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Lecturas y Liturgia del 14 de Mayo de 2015

Lecturas del Jueves de la 6ª semana de Pascua

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://evangeli.net/_mp3/daily/es/III_55.mp3

Jueves, 14 de mayo de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (1,15-17.20-26):


Uno de aquellos días, Pedro se puso en pie en medio de los hermanos y dijo (había reunidas unas ciento veinte personas): «Hermanos, tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo, por boca de David, había predicho, en la Escritura, acerca de Judas, que hizo de guía a los que arrestaron a Jesús. Era uno de nuestro grupo y compartía el mismo ministerio. En el libro de los Salmos está escrito: "Que su morada quede desierta, y que nadie habite en ella," y también: "Que su cargo lo ocupe otro." Hace falta, por tanto, que uno se asocie a nosotros como testigo de la resurrección de Jesús, uno de los que nos acompañaron mientras convivió con nosotros el Señor Jesús, desde que Juan bautizaba, hasta el día de su ascensión.»
Propusieron dos nombres: José, apellidado Barsabá, de sobrenombre Justo, y Matías.
Y rezaron así: «Señor, tú penetras el corazón de todos; muéstranos a cuál de los dos has elegido para que, en este ministerio apostólico, ocupe el puesto que dejó Judas para marcharse al suyo propio.»
Echaron suertes, le tocó a Matías, y lo asociaron a los once apóstoles.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 112,1-2.3-4.5-6.7-8

R/. El Señor lo sentó con los príncipes de su pueblo

Alabad, siervos del Señor,
alabad el nombre del Señor.
Bendito sea el nombre del Señor,
ahora y por siempre. R/.

De la salida del sol hasta su ocaso,
alabado sea el nombre del Señor.
El Señor se eleva sobre todos los pueblos,
su gloria sobre los cielos. R/.

¿Quién como el Señor, Dios nuestro,
que se eleva en su trono
y se abaja para mirar al cielo y a la tierra? R/.

Levanta del polvo al desvalido,
alza de la basura al pobre,
para sentarlo con los príncipes,
los príncipes de su pueblo. R/.

Evangelio
Lectura del Santo Evangelio según San Juan (15,9-17):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «Como el Padre me ha amado, así os he amado yo; permaneced en mi amor. Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. Os he hablado de esto para que mi alegría esté en vosotros, y vuestra alegría llegue a plenitud. Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando. Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer. No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé. Esto os mando: que os améis unos a otros.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Jueves de la 6ª semana de Pascua

Jueves, 14 de mayo de 2015
SAN MATÍAS, APÓSTOL, Fiesta
(Hch 1,15-17. 20-26; Jn 15,9-17)
Introducción
Matías fue elegido por los apóstoles para sustituir a Judas, el traidor, porque había sido discípulo de Jesús desde el mismísimo principio, desde el tiempo en que Jesús recibió el bautismo de Juan en el Jordán hasta la Ascensión. Por lo tanto, su capacidad y sus credenciales eran que podría dar testimonio cabal de Cristo resucitado. --- Así también nosotros deberíamos darlo.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro:
Tu apóstol Matías fue un testigo
de la vida y de la muerte de Jesucristo
y de su gloriosa resurrección.
Que, siguiendo su ejemplo,
tu pueblo de hoy, los miembros de la Iglesia,
seamos también testigos
de la vida de tu Hijo
viviendo esa vida lo mejor que podamos
e irradiando la alegría de discípulos
que estmos renaciendo con él
a una vida nueva y más profunda.
Te lo pedimos por el mismo Jesucristo, nuestro Señor.

Intenciones
Para que en nombre del Señor resucitado la Iglesia haga alzarse a sus miembros –e incluso a extraños y desconocidos- hacia una vida nueva y humanamente mejor, roguemos al Señor.
Para que el Señor resucitado nos dé paz y serenidad de corazón, para que tengamos la gozosa convicción de que en él hemos encontrado a alguien por quien vale la pena vivir y que da sentido a nuestras vidas, roguemos al Señor.
Para que el Señor dé paz a nuestras comunidades cristianas, en la certeza de que él está siempre con nosotros y parte para nosotros el pan de la eucaristía, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro:
Celebramos ahora con pan y vino
la presencia de Jesús, el Señor, en medio de nosotros.
Que esta celebración sea para nosotros una garantía
de que él quiere sacarnos de nuestro letargo
y hacernos vigorosos y entusiastas
para así ser levadura transformadora
en nuestras comunidades
orientándolas hacia una vida de servicio;
y para ser como un camino que conduzca
hacia una justicia y amor más profundos.
Concédenos todo esto
por medio de Jesucristo nuestro Señor.

Oración después de la Comunión
Señor Dios, Padre nuestro:
Jesús nos ha dirigido aquí en la eucaristía
sus palabras, Buena Noticia para nosotros.
Que estas palabras se conviertan en nosotros
en obras de salvación
y que nosotros mismos lleguemos a ser
Buena Noticia y bendición
para todos los que encontremos en nuestro camino,
gracias a nuestro espíritu de alegría y perdón,
de generosidad, servicio y amor.
Te pedimos todo esto por Jesucristo nuestro Señor.

Bendición
Hermanos: En el evangelio de hoy, Jesús nos ha dicho: “Yo los elegí a ustedes y los destiné para que vayan y den fruto, un fruto que permanezca”. Para que sepamos dar buenos frutos con nuestras palabras y con nuestras obras, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y permanezca para siempre.


Comentario al Evangelio del 

Meditación del Papa Francisco
Sí, estamos aquí para alabar al Señor, y lo hacemos reafirmando nuestra voluntad de ser instrumentos suyos, para que alaben a Dios no sólo algunos pueblos, sino todos. Con la misma parresia de Pablo y Bernabé, queremos anunciar el Evangelio a nuestros jóvenes para que encuentren a Cristo y se conviertan en constructores de un mundo más fraterno. En este sentido, quisiera reflexionar con ustedes sobre tres aspectos de nuestra vocación: llamados por Dios, llamados a anunciar el Evangelio, llamados a promover la cultura del encuentro.

Llamados por Dios. Creo que es importante reavivar siempre en nosotros este hecho, que a menudo damos por descontado entre tantos compromisos cotidianos: “No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes”, dice Jesús. Es un caminar de nuevo hasta la fuente de nuestra llamada […]

Le pedimos a María que nos enseñe a encontrarnos cada día con Jesús. Y, cuando nos hacemos los distraídos, que tenemos muchas cosas, y el sagrario queda abandonado, que nos lleve de la mano. Pidámoselo. Mira, Madre, cuando ande medio así, por otro lado, llévame de la mano. Que nos empuje a salir al encuentro de tantos hermanos y hermanas que están en la periferia, que tienen sed de Dios y no hay quien se lo anuncie. Que no nos eche de casa, pero que nos empuje a salir de casa. Y así que seamos discípulos del Señor. Que Ella nos conceda a todos esta gracia.» (Homilía de S.S. Francisco, 27 de julio de 2013).

Reflexión

El pasaje evangélico de este domingo es una perfecta continuación de la semana pasada. No sólo en cuanto al tema, sino también en los versículos de la liturgia.

Hace ocho días, el Evangelio nos ofrecía para nuestra meditación la bella alegoría de la Vid y los sarmientos (Jn 15, 1-8). Y hoy la Iglesia nos presenta la aplicación de ese discurso: cómo podemos vivir unidos a Cristo para ser buenos sarmientos y buenos amigos suyos (Jn 15, 9-17).
"Como el Padre me ha amado, así os he amado yo. Permaneced en mi amor", nos dice nuestro Señor. Al meditar en la alegoría de la Vid, sentíamos la necesidad apremiante de permanecer unidos a Jesús para tener vida y para llevar frutos de eternidad. Y ahora el Señor nos va a mostrar el camino: "Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor; lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor" (Jn 15,10). El modo de vivir unidos a Él es por medio del amor. Pero un amor hecho obras, real y operante. Un amor de puras palabras o discursos bonitos es un amor platónico y vacío por dentro. Un amor de puros sentimientos, propósitos y buenas intenciones es falso, engañoso y estéril. No es real. Es una farsa y una pantomima. Ya lo decían nuestros abuelos con una expresión muy plástica: "El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones". No bastan los "quisieras" para ser buenos cristianos y verdaderos discípulos del Señor. Se necesita un "quiero" rotundo, operante y con todas sus consecuencias.

Se cuenta que, en una ocasión, le preguntó la hermanita pequeña a santo Tomás de Aquino, cuando todavía éste era muy joven: "Oye, Tomás, ¿qué tengo yo que hacer para ser santa?". Ella esperaba una respuesta muy complicada y profunda; pero el santo le respondió: "Hermanita, para ser santa basta querer". Querer. Pero quererlo de verdad; o sea, poniendo todos los medios para lograrlo, con la ayuda de Dios; que las obras y los comportamientos respalden y confirmen luego nuestros propósitos. La sabiduría popular lo ha condensado en la conocidísima sentencia: "Obras son amores..., que no buenas razones". Y "del dicho al hecho, hay mucho trecho". ¡Tenemos que acortar ese trecho para mostrarle al Señor que de verdad le amamos con las obras! Así lo hizo Él: "lo mismo que yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor". Sólo así construiremos nuestra casa sobre roca, y no sobre arenas movedizas (Mt 7, 21-27).

Pero el Señor nos concreta aún más el camino. Si cumplimos sus mandamientos -nos dice- permanecermos en su amor. ¿Y cuáles son sus mandamientos? "Éste es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado". ¡La caridad hacia el prójimo!

Durante su vida pública nos dijo muchísimas veces que "el primer mandamiento es amar a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a nosotros mismos", y que no había un mandamiento mayor que éste (Mc 12, 29-31). La caridad es el centro de las bienaventuranzas y de toda su doctrina: "Por eso, cuanto quisiereis que os hagan a vosotros los hombres, hacédselo vosotros a ellos, porque en esto consiste toda la Ley y los Profetas"(Mt 7,12). En esto resume toda su enseñanza. Y no sólo nos lo dijo con su predicación, sino que así nos lo demostró con sus obras: siempre amando, sirviendo, curando, perdonando, acercando a los hombres a Dios, predicando el amor con sus palabras y, sobre todo, con sus actitudes y comportamientos hacia todas las personas. "Pasó haciendo el bien" resumió san Pedro la vida del Señor (Hech 10,38).

La caridad es el núcleo de la Buena Nueva, de todo el Evangelio. Éste es SU mandamiento nuevo, el signo distintivo por el que todos reconocerían a sus discípulos (Jn 13, 34-35). Y es tan fundamental este precepto del amor al prójimo que ésta será la principal materia del juicio final: "En verdad os digo que cuantas veces hicisteis eso a uno de estos mis hermanos menores, a mí me lo hicisteis" (Mt 25,40). San Juan de la Cruz, comentando este pasaje, afirma con cierto aire de poesía: "En el atardecer de la vida, seremos juzgados sobre el amor."
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