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Lecturas y Liturgia del 2 de Abril de 2015

Lecturas del Jueves Santo

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/jueves_santo08.mp3

Jueves, 2 de abril de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Éxodo (12.1-8.11-14):


En aquellos días, dijo el Señor a Moisés y a Aarón en tierra de Egipto: «Este mes será para vosotros el principal de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la asamblea de Israel: "El diez de este mes cada uno procurará un animal para su familia, uno por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comérselo, que se junte con el vecino de casa, hasta completar el número de personas; y cada uno comerá su parte hasta terminarlo. Será un animal sin defecto, macho, de un año, cordero o cabrito. Lo guardaréis hasta el día catorce del mes, y toda la asamblea de Israel lo matará al atardecer. Tomaréis la sangre y rociaréis las dos jambas y el dintel de la casa donde lo hayáis comido. Esa noche comeréis la carne, asada a fuego, comeréis panes sin fermentar y verduras amargas. Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa, porque es la Pascua, el paso del Señor. Esta noche pasaré por todo el país de Egipto, dando muerte a todos sus primogénitos, de hombres y de animales; y haré justicia de todos los dioses de Egipto. Yo soy el Señor. La sangre será vuestra señal en las casas donde estéis: cuando vea la sangre, pasaré de largo; no os tocará la plaga exterminadora, cuando yo pase hiriendo a Egipto. Este día será para vosotros memorable, en él celebraréis la fiesta al Señor, ley perpetua para todas las generaciones."»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 115,12-13.15-16bc.17-18


R/. El cáliz de la bendición es comunión con la sangre de Cristo

¿Cómo pagaré al Señor
todo el bien que me ha hecho?
Alzaré la copa de la salvación,
invocando su nombre. R/.

Mucho le cuesta al Señor
la muerte de sus fieles.
Señor, yo soy tu siervo,
hijo de tu esclava;
rompiste mis cadenas. R/.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza,
invocando tu nombre, Señor.
Cumpliré al Señor mis votos
en presencia de todo el pueblo. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (11,23-26):

Yo he recibido una tradición, que procede del Señor y que a mi vez os he transmitido: Que el Señor Jesús, en la noche en que iban a entregarlo, tomó pan y, pronunciando la acción de gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi cuerpo, que se entrega por vosotros. Haced esto en memoria mía.» Lo mismo hizo con el cáliz, después de cenar, diciendo: «Este cáliz es la nueva alianza sellada con mi sangre; haced esto cada vez que lo bebáis, en memoria mía.» Por eso, cada vez que coméis de este pan y bebéis del cáliz, proclamáis la muerte del Señor, hasta que vuelva.

Palabra de Dios

Evangelio
Evangelio según san Juan (13,1-15, del jueves, 2 de abril de 2015
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Lectura del santo evangelio según san Juan (13,1-15)


Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido.
Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: «Señor, ¿lavarme los pies tú a mí?»
Jesús le replicó: «Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde.»
Pedro le dijo: «No me lavarás los pies jamás.»
Jesús le contestó: «Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo.»
Simón Pedro le dijo: «Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza.»
Jesús le dijo: «Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos.»
Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: «No todos estáis limpios.» Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: «¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis "el Maestro" y "el Señor", y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves Santo

Jueves, 2 de abril de 2015
MISA VESPERTINA DE LA CENA DEL SEÑOR

(Dos Opciones)

1. “Éste es Mi Cuerpo, Que Es para Ustedes”
2. “Hagan Esto en Conmemoración Mía”

1. ”Éste es Mi Cuerpo, que Es para Ustedes”

Saludo
“Éste es mi cuerpo, que es para ustedes”, dice el Señor.
“Hagan esto como memorial mío”.
Que el Señor Jesús esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Esta tarde (noche) hemos venido, juntos como hermanos, a celebrar la memoria de la Cena de Despedida de Jesús: En esta cena tan cargada de emoción y significado, Jesús hizo y dijo cosas insólitas y chocantes. Como el más humilde de los siervos, él, el gran Maestro y Señor, lavó los pies de sus discípulos y les dijo que se hicieran, como él, servidores los unos de los otros, servidores del pueblo. Después, cuando estaban comiendo, les pasó el pan y el vino diciendo: “Esto es mi cuerpo partido para ustedes. Ésta es la copa de mi sangre derramada por ustedes. Ámense unos a otros como yo les he amado”. --- Estos acontecimientos ocurrieron hace mucho tiempo, y sin embargo, Jesús nos repite a nosotros aquí y ahora: Hagan esto en conmemoración mía. Les he dado ejemplo. Tienen que hacer ustedes como yo he hecho. Como yo he servido, así tienen ustedes que servir; como yo les he amado, así deben amarse unos a otros.

2. “Hagan Esto en Conmemoración Mía”

Saludo (Ver el Evangelio)
Dice el Señor:
“Si yo, que soy su Maestro y Señor,
les he lavado los pies,
también ustedes deben lavarse los pies unos a otros,
porque les he dado ejemplo
para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes”.
Que el Señor y siervo, Jesús, esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Cuando Jesús instituyó la eucaristía en la Última Cena, dijo: “Hagan esto en conmemoración mía”. En memoria de Jesús estamos ahora recordando y celebrando lo que ocurrió en la Última Cena y haciendo de nuevo lo que él hizo allí, como lo realizamos, de hecho, en cada eucaristía. Nosotros, pueblo de Dios, somos ahora los discípulos de la Última Cena. El sacerdote, que actúa en el nombre de Jesús, representa al mismo Jesús. La mesa, en torno a la que los discípulos estaban reunidos, es ahora el altar. La habitación (o Cenáculo) de la Última Cena es este templo. Como los discípulos, estamos reunidos como comunidad en torno a Jesús, y comiendo con él. Éste es un acto fundamental para nuestras comunidades cristianas: estar reunidos en torno al Señor, para comer y beber con él y de esta manera estar más unidos a él y ser más como él. Celebremos, pues, gozosamente con el Señor.

Acto Penitencial
Nuestro Señor se nos da a sí mismo en la eucaristía
para que con su fuerza hagamos como él hizo.
En su presencia, y en presencia de los hermanos,
preguntémonos si hemos sido fieles
a esta tarea de amor.
(Pausa)

Señor, en la eucaristía nos llamas a todos juntos
para ser uno en ti, pero fallamos en poner aparte nuestras diferencias y edificar juntos justicia y amor entre nosotros.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Oh Cristo, Señor nuestro: En la eucaristía tú nos sirves pero el servicio y el sacrificio en beneficio de otros nos parecen con frecuencia demasiado humillantes y nos cuesta demasiado realizarlos.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.

Señor, en la eucaristía tú sigues entregándote a ti mismo por nosotros, pero, cuando nosotros tenemos que compartir, con frecuencia medimos y pesamos nuestros dones y no nos damos a nosotros mismos.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.

Que el Señor tenga misericordia de nosotros, perdone nuestra falta de amor y servicio y nos lleve a la vida eterna.

Oración Colecta
Oremos para que podamos celebrar esta santa Cena
con la misma actitud del Señor.
(Pausa)
Oh Dios y Padre nuestro:
En esta tarde (noche),
tan diferente de otras tardes (noches),
estamos aquí reunidos para participar en la cena
que tu único Hijo nos legó,
de forma que él pudiera permanecer con nosotros
con toda la plenitud de su amor liberador.
Él nos dio esta cena
cuando estaba a punto de morir,
y nos mandó celebrarla
como el nuevo y eterno sacrificio.
Te pedimos que en este encuentro con tu Hijo
él comparta con nosotros tu vida y amor
y sea nuestro pan de fortaleza
que nos haga capaces de cumplir tu amorosa voluntad
y de servir generosamente a nuestros prójimos,
cercanos o lejanos.
Te lo pedimos por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Ex 12,1-8.11-14): Un Día de Fiesta, para Siempre
Como los judíos se salvaban por la sangre del cordero pascual, así recordamos que Jesús es nuestro Cordero Pascual salvador.

Segunda Lectura (1 Cor 11,23-26): Este es mi Cuerpo, entregado para Ustedes
San Pablo nos recuerda que tenemos que dejar a Jesús hacer entre nosotros, en su memoria, lo mismo que hizo en la Última Cena: Darnos su cuerpo como comida.

Evangelio (Jn 13,1-1): Lávense los Pies Unos a Otros: ¡Sirvan!
Jesús lavó los pies de sus apóstoles para recalcarles a ellos, y también a nosotros, que el servicio está en el corazón del Evangelio, junto con la entrega de sí mismo.

Oración de los Fieles
En esta tarde (noche), tan diferente de otras tardes (noches), estamos invitados con los apóstoles a la Cena del Señor. Roguémosle que sepamos conectar íntimamente con su propia actitud y disposición interior, en aquella noche antes de su pasión, y digámosle: R/ Quédate con nosotros, Señor.

- Señor Jesús, Cordero de Dios, tú cumples la voluntad del Padre hasta el fin; eres fiel a tu misión de amor. Danos la misma fidelidad, para que no busquemos con terquedad nuestra propia voluntad, sino la voluntad del Padre, en todo lo que hagamos. Y así te rogamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

- Señor, en la Última Cena encontraste una forma misteriosa y sacramental para permanecer por siempre con los que amas. Danos fuerza y valor para seguir estando del lado de los que necesitan amor, para que les ayudemos en su miseria y pobreza, y les induzcamos a esperar en ti y en la vida. Y así te rogamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

- Cristo, nuestro Salvador, en la Última Cena tú nos diste tu mandamiento de amor como tu último testamento. Danos la gracia de comprometernos a hacer obras de amor, de forma que así podamos celebrar genuinamente la eucaristía, trabajando también por la justicia social, por la paz y por el respeto de la dignidad humana de nuestros hermanos. Y así te rogamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

- Señor, en esta tarde (noche) santa, tú nos muestras que tu amor no consiste en meras palabras, sino que es totalmente eficaz, más fuerte que la muerte, pues entregas tu vida por nosotros. Danos fuerza para amarte a ti y a los hermanos con un amor más fuerte y efectivo que las palabras, con un amor fiel y total. Y así te rogamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

- Señor Jesús, en esta tarde (noche) santa, tú nos enseñas que “amor” significa servicio humilde. Te pedimos valor para hacer “obras de caridad”, no para ser vistos por la gente, sino para ayudar a otros callada y discretamente, respetando su dignidad humana; y danos arrojo para dar preferencia a los más pobres, a los desconocidos, a los pequeños, a los marginados y rechazados de la vida. Y así te rogamos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

Señor Jesucristo, Señor de amor: Tú dijiste en la Última Cena -y nos lo repites a nosotros esta tarde (noche)- que una persona no puede tener mayor amor que dando su vida por sus amigos. Danos fuerza para evitar vivir para nosotros mismos, y, gracias al calor de nuestros corazones y a nuestra entrega de unos a otros, para hacer tu amor un poco más visible en la tierra, para que todos crean en ti, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración sobre las Ofrendas
Oh Dios y Padre nuestro:
Tu Hijo Jesús se dio a sí mismo a sus amigos
como el nuevo Cordero Pascual
bajo el sabor de un trozo de pan
y con la alegría de una copa de vino.
Ahora que está él con nosotros,
le pedimos que nos alimente con su cuerpo
para hacernos realmente
su “cuerpo místico” para el mundo,
es decir, la Iglesia de su pueblo peregrino
en marcha hacia la tierra prometida
donde esperamos gozar de alegría y felicidad eternas.
Te lo pedimos por el mismo Cristo, nuestro Señor.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Hoy Jesús nos dice de una manera conmovedora: Esto es mi cuerpo y ésta es mi sangre para ustedes; soy yo mismo, que me entrego a ustedes. Aprendan de mí a darse ustedes mismos a Dios y los unos a los otros. – Demos gracias por todo ello.

Introducción al Padre Nuestro
Antes de participar en el banquete del Señor como pueblo que él ha unido, oremos con el Señor Jesús la oración que él mismo nos enseñó. R/ Padre Nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males.
Danos hoy el pan de tu Hijo
que nos anime a seguir adelante
por el camino del amor y del servicio
y que sea nuestra fuerza
en las pruebas de la vida,
mientras esperamos con gozosa alegría
la gloriosa venida de nuestro Salvador Jesucristo.

Invitación a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
Cordero de Dios que entregó su vida
para eliminar nuestros pecados
y para ser nuestra vida.
Vengan a la mesa del Señor
en paz y amistad.
Es el mismo Señor quien nos invita
y el mismo Señor quien nos alimenta;
es el Señor quien nos da su paz.

Oración después de la Comunión
Oh Dios y Padre nuestro:
Cuando tu Hijo Jesús
se entregó a sí mismo a sus amigos
como comida y bebida para el camino,
se comprometió
a permanecer con nosotros
como el “hombre-para-los-demás”
y como el “Señor-que-sirve”.

Queremos aprender de él
a entregarnos a nuestro prójimo,
a amar y servir a los hermanos sin contar el precio
y a liberar a nuestros hermanos y hermanas
de cualquier mal que les esclavice,
como un anticipo de la felicidad eterna
que, según tu promesa, tú nos preparas
por medio de Jesucristo, nuestro Señor.

Antes de la Procesión con el Santísimo
Después de la Última Cena, Jesús fue con sus apóstoles al huerto de Getsemaní a orar, antes de que lo apresaran y comenzara así su pasión, para morir al día siguiente en la cruz. Como a los apóstoles, el Señor nos pide a nosotros también vigilar y orar con él. Podríamos reflexionar, en el rato de nuestra adoración, sobre la forma cómo él aceptó su pasión por amor fiel a su Padre y a nosotros. Podríamos también darle gracias por permanecer con nosotros en la eucaristía, para ser entre nosotros vínculo de unidad y de amor.

Comentario al Evangelio del jueves, 2 de abril de 2015

Queridos amigos:
Compartir el pan y beber de la misma copa eran gestos muy elocuentes en tiempos de Jesús. A través de ellos se establecía una profunda comunión con los demás y con la naturaleza. El pan y el vino, frutos de la tierra y del trabajo de los hombres, se convierten en alimento después de un proceso de transformación. Tienen que morir los granos de trigo y las uvas del racimo para que nazca el pan blanco y el vino rojo. Cuando Jesús entrega a sus discípulos estos dones, les está anticipando su final y, al mismo tiempo, les está ofreciendo un programa de vida: “Vosotros podéis ser alimento para los demás si aceptáis ser molidos (como los granos) o triturados (como las espigas)”. En esto consiste la eucaristía. Por eso, como nos recuerda la carta a los Corintios, cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz proclamamos la muerte del Señor hasta que él vuelva, reproducimos el sentido de su vida entregada.

¿Entendemos esto cuando celebramos la eucaristía? Si lo entendiéramos, ¿cómo podemos preguntar, una y otra vez, “para qué sirve la eucaristía”? ¡Sirve para vivir! Es el símbolo y la fuente de la vida. Sin entrar en comunión con el Cristo que se da somos incapaces de dejarnos triturar en el lagar de la vida, nos resistimos a todas las muertes y no encontramos sentido a nada de lo que hacemos. Sin eucaristía, nuestra existencia se reduce a una exhibición estéril.
Como hoy no estamos muy adiestrados en descifrar símbolos, el evangelio de Juan nos ofrece una traducción eucarística apta para todos los públicos. Vive la eucaristía quien reproduce la vida de Jesús, que no ha venido a ser servido sino a servir. Por eso, en el Jueves Santo, se coloca ante nuestros ojos el icono del Jesús que lava los pies a sus discípulos. El Señor se convierte en siervo y los siervos en señores. La conclusión es clara: También vosotros debéis lavaros los pies unos a otros.

Os propongo la siguiente parábola:
En un encuentro comunitario, el Abad confesó con sencillez a los monjes: Cuando yo era adolescente, tenía la ambición de ser el primero en todo: quería ser el más guapo, el más listo, el más alto, el más rico, el más joven, el más bueno, el más sabio.
Pronto descubrí que esta ambición me quitaba la vida, pero no sabía qué hacer, porque veía que no es posible renunciar al ideal sin traicionarse y me parecía que ser el primero era, sin duda, el ideal.
Tardé mucho en comprender que el ideal está en ocupar el último puesto, que es el puesto del servicio y, por lo mismo, del amor. Esto dio un sentido nuevo a mi vida.
Ahora caigo en la cuenta de que pretender el último puesto es demasiado para mí, porque ese sitio se lo ha reservado el Señor, y él no lo cede, aunque sí lo comparte con quien se lo pide. Yo se lo pido, muy consciente de que no lo merezco, y me siento feliz. ¡Ahora, vivo!
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