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Lecturas y Liturgia del 22 de Marzo de 2015

Lecturas del Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo B

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA http://evangeli.net/_mp3/daily/es/II_42.mp3

Primera lectura
Lectura del profeta Jeremías (31,31-34):


Mirad que llegan días –oráculo del Señor– en que haré con la casa de Israel y la casa de Judá una alianza nueva. No como la alianza que hice con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto: ellos quebrantaron mi alianza, aunque yo era su Señor –oráculo del Señor–. Sino que así será la alianza que haré con ellos, después de aquellos días –oráculo del Señor–: Meteré mi ley en su pecho, la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios, y ellos serán mi pueblo. Y no tendrá que enseñar uno a su prójimo, el otro a su hermano, diciendo: "Reconoce al Señor." Porque todos me conocerán, desde el pequeño al grande –oráculo del Señor–, cuando perdone sus crímenes y no recuerde sus pecados.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 50


R/. Oh Dios, crea en mí un corazón puro

Misericordia, Dios mío, por tu bondad,
por tu inmensa compasión borra mi culpa;
lava del todo mi delito,
limpia mi pecado. R/.

Oh Dios, crea en mí un corazón puro,
renuévame por dentro con espíritu firme;
no me arrojes lejos de tu rostro,
no me quites tu santo espíritu. R/.

Devuélveme la alegría de tu salvación,
afiánzame con espíritu generoso:
enseñaré a los malvados tus caminos,
los pecadores volverán a ti. R/.
Segunda lectura
Lectura de la carta a los Hebreos (5,7-9):

Cristo, en los días de su vida mortal, a gritos y con lágrimas, presentó oraciones y súplicas al que podía salvarlo de la muerte, cuando es su angustia fue escuchado. Él, a pesar de ser Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer. Y, llevado a la consumación, se ha convertido para todos los que le obedecen en autor de salvación eterna.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (12,20-33), del domingo, 22 de marzo de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Juan (12,20-33):


En aquel tiempo, entre los que habían venido a celebrar la fiesta había algunos griegos; éstos, acercándose a Felipe, el de Betsaida de Galilea, le rogaban: «Señor, quisiéramos ver a Jesús.»
Felipe fue a decírselo a Andrés; y Andrés y Felipe fueron a decírselo a Jesús.
Jesús les contestó: «Ha llegado la hora de que sea glorificado el Hijo del hombre. Os aseguro que si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda infecundo; pero si muere, da mucho fruto. El que se ama a sí mismo se pierde, y el que se aborrece a sí mismo en este. mundo se guardará para la vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde esté yo, allí también estará mi servidor; a quien me sirva, el Padre lo premiará. Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre.»
Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo.»
La gente que estaba allí y lo oyó decía que había sido un trueno; otros decían que le había hablado un ángel.
Jesús tomó la palabra y dijo: «Esta voz no ha venido por mí, sino por vosotros. Ahora va a ser juzgado el mundo; ahora el Príncipe de este mundo va a ser echado fuera. Y cuando yo sea elevado sobre la tierra atraeré a todos hacia mí.»
Esto lo decía dando a entender la muerte de que iba a morir.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo B

QUINTO DOMINGO DE CUARESMA (B)

Perder la Vida para Encontrarla
Como un Grano de Trigo

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Cristo, el Hijo de Dios,
aprendió a obedecer a través del sufrimiento;
y así se hizo, para todos los que le obedecen,
fuente de salvación eterna.
Que este Señor, Jesús, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante (Dos Opciones)
Perder la Vida para Encontrarla
Todos los que cultivan plantas, incluso gente de la ciudad que aman las flores, saben que las semillas tienen que morir en la tierra para que los retoños puedan brotar de ellas y darnos flores llenas de color, La semilla tiene que morir para dar vida. – De la misma manera, Jesús murió para darnos vida. Y nosotros, sus discípulos hoy, tenemos que seguir sus huellas. Tenemos que entregarnos a nosotros mismos para que los otros sean felices y vivan. San Pablo dice con Jesús: "Nadie vive para sí mismo". ¿Podemos decir eso de nosotros mismos?
Como un Grano de Trigo
No es de ningún modo razonable buscar dolor y sufrimiento, sin embargo, sabemos que en la vida hay ciertos sufrimientos que tenemos que aceptar en línea con nuestras tareas -una mujer tiene que pasar por los dolores de parto para traer un niño al mundo, los padres tienen que sacrificarse por sus hijos, las enfermeras tienen que dedicarse a aliviar las penas de los enfermos. Sí, la semilla tiene que morir en el surco para dar vida a una nueva planta. --- Hoy Jesús nos invita a a seguirle aceptando el dolor y los esfuerzos necesarios para llevar a cabo nuestra misión en la vida.

 Acto Penitencial
Pedimos ahora perdón al Señor por haber vivido demasiado centrados en nosotros mismos.
(Pausa)
Señor Jesús, tú nos recuerdas: "Quien ama su vida la perderá, pero quien entrega su vida logrará vida eterna":
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, tú nos invitas: "Los que quieran servirme tienen que seguir mis huellas":
R/. Cristo, te n piedad de nosotros.
Señor Jesús, tú nos das a la vez el ejemplo y la fuerza para vivir no sólo para nosotros, sino para los demás:
R/. Señor, ten piedad de nosotros.
Restaura nuestra vida con tu perdón, Señor, y que sea una vida al servicio de Dios y de los hermanos que n os rodean,
de modo que tú puedas otorgarnos la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos pidiendo un amor que se dé a sí mismo a los demás.
(Pausa)
Oh Dios, Padre nuestro;
Tú plantaste a tu propio Hijo, Jesús,
como un grano de trigo
en los surcos de nuestra tierra,
y de su muerte brotó y creció
la abundante cosecha de una nueva humanidad.
Danos valor para seguirle,
para que nuestro amor también
traiga vida y alegría a muchos.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Primera Lectura (Jer 31,31-34): Una Nueva Alianza
En tiempo de mucha infidelidad, Dios promete una nueva Alianza, una nueva unión de vida y amor de Dios con su pueblo. Se guiarán por la ley interior de amor en sus corazones.

Segunda Lectura (Hb 5,7-9): La Muerte de Jesús es Nuestra Fuente de Vida
Jesús tenía miedo al sufrimiento y a la muerte; sin embargo, los aceptó por lealtad al Padre y por amor a nosotros. Con su muerte nos trajo vida.

Evangelio (Jn 12,20-30): Morir para Dar Vida a Otros
Muriendo en tierra, el grano de trigo produce una rica cosecha. Muriendo en la cruz, Jesús nos da vida eterna. También los discípulos de Jesús deben arriesgar sus vidas por los demás.

Oración de los Fieles
Con sus brazos extendidos en la cruz Jesús quiso atraer a todos los hombres a sí mismo. Acerquémonos a él con las necesidades y esperanzas de todos y digamos:
R/. Salva a tu pueblo, Señor.
Por los que están buscando una fe en que creer, para que la encuentren en la Iglesia, y vean allí presente a Jesús, en su amor y preocupación por los pobres y por los que sufren, roguemos al Señor.
Por los que se preparan para el bautismo para que logren ver a Jesús en la comunidad, que les va a apoyar en su fe, roguemos al Señor.
Por las personas que se comprometen a llevar alegría, felicidad y esperanza a otros, para que sigan viendo a Jesús en aquellos a quienes sirven, roguemos al Señor.
Por las muchas víctimas de las guerras y de la violencia, para que no caigan en desesperación, sino que logren ver a Jesús sufriente y saquen de él fuerza y esperanza, roguemos al Señor.
También por nosotros mismos, para que en días difíciles veamos a Jesús, el Señor, como nuestra inspiración y nuestra fuente de confianza y valor, y que nos dé la gracia de crecer en madurez a través de nuestras atenciones y cuidados,roguemos al Señor.
Señor Jesús, seguimos buscándote. Sálvanos en la hora del desaliento. Consérvanos unidos íntimamente a ti, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración de Ofertorio
Señor, Dios nuestro:
En esos signos de pan y vino
recordamos a Jesús, tu Hijo,
como pan que tiene que partirse y compartirse,
y como vino que tiene que escanciarse
para alegría de todos.
Danos el Espíritu de Jesús,
para que también nosotros nos comprometamos:
a hacer felices a los que nos rodean.
Otórganos disponibilidad para aceptar el sufrimiento
si ése es el precio que hay que pagar
para ser fieles a ti y a los hermanos.
Te lo pedimos en el nombre de Jesús, el Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Jesús entregó su vida por nosotros para traernos todas las riquezas de la vida de Dios. Él vino a ser la semilla que muere en el surco para que nosotros tengamos vida, crezcamos y florezcamos. Nos un imos a Jesús para dar gracias al Padre.

Introducción al Padre nuestro
Con toda honestidad Jesús podía llamar a Dios "Padre", porque cumplió la voluntad del Padre hasta el fin.
Pidamos, con Jesús, la misma apertura a la voluntad de Dios.
R/. Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males,
y del miedo a comprometernos
en entrega a nuestras hermanos.
Por tu misericordia, guárdanos libres
de nuestro egoísmo y falsos apegos
y protégenos de toda ansiedad frente al sufrimiento.
En nuestras pruebas, danos la fuerza de tu Hijo,
mientras trabajamos con alegría y esperanza
para la venida gloriosa
de nuestro Señor y Salvador, Jesucristo.
R/. Tuyo es el reino…

Invitación a la Comunión
Éste es Jesús, el Cordero de Dios,
que se hizo para nosotros
como grano de trigo que muere en tierra
para que vivamos y seamos capaces de amar.
Dichos nosotros de recibirle ahora en comunión.
R/. Señor, no soy digno




Oración después de la Comunión
Dios y Señor nuestro, Padre amoroso:
A causa de su amor hacia ti y hacia nosotros,
para tu Hijo Jesús ningún sufrimiento fue demasiado doloroso,
ninguna muerte demasiado costosa,
con tal de conseguirnos vida y felicidad eterna.
Por medio de esta eucaristía, ayúdanos a aceptar las invitaciones y los riesgos del amor.
Danos la gracia de seguir a tu Hijo,
viviendo no para nosotros mismos sino para los demás,
y danos la certeza de que el dolor o la muerte no es el fin,
sino la semilla de un nuevo comienzo
en Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Cristo no impuso ni exigió forzosamente a los otros, ya que el amor no impone ni exige; sólo invita.
Lo que hizo Cristo fue entregar. Se entregó a sí mismo.
A donde va el maestro, debe seguir el discípulo.
Que aprendamos también nosotros, sus discípulos, a darnos a los demás, aun a costa de sufrimiento, para que crezcamos como hijos de Dios.
Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario del Domingo 5º de Cuaresma - Ciclo B

Comentario: Rev. D. Ferran JARABO i Carbonell (Agullana, Girona, España)
Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto

Hoy, la Iglesia, en el último tramo de la Cuaresma, nos propone este Evangelio para ayudarnos a llegar al Domingo de Ramos bien preparados en vista a vivir estos misterios tan centrales en la vida cristiana. El Via Crucis es para el cristiano un "via lucis", el morir es un volver a nacer, y, más aun, es necesario morir para vivir de verdad.

En la primera parte del Evangelio, Jesús dice a los Apóstoles: «Si el grano de trigo no cae en tierra y muere, queda él solo; pero si muere, da mucho fruto» (Jn 12,24). San Agustín comenta al respecto: «Jesús se dice a Sí mismo "grano", que había de ser mortificado, para después multiplicarse; que tenía que ser mortificado por la infidelidad de los judíos y ser multiplicado para la fe de todos los pueblos». El pan de la Eucaristía, hecho de grano de trigo, se multiplica y se parte para ser alimento de todos los cristianos. La muerte del martirio es siempre fecunda; por esto, «quienes aman la vida», paradójicamente, la «pierden». Cristo muere para dar, con su sangre, fruto: nosotros le hemos de imitar para resucitar con Él y dar fruto con Él. ¿Cuántos dan en silencio su vida por el bien de los hermanos? Desde el silencio y la humildad hemos de aprender a ser grano que muere para volver a la Vida.

El Evangelio de este domingo acaba con una exhortación a caminar a la luz del Hijo exaltado en lo alto de la tierra: «Y yo cuando sea levantado de la tierra, atraeré a todos hacia mí» (Jn 12,32). Tenemos que pedir al buen Dios que en nosotros sólo haya luz y que Él nos ayude a disipar toda sombra. Ahora es el momento de Dios, ¡no lo dejemos perder! «¿Dormís?, ¡el tiempo que se os ha concedido pasa!» (San Ambrosio de Milán). No podemos dejar de ser luz en nuestro mundo. Como la luna recibe su luz del sol, en nosotros han de ver la luz de Dios.
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