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Lecturas y Liturgia del 1 de Abril de 2015

Lecturas del Miércoles Santo

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/II_56.mp3

Miércoles, 1 de abril de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Isaías (50,4-9a):


Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento. Cada mañana me espabila el oído, para que escuche como los iniciados. El Señor me abrió el oído; yo no resistí ni me eché atrás: ofrecí la espalda a los que me apaleaban, las mejillas a los que mesaban mi barba; no me tapé el rostro ante ultrajes ni salivazos. El Señor me ayuda, por eso no sentía los ultrajes; por eso endurecí el rostro como pedernal, sabiendo que no quedaría defraudado. Tengo cerca a mi defensor, ¿quién pleiteará contra mí? Comparezcamos juntos. ¿Quién tiene algo contra mí? Que se me acerque. Mirad, el Señor me ayuda, ¿quién me condenará?

Palabra de Dios

Salmo
Sal 68,8-10.21-22.31.33-34


R/. Señor, que me escuche tu gran bondad el día de tu favor

Por ti he aguantado afrentas,
la vergüenza cubrió mi rostro.
Soy un extraño para mis hermanos,
un extranjero para los hijos de mi madre;
porque me devora el celo de tu templo,
y las afrentas con que te afrentan caen sobre mí. R/.

La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco.
Espero compasión, y no la hay;
consoladores, y no los encuentro.
En mi comida me echaron hiel,
para mi sed me dieron vinagre. R/.

Alabaré el nombre de Dios con cantos,
proclamaré su grandeza con acción de gracias.
Miradlo, los humildes, y alegraos,
buscad al Señor, y revivirá vuestro corazón.
Que el Señor escucha a sus pobres,
no desprecia a sus cautivos. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (26,14-25):


En aquel tiempo, uno de los Doce, llamado Judas Iscariote, a los sumos sacerdotes y les propuso: «¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?»
Ellos se ajustaron con él en treinta monedas. Y desde entonces andaba buscando ocasión propicia para entregarlo.
El primer día de los Ázimos se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: «¿Dónde quieres que te preparemos la cena de Pascua?»
Él contestó: «ld a la ciudad, a casa de Fulano, y decidle: "El Maestro dice: Mi momento está cerca; deseo celebrar la Pascua en tu casa con mis discípulos."»
Los discípulos cumplieron las instrucciones de Jesús y prepararon la Pascua. Al atardecer se puso a la mesa con los Doce.
Mientras comían dijo: «Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.»
Ellos, consternados, se pusieron a preguntarle uno tras otro: «¿Soy yo acaso, Señor?»
Él respondió: «El que ha mojado en la misma fuente que yo, ése me va a entregar. El Hijo del hombre se va, como está escrito de él; pero, ¡ay del que va a entregar al Hijo del hombre!; más le valdría no haber nacido.»
Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar: «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: «Tú lo has dicho.»

Palabra del Señor

Liturgia del Miércoles Santo

Miércoles, 1 de abril de 2015
“MI HORA ESTÁ PRÓXIMA” (Is 50,4-9; Mt 26,14-25)

Introducción
Hoy vamos a oír la mala noticia de la traición de Judas, junto con la triste y sin embargo alegre buena noticia de la cena de Pascua de Jesús con sus discípulos. “Mi hora está cerca; en tu casa celebraré la Pascua con mis discípulos”. Jesús comerá la comida pascual rodeado de los que le han seguido. El traidor los deja para traicionar a Jesús. Pero Jesús, el Siervo de Dios y del pueblo, afronta su muerte con la más plena confianza en Dios. Jesús celebrará esta Pascua de una forma nueva, transformándola en la Eucaristía. Esto es como un testamento que él deja a sus discípulos. Es la forma más profunda y misteriosa de estar en medio de sus discípulos, entonces y ahora.

Oración Colecta
Oh Dios y Padre nuestro:
Cuando hubo llegado la hora de tu Hijo Jesús
de aceptar la pasión y la muerte
por amor a ti y por amor salvador a nosotros,
él no rechazó ese sufrimiento y profundo dolor.
En la hora de las pruebas,
por las que nosotros tenemos que pasar,
no permitas que seamos rebeldes,
sino mantennos confiando en ti,
ya que tú nos salvaste
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración de los Fieles
Unamos nuestras plegarias a las de nuestro Señor Jesús, y digamos: R/ Señor, escucha a tu pueblo.

- Por aquellos cuyo amor ha sido traicionado o rechazado, roguemos al Señor.

- Por las personas que están ahora afrontando la muerte, para que se pongan con confianza en las manos del Señor, roguemos al Señor.

- Por todos los que sufren y tienen que tomar decisiones difíciles, para que Dios sea su fuerza e inspiración, roguemos al Señor.

- Por todos los cristianos, para que busquemos la presencia del Señor en la Eucaristía, roguemos al Señor.

Señor, quédate con nosotros. Te queremos, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Alabanza sea dada a ti, Dios eterno,
porque nos invitas al banquete eucarístico de tu Hijo.
Que nosotros, discípulos de Jesús hoy,
comamos este pan de amor y fortaleza
y bebamos este vino de alegría,
para que nuestra confianza en ti
no se desvanezca nunca
y para que nos amemos unos a otros
en días de alegría y en tiempo de dolor.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Oh Dios, salvador nuestro:
Un mundo nuevo pudiera haber nacido
cuando Jesús entregó su vida por nosotros
y nos dejó el signo de que tú has hecho con nosotros
una nueva y eterna alianza.
Gracias por permitirnos celebrar,
en conmemoración suya,
este sacrificio que nos trae vida
y nos une por el amor.
Toda gratitud y alabanza a ti,
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: ¡Qué bueno poder estar con el Señor esta Semana Santa! Tenemos la oportunidad única de reflexionar sobre el inmenso amor con que Dios nos ama. ¿Cómo respondemos a su amor total? ¿En qué medida lo hacemos resonar y lo reflejamos como en espejo a los hermanos alrededor nuestro? Especialmente ustedes, padres y abuelos, ¿qué hacen para que sus hijos o nietos perciban y sientan el amor de Dios en ustedes?
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre ustedes y les acompañe siempre.

Comentario del Miércoles Santo

Comentario: P. Raimondo M. SORGIA Mannai OP (San Domenico di Fiesole, Florencia, Italia)
Yo os aseguro que uno de vosotros me entregará

Hoy, el Evangelio nos propone —por lo menos— tres consideraciones. La primera es que, cuando el amor hacia el Señor se entibia, entonces la voluntad cede a otros reclamos, donde la voluptuosidad parece ofrecernos platos más sabrosos pero, en realidad, condimentados por degradantes e inquietantes venenos. Dada nuestra nativa fragilidad, no hay que permitir que disminuya el fuego del fervor que, si no sensible, por lo menos mental, nos une con Aquel que nos ha amado hasta ofrecer su vida por nosotros.

La segunda consideración se refiere a la misteriosa elección del sitio donde Jesús quiere consumir su cena pascual. «Id a la ciudad, a casa de fulano, y decidle: ‘El Maestro dice: Mi tiempo está cerca; en tu casa voy a celebrar la Pascua con mis discípulos’» (Mt 26,18). El dueño de la casa, quizá, no fuera uno de los amigos declarados del Señor; pero debía tener el oído despierto para escuchar las llamadas “interiores”. El Señor le habría hablado en lo íntimo —como a menudo nos habla—, a través de mil incentivos para que le abriera la puerta. Su fantasía y su omnipotencia, soportes del amor infinito con el cual nos ama, no conocen fronteras y se expresan de maneras siempre aptas a cada situación personal. Cuando oigamos la llamada hemos de “rendirnos”, dejando aparte los sofismas y aceptando con alegría ese “mensajero libertador”. Es como si alguien se hubiese presentado a la puerta de la cárcel y nos invita a seguirlo, como hizo el Ángel con Pedro diciéndole: «Rápido, levántate y sígueme» (Hch 12,7).

El tercer motivo de meditación nos lo ofrece el traidor que intenta esconder su crimen ante la mirada escudriñadora del Omnisciente. Lo había intentado ya el mismo Adán y, después, su hijo fratricida Caín, pero inútilmente. Antes de ser nuestro exactísimo Juez, Dios se nos presenta como padre y madre, que no se rinde ante la idea de perder a un hijo. A Jesús le duele el corazón no tanto por haber sido traicionado cuanto por ver a un hijo alejarse irremediablemente de Él.
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