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Lecturas y Liturgia del 19 de Marzo de 2015

Lecturas de hoy Jueves de la 4ª semana de Cuaresma

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/II_38.mp3

Primera lectura
Lectura del segundo libro de Samuel (7,4-5a.12-14a.16):

En aquellos días, recibió Natán la siguiente palabra del Señor: «Ve y dile a mi siervo David: "Esto dice el Señor: Cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré su realeza. Él construirá una casa para mi nombre, y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre. Yo seré para él padre, y él será para mí hijo. Tu casa y tu reino durarán por siempre en mi presencia; tu trono permanecerá por siempre."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 88,2-3.4-5.27.29










R/. Su linaje será perpetuo

Cantaré eternamente las misericordias del Señor,
anunciaré tu fidelidad por todas las edades.
Porque dije: «Tu misericordia es un edificio eterno,
más que el cielo has afianzado tu fidelidad.» R/.

Sellé una alianza con mi elegido,
jurando a David, mi siervo:
«Te fundaré un linaje perpetuo,
edificaré tu trono para todas las edades.» R/.

Él me invocará: «Tú eres mi padre,
mi Dios, mi Roca salvadora.»
Le mantendré eternamente mi favor,
y mi alianza con él será estable. R/.

Segunda lectura
Lectura de la carta del apóstol san Pablo a los Romanos (4,13.16-18):


No fue la observancia de la Ley, sino la justificación obtenida por la fe, la que obtuvo para Abrahán y su descendencia la promesa de heredar el mundo. Por eso, como todo depende de la fe, todo es gracia; así, la promesa está asegurada para toda la descendencia, no solamente para la descendencia legal, sino también para la que nace de la fe de Abrahán, que es padre de todos nosotros. Así, dice la Escritura: «Te hago padre de muchos pueblos.» Al encontrarse con el Dios que da vida a los muertos y llama a la existencia lo que no existe, Abrahán creyó. Apoyado en la esperanza, creyó contra toda esperanza, que llegaría a ser padre de muchas naciones, según lo que se le había dicho: «Así será tu descendencia.» Por lo cual le valió la justificación.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a), del jueves, 19 de marzo de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Mateo (1,16.18-21.24a):

Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús, llamado Cristo. El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto.
Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados.»
Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor.

Liturgia Viva del día de San José

SAN JOSÉ, ESPOSO DE LA VIRGEN MARÍA, Solemnidad

Introducción

El evangelio de hoy califica a José como un “hombre justo”. Es un título que las Escrituras del Antiguo y del Nuevo Testamento dan a personas que tratan de vivir fielmente según los planes de Dios. Ciertamente José jugó un papel importante en el Plan de Salvación de Dios; Dios confió a su cuidado al Salvador Jesús. Experimentó muchas dificultades ocasionadas por tan importante misión; pero pasó la prueba y sirvió bien a Dios, como hombre de fe, generoso, y ciertamente “justo”.

Oración Colecta

Oh Dios y Padre nuestro:
Tú encomendaste tu Hijo Jesús
al cuidado delicado de José.

Danos la fe de este hombre justo,
Patrón de nuestra Iglesia,
para que siempre te escuchemos
y te sirvamos en todo lo que nos pides
aun cuando no entendamos perfectamente
a dónde nos llevas.

Haz que, como San José,
vivamos siempre cercanos e íntimos
a tu Hijo Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Al celebrar hoy la fiesta de San José, presentemos al Señor nuestras intenciones con su valiosa intercesión, y digamos: R/ Señor, escucha nuestra oración.

Señor, te rogamos por tu Iglesia, para que honre a San José, su patrón, por medio de un liderazgo responsable y comprometido; y así te decimos:

Señor, te rogamos por los gobernantes y oficiales públicos, para que gobiernen y dirijan a sus pueblos con sabiduría, actitud de servicio y justicia; y así te decimos:

Señor, te rogamos por los padres y cabezas de familia, incluyendo madres y padres solteros, para que se dediquen seriamente a la educación y desarrollo integral de sus hijos; y así te decimos:

Señor, te rogamos por los trabajadores que viven del trabajo duro de sus manos en empleos manuales: para que hagan su trabajo a conciencia y se sientan orgullosos de ello; y así te decimos:

Señor, te pedimos por nosotros mismos, para que seamos hombres y mujeres que, como San José, sepamos cómo servir y vivir en tu presencia; y así te decimos.


Señor, que la inspiración de San José nos ayude a todos a servirte con verdadero amor. Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Oración sobre las Ofrendas

Señor Dios nuestro:
En esta fiesta de San José
te presentamos con gozo este pan y este vino.
Que estos dones expresen nuestro sincero deseo
de llevar a cabo la tarea y misión
que tú nos encomiendas en la vida.
Disponnos a colaborar con entusiasmo en tus planes
a fin de llevar tu amor y libertad a todo el mundo
para que los hombres conozcan, acepten y sirvan
a Jesucristo tu Hijo, nuestro Señor.


Oración después de la Comunión

Oh Dios y Padre nuestro:
nos has dado en esta eucaristía
el alimento que nos da la fuerza y la perseverancia
para realizar el trabajo que nos confías.
Que, como San José, te sirvamos fielmente
y pongamos toda nuestra confianza en ti.
Haznos responsables y justos
para que reflejemos tu bondad y tu amor.
Otórganoslo por medio de Jesucristo, nuestro Señor.


Bendición

Hermanos: Que ojalá el Señor nos haga sus siervos buenos y fieles, dignos de confianza y justos. Que su bendición venga sobre nosotros y nos acompañe en el camino de la vida. Y así que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.


Comentario al Evangelio del jueves, 19 de marzo de 2015

SAN JOSE, UNA HISTORIA DE AMOR

El nombre «José, de origen hebreo, significa al mismo tiempo dos cosas:
«Dios proveerá, Dios se encargará, Dios está pendiente».
Y también «el que quita la vergüenza, la humillación».

La verdadera historia de José de Nazareth empieza con un amor.
Se enamora de una chica maravillosa, la más bonita del pueblo y de sus alrededores
-la más bonita del mundo, diremos nosotros-.
¿Qué hará para enamorarla, para que ponga alguna vez en él sus ojos?
Sabe muy bien José que no se la merece,
pero la quiere con un amor que no parece suyo,
es como un fuego del cielo que ha prendido en él.
La chica es muy joven todavía, y tiene un nombre precioso: María.
Dicen que es nombre de origen egipcio, y significa «amada».
Qué bien lo escogieron sus padres Joaquín y Ana.
Y José no está dispuesto a que nadie se la quite.
Luchará por ella, esperará lo que sea necesario.

María empezó mirar a José, que todas las tardes se hacía el encontradizo.
Y empezó a encariñarse con él, que era tan buena persona y de tan buen tipo.
Y empezó a enamorarse de José con un amor creciente.
Era como un regalo del cielo.
Sí: José era un regalo del cielo para María;
y sobre todo María era un regalo del cielo para José.
Cuando José supo el amor de María -lo leyó en sus ojos-,
no podía contener la emoción y la alegría.
No se cansaba de dar gracias a Dios. Se sentía el más afortunado de los hombres.


Pero resulta que María se tuvo que ausentar.
Un viaje que no acababa de entender,
porque tampoco ella dio muchas explicaciones.
Que tenía que visitar a una pariente anciana
que estaba esperando un hijo.
La ausencia fue dura y larga para José:
noventa días y noventa noches pensando en ella.
Y por fin vuelve su guapísima novia, pero embarazada.
Se puede entender que se le viniera el cielo encima.
Sintió como un cuchillo que le desgarraba el corazón.
Dios le pedía que sacrificara lo que más quería: su amor.
José era un hombre «justo», según cuenta Mateo.
Como lo fue Abraham, y los padres del Bautista.
Es decir: Un hombre que respeta profundamente a Dios.
Si Dios había decidido contar con ella, ¿quién era él para entrometerse?
Tenía tantos «reparos» a meterse por medio en los planes de Dios.
Así que decidió retirarse discretamente, para no ponerla en evidencia.

José no podía imaginarse que también Dios había decidido contar con él.
Pues sí: era descendiente del rey David, pero venido a menos.
No tenía nada que ofrecer más que sus gastadas manos de carpintero
y un pequeño taller.
No sabía que Dios suele elegir lo pequeño, lo sencillo, lo bueno, lo que no cuenta.
No había pensado que su enorme corazón, su bondad y su nobleza le hacían falta a Dios.
Le pareció que estaba soñando cuando Dios le hizo saber
que le necesitaba más que nunca para que cuidase de María
y del niño que el Espíritu había engendrado en sus entrañas.
¡Vaya cosas que se le ocurren a Dios! Irse a vivir a casa de un trabajador.
Él le pondría nombre, y tendría que enseñarle todo: a decir “abbá”, a rezar,
a trabajar, a leer la Escritura, acompañarle a la sinagoga...
Y estar pendiente de todo lo que pudiese necesitar su María.
No tenía que tener ningún «reparo» en llevarse a casa
a las dos mejores criaturas que han pisado la tierra.
No había tenido mal ojo, no, pues se había enamorado
de la bendita entre todas las mujeres, de la mujer «favorita» de Dios.

Por eso es grande José. ¡Es un Santo!
Porque sabe mucho de amor limpio: él sí que es el patrón de los enamorados.
También sabe mucho de vocación: Si Dios cambia nuestros planes
es para hacer con nosotros obras grandes,
es para ayudarnos a que nuestra vida merezca la pena.
Y, teniendo en cuenta su nombre, es el mejor patrón para los padres,
especialmente para los padres que lo pasan mal.
«Dios se encarga, Dios se ocupa, está pendiente».
Y todos los padres, como el bueno de José,
procurarán a su vez ocuparse de que sus hijos lleguen a ser grandes,
buenas personas pendientes de pasar por esta vida haciendo el bien,
y que, respondiendo a la llamada de Dios,
formen una gran familia de hermanos
Que San José y Santa María nos ayuden a fiarnos de Dios y a darle nuestro SÍ.
Enrique Martínez, cmf a partir de un texto de Pedro M. Iraolagoitia, sj
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