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Lecturas y Liturgia del 26 de Marzo de 2015

Lecturas del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA   http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_37_2008.mp3

Jueves, 26 de marzo de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Génesis (17,3-9):


En aquellos días, Abrán cayó rostro en tierra, y Dios le dijo: «Mira, éste es mi pacto contigo: Serás padre de muchedumbre de pueblos. Ya no te llamarás Abrán, sino que te llamarás Abrahán, porque te hago padre de muchedumbre de pueblos. Te haré crecer sin medida, sacando pueblos de ti, y reyes nacerán de ti. Mantendré mi pacto contigo y con tu descendencia en futuras generaciones, como pacto perpetuo. Seré tu Dios y el de tus descendientes futuros. Os daré a ti y a tu descendencia futura la tierra en que peregrinas, la tierra de Canaán, como posesión perpetua, y seré su Dios.»
Dios añadió a Abrahán: «Tú guarda mi pacto, que hago contigo y tus descendientes por generaciones.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 104,4-5.6-7.8-9


R/. El Señor se acuerda de su alianza eternamente

Recurrid al Señor y a su poder,
buscad continuamente su rostro.
Recordad las maravillas que hizo,
sus prodigios, las sentencias de su boca. R/.

¡Estirpe de Abrahán, su siervo;
hijos de Jacob, su elegido!
El Señor es nuestro Dios,
él gobierna toda la tierra. R/.

Se acuerda de su alianza eternamente,
de la palabra dada, por mil generaciones;
de la alianza sellada con Abrahán,
del juramento hecho a lsaac. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (8,51-59):

En aquel tiempo, dijo Jesús a los judíos: «Os aseguro: quien guarda mi palabra no sabrá lo que es morir para siempre.»
Los judíos le dijeron: «Ahora vemos claro que estás endemoniado; Abrahán murió, los profetas también, ¿y tú dices: "Quien guarde mi palabra no conocerá lo que es morir para siempre"? ¿Eres tú más que nuestro padre Abrahán, que murió? También los profetas murieron, ¿por quién te tienes?»
Jesús contestó: «Si yo me glorificara a mí mismo, mi gloria no valdría nada. El que me glorifica es mi Padre, de quien vosotros decís: "Es nuestro Dios", aunque no lo conocéis. Yo sí lo conozco, y si dijera: "No lo conozco" sería, como vosotros, un embustero; pero yo lo conozco y guardo su palabra. Abrahán, vuestro padre, saltaba de gozo pensando ver mi día; lo vio, y se llenó de alegría.»
Los judíos le dijeron: «No tienes todavía cincuenta años, ¿y has visto a Abrahán?»
Jesús les dijo: «Os aseguro que antes que naciera Abrahán, existo yo.»
Entonces cogieron piedras para tirárselas, pero Jesús se escondió y salió del templo.

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 5ª semana de Cuaresma

Jueves, 26 de marzo de 2015
FE EN LA PALABRA DE DIOS ALIANZA
(Gn 17,3-9; Jn 8,51-59)

Introducción
Nuestra comunión con Dios, nuestra salvación, depende de la fe. Dios ofrece una Alianza; nosotros tenemos que fiarnos de la palabra de Dios. Abrahán creyó en la palabra de Dios y su fe cambió su propio destino (de ahí su nuevo nombre) y el de su pueblo. Muchos judíos no creyeron y se desconectaron de sus antepasados y del nuevo pueblo de Dios. --- Dios nos habla a nosotros por medio de su Palabra Viva, que es una persona: Jesucristo. Si creemos en él, por el bautismo nos convertimos en el nuevo pueblo de la nueva Alianza, y la Tierra Prometida será nuestra.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Por tu Hijo, Jesucristo,
tú nos has dado un nombre nuevo,
el nombre de tu mismo Hijo:
por eso nos llamamos ahora “cristianos”.
Haz que sepamos vivir según este nuevo nombre
hasta llegar felizmente a nuestro nuevo destino,
que es ser hombres y mujeres “para-los-demás”,
que sirvamos y nos entreguemos totalmente a los otros
juntamente con Jesús, Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Intenciones
- Señor, Jesús, te rogamos por los que no pueden o no quieren creer en ti. Que al menos sean personas que sigan los dictados de su conciencia, y así decimos:
- Señor, Jesús, danos la gracia de creer en tu palabra y de guardarla y cumplirla en nuestra vida diaria, y así te decimos:
- Señor, Jesús, te rogamos para que el pueblo judío se acerque más a nosotros, cristianos, a través de la fidelidad a la Alianza que sellaste con Abrahán, y así te decimos:

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios:
Tú hablas por medio de tu Palabra Viva en medio de nosotros,
tu Hijo, Jesucristo.
Danos fe, una fe bien fuerte,
para que creamos firmemente
en su presencia entre nosotros
y para que nosotros mismos
seamos su presencia palpable
en el mundo de hoy.
Haznos participar de su Espíritu
para que la gente lo acepte a él en nosotros,
ya que él es nuestro Salvador y Señor
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor, Dios nuestro:
En los días en que nuestra vida
parece monótona y gris,
y cuando nos impacientamos con nosotros mismos,
nos cuesta tremendamente percatarnos
de que tu Hijo está presente entre nosotros.
Danos una fe confiada
de que él está aquí para nosotros y con nosotros,
para alzarnos sobre nosotros mismos
y para darnos esperanza en tu futuro prometido.
Ayúdanos a ser profundamente conscientes,
de que tú te has vinculado fuertemente a nosotros
y que compartes nuestro destino
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: Ojalá sepamos guardar la Palabra del Señor no sólo en nuestras mentes, sino también en nuestras obras, para que un día gocemos de la Tierra Prometida, la vida eterna. Y así, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.


Comentario al Evangelio del jueves, 26 de marzo de 2015

Fernando Torres Pérez, cmf

Vamos a ser realistas: el tema de la muerte nos asusta. Sabemos que tenemos que morir. Pero ese paso nos aterra. Supone el fin del terreno conocido, de las relaciones que nos mantienen, que nos hacen felices. Supone una frontera más allá de la cual todo es oscuro, todo conjeturas, todo imaginación. Y si nos asusta es precisamente porque no queremos morir, porque amamos la vida. Porque la vida, nuestra vida, mi vida, es un regalo excepcional que, cuando nos paramos a pensar, nos damos cuenta de que no agradecemos nunca del todo. Tenemos problemas. La vida es trabajo y esfuerzo. Supone muchos conflictos. Pero también tiene momentos absolutamente geniales que nos hacen tocar un mundo diferente, lleno de plenitud, de Vida con mayúsculas. Sólo por esos momentos diríamos que la vida vale la pena. Pero esos momentos buenos también nos hacen ver con más claridad, y según van pasando los años, lo que la vida tiene de muerte. Lo que pesa el paso infatigable del tiempo que se nos escapa entre las manos casi sin darnos cuenta.

Jesús nos habla de vida eterna, de vida plena, de vida para siempre. Su palabra es promesa, es fe, es esperanza. Su palabra se basa en su experiencia del Padre Dios, que es padre de amor, padre de vida, padre que no quiere nuestra muerte sino nuestra vida.
Lo bueno de esto es que la promesa de Dios está ahí y es más fuerte que nuestras ideas sobre ella. Podemos fiarnos o no fiarnos de ella. Pero eso no cambia a Dios. Su amor es más fuerte que lo que nosotros pensemos de él. No va a haber cielo para los creyentes e infierno para los no creyentes. Dios nos quiere a todos porque todos somos sus hijos. Los que lo conocemos y confesamos y los que, por las razones que sean, lo desconocen o niegan.

Lo que puede ser muy diferente es nuestra actitud ante la vida si confiamos en su palabra. Desde la fe no hay lugar para la desesperación ni para el abandono. Desde la fe se establece una base para la solidaridad con los hermanos y hermanas. Desde la fe experimentamos el amor del Padre y lo compartimos con los que viven con nosotros. Desde la fe anticipamos ya el gozo de la resurrección y sabemos que esta vida nuestra no es más que una semilla, un comienzo, de algo mucho más grande y mejor que Dios nos tiene reservado al final del camino.
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