo, Jesús fue a la región de Tiro. Se alojó en una casa, procurando pasar desapercibido, pero no lo consiguió; una mujer que tenía una hija poseída por un espíritu impuro se enteró en seguida, fue a buscarlo y se le echó a los pies. La mujer era griega, una fenicia de Siria, y le rogaba que echase el demonio de su hija.
Él le dijo: «Deja que coman primero los hijos. No está bien echarles a los perros el pan de los hijos.»
Pero ella replicó: «Tienes razón, Señor; pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas que tiran los niños.»
Él le contestó: «Anda, vete, que, por eso que has dicho, el demonio ha salido de tu hija.»
Al llegar a su casa, se encontró a la niña echada en la cama; el demonio se había marchado.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 5ª semana del Tiempo Ordinario

Jueves, 12 de febrero de 2015
MÁS QUE MIGAJAS (Gen 2, 18—25; Mc 7,24-30)

Introducción
¿Por qué los hombres y las mujeres se atraen mutuamente? El amor es más fuerte que la muerte y más fuerte que los lazos familiares con los padres. Los seres humanos son sociables y necesitan un compañero igual, creado desde cerca del corazón del hombre, “carne de mi carne y hueso de mis huesos”. Y ahora el hombre puede proferir con gozo la palabra “Tú; thou”.
Evangelio. A los despreciados paganos también se les ofrece salvación. Los doctores de la Ley llamaron a la región donde Jesús realizó este milagro una “región de perros”. Dios levanta a los humildes que creen en él. La gracia no es privilegio exclusivo del pueblo de Dios. El reino está abierto y destinado también para paganos.





Oración Colecta
Oh Padre de todos:
Hace mucho tiempo elegiste al pueblo de Israel
para dar a conocer tu nombre a todas las naciones.
Tu Hijo Jesucristo nos dejó claro
que perdón y vida son parte muy esencial
de todos los que creen en él.
Señor, haz realmente a tu Iglesia lugar de encuentro
para todos los que te buscan, aunque sea a tientas,
para que todos los obstáculos y barreras se eliminen
y para que las riquezas de todas las naciones y culturas
revelen los mil rostros del amor que tú nos manifiestas
en Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que en la Iglesia universal haya espacio para las riquezas culturales de diferentes pueblos y para la manifestación de la misma fe en una variedad de lenguas y formas de expresión, roguemos al Señor.
Para que sepamos abrir nuestros hogares y nuestros corazones a los que de muchas maneras difieren de nosotros, para que hagamos todo lo posible para integrarlos en la comunidad humana y cristiana, roguemos al Señor.
Para que todos nosotros estemos preocupados y nos sintamos responsables de los que no están aquí con nosotros porque están de hecho alejados de la Iglesia, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tú preparas la mesa de tu Hijo
para todos los que quieran venir al banquete:
para pobres y ricos,
para santos y pecadores.
Queremos aprender de tu Hijo Jesucristo
a dar, a todos los que piden alimento o amor,
no escasas migajas o sobras del banquete,
sino a nosotros mismos como alimento.
como Cristo hace aquí por nosotros,
él que es Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta eucaristía
hemos sido, y nos hemos sentido, todos uno
en Jesucristo tu Hijo.
Él murió y resucitó a una nueva vida por todos;
su semejanza se refleja en el rostro de cada ser humano.
Ojalá fuera visible y palpable en todos.
Que su rostro no se desfigure ni se rompa
por nuestros prejuicios y temores;
no permitas que tu amor se achique
o sea menos que universal.
A todos nosotros haznos uno en él,
que es nuestro camino común
hacia ti y hacia los hermanos,
Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Que haya espacio en esta nuestra casa, es decir, en nuestras comunidades cristianas, para todos, sea cual sea su raza o clase social, su educación o nivel cultural.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.



Comentario al Evangelio del jueves, 12 de febrero de 2015
Fernando Torres Pérez cmf

Y vamos otra vez a la primera lectura porque nos puede llevar a un asunto muy práctico y, desgraciadamente, muy de actualidad en muchos lugares. Recuerda la primera lectura la creación de la mujer. Es un relato donde lo importante no son los detalles sino el núcleo del relato. Lo dice el hombre cuando, al ver a la mujer, exclama: “¡Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne!”
Hombre y mujer, mujer y hombre. Tan diferentes y tan iguales. Los dos salidos de la voluntad de Dios. Los dos parte, por voluntad de Dios, de su familia. La mujer no aparece en ningún momento como esclava ni como servidora. No es una criatura de segunda clase de la que el hombre se pueda servir para satisfacer sus instintos. No es una máquina reproductora. No es la encargada de lavar la ropa al marido. Ni la de preparar la comida. Tiene la misma inteligencia, o más, que el hombre.

Los dos, hombre y mujer, llamados juntos a trabajar por el reino. Los dos, hombre y mujer, llamados a compartir la mesa del banquete de Dios padre. Por eso, hay que reclamar aquí y en todas partes el respeto para la mujer. No hay nada en la biblia que justifique una posición de superioridad del hombre sobre la mujer. ¿Es que no recordamos que ellas fueron las que primero experimentaron la presencia de Jesús resucitado y que fueron ellas las que dieron testimonio a los discípulos de la resurrección?
No hay derecho a que en tantas partes haya mujeres sufriendo violencia por parte de los hombres. Lo que es peor, muchas veces esa violencia acontece en el seno del hogar, en el santuario del matrimonio, donde el amor tenía que ser el único nexo de unión.

¿Cómo es posible que el hombre atente contra la que es “hueso de sus huesos y carne de su carne”? Desde pequeños, en el seno de la familia, todos deberíamos aprender que ni servir la mesa ni limpiar la casa ni lavar y planchar la ropa es trabajo exclusivo de la mujer, sea esposa, madre o hija. Desde pequeños deberíamos aprender que el hombre no es amo ni señor de su mujer. Desde pequeños deberíamos aprender a compartir las tareas y los trabajos de la vida. Y eso porque creemos en Jesús. Porque vivir así la relación entre hombres y mujeres, una relación basada en el respeto y el amor, es también una forma, y de las más importantes, de construir el reino de Dios y hacerlo presente aquí en la tierra.
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