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Lecturas y Liturgia del 12 de Junio de 2015

Lecturas del Sagrado Corazón de Jesús

MISA DEL DIA   http://www.magnificat.tv/es/taxonomy/term/1
EVANGELIO MP3    http://www.radiopalabra.org/IMG/mp3/Corazon_de_Jesus.mp3

Viernes, 12 de junio de 2015
Primera lectura
Lectura del libro del Deuteronomio (7,6-11):

En aquellos días, Moisés habló al pueblo, diciendo: «Tú eres un pueblo santo para el Señor, tu Dios: él te eligió para que fueras, entre todos los pueblos de la tierra, el pueblo de su propiedad. Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro, por mantener el juramento que había hecho a vuestros padres, os sacó de Egipto con mano fuerte y os rescató de la esclavitud, del dominio del Faraón, rey de Egipto. Así sabrás que el Señor, tu Dios, es Dios: el Dios fiel que mantiene su alianza y su favor con los que lo aman y guardan sus preceptos, por mil generaciones. Pero paga en su persona a quien lo aborrece, acabando con él. No se hace esperar, paga a quien lo aborrece, en su persona. Pon por obra estos preceptos y los mandatos y decretos que te mando hoy.»

Palabra de Dios

Salmo
Sal 102,1-2.3-4.6-7.8.10

R/. La misericordia del Señor dura siempre,
para los que cumplen sus mandatos

Bendice, alma mía, al Señor,
y todo mi ser a su santo nombre.
Bendice, alma mía, al Señor,
y no olvides sus beneficios. R/.

Él perdona todas tus culpas
y cura todas tus enfermedades;
él rescata tu vida de la fosa
y te colma de gracia y de ternura. R/.

El Señor hace justicia
y defiende a todos los oprimidos;
enseñó sus caminos a Moisés
y sus hazañas a los hijos de Israel. R/.

El Señor es compasivo y misericordioso,
lento a la ira y rico en clemencia.
No nos trata como merecen nuestros pecados
ni nos paga según nuestras culpas. R/.

Segunda lectura
Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (4,7-16):
Amémonos unos a otros, ya que el amor es de Dios, y todo el que ama ha nacido de Dios y conoce a Dios. Quien no ama no ha conocido a Dios, porque Dios es amor. En esto se manifestó el amor que Dios nos tiene: en que Dios envió al mundo a su Hijo único, para que vivamos por medio de él. En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación para nuestros pecados. Queridos, si Dios nos amó de esta manera, también nosotros debemos amarnos unos a otros. A Dios nadie lo ha visto nunca. Si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor ha llegado en nosotros a su plenitud. En esto conocemos que permanecemos en él, y él en nosotros: en que nos ha dado de su Espíritu. Y nosotros hemos visto y damos testimonio de que el Padre envió a su Hijo para ser Salvador del mundo. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. Y nosotros hemos conocido el amor que Dios nos tiene y hemos creído en él. Dios es amor, y quien permanece en el amor permanece en Dios, y Dios en él.

Palabra de Dios

Evangelio
Lectura del santo evangelio según san Mateo (11,25-30):

En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.»

Palabra del Señor

Liturgia Viva del Sagrado Corazón de Jesús

Viernes, 12 de junio de 2015
SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN DE JESÚS

Dios Nos Amó Primero

Saludo (Ver Segunda Lectura)
Dios nos amó con amor infinito
antes de que nosotros pudiéramos amarle a él.
Nos envió a su Hijo como nuestro Salvador
y nos hizo partícipes de su Santo Espíritu.
Que este amor de Dios esté siempre con ustedes.

Introducción por el Celebrante
Cuando celebramos la fiesta del Sagrado Corazón, o siempre que honramos al Corazón de Jesús, celebramos el amor que Dios Padre nos mostró en su Hijo. Por pura iniciativa suya, Dios Padre, fuente y origen de todo auténtico amor, nos busca y se nos da a sí mismo. ¿Y quiénes se abren a su amor? No los auto-satisfechos y autosuficientes, porque no sienten necesidad ni de Dios ni de los hombres. Su orgullo les impide aceptar el amor. Pero, por el contrario, los débiles y humildes pueden abrirse al amor de Dios, porque son conscientes de la pobreza de su amor; saben que son frágiles y vulnerables. --- Dios busca nuestra respuesta de amor. Esta respuesta debe incluir necesariamente el que mostremos a los que viven con nosotros un poco del calor del amor que recibimos de él. Deberíamos permitir a los hermanos acercarse a nosotros, como Cristo dejaba a todos acercarse a sí para aliviar sus cargas.

Acto Penitencial
¿Estamos abiertos nosotros al amor de Dios?
¿Qué dispuestos estamos a compartir amor con otros y a recibirlo de ellos?
Antes de celebrar esta eucaristía hagámonos estas preguntas en la presencia de Dios y de los hermanos.
(Pausa)
Señor, con frecuencia estamos tan pagados de nosotros mismos que no prestamos atención a tu amor.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Cristo Jesús, de algún modo nos sentimos molestos cuando la gente intenta ayudarnos, porque eso nos recuerda que dependemos de otros, que no somos auto-suficientes.
R/ Cristo, ten piedad de nosotros.
Señor, con frecuencia no tenemos tiempo para los hermanos porque tampoco reservamos tiempo para ti.
R/ Señor, ten piedad de nosotros.
Que Dios todopoderoso tenga misericordia de nosotros, perdone nuestros pecados, sobre todo contra el amor, y nos lleve a la vida eterna.

Oración Colecta
Demos gracias a Dios, nuestro Padre,
por el infinito amor que nos ha mostrado
en el Corazón de su Hijo Jesús.
(Pausa)
Oh Dios Padre, Dios con corazón:
Tú has hecho visible tu amor en tu Hijo,
hombre como nosotros excepto en el pecado,
y por medio de él te has unido a nosotros
con un vínculo de amor fiel.
Acepta nuestra acción de gracias
y ayúdanos a reflexionar sobre tu mismo amor,
para que, como tú y como tu Hijo Jesús,
no tengamos miedo de mostrar
afecto y preocupación por nuestros hermanos
y de prestarles generoso servicio
aunque el hacerlo nos traiga inconvenientes.
Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Primera Lectura (Dt 7,6-11): La Iniciativa de Amor de Dios
Esta es la verdad fundamental: La iniciativa de amor arranca de Dios. Su amor es gratuito y fiel. El pueblo de Dios está llamado a dar una respuesta libre y gratuita al amor recibido gratuita y generosamente.

Segunda Lectura (1 Jn 4,7-16): Dios Nos Amó Primero
La primera carta de Juan repite y profundiza el mensaje del Antiguo Testamento: Todo amor proviene de Dios, ya que Dios es amor. Su amor nos impulsa a entregarnos unos a otros. Si no nos amamos mutuamente, el amor de Dios no puede morar en nosotros.

Evangelio (Mt 11,25-30): Solamente los Humildes Están Abiertos al Humilde Jesús
¿Quiénes comprenden y aceptan a Jesús y su Buena Noticia de amor? No los auto-suficientes y los soberbios, que confían en sus propios éxitos, sino los humildes, que son conscientes de la pobreza de sus propios corazones.

Oración de los Fieles
Oremos a Jesucristo, Señor nuestro, cuyo amor de entrega no tiene límites, y digámosle: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Señor, te pedimos por tu Iglesia. Que sea una comunidad donde las personas se encuentren como amigos y hermanos, y se entreguen unas otras en servicio y amor, y así te decimos: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Señor, te pedimos por todos los que tienen la misión de proclamar tu evangelio. Que sepan proclamar tu palabra como Buena Noticia de amor y alegría para todos los hombres, y así te decimos: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Señor, te pedimos por los que se encuentran solos, por los desorientados y perdidos en la vida. Que ojalá encuentren hermanos que les lleven tu luz y tu amor, y así te decimos: R/ Quédate con nosotros, Señor.

Señor, te pedimos por los que se encierran en sí mismos, atrapados en muros de superioridad, soberbia, lujuria, avaricia y rencor. Tócales el corazón con tu Espíritu de amor, para que se abran de nuevo a sus hermanos y aprendan de nuevo a apreciar, servir y amar a todos, y así te decimos: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Señor, te pedimos por nuestras familias y hogares, para que todos los que vivimos bajo el mismo techo compartamos armoniosamente unos con otros nuestras penas y alegrías, seamos pacientes y vivamos los unos para los otros, y así te decimos: R/ Quédate con nosotros, Señor.
Escucha nuestra oración, Señor, y danos un corazón bueno y generoso para los demás, para que construyamos comunidad y vivamos en tu amor, ahora y por los siglos de los siglos.

Oración de Ofertorio
Señor Dios nuestro:
Tu Hijo Jesús se entregó a sí mismo totalmente a ti
y se nos da ahora a nosotros
en esta celebración eucarística.

Danos la gracia de aprender de él
a ayudar a otros a llevar sus cargas y cruces
y a despertar y activar lo mejor que hay en ellos;
y que nuestro amor sea tan fiel y gratuito como el suyo,
para que él viva entre nosotros
ahora y por los siglos de los siglos.

Introducción a la Plegaria Eucarística
Es una gracia inmensa para nosotros poder unirnos a Jesús nuestro Señor en gratitud al Padre por todo su amor.

Introducción al Padrenuestro
Oremos a Dios nuestro Padre,
la fuente y el poder de todo amor,
con las palabras de Jesús nuestro Señor.
R/ Padre nuestro…

Líbranos, Señor
Líbranos, Señor, de todos los males
y guárdanos de todo pecado
por el que rehusamos
darte una respuesta de amor agradecido.
Danos la paz que procede de vivir en tu amistad
y ayúdanos a trabajar constantemente
por el crecimiento de tu reino;
que es reino de amor y justicia,
y así preparar la venida gloriosa entre nosotros
de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.

Introducción a la Comunión
Éste es Jesucristo, el Señor,
el Hijo del Dios vivo y lleno de amor,
que nos mostró cuánto nos ama Dios Padre
por el Espíritu Santo.
Por medio de él hemos creído
que Dios está cerca de nosotros.
Dichosos nosotros de recibirle en comunión.
R/ Señor, no soy digno…

Oración después de la Comunión
Señor Dios nuestro:
Tu amor latió en un corazón humano
cuando tu Hijo vivió entre los hombres
y fue uno de nosotros.
Ayúdanos a llegar a ser uno con él
y danos corazones tan sabios como el suyo.
Que, como él, amemos con preferencia
a los menos amados,
mucho más necesitados de amor.
Que sepamos llevarles un poco de tu calor
y amar en ellos a quien es nuestro Señor
ahora y por los siglos de los siglos.


Bendición
Hermanos: Ya que Dios nos amó antes de que nosotros pudiéramos amarle,
que nuestra vida cristiana sea un himno de gratitud a su iniciativa de amor.
Pidamos a Dios que nos bendiga y que llene y enriquezca la pobreza de nuestro amor. Que el Dios de amor nos bendiga a todos:
el Padre, que es la fuente de todo amor, el Hijo que nos mostró su amor hasta la muerte, y el Espíritu Santo, que perfecciona el amor.
Y que esta bendición, en la fiesta de la Trinidad,
permanezca para siempre.

Comentario al Evangelio del 

El corazón de Dios

Para los espíritus críticos el Dios que se revela en el Antiguo testamento resulta excesivamente pasional, con explosiones de ira y, por el otro lado, una increíble capacidad para la ternura. Se trataría, en todo caso, de antropomorfismos, meras metáforas que no se podrían atribuir, así, sin más, al verdadero Dios, transcendente e inmutable. Ese Dios lejano, podrá ser con nosotros, tal vez, benévolo, con un deje de condescendencia, pero sin verdaderas entrañas. Ahora bien, los cristianos no creemos simplemente en Dios (lo que, en los tiempos que corren, no es poco), sino en un Dios encarnado, que ha asumido plenamente y con todas sus consecuencias nuestra condición humana. De modo que, precisamente en Cristo, se hacen realidad humana esas presuntas metáforas. Así, la profecía de Ezequiel (36,26) que promete arrancar del pecho el corazón de piedra y dar un corazón de carne, se cumple en Jesús, el hombre verdadero dotado de un corazón, no angélico, sino de carne, un corazón capaz de compadecer. Sólo así, amándonos con un corazón de carne, puede Jesús sanar el amor humano, herido por el pecado, por el egoísmo, la envidia, la codicia, la rivalidad y el odio; y esto no sólo en las relaciones humanas más impersonales (como las sociales o las económicas), sino también en las más cercanas y entrañables (como las familiares), que son con frecuencia fuente de conflictos y sufrimientos que nos hieren en lo profundo.

Jesús ha acercado el amor incondicional de Dios, y nos ha hecho accesible, por medio de su corazón de carne, el corazón de Dios. No es un Dios lejano y terrible, ante el que debamos sentirnos temerosos e indignos, sino un Dios Padre que se preocupa por nosotros, y que suscita en nosotros confianza y amor. Esto es lo que podemos experimentar al acercarnos a Jesús con un espíritu sencillo: la revelación de una sabiduría que no es cuestión de erudición, sino la sabiduría del amor. El amor, es verdad, es exigente y a veces nos pesa: “amor meus pondus meum” (mi amor es mi peso), decía San Agustín. Pero es, también, lo que da sentido y orientación a nuestra vida. Por eso añadía: “eo feror, quocumque feror” (por él soy llevado adondequiera que me lleven), porque el ser humano tiende al objeto de su amor, por más que esfuerzos que le exija. Por eso dice Jesús que su yugo es llevadero y su carga es ligera. Y tanto más si consideramos que el peso del amor verdadero lo ha tomado Jesús sobre sí mismo al dar su vida por nosotros.

La sabiduría del amor que Jesús ha revelado es exigente, cierto, pero sobre todo nos da confianza, nos relaja, nos da alivio y respiro. En Cristo, en su corazón manso y humilde, encontramos el perfecto equilibrio entre la autoestima y la humildad: autoestima, porque somos amados sin condiciones, lo que significa que, en el fondo de nuestro ser, somos buenos y valiosos; pero también humildad, porque sabemos que no somos perfectos, que tenemos que reconocer con humildad nuestros límites, nuestros pecados. Pero esto último no es una humillación que nos destruye, sino la certeza de que podemos mejorar, de que hay en nosotros posibilidades no exploradas. Y nuestra gran posibilidad, si aprendemos de Jesús, es el amor: saber que cuando tratamos de amar, Dios mismo está obrando en nosotros y que Él permanece con nosotros.

Cordialmente
José María Vegas cmf
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