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Lecturas y Liturgia del 4 de Mayo de 2015

Lecturas del Lunes de la 5ª semana de Pascua


MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO DEL DIA  http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/pascua08_lunes5.mp3


Lunes, 4 de mayo de 2015
Primera lectura
Lectura del libro de los Hechos de los apóstoles (14,5-18):

En aquellos días, se produjeron en Iconio conatos de parte de los gentiles y de los judíos, a sabiendas de las autoridades, para maltratar y apedrear a Pablo y a Bernabé; ellos se dieron cuenta de la situación y se escaparon a Licaonia, a las ciudades de Listra y Derbe y alrededores, donde predicaron el Evangelio. Había en Listra un hombre lisiado y cojo de nacimiento, que nunca había podido andar.
Escuchaba las palabras de Pablo, y Pablo, viendo que tenía una fe capaz de curarlo, le gritó, mirándolo: «Levántate, ponte derecho.»
El hombre dio un salto y echó a andar. Al ver lo que Pablo había hecho, el gentío exclamó en la lengua de Licaonia: «Dioses en figura de hombres han bajado a visitarnos.» A Bernabé lo llamaban Zeus y a Pablo, Hermes, porque se encargaba de hablar. El sacerdote del templo de Zeus que estaba a la entrada de la ciudad trajo a las puertas toros y guirnaldas y, con la gente, quería ofrecerles un sacrificio.
Al darse cuenta los apóstoles Bernabé y Pablo, se rasgaron el manto e irrumpieron por medio del gentío, gritando: «Hombres, ¿qué hacéis? Nosotros somos mortales igual que vosotros; os predicamos el Evangelio, para que dejéis los dioses falsos y os convirtáis al Dios vivo que hizo el cielo, la tierra y el mar y todo lo que contienen. En el pasado, dejó que cada pueblo siguiera su camino; aunque siempre se dio a conocer por sus beneficios, mandándoos desde el cielo la lluvia y las cosechas a sus tiempos, dándoos comida y alegría en abundancia.»
Con estas palabras disuadieron al gentío, aunque a duras penas, de que les ofrecieran sacrificio.

Palabra de Dios

Salmo
Sal 113B,1-2.3-4.15-16

R/. No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria

No a nosotros, Señor, no a nosotros,
sino a tu nombre da la gloria,
por tu bondad, por tu lealtad.
¿Por qué han de decir las naciones:
«Dónde está su Dios»? R/.

Nuestro Dios está en el cielo,
lo que quiere lo hace.
Sus ídolos, en cambio, son plata y oro,
hechura de manos humanas. R/.

Benditos seáis del Señor,
que hizo el cielo y la tierra.
El cielo pertenece al Señor,
la tierra se la ha dado a los hombres. R/.

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Juan (14,21-26):

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ése me ama; al que me ama lo amará mi Padre, y yo también lo amaré y me revelaré a él.»
Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?»
Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guardará mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Defensor, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Lunes de la 5ª semana de Pascua

Lunes, 4 de mayo de 2015
DIOS VIVE EN NOSOTROS
(Hch 14,15-18; Jn 14,21-26)

Introducción
En la Primera Lectura Lucas nos muestra a Pablo realizando entre los paganos los mismos signos y milagros que Pedro entre los judíos (aquí la curación de un lisiado) y predicando el mismo mensaje.
En el Evangelio Cristo habla de inhabitación de Dios. En el Antiguo Testamento, el lugar donde Dios habitaba era, primero, la Tienda y el Arca de la Alianza; después, el Templo. El Templo era el signo de que Dios vivía en medio de y con su pueblo. Esto era tomado con frecuencia demasiado al pie de la letra, materialmente y casi mágicamente. Los Libros Sapienciales decían que la presencia de Dios era algo más interior: Dios se hacía presente por medio de su sabiduría, hallada en el corazón de los justos. --- Jesucristo dice que la presencia de Dios es mucho más íntima: él vive por amor en los corazones de los que le aman y guardan su Palabra; una presencia que sólo la puede conocer alguien que realmente ama. --- Cristo manifestará ahora su presencia entre nosotros de forma misteriosa y sacramental, en esta eucaristía.


Oración Colecta
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Buscamos con frecuencia tu presencia
en el templo de la creación y de la naturaleza,
y en los templos construidos con nuestras manos;
también podemos encontrarte en medio de tu pueblo.
Pero, sobre todo, tú has establecido tu templo
justamente en nuestros corazones.

Oh Dios, danos ojos de fe y amor
para reconocer que tú vives y moras en nosotros
con tu Hijo y con el Espíritu Santo
sobre todo cuando cumplimos
la Palabra del mismo Jesús,
Hijo tuyo y Señor nuestro
por los siglos de los siglos.

Intenciones
Para que todos nosotros sepamos dar testimonio de que somos discípulos de Jesús al amarnos sincera y profundamente unos a otros, roguemos al Señor.
Para que, en este nuestro tiempo en que Cristo no está ya físicamente presente entre nosotros, sepamos descubrir su presencia espiritual en cada rostro humano, roguemos al Señor.
Para que el Espíritu Santo nos enseñe a vivir según la Palabra que hemos oído de Cristo, que nos habla constantemente en el evangelio, roguemos al Señor.

Oración sobre las Ofrendas
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Tu Hijo Jesucristo está aquí con nosotros
pues estamos reunidos en su nombre
en esta asamblea eucarística.
Danos a Jesús de forma especial ahora
bajo la forma de pan y vino,
como nuestra bebida y nuestro alimento espiritual,
para que, dondequiera que estemos,
tú estés también presente,
porque tu Hijo está vivo en nosotros,
él que vive y reina contigo
por los siglos de los siglos.

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro, Padre amoroso:
Te damos gracias por darnos a tu Hijo
y por ver con agrado que viva en nosotros.
Ayúdanos a vivir el mismo estilo de vida que él vivió
y que él quiere que nosotros vivamos también:
una vida de obediencia a tu voluntad
y de entrega y dedicación a los hermanos
y a nuestra misión en la vida.
Que a través de nosotros tú estés presente
en este mundo frío y calculador
y le regales el calor del amor,
de la amistad y la compasión,
por medio de Jesucristo, que vive en nosotros,
ahora y -así lo esperamos-
por los siglos de los siglos.

Bendición
Hermanos: Jesús nos confirma y nos da la certeza de que nuestro Padre del cielo nos ama y vive en nosotros, si vivimos conforme a las palabras del mismo Jesus. Para que vivamos conforme a ellas de manera coherente, que la bendición de Dios todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo descienda sobre nosotros y nos acompañe siempre.



Comentario al Evangelio del 

Comentario: Rev. D. Norbert ESTARRIOL i Seseras (Lleida, España)
El Paráclito, el Espíritu Santo, que el Padre enviará en mi nombre, os lo enseñará todo y os recordará todo lo que yo os he dicho

Hoy, Jesús nos muestra su inmenso deseo de que participemos de su plenitud. Incorporados a Él, estamos en la fuente de vida divina que es la Santísima Trinidad. «Dios está contigo. En tu alma en gracia habita la Trinidad Beatísima. —Por eso, tú, a pesar de tus miserias, puedes y debes estar en continua conversación con el Señor» (San Josemaría).

Jesús asegura que estará presente en nosotros por la inhabitación divina en el alma en gracia. Así, los cristianos ya no somos huérfanos. Ya que nos ama tanto, a pesar de que no nos necesita, no quiere prescindir de nosotros.

«El que tiene mis mandamientos y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ame, será amado de mi Padre; y yo le amaré y me manifestaré a él» (Jn 14,21). Este pensamiento nos ayuda a tener presencia de Dios. Entonces, no tienen lugar otros deseos o pensamientos que, por lo menos, a veces, nos hacen perder el tiempo y nos impiden cumplir la voluntad divina. He aquí una recomendación de san Gregorio Magno: «Que no nos seduzca el halago de la prosperidad, porque es un caminante necio aquel que ve, durante su camino, prados deliciosos y se olvida de allá donde quería ir».

La presencia de Dios en el corazón nos ayudará a descubrir y realizar en este mundo los planes que la Providencia nos haya asignado. El Espíritu del Señor suscitará en nuestro corazón iniciativas para situarlas en la cúspide de todas las actividades humanas y hacer presente, así, a Cristo en lo alto de la tierra. Si tenemos esta intimidad con Jesús llegaremos a ser buenos hijos de Dios y nos sentiremos amigos suyos en todo lugar y momento: en la calle, en medio del trabajo cotidiano, en la vida familiar.

Toda la luz y el fuego de la vida divina se volcarán sobre cada uno de los fieles que estén dispuestos a recibir el don de la inhabitación. La Madre de Dios intercederá —como madre nuestra que es— para que penetremos en este trato con la Santísima Trinidad.
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