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Lecturas y Liturgia del 15 de Febrero de 2015

Lecturas del Domingo 6º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DELDIA    http://evangeli.net/_mp3/daily/es/IV_53.mp3

Domingo, 15 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Levítico (13,1-2.44-46):

El Señor dijo a Moisés y a Aarón: «Cuando alguno tenga una inflamación, una erupción o una mancha en la piel, y se le produzca la lepra, será llevado ante Aarón, el sacerdote, o cualquiera de sus hijos sacerdotes. Se trata de un hombre con lepra: es impuro. El sacerdote lo declarará impuro de lepra en la cabeza. El que haya sido declarado enfermo de lepra andará harapiento y despeinado, con la barba tapada y gritando: "¡Impuro, impuro!" Mientras le dure la afección, seguirá impuro; vivirá solo y tendrá su morada fuera del campamento.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 31,1-2.5.11

R/. Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación

Dichoso el que está absuelto de su culpa,
a quien le han sepultado su pecado;
dichoso el hombre a quien el Señor
no le apunta el delito. R/.

Había pecado, lo reconocí,
no te encubrí mi delito;
propuse: «Confesaré al Señor mi culpa»
y tú perdonaste mi culpa y mi pecado. R/.

Alegraos, justos, y gozad con el Señor;
aclamadlo, los de corazón sincero. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (10,31–11,1):

Cuando comáis o bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para gloria de Dios. No deis motivo de escándalo a los judíos, ni a los griegos, ni a la Iglesia de Dios, como yo, por mi parte, procuro contentar en todo a todos, no buscando mi propio bien, sino el de la mayoría, para que se salven. Seguid mi ejemplo, como yo sigo el de Cristo.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Marcos (1,40-45), del domingo, 15 de febrero de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Marcos (1,40-45):

En aquel tiempo, se acercó a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas: «Si quieres, puedes limpiarme.»
Sintiendo lástima, extendió la mano y lo tocó, diciendo: «Quiero: queda limpio.»
La lepra se le quitó inmediatamente, y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente: «No se lo digas a nadie; pero, para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés.»
Pero, cuando se fue, empezó a divulgar el hecho con grandes ponderaciones, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo, se quedaba fuera, en descampado; y aun así acudían a él de todas partes.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 6º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Domingo, 15 de febrero de 2015
Comunidades Abiertas
Saludo (Ver Segunda Lectura)
Todo lo que hagan, háganlo por la gloria de Dios.
Traten de ser amables con todos
para provecho de demás.
Tomen a Cristo como su modelo.
Que Jesucristo, el Señor, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Cuando nos reunimos para la eucaristía, lo hacemos porque somos comunidad. ¿Hasta qué punto somos comunidad, aun estando aquí juntos en torno a Cristo? Quizás falten aquí hermanos, porque no se sienten aceptados. Quizás son demasiado pobres para lucir bonita indumentaria, o temen que los menospreciemos por su incapacidad o deficiencia social o mental, o incluso física. ¿Por qué nuestra comunidad no se abre suficientemente para integrarlos y para liberarlos de sus temores y soledad? ¿Estamos dispuestos a reintegrarlos a la comunidad, como hoy nos enseña Jesús con su palabra y con su ejemplo?

Acto Penitencial
Con demasiada frecuencia nos hemos quedado indiferentes cuando el Señor nos tocaba con su poder de sanación.
Pidamos perdón al Señor.
(Pausa)
Señor Jesús, tú nos dijiste: "Por supuesto, quiero que te cures" cuando nos tocaste con tu mano que perdonaba.
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú nos dijiste: "Desde luego, quiero que te cures",pero nosotros no te permitimos que nos tocaras y que cambiaras nuestro corazón.
R/. Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú nos dijiste: "Naturalmente, quiero que te cures", pero nosotros no nos hemos curado unos a otros. R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Impón tu mano sanadora sobre nosotros, Señor, líbranos del contagio del pecado y llévanos a la vida eterna.

Oración Colecta
Pidamos al Padre de todos que nos acepte y que nos ayude a aceptar a los otros.
(Pausa)
Oh Dios de misericordia y compasión:
Los auto-satisfechos rechazaron a tu Hijo;
los pecadores y los marginados le aclamaron
y, con lágrimas y alegría, le reconocieron
como a su Señor y su Salvador.
Y así pudo él sanarlos.
Ayúdanos a hacer lo mismo que hizo tu Hijo.
Envíanos, sin condescendencia alguna,
en busca de los hermanos débiles
para que recuperen su autoestima,
su esperanza y su coraje indestructible
para poder llegar a ser de nuevo plenamente humanos
como hermanas y hermanos nuestros.
Te lo pedimos por Jesucristo, nuestro Señor.

Primera Lectura (Lv 13,1-2. 44-46): Puros ante Dios
En el Antiguo Testamento, la gente estaba tan preocupada por su pureza exterior que, llevados por su celo, excluían de la comunidad cultual a personas con serias infecciones de la piel. --- Cristo insiste más bien en la pureza interior.

Segunda Lectura (1 Cor 10,31; 11,1): No Ofendan a Nadie
Pablo insiste en que Cristo liberó a la gente de excesivas regulaciones de la Antigua Ley. Para los cristianos la caridad debería prevalecer donde algunos no comprenden todavía esta libertad.

Evangelio (Mc 1,40-45): Jesús Tocó al Leproso y Lo Curó
Para Jesús, los leprosos -y los pecadores- no son ya marginados, sino personas a quienes tenemos que amar y a quienes, por amor de Dios, tenemos que reintegrar a la comunidad.

Oración de los Fieles
En nombre de Jesús oremos al Padre de todos, que quiere que todos seamos felices, y que no rechaza a nadie que le suplica. Y digámosle: R/. Señor, escucha a tu pueblo.
Por todos los miembros del Pueblo de Dios, para que no nos aislemos del mundo ni erijamos muros para guardar a otros hermanos lejos, sino que compartamos el amor de Dios con todos, roguemos al Señor.
Por nuestro país, que la preocupación por los débiles y los pobres sea nuestro honor y sano orgullo, y para que todos trabajemos sin descanso por la justicia y la dignidad humana, incluidos especialmente los últimos y los menos agraciados, roguemos al Señor.
Por las víctimas de discriminación, por los que no tienen ni nombre ni fama, por los proscritos de la sociedad, por los enfermos y los ancianos que viven solos: para que, aun indefensos, confíen en Jesús, que estaba indefenso en las manos del pueblo, roguemos al Señor.
Por los enfermos incurables, por los que tienen que vivir bajo la presión de la sospecha, del descrédito o de la calumnia; por aquellos cuya auto-confianza se ha visto erosionada por el duro juicio de otros, por los excarcelados y marginados, para que todos nosotros sepamos dirigirles palabras de sanación e inspirarles con una nueva fe y una nueva esperanza, roguemos al Señor.
Por todos nosotros aquí reunidos, para que seamos una comunidad en la que nos aupemos y apoyemos unos a otros con el amor, bondad y respeto que el Señor nos mostró a todos, roguemos al Señor.
Señor Dios nuestro, escucha de veras nuestras súplicas, y danos un corazón suficientemente grande para acoger y amar a todos, en nombre de Jesucristo nuestro Señor.

Oración de Ofertorio
Oh Padre misericordioso:
Con el pan y el vino recordamos cómo nos has alzado,
por medio de Jesucristo,
por encima de nuestro sentimiento de culpa,
de nuestros miedos y de nuestro aislamiento
Que estemos dispuestos para compartir con todos
tu alegría, tu acogida y tu afecto
a causa de aquél que compartió nuestra pobreza
y se hizo a sí mismo débil y humilde con nosotros,
Jesucristo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Nuestro Padre misericordioso nos ha llamado a todos por medio de Jesucristo, su Hijo, a ser uno, sin discriminación ni favoritismos, ya que él nos ama a todos. Expresémosle nuestra acción de gracias y nuestra alabanza.

Introducción al Padrenuestro
Con Jesús nuestro Señor, oremos al Padre de todos, que hace brillar el sol por igual sobre los buenos y sobre los débiles.
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz y alegría
de vivir juntos en unidad y paz.
Guárdanos de rehusar proferir las palabras
de bienvenida y de aliento
que caldean los corazones de nuestros hermanos y hermanas.
Ayúdanos a caminar juntos hacia ti
y a compartir nuestra fuerza con ellos,
para que nos preparemos con esperanza creciente
para la gloriosa venida
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Vengan y participen en el banquete del Señor.
Este pan que hemos partido se destina para todos,
ya que el Señor es la vida de todos sus seguidores.
Ya que él no excluyó a nadie, aprendamos nosotros a compartir nuestras vidas unos con otros,
en la alegría y en las tristezas,
en la riqueza y en la pobreza,
en la enfermedad y en la salud,
pues éste es Jesús, el Dios-con-nosotros.
R/. Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Oh Padre, lleno de ternura y misericordia:
Sentados a la mesa de tu Hijo hemos aprendido
a estar presentes los unos a los otros,
como él ha estado aquí presente con nosotros.
Que esta eucaristía nos inspire
con un amor discreto y alentador
como un soplo de aire fresco.
Por aquél que ha suavizado la dureza de nuestros corazones,
danos no sólo disponibilidad
para compartir nuestras riquezas y nuestra pobreza,
sino también para acogernos unos a otros
y para suavizar entre nosotros la dureza de nuestros corazones.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡Qué super-feliz sería nuestra comunidad si pudiéramos aceptarnos plenamente unos a otros justamente tal como somos: sin condenar, sin juzgar , envidiar, ni mirar con malos ojos, sin menospreciar a nadie, sin intentar crear a los otros a nuestra imagen y semejanza…
Más bien, edifiquémonos unos a otros a imagen y semejanza de Cristo;
y que la compasión y la misericordia permanezca viva en nuestras comunidades.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo
descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario del Domingo 6º del Tiempo Ordinario - Ciclo B

Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)
Si quieres, puedes limpiarme

Hoy, el Evangelio nos invita a contemplar la fe de este leproso. Sabemos que, en tiempos de Jesús, los leprosos estaban marginados socialmente y considerados impuros. La curación del leproso es, anticipadamente, una visión de la salvación propuesta por Jesús a todos, y una llamada a abrirle nuestro corazón para que Él lo transforme.

La sucesión de los hechos es clara. Primero, el leproso pide la curación y profesa su fe: «Si quieres, puedes limpiarme» (Mc 1,40). En segundo lugar, Jesús -que literalmente se rinde ante nuestra fe- lo cura («Quiero, queda limpio»), y le pide seguir lo que la ley prescribe, a la vez que le pide silencio. Pero, finalmente, el leproso se siente impulsado a «pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia» (Mc 1,45). En cierta manera desobedece a la última indicación de Jesús, pero el encuentro con el Salvador le provoca un sentimiento que la boca no puede callar.

Nuestra vida se parece a la del leproso. A veces vivimos, por el pecado, separados de Dios y de la comunidad. Pero este Evangelio nos anima ofreciéndonos un modelo: profesar nuestra fe íntegra en Jesús, abrirle totalmente nuestro corazón, y una vez curados por el Espíritu, ir a todas partes a proclamar que nos hemos encontrado con el Señor. Éste es el efecto del sacramento de la Reconciliación, el sacramento de la alegría.

Como bien afirma san Anselmo: «El alma debe olvidarse de ella misma y permanecer totalmente en Jesucristo, que ha muerto para hacernos morir al pecado, y ha resucitado para hacernos resucitar para las obras de justicia». Jesús quiere que recorramos el camino con Él, quiere curarnos. ¿Cómo respondemos? Hemos de ir a encontrarlo con la humildad del leproso y dejar que Él nos ayude a rechazar el pecado para vivir su Justicia.
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