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Lecturas y Liturgia del 10 de Marzo de 2015

Lecturas del Martes de la 3ª semana de Cuaresma

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://evangeli.net/_mp3/daily/es/II_27.mp3


Martes, 10 de marzo de 2015
Primera lectura
Lectura de la profecia de Daniel (3,25.34-43):

En aquellos días, Azarías se detuvo a orar y, abriendo los labios en medio del fuego, dijo: «Por el honor de tu nombre, no nos desampares para siempre, no rompas tu alianza, no apartes de nosotros tu misericordia. Por Abrahán, tu amigo; por Isaac, tu siervo; por Israel, tu consagrado; a quienes prometiste multiplicar su descendencia como las estrellas del cielo, como la arena de las playas marinas. Pero ahora, Señor, somos el más pequeño de todos los pueblos; hoy estamos humillados por toda la tierra a causa de nuestros pecados. En este momento no tenemos príncipes, ni profetas, ni jefes; ni holocausto, ni sacrificios, ni ofrendas, ni incienso; ni un sitio donde ofrecerte primicias, para alcanzar misericordia. Por eso, acepta nuestro corazón contrito y nuestro espíritu humilde, como un holocausto de carneros y toros o una multitud de corderos cebados. Que éste sea hoy nuestro sacrificio, y que sea agradable en tu presencia: porque los que en ti confían no quedan defraudados. Ahora te seguimos de todo corazón, te respetamos y buscamos tu rostro, no nos defraudes, Señor. Trátanos según tu piedad, según tu gran misericordia. Líbranos con tu poder maravilloso y da gloria a tu nombre, Señor.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 24,4-5ab.6.7bc.8-9

R/. Señor, recuerda tu misericordia

Señor, enséñame tus caminos,
instrúyeme en tus sendas:
haz que camine con lealtad;
enséñame, porque tú eres mi Dios y Salvador. R/.

Recuerda, Señor, que tu ternura
y tu misericordia son eternas;
acuérdate de mí con misericordia,
por tu bondad, Señor. R/.

El Señor es bueno y es recto,
y enseña el camino a los pecadores;
hace caminar a los humildes con rectitud,
enseña su camino a los humildes. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (18,21-35):

En aquel tiempo, se adelantó Pedro y preguntó a Jesús: «Señor, si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces le tengo que perdonar? ¿Hasta siete veces?»
Jesús le contesta: «No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete. Y a propósito de esto, el reino de los cielos se parece a un rey que quiso ajustar las cuentas con sus empleados. Al empezar a ajustarlas, le presentaron uno que debía diez mil talentos. Como no tenía con qué pagar, el señor mandó que lo vendieran a él con su mujer y sus hijos y todas sus posesiones, y que pagara así. El empleado, arrojándose a sus pies, le suplicaba diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré todo." El señor tuvo lástima de aquel empleado y lo dejó marchar, perdonándole la deuda. Pero, al salir, el empleado aquel encontró a uno de sus compañeros que le debía cien denarios y, agarrándolo, lo estrangulaba, diciendo: "Págame lo que me debes." El compañero, arrojándose a sus pies, le rogaba, diciendo: "Ten paciencia conmigo, y te lo pagaré." Pero él se negó y fue y lo metió en la cárcel hasta que pagara lo que debía. Sus compañeros, al ver lo ocurrido, quedaron consternados y fueron a contarle a su señor todo lo sucedido. Entonces el señor lo llamó y le dijo: "¡Siervo malvado! Toda aquella deuda te la perdoné porque me lo pediste. ¿No debías tú también tener compasión de tu compañero, como yo tuve compasión de ti?" Y el señor, indignado, lo entregó a los verdugos hasta que pagara toda la deuda. Lo mismo hará con vosotros mi Padre del cielo, si cada cual no perdona de corazón a su hermano.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Martes, 10 de marzo de 2015
PERDÓNANOS COMO NOSOTROS PERDONAMOS
(Dn 3,25.34-43; Mt 18,21-35)

Introducción
No nos gusta demasiado -o absolutamente nada- reconocerlo, pero se nos ha perdonado mucho. Quizás no hemos cometido pecados patentes, escandalosos, preocupantes... Probablemente no. Pero nuestros pecados son escandalosos en el sentido de que son totalmente impropios por parte del pueblo que declara ser signo de la Iglesia, de Jesucristo y de Dios… Quizás sí anotamos: antipatías, egoísmo, no compartir, animosidades, rencores alimentados durante años, viviendo codo con codo pero sin amar ni compartir… Quizás sí… Y muchos -o al menos algunos- mostramos lo opuesto a dar testimonio de lo que profesamos ser… ¿Dónde está nuestro perdonar a los otros como Dios nos ha perdonado, tal como rezamos en la oración del Señor, el Padre nuestro?

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Nos consideramos a nosotros mismos
como tu pueblo elegido,
el pueblo que afirma ser tu signo de reconciliación..
¡Oh Dios, qué pobres somos!
Con cuánta frecuencia te fallamos
al perdonar quizás sólo por un acto de condescendencia,
como si hiciéramos un gesto de gran favor
a los que buscan reconciliarse con nosotros.
Señor, enséñanos a perdonar
de la misma manera y con la misma amplitud
con que tú nos perdonas:
totalmente, sin condiciones,
desde la bondad de nuestros corazones.
Danos esta grandeza de corazón
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Para que sepamos ser pacientes los unos con los otros, como Dios ha sido paciente con nosotros, roguemos al Señor.
Para que sepamos perdonarnos los unos a los otros, como Dios nos ha perdonado, roguemos al Señor.
Para que sigamos amándonos los unos a los otros como Dios continúa amándonos aun cuando repetidamente hemos herido su amor, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Padre misericordioso:
Acogemos a tu Hijo Jesucristo
en estos signos de pan y vino
como al Señor del perdón,
que entregó su vida por nosotros.
Que nosotros, a quienes llamas tus elegidos,
queridos y llamados a ser santos,
estemos dispuestos a perdonar de buena gana
a pesar de antipatías y de sentimientos heridos,
para que seamos los unos para los otros
el signo de tu perdón,
como fieles seguidores de Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor:
Es hermoso pero difícil
ser el cuerpo místico de tu Hijo,
signo de perdón y vida
que él trae al mundo.
Pero danos el valor,
a pesar de y más allá de
nuestros sentimientos demasiado humanos
-simpatías y antipatías-
para llevar a todos los que nos rodean
tu mensaje de amor, tolerancia,
alegría y paz,
que tú nos dado aquí de nuevo
por medio del cuerpo y sangre
de Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Somos hombres y mujeres que hemos recibido perdón del Señor, y -así lo esperamos- también de los hermanos. Nosotros deberíamos aprender también a perdonar, de modo que nuestra oración en el Padre Nuestro sea verdadera.
Que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre



Comentario del Martes de la 3ª semana de Cuaresma

Comentario: Rev. D. Enric PRAT i Jordana (Sort, Lleida, España)
Movido a compasión (...) le perdonó la deuda

Hoy, el Evangelio de Mateo nos invita a una reflexión sobre el misterio del perdón, proponiendo un paralelismo entre el estilo de Dios y el nuestro a la hora de perdonar.

El hombre se atreve a medir y a llevar la cuenta de su magnanimidad perdonadora: «Señor, ¿cuántas veces tengo que perdonar las ofensas que me haga mi hermano? ¿Hasta siete veces?» (Mt 18,21). A Pedro le parece que siete veces ya es mucho o que es, quizá, el máximo que podemos soportar. Bien mirado, Pedro resulta todavía espléndido, si lo comparamos con el hombre de la parábola que, cuando encontró a un compañero suyo que le debía cien denarios, «le agarró y, ahogándole, le decía: ‘Paga lo que debes’» (Mt 18,28), negándose a escuchar su súplica y la promesa de pago.

Echadas las cuentas, el hombre, o se niega a perdonar, o mide estrictamente a la baja su perdón. Verdaderamente, nadie diría que venimos de recibir de parte de Dios un perdón infinitamente reiterado y sin límites. La parábola dice: «Movido a compasión el señor de aquel siervo, le dejó en libertad y le perdonó la deuda» (Mt 18,27). Y eso que la deuda era muy grande.

Pero la parábola que comentamos pone el acento en el estilo de Dios a la hora de otorgar el perdón. Después de llamar al orden a su deudor moroso y de haberle hecho ver la gravedad de la situación, se dejó enternecer repentinamente por su petición compungida y humilde: «Postrado le decía: ‘Ten paciencia conmigo, que todo te lo pagaré’. Movido a compasión...» (Mt 18,26-27). Este episodio pone en pantalla aquello que cada uno de nosotros conoce por propia experiencia y con profundo agradecimiento: que Dios perdona sin límites al arrepentido y convertido. El final negativo y triste de la parábola, con todo, hace honor a la justicia y pone de manifiesto la veracidad de aquella otra sentencia de Jesús en Lc 6,38: «Con la medida con que midáis se os medirá».
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