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Lecturas y Liturgia del 18 de Febrero de 2015

Lecturas del Miércoles de Ceniza

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_01_2008.mp3

Miércoles, 18 de febrero de 2015
Primera lectura
Lectura de la profecía de Joel (2,12-18):

«Ahora, oráculo del Señor, convertíos a mí de todo corazón con ayuno, con llanto, con luto. Rasgad los corazones y no las vestiduras; convertíos al Señor, Dios vuestro, porque es compasivo y misericordioso, lento a la cólera, rico en piedad; y se arrepiente de las amenazas.» Quizá se arrepienta y nos deje todavía su bendición, la ofrenda, la libación para el Señor, vuestro Dios. Tocad la trompeta en Sión, proclamad el ayuno, convocad la reunión. Congregad al pueblo, santificad la asamblea, reunid a los ancianos. Congregad a muchachos y niños de pecho. Salga el esposo de la alcoba, la esposa del tálamo. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros del Señor, y digan: «Perdona, Señor, a tu pueblo; no entregues tu heredad al oprobio, no la dominen los gentiles; no se diga entre las naciones: ¿Dónde está su Dios? El Señor tenga celos por su tierra, y perdone a su pueblo.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50,3-4.5-6a.12-13.14.17

R/. Misericordia, Señor: hemos pecado

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito, limpia mi pecado. R/.

Pues yo reconozco mi culpa,
tengo siempre presente mi pecado:
contra ti, contra ti sólo pequé,
cometí la maldad que aborreces. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso. Señor,
me abrirás los labios,
y mi boca proclamará tu alabanza. R/.

Segunda lectura
Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios (5,20–6,2):

Nosotros actuamos como enviados de Cristo, y es como si Dios mismo os exhortara por nuestro medio. En nombre de Cristo os pedimos que os reconciliéis con Dios. Al que no había pecado Dios lo hizo expiación por nuestro pecado, para que nosotros, unidos a él, recibamos la justificación de Dios. Secundando su obra, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios, porque él dice: «En tiempo favorable te escuché, en día de salvación vine en tu ayuda»; pues mirad, ahora es tiempo favorable, ahora es día de salvación.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (6,1-6.16-18):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario, no tendréis recompensa de vuestro Padre celestial. Por tanto, cuando hagas limosna, no vayas tocando la trompeta por delante, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles, con el fin de ser honrados por los hombres; os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo pagará. Cuando recéis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta rezar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vea la gente. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, cuando vayas a rezar, entra en tu aposento, cierra la puerta y reza a tu Padre, que está en lo escondido, y tu Padre, que ve en lo escondido, te lo pagará. Cuando ayunéis, no andéis cabizbajos, como los hipócritas que desfiguran su cara para hacer ver a la gente que ayunan. Os aseguro que ya han recibido su paga. Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no la gente, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensara.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Miércoles de Ceniza

Miércoles, 18 de febrero de 2015
MIÉRCOLES DE CENIZA
“¡Serviré!”
¡Fuera Máscaras!
Ya estamos en Cuaresma, Nuestro Tiempo Favorable
Saludo
La paz y reconciliación
de nuestro Padre misericordioso
esté siempre con ustedes.
Introducción por el Celebrante (Tres Opciones)
1.“Serviré”
Hoy comenzamos nuestros cuarenta días de Cuaresma, cuarenta días de preparación para Pascua. ¿Para qué estos cuarenta días de penitencia y conversión? Para volver a nuestras raíces -a Dios, a lo mejor de nosotros mismos- y, en consecuencia, también a nuestro prójimo. De muchas maneras hemos intentado ser nuestros propios dioses, decidir por nosotros mismos lo bueno y lo malo, pero hemos acabado haciendo de nosotros mismos el centro del mundo, a expensas de nosotros mismos, de Dios y de nuestro prójimo. Ahora es el tiempo propicio para volver a Dios y volvernos hacia los hermanos que nos rodean. Hoy expresaremos nuestro destrozo interior y nuestro deseo sincero de cambiar, cuando, después del Evangelio, recibamos la ceniza.
Nota: Se omite el rito penitencial, ya que el rito de la ceniza tiene carácter penitencial y de conversión.
2.¡Fuera Máscaras!
En muchas regiones del mundo la gente celebra el carnaval en los días anteriores a la Cuaresma, con mucho ruido y mucha juerga. Con frecuencia llevan máscaras para la ocasión. Pero hoy comienza la Cuaresma, tiempo para quitarnos las máscaras y volver nuestro rostro y nuestro corazón a Dios y a los hermanos. En este santo tiempo reflexionamos sobre el verdadero sentido de nuestra vida. ¿Quién soy yo y para qué estoy en este mundo? ¿Estoy viviendo para Dios y para la comunidad? --- Hoy estamos invitados a recibir la ceniza en nuestra frente con la invitación “Aléjate del pecado y sé fiel al evangelio”. ¡Fuera, pues, toda máscara! Y volvamos a Dios, a lo más verdadero de nosotros mismos, y a los hermanos como pueblo de Dios.
3.Ya Estamos en Cuaresma, Nuestro Tiempo Favorable
Hoy comienza la Cuaresma. Es un “tiempo favorable”, un tiempo de gracia. Estamos convocados para subir con Cristo a Jerusalén, el lugar donde él sufrirá y morirá antes de resucitar con gloria. Esto quiere decir que estamos convocados con él para sufrir y para morir a nosotros mismos y al pecado. También para renunciar al mal dentro de nosotros y a nuestro alrededor, de modo que podamos resucitar, como individuos y como comunidad, a una vida cristiana más profunda, hacernos más disponibles para Dios y para los hermanos, y ser capaces de prestar servicio con amor. El camino para ello es el arrepentimiento, la conversión, sintetizado en el evangelio de hoy como limosna, es decir, preocuparnos y cuidar de nuestros hermanos; como oración,es decir, escuchando la palabra de Dios y dándole una respuesta de amor y compromiso; y como ayuno, es decir, controlando nuestras pasiones y renunciando a nuestro egoísmo. --- Vamos a expresar nuestro sincero deseo de conversión cuando, después del evangelio, recibamos la ceniza.


Oración Colecta
Oremos para que en esta Cuaresma
retornemos a Dios y a los hermanos.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro:
Tú sabes con qué frecuencia
intentamos caminar por nuestros senderos egoístas.
No nos permitas vivir y morir
sólo para nosotros mismos
o cerrar nuestros corazones a los otros.
Ayúdanos a vernos a nosotros mismos y a la vida
como dones tuyos.
Haznos receptivos de tu palabra y de tu vida
y haznos crecer en la mentalidad y actitudes
de Jesucristo nuestro Señor.

Primer Lectura (Joel 2,12-18): ¡Vuelvan a Mí con Todo su Corazón!
El verdadero ayuno y la penitencia significan un sincero cambio del corazón: rechazando el mal y el pecado y volviendo hacia el Dios de amor.
Segunda Lectura (2 Cor 5,20; 6,2): Ahora es el tiempo favorable
Jesús nos ha restaurado a la amistad con Dios. Pero exige que continuemos buscando la reconciliación de Dios hoy. Ahora es el tiempo propicio para hacerlo.
Evangelio (Mt 6,1-6.16-18): El Padre de Ustedes les Premiará
Las prácticas exteriores de penitencia no tienen valor a no ser que nuestra actitud interior corresponda a nuestra práctica exterior ayudando al prójimo, orando y haciendo ayuno o penitencia.

BENDICIÓN DE LA CENIZA
Introducción por el Celebrante
Las hojas y ramas de las palmas del Domingo de Ramos del año anterior se han transformado de tallos verdes en ceniza gris. --- Así nos ocurre a nosotros. No permanecemos siempre idénticos, siempre los mismos. Envejecemos; y tantas veces convertimos la vida en gris y polvorienta, para nosotros y para los demás. Esta ceniza de hoy nos recuerda nuestra fragilidad de vida nuestra culpabilidad y la penitencia que necesitamos realizar. Recibiremos esta ceniza con humildad, mientras se nos marca con la señal de la cruz, pues nuestros corazones desean sinceramente seguir a Jesús por el camino de la negación de sí mismo y del amor.

Oración de Bendición
Señor, bendice (+) esta ceniza
como signo de conversión y de penitencia,
como prueba de que queremos
descubrir a tu Hijo hoy
en el silencio de nuestra oración
y en la persona de nuestro prójimo,
a quien nos acercamos en su necesidad.

Que la señal de la cruz
dada en el nombre del Padre,
y del Hijo y del Espíritu Santo
nos anime y nos sane interiormente,
de forma que te sirvamos sinceramente a ti y a nuestro prójimo,
por la fuerza de Jesucristo nuestro Señor.
El sacerdote rocía la ceniza con agua bendita, en silencio.
A continuación, imposición de la ceniza.

Oración de los Fieles

Al comienzo de este tiempo de conversión, esperamos con ilusión la reconciliación con Dios y con nuestro prójimo. Presentemos a nuestro Padre Dios nuestras preocupaciones y las necesidades de todos, y digamos: R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
Por la Iglesia de Jesucristo, para que se libere de defectos humanos, de forma que pueda mostrar a todos la luz y el poder del evangelio, roguemos al Señor. R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
Por las personas -cercanas o lejanas- atrapadas en el pecado y en el desaliento, para que encuentren reconciliación con Dios, consigo mismas, y con los hermanos que les rodean, roguemos al Señor. R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.

Por los endurecidos en su corazón a causa de las riquezas o del poder, e insensibles a las necesidades de otros, para que en estos cuarenta días de penitencia descubran caminos de verdadera felicidad a través de su sensibilidad y generosidad para con sus prójimos, roguemos al Señor. R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
Por todos los que llevan una pesada carga de preocupaciones y sufrimiento, para que sigan adelante con fortaleza por el camino del Señor Jesús, roguemos al Señor. R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.

Roguemos unos por otros, para que cada uno de nosotros esté dispuesto a caminar por el camino de la paz y la reconciliación, del servicio desinteresado y de la entrega generosa a los demás, y así decimos: R/ Ten misericordia de tu pueblo, Señor.
Señor Dios nuestro, cada año nos das nuevas oportunidades para crecer en amor hacia ti y hacia los hermanos. Danos la fuerza para vivir estos cuarenta días de gracia con las actitudes, la mentalidad y el espíritu de Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu hijo Jesús nos dio todo
para que seamos libres para ti y para los hermanos.
Traemos ahora ante ti
estos dones de pan y vino
como signos de que efectivamente
queremos ser libres para vivir para ti
y para los hermanos que nos rodean.

Acepta estas ofrendas,
y hazlas pan de felicidad y vino de alegría
para nuestro mundo hoy.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.
Invitación al Padre Nuestro

Oremos a nuestro Padre misericordioso
que sepamos perdonar a otros
como él ha perdonado nuestros pecados
por medio de Jesús.
R/ Padre nuestro…
Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y concédenos la paz de la reconciliación
contigo y con los hermanos, lejanos o cercanos.

Ayúdanos a compensar
el daño que hayamos hecho a otros
y a vivir en esperanza y alegría
para el futuro glorioso
que tú has preparado para nosotros
por medio de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
que fue delante de nosotros
mostrándonos el camino del perdón y el amor.
Recibámosle con alegría,
porque él es nuestra fortaleza.
R/ Señor, no soy digno…



Oración después de la Comunión
Oh Dios nuestro misericordioso:
Muchas veces tenemos miedo
de enfrentarnos a nosotros mismos
y de renunciar a nuestro apego
a nuestras actitudes egoístas.
Hemos oído hoy las palabras de Jesús
y participado en el banquete de su cuerpo y de su sangre.

Que todo esto nos ayude a resurgir de las cenizas del pecado
y renueve nuestro fervor y amor,
para que le sigamos a él
por el camino estrecho de la vida,
caminando hacia ti y hacia los hermanos.
Te lo pedimos en este tiempo de gracia
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Sólo Dios puede hacernos íntegros de nuevo desde nuestra situación de destrozo interior.
Sólo Dios puede darnos la perspicacia interior
para descubrir con cuánta frecuencia estamos alienados de él, de los otros, e incluso de nosotros mismos.
Sólo Dios puede darnos la fuerza para cambiar nuestro modo de ser y de vivir
y llegar a ser totalmente nuevos.Para ello, que la bendición del Dios vivo y amoroso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre todos nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del miércoles, 18 de febrero de 2015

Fernando Torres Pérez, cmf

Toca cambio de ritmo y de tono. Empieza la Cuaresma. Tiempo de tinieblas y colores oscuros. Tiempo de penitencia y ayuno. Tiempo de mirarnos a nosotros mismos y descubrir lo infieles que hemos sido en los últimos tiempos. Tiempo de oración y pesadumbre al descubrir, en la cercanía de Dios y de su Palabra, que de ninguna manera damos la talla. La conversión se marca como un objetivo imposible y siempre más allá de nuestras fuerzas.
Lo dicho en el párrafo anterior es una forma de ver la Cuaresma. Quizá haya habido tiempos o espiritualidades que la hayan promovido así. No estoy de acuerdo. Me agarro a la segunda lectura en la que Pablo nos pide que nos reconciliemos con Dios. Pienso en lo que hacemos cuando hemos tenido un conflicto con alguien. Lo primero es acercarnos. Lo hacemos inseguros porque no estamos seguros de cómo nos va a responder el otro. Pero aquí los creyentes jugamos con ventaja. Acercarnos a Dios es acercarnos a nuestro Padre, al que nos ha creado en el amor, por amor y para el amor, al que siempre tiene un puesto en la mesa preparado para nosotros, al que siempre cree y espera en nosotros y, así, nos abre posibilidades de futuro.
Reconciliarnos con Dios nos cuesta más por la vergüenza que nos ocasiona reconocer nuestra propia realidad, nuestra miseria, que por el temor a que Dios se haya enfadado de verdad y no quiera saber más de nosotros.
Así que, para ser realistas, reconciliarnos con Dios tiene mucho más que ver con volver a casa, al hogar familiar, donde sabemos que vamos a ser acogidos como hijos amados, que con enfrentarnos a un tribunal duro y sin piedad, que nos va a imponer un duro castigo.
Es tiempo de empezar la Cuaresma con la cabeza bien alta. No hay castigo. Hay abrazo de acogida y una invitación inmediata a ponernos a la obra: hay mucho que hacer por el Reino, por crear fraternidad, por acoger a todos los que están alejados, por hacer presente en el mundo el amor de Dios. Así no sólo va a ser más fácil hacer este camino cuaresmal sino que además va a ser mucho más eficaz y provechoso para el reino y para nosotros.
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