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Lecturas y Liturgia del 12 de Mayo de 2015

Lecturas del Martes de la 6ª semana de Pascua

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/pascua08_martes6.mp3

Martes, 12 de mayo de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (16,22-34):

En aquellos días, la plebe de Filipos se amotinó contra Pablo y Silas, y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los apalearan; después de molerlos a palos, los metieron en la cárcel, encargando al carcelero que los vigilara bien; según la orden recibida, los metió en la mazmorra y les sujetó los pies en el cepo. A eso de media noche, Pablo y Silas oraban cantando himnos a Dios. Los otros presos escuchaban. De repente, vino una sacudida tan violenta que temblaron los cimientos de la cárcel. Las puertas se abrieron de golpe, y a todos se les soltaron las cadenas. El carcelero se despertó y, al ver las puertas de la cárcel de par en par, sacó la espada para suicidarse, imaginando que los presos se habían fugado.
Pablo lo llamó a gritos: «No te hagas nada, que estamos todos aquí.»
El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó y les preguntó: «Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?»
Le contestaron: «Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia.»
Y le explicaron la palabra del Señor, a él y a todos los de su casa. El carcelero se los llevó a aquellas horas de la noche, les lavó las heridas, y se bautizó en seguida con todos los suyos, los subió a su casa, les preparó la mesa, y celebraron una fiesta de familia por haber creído en Dios.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 137,1-2a.2bc.3.7c-8

R/. Señor, tu derecha me salva

Te doy gracias, Señor, de todo corazón;
delante de los ángeles tañeré para ti,
me postraré hacia tu santuario. R/.

Daré gracias a tu nombre por tu misericordia
y tu lealtad. Cuando te invoqué,
me escuchaste,
acreciste el valor en mi alma. R/.

Tu derecha me salva.
El Señor completará sus favores conmigo:
Señor, tu misericordia es eterna,
no abandones la obra de tus manos. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (16,5-11):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Ahora me voy al que me envió, y ninguno de vosotros me pregunta: "¿Adónde vas?" Sino que, por haberos dicho esto, la tristeza os ha llenado el corazón. Sin embargo, lo que os digo es la verdad: os conviene que yo me vaya; porque si no me voy, no vendrá a vosotros el Defensor. En cambio, si me voy, os lo enviaré. Y cuando venga, dejará convicto al mundo con la prueba de un pecado, de una justicia, de una condena. De un pecado, porque no creen en mí; de una justicia, porque me voy al Padre, y no me veréis; de una condena, porque el Príncipe de este mundo está condenado.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Martes de la 6ª semana de Pascua

Martes, 12 de mayo de 2015
El Espíritu Testifica Contra El Mundo
(Hch 16,22-34; Jn 16,5-11)

Introducción
La vida de Cristo, que la comunidad vive, y la mentalidad de Cristo vivo en la Iglesia, darán testimonio contra el mundo en la medida en que éste está todavía por redimir y dominado por el mal. El mundo acusa a Cristo de ser un pecador, en su juicio lo encuentra culpable como si fuera un hombre sin fundamento, y lo condena. --- Pero ¿quién es realmente el pecador? ¿Quién es el culpable? ¿Quién es condenado? No Cristo, sino, todo lo contrario, el mundo. ¿Quién probará esto? El Espíritu de Cristo vivo en la Iglesia. Si la Iglesia vive la vida del justo Jesús, las obras del mundo aparecerán como injustas, y la vida de Cristo vivida por los cristianos será una condenación del mundo y de los poderes del mal.

Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tú nos exiges mucho, a nosotros, tu Iglesia,
al llamarnos a ser testigos
de tu Hijo y de su mensaje salvador,
aunque seamos hombres y mujeres
que participamos también en el pecado del mundo.
Envíanos tu Santo Espíritu
para abrirnos siempre a la renovación y conversión,
para que tu Iglesia muestre al mundo
el verdadero rostro de Jesucristo
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que el pueblo de Dios continúe dando gracias a Dios porque nos ha dado la gracia de creer en él, y en Jesucristo y su evangelio, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos ayude a discernir cuánta mentira e injusticia hay todavía en nuestro mundo, y nos dé la valentía de testificar a favor de la verdad, de la bondad y de la justicia del evangelio, roguemos al Señor.
Para que creamos que el Espíritu Santo guiará nuestras vidas por los caminos de Cristo y su evangelio, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Aquí te ofrecemos ahora pan y vino,
que son tus regalos para nosotros
y nuestra ofrenda para ti,
para que se transformen en Cristo.
Envíanos el Espíritu de tu Hijo,
para que los que nos sentamos a esta mesa santa
lleguemos a ser también
signos de la presencia de Cristo entre nosotros
al compartir unos con otros
y al dar al mundo el pan de amor y justicia.
Te lo pedimos por Cristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tú nos has confiado a nosotros, tu pueblo,
la tarea de continuar la misión de tu Hijo
de redimir al mundo.
Envíanos el Espíritu Santo de tu Hijo
para que nos haga testigos suyos creíbles:
hombres y mujeres que primero viven
lo que queremos que otros acepten y vivan;
hombres y mujeres
para quienes tu Hijo es
una persona real y un camino de vida.
Te lo pedimos por el mismo Cristo nuestro Señor.

Bendición:
Hermanos: Cristo nos da el Espíritu Santo para guiarnos a cada uno de nosotros y a toda la Iglesia por los caminos del evangelio. Él nos ayudará a llevar el evangelio al mundo, aclarándonos el mensaje de Cristo y dándonos el discernimiento y la fortaleza para comunicarlo al mundo de hoy. Para ello, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.

Comentario al Evangelio del 

Comentario: Fr. Joseph A. PELLEGRINO (Tarpon Springs, Florida, Estados Unidos)
Os conviene que yo me vaya

Hoy el Evangelio nos ofrece una comprensión más profunda de la realidad de la Ascensión del Señor. En la lectura del Evangelio de Juan del Domingo de Pascua, Jesús le dice a María Magdalena que no se aferre a Él porque «aún no he subido a mi Padre» (Jn 20,17). En el Evangelio de hoy Jesús se da cuenta de que «por haberos dicho esto, vuestros corazones se han llenado de tristeza» (Jn 16,6), por eso indica a sus discípulos que «os conviene que yo me vaya» (Jn 16,7). Jesús debe ascender al Padre. Sin embargo, todavía está entre nosotros.

¿Cómo puede irse y quedarse al mismo tiempo? Este misterio lo explicó el Papa Benedicto XVI: «Y, dado que Dios abraza y sostiene a todo el cosmos, la Ascensión del Señor significa que Cristo no se ha alejado de nosotros, sino que ahora, gracias al hecho de estar con el Padre, está cerca de cada uno de nosotros, para siempre».

Nuestra esperanza se halla en Jesucristo. Con su conquista sobre la muerte nos dio una vida que la muerte no podrá nunca destruir, su Vida. Su resurrección es la verificación de que lo espiritual es real. Nada puede separarnos del amor de Dios. Nada puede disminuir nuestra esperanza. Las negativas del mundo no pueden destruir lo positivo de Jesucristo.

El mundo imperfecto en el que vivimos, un mundo donde sufren los inocentes, puede conducirnos al pesimismo. Pero Jesucristo nos ha transformado en eternos optimistas.

La presencia viva del Señor en nuestra comunidad, en nuestras familias, en aquellos aspectos de nuestra sociedad que, con todo derecho, pueden ser llamados “cristianos”, nos confieren una razón para la esperanza. La Presencia Viva del Señor en cada uno de nosotros nos ha proporcionado alegría. No importa cuán grande sea el aluvión de noticias negativas que los medios disfrutan presentándonos; lo positivo del mundo supera con mucho a lo negativo, pues Jesús ha ascendido.

Él, en efecto, ha ascendido, pero no nos ha abandonado.

Comentario: + Rev. D. Lluís ROQUÉ i Roqué (Manresa, Barcelona, España)
Os conviene que yo me vaya

Hoy contemplamos otra despedida de Jesús, necesaria para el establecimiento de su Reino. Incluye, sin embargo, una promesa: «Si no me voy, no vendrá a vosotros el Paráclito; pero si me voy, os lo enviaré» (Jn 16,7).

Promesa hecha realidad de forma impetuosa en el día de Pentecostés, diez días después de la Ascensión de Jesús al cielo. Aquel día —además de sacar la tristeza del corazón de los Apóstoles y de los que estaban reunidos con María, la Madre de Jesús (cf. Hch 1,13-14)— los confirma y fortalece en la fe, de modo que, «todos se llenaron del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu Santo les impulsaba a expresarse» (Hch 2,4).

Hecho que se “hace presente” a lo largo de los siglos a través de la Iglesia, una, santa, católica y apostólica, ya que, por la acción del mismo Espíritu prometido, se anuncia a todos y en todas partes que Jesús de Nazaret —el Hijo de Dios, nacido de María Virgen, que fue crucificado, muerto y sepultado— verdaderamente resucitó, está sentado a la diestra de Dios Padre (cf. Credo) y vive entre nosotros. Su Espíritu está en nosotros por el Bautismo, constituyéndonos hijos en el Hijo, reafirmando su presencia en cada uno de nosotros el día de la Confirmación. Todo ello para llevar a término nuestra vocación a la santidad y reforzar la misión de llamar a otros a ser santos.

Así, gracias al querer del Padre, la redención del Hijo y la acción constante del Espíritu Santo, todos podemos responder con total fidelidad a la llamada, siendo santos; y, con una caridad apostólica audaz, sin exclusivismos, llevar a cabo la misión, proponiendo y ayudando a los otros a serlo.

Como los primeros —como los fieles de siempre— con María rogamos y, confiando que de nuevo vendrá el Defensor y que habrá un nuevo Pentecostés, digamos: «Ven, Espíritu Santo, llena el corazón de tus fieles y enciende en ellos la llama de tu amor» (Aleluya de Pentecostés).
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