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Lecturas y Liturgia del 5 de Marzo de 2015

Lecturas del Jueves de la 2ª semana de Cuaresma

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/cuaresma_16_935a.mp3

Jueves, 5 de marzo de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de Jeremías (17,5-10):


Así dice el Señor: «Maldito quien confía en el hombre, y en la carne busca su fuerza, apartando su corazón del Señor. Será como un cardo en la estepa, no verá llegar el bien; habitará la aridez del desierto, tierra salobre e inhóspita. Bendito quien confía en el Señor y pone en el Señor su confianza. Será un árbol plantado junto al agua, que junto a la corriente echa raíces; cuando llegue el estío no lo sentirá, su hoja estará verde; en año de sequía no se inquieta, no deja de dar fruto. Nada más falso y enfermo que el corazón: ¿quién lo entenderá? Yo, el Señor, penetro el corazón, sondeo las entrañas, para dar al hombre según su conducta, según el fruto de sus acciones.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 1,1-2.3.4.6


R/. Dichoso el hombre
que ha puesto su confianza en el Señor

Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche. R/.

Será como un árbol
plantado al borde de la acequia:
da fruto en su sazón
y no se marchitan sus hojas;
y cuanto emprende tiene buen fin. R/.

No así los impíos, no así;
serán paja que arrebata el viento.
Porque el Señor protege el camino de los justos,
pero el camino de los impíos acaba mal. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Lucas (16,19-31):


En aquel tiempo, dijo Jesús a los fariseos: «Había un hombre rico que se vestía de púrpura y de lino y banqueteaba espléndidamente cada día. Y un mendigo llamado Lázaro estaba echado en su portal, cubierto de llagas, y con ganas de saciarse de lo que tiraban de la mesa del rico. Y hasta los perros se le acercaban a lamerle la llagas. Sucedió que se murió el mendigo, y los ángeles lo llevaron al seno de Abrahán. Se murió también el rico, y lo enterraron. Y, estando en el infierno, en medio de los tormentos, levantando los ojos, vio de lejos a Abrahán, y a Lázaro en su seno, y gritó: "Padre Abrahán, ten piedad de mí y manda a Lázaro que moje en agua la punta del dedo y me refresque la lengua, porque me torturan estas llamas." Pero Abrahán le contestó: "Hijo, recuerda que recibiste tus bienes en vida, y Lázaro, a su vez, males: por eso encuentra aquí consuelo, mientras que tú padeces. Y además, entre nosotros y vosotros se abre un abismo inmenso, para que no puedan cruzar, aunque quieran, desde aquí hacia vosotros, ni puedan pasar de ahí hasta nosotros." El rico insistió: "Te ruego, entonces, padre, que mandes a Lázaro a casa de mi padre, porque tengo cinco hermanos, para que, con su testimonio, evites que vengan también ellos a este lugar de tormento." Abrahán le dice: "Tienen a Moisés y a los profetas; que los escuchen." El rico contestó: "No, padre Abrahán. Pero si un muerto va a verlos, se arrepentirán."
Abrahán le dijo: "Si no escuchan a Moisés y a los profetas, no harán caso ni aunque resucite un muerto."»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 2ª semana de Cuaresma

Jueves, 5 de marzo de 2015
EL PUEBLO SUFRE. MIRA SUS NECESIDADES
(Jer 17,5-10; Lc 16,19-31)

Introducción
Los que ponen su fe en sí mismos y en los medios o recursos materiales que poseen no están abiertos a Dios o al reino de Dios. Se erigen a sí mismos como sus propios dioses y adoran lo que han hecho con su trabajo, con sus negocios… Adoran el becerro de oro. Fallan miserablemente al no ver o ser sensibles ante las necesidades de los otros, especialmente de los pobres. Hay que aclarar que los que poseen más no son condenados precisamente porque tengan más que los demás, sino porque no ven las necesidades de los que tienen menos o no tienen nada, y porque no están dispuestos a ayudar y compartir. --- Tenemos que aprender a percibir también las necesidades “no expresadas” de los pobres, especialmente de los humildes, de los que no se atreven a “verbalizar” su pobreza, su angustia y aflicción.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Muchos de nosotros
nunca disfrutamos tanto como ahora
del bienestar y la vida,
y por eso nos hemos vuelto
engreídos y satisfechos de nosotros mismos,
felices en nuestro pequeño mundo egoísta.
Oh Dios, haz que nuestros oídos
permanezcan abiertos a tu palabra
y nuestros corazones abiertos a ti
y también a nuestros hermanos.
No permitas que, en nuestra situación de bienestar,
nos olvidemos de ti y de los hermanos,
o que pongamos nuestra esperanza solo en nosotros mismos.
Danos la sana inquietud de buscarte a ti, siempre y en todo,
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Intenciones
Por los pobres y desposeídos, por los que viven totalmente al margen de un digno bienestar y de la sociedad, roguemos al Señor.
Por los que tienen la mente y el corazón endurecidos y ya no ven ni las necesidades ni las ansiedades de los pobres, roguemos al Señor.
Por los países pobres del tercer o del cuarto mundo, para que puedan tener el debido acceso a los recursos y riquezas de esta nuestra tierra, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Tú sabes lo que hay en nosotros, en nuestro corazón,
y dónde está nuestro tesoro.
Danos fe no en nosotros mismos
o en lo que nuestra creatividad y nuestras manos han hecho,
sino en lo que podemos construir
todos juntos, contigo y con tu Hijo,
para que todo lo que somos y hacemos
sea a la vez un don que procede de tu generosa bondad
y fruto de nuestro trabajo y creatividad,
y que todo contribuya a construir
un mundo más digno, más humano; un mundo mejor,
en Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Abre nuestros oídos
a las palabras que Jesús nos dirige
para que creamos en tu designio salvador
y construyamos entre todos un mundo mejor.
Abre nuestros ojos y corazones
a las necesidades de los que sufren,
para que, en tu nombre,
podamos cuidarnos fraternalmente de ellos.
Y abre definitivamente nuestros corazones a ti
para que sin cesar te amemos y alabemos
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Lo que todos grandemente necesitamos son ojos para ver las necesidades de nuestros hermanos, oídos para escuchar su estruendoso clamor que reclama justicia, misericordia y una participación equitativa de los bienes de la tierra, tanto materiales como espirituales. Que el Dios de bondad sea bueno, nos dé un corazón grande y compasivo, y lleve a cabo todo ese bello sueño en nosotros.
Y que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del jueves, 5 de marzo de 2015

Fernando Torres Pérez, cmf

Hay un asunto en el Evangelio y en la vida cristiana que no hay que olvidar. Me refiero al tema de la responsabilidad personal. De alguna manera, y asumiendo todas las limitaciones que tiene nuestra libertad, tan condicionada por tantísimas cosas, somos los responsables de nuestras decisiones, del camino que vamos tomando en la vida, de cómo vamos rellenando ese libro en blanco que es la vida de cada persona al comenzar su andadura vital.

Obviamente esa responsabilidad personal hay que conjugarla con la misericordia, tan presente en el Evangelio. El amor del Padre es eso, amor de padre, amor infinito. Y ese es el prisma con el que nos mira. Pero eso no quita para que seamos llamados a crecer como personas y asumir las riendas de nuestra vida como seres adultos, responsables y maduros.
El evangelio de hoy nos invita a reflexionar sobre la responsabilidad que tenemos de las decisiones que tomamos. No podemos ser como niños que, cada vez que les pillan en falta, miran para otro lado y dicen que no sabían nada o que no se habían dado cuenta o, incluso, señalan a otro como culpable. El rico Epulón tiene una clara responsabilidad sobre su vida hecha de banquetes, de buena vida y, sobre todo, de no mirar a sus hermanos más pobres, representado en Lázaro, el mendigo de su puerta, como personas, de ser indiferente ante su dolor, su pobreza, su enfermedad.

Conocí una vez a un hombre que me dijo que no había visto nunca que en su país hubiese pobres por la sencilla razón de que siempre había viajado en el coche de su padre y éste tenía los cristales tintados. Ciertamente mientras que fue un niño pudo no ser responsable pero a partir de una determinada edad debemos empezar a asumir las consecuencias de nuestros actos. Para bien y para mal. A veces el asunto no consiste en que se nos presente un testigo delante. Esa presencia puede ser perfectamente inútil si nosotros no abrimos los ojos y el corazón a su presencia. Y lo de abrir los ojos y el corazón es responsabilidad nuestra. Aunque muchas veces nos cueste reconocerlo.
Otro día hablaremos de la misericordia de Dios. Pero no conviene olvidar lo comentado. Porque Dios no nos llama a ser perpetuos niños sino a crecer como personas libres y maduras.
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